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El polvorín

¿Qué es la agroecología?

8 Enero 2014 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

 

 

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La agroecología es una reacción de la sociedad frente a los

abusos en la alimentación. Su campo de influencia es muy amplio

ya que parte de un derecho básico que, con suerte, realizan todos

los seres vivos a diario. Sin embargo, especialmente en las

sociedades más desarrolladas económicamente, el

desconocimiento respecto a nuestra alimentación es alarmante.

En este panorama comienza una lucha valiente y eficaz para

recuperar la soberanía y la seguridad alimentaria de los pueblos:

la agroecología.

Sus principios motores son:

-

 

 

El diálogo y la cooperación entre productoras y

consumidoras

-

 

 

La producción y el consumo en circuito corto

-

 

 

La dedicación de recursos sociales para hacer dignos la vida

y el trabajo en el campo

Uno de los rasgos más distintivos de este movimiento mundial

es la atención a los procesos sociales en los que se desarrolla

para lograr una mejor integración. Esto hace que sea inevitable

su aplicación bajo unos procesos que tengan carácter

participativo y respetuoso con el medio que le rodea. El discurso

y la práctica se unen y toman forma con el contacto y la

cooperación de las REDES de PERSONAS.

Relación con la educación, la economía y la salud

La agricultura y la ganadería modernas siguen unos modelos

de insostenibilidad cada vez más difíciles de ocultar. Si queremos

invertir esta tendencia debemos regenerar y conservar el

ecosistema en el que se desarrollan. Este proceso pasa por

reconocer la dignidad del trabajo en el campo y debería

comenzar en las escuelas.

Ya desde pequeñas aprendemos que cuando un país se dedica

principalmente al sector primario significa que está atrasado. Las

consecuencias de esta educación son personas que desconocen

por completo algo tan primario como las estaciones de los

alimentos, las plantas de las que nacen o la influencia de nuestras

decisiones cotidianas en estos procesos.

Hoy la agricultura moderna intenta implantar un paquete

tecnológico en el que las campesinas deben aceptarlo todo o

desaparecer. El llamado desarrollo parece que pasa por comprar

las semillas transgénicas, comprar los herbicidas especialmente

diseñados para esas semillas, los abonos y demás venenos

agrotóxicos. Las medianas y pequeñas huertas nunca tuvieron

cabida este sistema.

Este modelo de producción intensivo, (ya sea convencional o

ecológico), condiciona la calidad del resultado en 3 aspectos:

1- Producto: la comida pierde valor nutricional, tiene mucha

agua y pocos minerales, su color y su imagen cuentan más

que su calidad. Las patatas, los tomates y demás se venden

siguiendo estándares de tamaños homogeneizados que

obligan a desechar toneladas de alimentos, cuando no la

totalidad de la producción ya que hoy en día nuestra

sociedad sin sentido es capaz de rentabilizar más el

deshacerse de la cosecha que venderla en el mercado.

El alto contiendo en agua de las verduras hace que muchas

veces su conservación se vea sometida a métodos

deficitarios energéticamente y preocupantes respecto a

sus efectos en nuestra salud: radiación, procesado con

conservantes químicos, congelación, deshidratación…

2- Social: las condiciones de trabajo en el campo son muy

precarias y dependen cada vez más de subvenciones que

tienden a primar el modelo intensivo y que muchas veces

acaban en manos de latifundistas. La mano de obra que

cultiva la mayoría de nuestra comida lo hace muchas veces

en condiciones de subsistencia o esclavitud, tanto en el

estado español como en otros continentes, para así

aumentar la producción y poder comer de todo durante

todo el año a precios ridículos teniendo en cuenta el gasto

energético que muchas veces hay detrás de un tomate en

febrero, por ejemplo.

3- Ambiental: el derroche y la contaminación del agua, el uso y

la producción de pesticidas, abonos químicos, herbicidas,

conservantes y el nefasto balance energético son algunos

de los pilares de la agricultura moderna.

Para intuir todo esto, muchas veces basta con leer los

ingredientes de los alimentos que normalmente encontramos en el

mercado y ver su procedencia. En Asturies podemos comprar

avellanas de Turquía y manzanas de Chile, los ingredientes de

unas simples patatas fritas o de un bote de conservas muchas

veces ocupan párrafos enteros y muy poca gente sabe cómo se

cultiva el café que toma todos los días, quién lo produce y bajo

qué condiciones. Si nos pusiéramos a sumar los kilómetros que

han viajado nuestros alimentos en un simple desayuno nos

quedaríamos anonadadas… Y eso pasa todos los días.

Las consecuencias negativas de estos hábitos de consumo son

muy difíciles de apreciar en nuestro ajetreado día a día. Si

tuviésemos una visión de conjunto más clara sería menos obvio

que comprar en el un supermercado es más barato que ir a

Manduca, la pequeña tienda donde puedes encontrar productos

ecológicos. La industria agroalimentaria genera unos problemas

que al final del día se están costeando con nuestros impuestos y,

lo que es más importante, con nuestra calidad de vida.

Estilo de vida y repercusiones

Desde la agroecología pretendemos pararnos a reflexionar

hacia dónde queremos encaminarnos, replantearnos nuestro

estilo de vida y recuperar el poder como individuos que forman

parte del conjunto de personas que llamamos sociedad.

De todas las hipótesis sobre lo que nos depara el futuro,

nosotras proponemos la síntesis de 3 vías posibles:

a) La tecnológica: cualquier problema que pueda surgir en el

camino del desarrollo encontrará una solución a través de la

tecnología.

b) El equilibrio: debemos encontrar un balance entre nuestras

necesidades y nuestra forma de satisfacerlas sin olvidar

que formamos parte dependiente de un todo.

c) La extinción: nuestra falta de entendimiento y comunicación

nos ha llevado a fabricar armas de destrucción masiva y a

adoptar un comportamiento que cada vez necesita más

remiendos para mantenerse. Quizá no sea posible y de

continuar con esta actitud la raza humana puede

desaparecer.

Sin duda, la agroecología se decanta por el equilibrio, pero

para ello es necesario también un gran cambio en nuestros

hábitos y tender al decrecimiento. La palabra sostenibilidad

representa un término manido y prostituido. Bajo su bandera se

nos sigue vendiendo la ilusión de que es posible el crecimiento

material ilimitado en un planeta con recursos limitados. Cuanto

más consumamos y más cómodamente vivamos, mayor será

nuestra felicidad y todo de la forma más sostenible.

Frente a tanto sinsentido la agroecología es una opción llena

de sentido común y belleza.

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