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El polvorín

Perú: La pobreza retrocede, pero el hambre avanza

25 Julio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

- Algo anda mal con las estadísticas oficiales. Si hemos de creerles, la gente tiene más dinero, pero come menos.

Por Farid Matuk, ex jefe del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI)

24 de julio, 2010.- Últimamente, el gobierno viene difundiendo estadísticas que muestran el retroceso de la pobreza en el país —pero sin hacer pública la rutina de programación—. Lo extraño del caso es que este supuesto descenso de la pobreza se produce en un año de crisis económica mundial, en el cual muchos otros países han reportado, por el contrario, un aumento en sus niveles de pobreza y, en el caso particular del Perú, una reducción del PBI per cápita.

Cabe preguntarse, entonces: ¿cómo hace el gobierno para determinar las cifras de pobreza en el país? ¿Qué metodología utiliza? La verdad, es una estafa.

“En mi opinión, la pobreza alimentaria mide mejor la pobreza y deja poco espacio para el componente «artístico», y por eso no se puede alterar; el problema es que su aplicación es más cara. La pobreza monetaria es más barata de medir, pero también es más dócil a la voluntad política”

Para emplear una analogía aritmética, es como si, para explicar los resultados de una división que se me ha encargado hacer, yo explicara el concepto de división, pero no mostrara los pasos intermedios que demuestren cómo llegué al resultado. Ese es el meollo del problema con los cálculos estadísticos actuales sobre la pobreza: la falta de transparencia sobre los «pasos intermedios» que se siguen para realizar los cálculos.

Estos pasos, básicamente, son cuatro:

· Primero: determinar la cantidad de alimentos que contiene la canasta de la línea de pobreza extrema. En 2007 (otra vez en 2008 y, nuevamente, en 2009) se cambió arbitrariamente el tamaño de la población de referencia que se utiliza como estándar para medir la pobreza monetaria (1).

Al cambiar esta referencia, se modifica la cantidad de alimentos usada para determinar la línea de pobreza extrema, y si bien es de conocimiento público qué productos componen esta canasta, nadie sabe cuál es la cantidad de cada alimento —pues eso depende, precisamente, de la población de referencia—.

Así, con esta modificación cambia toda una serie de datos que pueden alterar las cifras de pobreza en un rango de hasta 20 puntos porcentuales, dependiendo de cómo se realicen los siguientes pasos.

· Segundo: qué criterio se utiliza para obtener el precio de cada uno de los ítems de la canasta. Sencillamente, no se brinda información sobre los precios utilizados.

Cómo se determina el valor de los productos que el campesinado pobre destina al autoconsumo, o el valor de los programas sociales para los pobres urbanos, es un misterio.

· Tercero: no se indica cómo se hacen comparables —«deflatar», en jerga económica— los precios urbanos con los precios rurales. Como se sabe, cien soles no compran lo mismo en Lima que en una zona rural.

· Cuarto: ¿cómo se determina qué porcentaje del gasto total corresponde al gasto de alimentos? Ese porcentaje es crítico para transformar la línea de pobreza extrema y la línea de pobreza monetaria.

“De ser ciertas las estadísticas gubernamentales sobre la pobreza monetaria, lo que se tendría es una situación absurda, donde la gente tiene más dinero, pero come menos.”

En la actualidad, este procedimiento también está indocumentado y nadie —al menos, nadie fuera del gobierno— sabe de dónde sale.

Mientras la «pobreza monetaria» — aquella sobre la cual se basa la propaganda gubernamental— indica si se tiene o no suficiente dinero para sobrevivir, la «pobreza alimentaria» se basa en criterios biológicos y dice esencialmente si se tiene suficiente comida para sobrevivir. En mi opinión, la pobreza alimentaria mide mejor la pobreza y deja poco espacio para el componente «artístico», y por eso no se puede alterar; el problema es que su aplicación es más cara. La pobreza monetaria es más barata de medir, pero también es más dócil a la voluntad política.

Obviamente, debería existir un nivel de coincidencia entre ambas mediciones estadísticas. Pero no: mientras la pobreza monetaria bajaba, la pobreza alimentaria —medida también por el propio INEI— subía.

Así, en 2009, la pobreza alimentaria se incrementa de 38% a 42% en las zonas rurales, y de 28% a 33% en las zonas urbanas de provincia. En otras palabras: el año pasado, fuera de Lima, el hambre se incrementó en cinco puntos. Es difícil creer que estas cifran se refieran al mismo país en que, según el gobierno, «la pobreza retrocede». De ser ciertas las estadísticas gubernamentales sobre la pobreza monetaria, lo que se tendría es una situación absurda, donde la gente tiene más dinero, pero come menos.

Nota

(1) Para medir la pobreza monetaria se toma en cuenta la canasta de alimentos de una población de referencia, que es una fracción de la población total. Se obtiene el valor de esa canasta con los precios que se colocan en la línea de pobreza extrema, luego se calcula la fracción del gasto total que representa el gasto en alimentos, y así se obtiene la línea de pobreza total.

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Fuente: La Revista Agraria Nº 119. Una publicación del Centro Peruano de Estudios Sociales (CEPES), junio de 2010.

Tomado de Servindi

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