Overblog
Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
El polvorín

Para que las torturas no tengan aulas Seguimos en vilo por la Escuela de las Américas

25 Octubre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

El centro formación para torturadores y dictadores cambió de nombre pero sigue vigente. Entre el 18 y el 21 de noviembre, organismos de derechos humanos, organizaciones sociales y activistas de todo el mundo convocan a una vigilia para cierre sus puertas.
Por María Victoria Sánchez | Desde Buenos Aires
23|10|2010
http://3.bp.blogspot.com/_tl-6sVSdTVU/SlIQR4XjN-I/AAAAAAAAA6A/XMUMF2T0IRg/s400/p_06_07_2009.jpg
El Encuentro entre los Pueblos de América, realizado en Venezuela en junio pasado, resolvió convocar a luchadores y luchadoras por la paz para realizar acciones en noviembre próximo en demanda del cierre de la Escuela de las Américas.

Actividades de este tenor se han realizado todos los años desde hace más de dos décadas. El mes elegido para el repudio masivo es en conmemoración de la masacre ocurrida en noviembre de 1989 en la Universidad Centroamericana de El Salvador. Allí, religiosos jesuitas y mujeres salvadoreñas fueron asesinados por integrantes del Batallón Atlacatl, egresados de la Escuela de las Américas.

Además de la larga historia de formación en los más crudos métodos de tortura y violación a los derechos humanos, en la actualidad ese centro de formación de origen estadounidense sigue accionando.

Sin tener que volverse mucho en el tiempo, uno de los tres comandantes de la policía que protagonizaron el intento de golpe de Estado en Ecuador el pasado 30 de setiembre fue identificado como un egresado de la Escuela de las Américas.

Según la organización SOA Watch, fundada en 1990 con el objetivo de militar el cierre de la Escuela, el coronel Manuel Rivadeneira Tello egresó del curso de entrenamiento en armas de combate de esa institución del terror. Rivadeneira fue el comandante de los cuarteles donde el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, fue agredido por los policías sublevados.

En Argentina, según informó el diario Página 12 en junio pasado, el Observatorio de Derechos Humanos de la Ciudad de Buenos Aires y el legislador aliado del gobierno nacional, Francisco “Tito” Nenna, denunciaron que dos agentes de la Policía Metropolitana viajarían “con fondos del gobierno porteño, a un seminario sobre ‘contraterrorismo y narcotráfico’ en El Salvador”.

Según la información brindada por el legislador porteño y el organismo de derechos humanos, dicho seminario estaba organizado por la International Law Enforcement Academy (ILEA), reconocida como extensión de una “nueva Escuela de las Américas”.

Los temas que los agentes Emilio Sardella y Álvaro López podrían atender en el seminario rondarían los ejes de “contraterrorismo, lavado de dinero y control de pasos fronterizos”.

Además del contrasentido ideológico que supone que fuerzas del orden público de una nación democrática asistan a tales espacios de instrucción, el legislador kirchnerista advirtió que los temas abordados eran delitos federales, lejanos a la competencia de la policía Metropolitana. Según informó Página 12, el evento fue financiado por el gobierno de los Estados Unidos.

Una de las tantas secuelas de la segunda posguerra fue un enfrentamiento nuclear permanente basado en la premisa de que sólo el temor a la destrucción mutua sería suficiente para impedir que Estados Unidos o la Unión de Repúblicas Socialistas Soiviéticas (URSS) dieran el primer paso hacia la destrucción planificada de la civilización.

Ambas superpotencias aceptaron el reparto global de fuerzas: la URSS dominaba la zona ocupada por el ejército rojo y otras fuerzas armadas comunistas, mientras que Estados Unidos pretendía controlar el resto del mundo capitalista y el hemisferio occidental.

En lo que se conoció como el “tercer mundo”, sin enrolamiento certero en uno de los dos ejes, la estabilidad internacional comenzó a llegar en los años posteriores a 1945. Se trató de naciones con escasas simpatías hacia los Estados Unidos pero que estaban más cercanos al anticomunismo.

Esa situación de cierta estabilidad duró hasta mediados de la década de 1970. En aquellos años, el sistema capitalista internacional entró en otro período de crisis política y económica.

En el medio, hubo un período explosivo hacia 1947 con la doctrina Truman, que estableció una política estadounidense de apoyo a lo que llamaron “pueblos libres”, lo cual se traducía en tendencias antisoviéticas. En 1951 el escenario de disputa ente los bloques comunista y capitalista se trasladó a Corea. Aquel fue un momento de gran acercamiento al conflicto bélico directo entre ambos polos. Hasta el presidente de Estados Unidos destituyó a su comandante en jefe de las fuerzas durante esa guerra por llevar a límites demasiado lejanos la batalla.

