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El polvorín

Petróleo público: de eso no se habla

15 Mayo 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

  
 
albatroscejanegra1.jpg(APe).- El 80% de los albatros de ceja negra que quedan en el mundo están en Malvinas. En tiempos hispánicos los llamaban “ojerosos”. El petrel Zambullidor también es fauna típica de las islas. Le dicen así porque es capaz de cortar las olas o de pasar por debajo de un buque y seguir volando. Pingüinos, los hay de todas clases. Hasta puede verse en Malvinas el pingüino real, una variedad casi extinguida. Darwin anotó en su diario que había visto un lobo-zorro por allí (circa 1834); dos décadas después, ya no quedaban lobos-zorros. Leones marinos, tigres marinos, elefantes marinos y lobos marinos de dos pelos sobreviven muy a duras penas. Hoy no los matan a palos, pero les hacen la vida bastante difícil. Ballenas francas (australes) sí hay unas cuantas. Pero la jorobada, la nudosa de aleta larga, la enana, la boba, la boreal, la rorcual de Rudolphi, son rarezas de catálogo. Malvinas es todavía un santuario de la vida natural, alterado de vez en cuando por alguna guerra. O bien por la insaciable codicia de los seres humanos.

En el lecho del Atlántico sur, alternándose con nódulos y meteoritos caídos en millones de años, hay una herrumbre y una chatarra más reciente, producto de los últimos siglos de vida en el planeta. Y debajo de los barcos hundidos y las osamentas, a dos mil o tres mil metros de profundidad, están los restos de las criaturas del Jurásico, ya convertidos en petróleo.

La semana pasada, la empresa Rockhopper -segunda de las cuatro que tienen permiso británico para explorar este año- anunció que encontró un yacimiento que podría entregar 200 millones de barriles de crudo de buena calidad, lo que a precio internacional representaría unos 25 mil millones de dólares. Rockhopper ha ofrecido pagar a los 3.000 habitantes de las islas el 26% de sus utilidades, más un 9% del precio de cada barril vendido.

Rápidamente, la Cancillería argentina denunció la maniobra y redactó una nota en la que “rechaza de la manera más enérgica el intento de apoderarse ilegalmente de recursos naturales no renovables propiedad del pueblo argentino".


Paradojas de un siglo

El 16 de febrero de 1916, el pueblo de Comodoro Rivadavia envió al diputado nacional Tomás de Veyga una nota de apoyo al primer proyecto de reglamentación de la explotación petrolífera en suelo argentino, que permitiría al Estado Nacional disponer para su desarrollo de una prometedora masa de recursos provenientes de las riquezas del subsuelo.
“Tres ideas fundamentales encierra mi proyecto -escribió Leyva-: la explotación directa, por el Estado, de todo el petróleo existente en la zona de reserva fiscal.; el aporte de todo el capital necesario con dinero levantado entro de las fronteras; y el reparto de todas las utilidades entre los habitantes del suelo argentino”.

Aquella ley, que terminó de tomar forma gracias al impulso de Enrique Mosconi, echó a andar Y.P.F., la mayor empresa estatal de hidrocarburos del continente americano, al comenzar el siglo XX. En su peor momento (luego del vaciamiento y endeudamiento al que la sometió la dictadura de 1976-1983) la empresa nacional de hidrocarburos facturaba alrededor de cinco mil millones de dólares anuales, generando decenas de miles de puestos de trabajo y dinamizando las economías locales y regionales.

Después, llegó el crimen de lesa patria (y de lesa humanidad argentina) que fue la liquidación de Y.P.F. y la entrega a precio vil de yacimientos en plena producción y áreas petroleras con reservas comprobadas. Aquel crimen tuvo autores y cómplices, beneficiarios directos e indirectos, tanto en el partido de gobierno como en la mayoría de los partidos de la oposición.

Si una triste paradoja hubiera que marcar, a cien años de aquella esperanzada nota de los vecinos de Comodoro Rivadavia, sería el hecho de que el Estado nacional adjudicó en 2007, por 40 años, el yacimiento Cerro Dragón, en las provincias de Chubut y Santa Cruz, al consorcio Pan American Energy, del que es accionista mayoritario… British Petroleum.

Rockhopper pactó pagar a los kelpers malvineros un 26 % de las utilidades y 9% del precio de cada barril vendido, por explotar el yacimiento localizado esta semana en el mar continental argentino, pocas millas al norte de Malvinas. Pero en territorio continental, la Pan American Energy (es decir, British Petroleum) paga al Estado argentino, por la explotación de Cerro Dragón, sólo un 12%, en concepto de regalías. Otra rara paradoja de esta época es que resulta más ventajoso, para una empresa británica, trabajar “sometida” a las leyes argentinas que hacerlo acatando las leyes de la Corona.


En el país privatizado

La empresa “de bandera”, en materia de energía e hidrocarburos argentinos, se llama Enarsa (Energía Argentina Sociedad Anónima). Como su nombre lo indica, no se trata de una sociedad del Estado, sometida a las auditorías y controles públicos. Una parte de su paquete accionario está en manos de “representantes” de la nación y de las provincias. La otra parte, la tienen accionistas privados (se recordará el affaire de las valijas con dólares, hace algunos años, en el que estuvieron involucrados algunos de esos accionistas).

Entre los propósitos de Enarsa, leemos en su propia web, está “generar valor para los accionistas”. Ya no hablamos, ni retórica ni poéticamente, del pueblo argentino. Ahora, lo importante son los accionistas.

YPF-Repsol, emprendimiento que lleva la contradicción en su misma marca (puesto que si es fiscal, no puede ser privada) ha cedido un 10% de sus acciones al llamado Grupo Eskenazi, cercano al Gobierno, y está por ceder un 15% más, con lo que la participación “argentina” (así le dicen) llegaría a un cuarto del total.

Por su parte, el empresario del juego Cristóbal López, también cercano al Gobierno, acaba de concretar la compra de la refinería San Lorenzo, de 360 estaciones de servicio y de algunas concesiones petroleras que estaban en poder de Petrobras, por un monto de 110 millones de dólares. Ese sería otro avance “argentino” en la recuperación del patrimonio perdido.

Así las cosas, aunque estos nuevos emprendimientos privados se vistan de celeste y blanco y decidan esponsorear a equipos argentinos en algún mundial, lo cierto es que la propiedad fiscal (léase estatal) sobre las riquezas minerales del subsuelo de la patria sigue sin llegar a las manos de sus legítimos dueños.

Si un fundamento existe para la explotación de los recursos naturales de la tierra -permítasenos una última digresión- éste es ayudar a la mejor vida y desarrollo de la especie humana. En otras palabras: si los restos de un dinosaurio del Jurásico, hechos petróleo, sirven para alimentar a mil, a cien mil o a un millón de niños argentinos y latinoamericanos, el esfuerzo vale la pena. Pero si por obra de un capitalismo voraz y depredador eso no es posible, entonces preferimos que el petróleo siga durmiendo su siesta milenaria en las profundidades. Y que las gaviotas y pingüinos australes sigan fertilizando con su guano la tierra. Hasta que una vez, definitivamente, florezca.
Tomado de Agencia de Noticias de Niñez y Juventud Pelota de Trapo (APE)

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