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El polvorín

Pueblo indígena de Bolivia sufre la perdida del Río Pilcomayo

10 Julio 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

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La degradación del Pilcomayo, un río que nace en los Andes de Bolivia, por donde recorre 836 kilómetros, para seguir luego por Paraguay y Argentina e integrarse a la gran cuenca del Plata, afecta al Pueblo Weenhayek.

El pueblo Weenhayek, con más de 7.000 años y del que sobreviven unas 15.000 personas en 62 comunidades en la Región Autónoma del Gran Chaco, limítrofe con Argentina y Paraguay, ve disminuir día a día la pesca, pilar de su sustento, así como la flora y la fauna de la que también depende.

Los Weenhayek (pueblo o gente diferente, en su lengua) son expertos en la captura de sábalo, dorado, surubí, pacú y bagre, y en la época de pesca, las familias enteras dejan sus hogares y acampan a orillas del Pilcomayo, donde parte del pescado se vende a intermediarios para su venta en las ciudades y el resto es para el autoconsumo.

El niyaat qoo-taj (capitán grande) de los Weenhayek, Moisés Sapiranda, planteó en declaraciones a medios de la región, la preocupación de su pueblo porque su principal fuente laboral, la pesca, “desde hace tres años se ve afectada por la falta de peces en el río”.

“Antes los peces llegaban en cantidad, había para escoger, ahora no hay nada para pescar”, explicó el máximo líder weenhayek, elegido junto con el segundo gran capitán, Jacinto Ugarte, en una asamblea de la Organización de Capitanías Weenhayek de Tarija, el sureño departamento del que el Gran Chaco abarca 46 por ciento.

“Desde abril nos alistábamos para la pesca, ya que con esos recursos podíamos cubrir los gastos del hogar, comprar ropa para nuestros hijos, mandarlos a la escuela y cubrir otras necesidades”, contó Ugarte, el segundo capitán grande.

“La pesca nunca fue para enriquecernos, lo pueden comprobar. Hasta la fecha no contamos con vivienda saludable, nuestras casas son precarias, expuestas a la inclemencia del tiempo”, detalló sobre las condiciones de vida weenhayek.

Fuera de la época de la pesca, este pueblo se dedica a actividades como la recolección de frutos silvestres, raíces y miel y la elaboración de artesanías de caraguata, una fibra vegetal abundante en su hábitat, en los municipios de Villa Montes y Yacuiba.

El Gran Chaco, con un clima cálido que alcanza 49 grados en el verano austral, es asiento también de los pueblos guaraní y tapiete, y su población se ha multiplicado hasta las 180.000 personas, por la explotación de gas, del que se encuentran en la región los mayores depósitos de Bolivia.

No solo hay menos peces. También han disminuido las plantas tradicionales, los animales silvestres y las especies melíferas (de la miel), por la contaminación y la descontrolada irrupción de actividades hidrocarburíferas, ganaderas y agrícolas, que han roto los ciclos naturales que por miles de años protegieron sus pueblos ancestrales.

En la degradación del Pilcomayo, 2010 representa un hito especial. El caudal del río cayó de 2.500 a 90 metros cúbicos. “La imprevisión creó daños tan altos como irreversibles”, según el especialista Jorge Cappato, director de la no gubernamental Fundación Proteger, que opera en toda la cuenca del Plata.

Otro gran daño para el caudal del Pilcomayo y para sus especies proviene del proyecto argentino-paraguayo Pantalón, para distribuirse en partes iguales sus aguas, que tras dejar Bolivia hacían de frontera natural entre los dos países.

Errores en el diseño de los canalizadores de desvíos y el abandono del mantenimiento alteraron profundamente el flujo del agua.

Todo ello impide la migración aguas arriba del sábalo, por ejemplo, y en varias ocasiones, como en 2010, desvió todo el caudal hacia Paraguay, secando el cauce argentino y provocó gran mortandad de peces, entre otros problemas.

Los Weenhayek demandan gestiones diplomáticas contundentes ante los gobiernos de Asunción y Buenos Aires, para que se definan soluciones permanentes que recuperen la grandeza de su río. En ese punto, Sarapinda criticó al canciller David Choquehuanca, porque “no resuelve nuestros problemas” con el río.

Urge la canalización adecuada del afluente, así como la puesta en marcha de una Comisión Nacional del Río Pilcomayo, donde participen todas las autoridades que tienen que ver con sus problemas y adopten medidas para su rescate.

No se vislumbran políticas, planes y proyectos orientados a atender los problemas de ese río y del pueblo weenhayek, subrayan sus líderes, que denuncian que el discurso indigenista y de defensa de los recursos naturales del gobierno del aymara Evo Morales “solo se queda en palabras”.

De hecho, la nación indígena weenhayek ha demandado al Estado boliviano la recuperación de su territorio, porque el Instituto Nacional de Recursos Agrarios reconoce en la teoría ese derecho, pero no hace nada para desalojar los 138 ganaderos que se han asentado en la mayor parte de sus tierras ancestrales.

FUENTE | IPS

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