Este fue un período en el que el temor de los norteamericanos a la desintegración social o a la revolución en países no soviéticos fue una inquietud omnipresente. En 1949 los comunistas llegaron al poder en China, pese a que el bloque soviético tuvo fracturas con la ruptura de la Yugoslavia de Tito un año antes.

Por su parte, Francia advertía a Washington que, sin ayuda económica, sucumbirían ante los comunistas; y en América Latina, Cuba comenzaba a sufrir la suba del precio del azúcar por la guerra de Corea y debió buscar por ello, nuevos mercados. También se originaron movimientos pacifistas y de oposición radical entre comunistas y anticomunistas.

La creación de la Escuela de las Américas, en 1946, respondería entonces a una necesidad norteamericana de control en el avance comunista desde bases tercermundistas y a la eliminación de cualquier vestigio revolucionario que se instalase en los territorios adjudicados bajo “su tutela”. Los Estados del tercer mundo pasaron los años cincuenta entre procesos revolucionarios, golpes militares para reprimir, prevenir o realizarla, y otros tipos de conflicto armado interno.

La inestabilidad social y política de los países periféricos del globo fue el común denominador necesario para imponer por parte de los Estados Unidos los recursos permanentes de la ocupación militar, la ayuda económica, la propaganda ideológica, la subversión militar oficial y hasta la guerra abierta en alianza con algún régimen de apoyo local.

La forma más común de la lucha revolucionaria del tercer mundo fue la guerra de guerrillas. Así, la revolución boliviana de 1952 fue obra de mineros y militares insurrectos; mientras que Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara, desde Cuba, sirvieron de inspiración de los activistas, que fueron jóvenes intelectuales procedentes de las clases medias y de la burguesía rural.

Estos se nutrían de la retórica de los libertadores del siglo XIX y de la tradición de la izquierda antiimperialista y revolucionaria posterior a 1917. Estaban a favor de una reforma agraria y contra el imperialismo de Estados Unidos.

Ante ese escenario de fervor popular y combatiente de los pueblos latinoamericanos, más de 60.000 militares formados en la Escuela de las Américas protagonizaron una ola de regímenes militares de derecha desde los años sesenta. El ex presidente de Panamá, Jorge Illueca, describió a la Escuela como "la base más grande para la desestabilización en América Latina".

En Argentina hubo un proceso previo, pero parte de la misma historia: Fuerzas Armadas antipopulares y la derecha política conspiraron contra Juan Domingo Perón y lo derrocaron en 1955. Luego, las fuerzas militares tomaron el poder en Brasil en 1964 contra el líder populista Getulio Vargas; el golpe militar en Bolivia de 1964 guarda conexión con el temor estadounidense a la influencia cubana; en Uruguay los militares, con una guerrilla urbana, tomaron el poder en 1972; y en Chile fue derrocado el régimen socialista Salvador Allende y asumió el poder el dictador Augusto Pinochet en 1973.

Desde Panamá se entrenaba a soldados latinoamericanos en técnicas de guerra y contrainsurgencia. La sede de entrenamientos fue la Escuela de las Américas. Los militares aprendieron allí las más terribles técnicas de tortura y un sinfín de formas de violación de los derechos humanos que aplicaría luego sus propios países, contra su propio pueblo.

Represores como el argentino Leopoldo Fortunato Galtieri o el panameño Manuel Antonio Noriega egresaron de esa escuela. También el dictador boliviano Hugo Banzer; el jefe de los servicios de inteligencia de Alberto Fujimori en Perú, Vladimiro Montesinos; y Manuel Contreras, cabeza de la Dirección de Inteligencia Nacional, órgano represivo por excelencia de Pinochet.

Esta institución cooperó con multitud de gobiernos americanos en su tarea de adiestramiento militar e intervención política, fue punto de apoyo para violentos regímenes autoritarios y capacitó en técnicas de operaciones de comando, tiro franco, guerra psicológica, inteligencia militar y tácticas de interrogatorio y torturas.

La Escuela de las Américas fue cerrada y sus actividades fueron suspendidas en 1976, bajo el gobierno de Jimmy Carter, y fue trasladada a Fort Benning, en Georgia, Estados Unidos. Pero en 1977, el nuevo gobierno estadounidense de Ronald Reagan ordenó reiniciar los entrenamientos de contraguerrillas en la escuela.

Nuevos repudios recayeron, entonces, sobre la Escuela de las Américas a partir del asesinato de miembros de la Iglesia Católica de El Salvador en manos de graduados de la institución.

Como con un velo maquillador, Bill Clinton decidió cerrar la Escuela para crear una nueva en el año 2001 llamada Instituto de Defensa para la Cooperación de Seguridad Hemisférica, aunque su legado e historia siguen vigentes. 
APM
Foto El Polvorín

Compartir este post

Comentar este post