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Sunday 27 december 2009 7 27 /12 /Dic /2009 13:20
escrito por Gonzalo Abella  

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Para las tradiciones cristianas, el nacimiento de Jesús marca una nueva era cuyo comienzo festejamos dos veces: el 25 y el 31de diciembre. Pero Jesús, haya sido o no el Hijo Unigénito de Dios, nació en marzo o abril: no hay dudas sobre esto. La Iglesia permitió el desplazamiento de la conmemoración para no enfrentarse a creencias más antiguas acerca de cuál era el momento más sagrado del año. La Iglesia oficial siempre actúa así: primero sataniza lo que difiere con su dogma pero si así no puede vencerlo lo incorpora convenientemente modificado. Por ello estas fiestas consumistas y coheteriles nos indigestan no sólo el estómago sino el imaginario colectivo con una amalgama de rituales de origen muy diverso. No es aconsejable encerrarse e ignorarlas. Terreno que abandonamos otros lo ocupan.  


Para el Hemisferio Norte estas fechas de diciembre corresponden a los días más cortos del inicio del invierno. El Sol anciano se oculta tras el horizonte por última vez y es sustituido por el Sol niño, al principio tan débil en su primera infancia como lo fue el anterior en su senectud; pero que irá cobrando energías y  presencia en el Cielo hasta su apogeo estival. 


La llegada del nuevo Sol se festeja con alegría por todos los pueblos agricultores, sólo que en el Hemisferio Sur "nace" a fines de junio y en el Hemisferio norte "nace" en diciembre. Por eso Evo Morales festeja el año Nuevo en junio en Tiwanaku, coincidiendo con la noche de San Juan. Por eso, en el imaginario popular del norte, el humilde Cordero de Dios, adorado por pastores antes que por reyes, debía nacer el mismo día que nacía el Sol. Y el pesebre pasó a ser la reconstrucción de aquel acontecimiento único donde el Hijo de Dios nace por opción entre los más pobres. 


Para los pueblos antiguos, la presencia del Ángel de Dios se expresaba en un árbol que se iluminaba de forma sobrenatural. Eso es lo que ve Moisés según la tradición judía ("la zarza ardiente").y eso aparece en la tradición campesina latinoamericana (por ejemplo: el ombú que se incendia de noche por la presencia de un alma en pena pero que al otro día está intacto). El árbol iluminado era entonces, indicador de la presencia de espírtus. La Iglesia oficial se opuso por siglos a unir este fetiche animista del arbolito con velas a su pesebre tradicional, pero terminó también aceptándolo. Si no lo hacía el marketing inclinaba la preferencia popular hacia formas protestantes y sincréticas de celebrar la Navidad, mucho más permisivas en este sentido.  Sólo que le puso la estrella de Belén en su cima, para indicar que toda la celebración llevaba al Nacimiento. Fue como poner la Cruz del mártir nazareno (travestida en Cruz del Vaticano) en todos los lugares sagrados de las antiguas religiosidades populares, o edificar templos católicos sobre las ruinas de los paganos. 


Pero la religiosidad popular, fraterna e ingenua expresión de la solidaridad de los seres humanos entre sí y con el Ambiente, nunca muere del todo, no sucumbe ante ningún opio oficialista y manipulador, sea Inka o Inquisidor. 
El Viejo de las Nieves era el guardián de las memorias y las mejores causas en las noches eternas de Siberia; con trineo recorría los sueños de los pueblos nórdicos de Europa Occidental y se tropicalizaba  en otros puntos del globo, siempre portador del mejor regalo que es la memoria irreductible de la esperanza popular.


La iglesia combatió esta memoria popular y sus regalos; puso crucifijos en las chimeneas para que no se colara por ellas el espíritu anciano y clandestino, para que no terminara escondiéndose en las medias que se secaban a su lumbre. Pero el fuego popular siempre es más fuerte. Se le puede neutralizar o tergiversar por un tiempo, pero nunca extiguirlo del todo. Si no fuera por Walt Disney los duendes del bosque seguirían siendo aliados de los ecologistas y no enanitos protectores de princesas. Si no fuera por CocaCola el viejo Papá Noel nos traería una invitacion anual a la sublevación popular y a la defensa de la Naturaleza contra el saqueo imperialista. A regañadientes la Iglesia y el Mercado Mundial, que son aliados, legitimaron finalmente los regalos de Papá Noel (alias Santa Claus,San Nicolás etc.) que compiten con los de los Reyes Magos. Pero prostituyeron el mensaje.


Corresponde a los gobiernos populares recuperarlos. Posiblemente Jesús no haya hecho los milagros que se le atribuyen del mismo modo que Bolívar no fue perfecto. Pero el espíritu navideño releído en códigos de fraternidad popular es tan antimperialista y subversivo como la espada de Bolívar.                        

 
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