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El polvorín

¿Qué es ser de izquierda?

14 Junio 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Abel Samir (especial para ARGENPRESS.info)

Este es un término muy usado en todo el mundo para definir a aquellos individuos (Mujeres y hombres) que defienden los derechos de los pueblos a vivir una vida en donde exista la libertad, la justicia social, se les respete como personas, aunque difieran de la ideología que tenga la mayoría del país o el gobierno de turno.

Si este es el concepto de lo que son los izquierdistas, hoy vemos que la realidad en que vivimos este concepto expresa algo muy diferente. A nombre de una lucha antiimperialista, los izquierdistas, en su gran mayoría, apoyan a regímenes que son todo lo contrario de lo que hemos expresado defender. Y se sigue confundiendo a regímenes con un capitalismo salvaje de ser lo que antes aparentaban ser: regímenes socialistas. Como el de la Federación Rusa en el cual no se respeta de vida de las personas que disienten del régimen. En cambio los militares rusos que han cometido toda clase de atrocidades en Chechenia están gozando de buena salud libres de polvo y paja. Allí se asesina impunemente a abogados y periodistas que defienden los derechos humanos y nuestra izquierda, en general, no argumenta nada a favor de las víctimas, como si nada ocurriese bajo los rayos del Sol. Este régimen pasa por ser más progresista que el norteamericano, cuando es mucho peor. Y eso se puede ver en cualquier campo que se analice.
El apoyo a Assad en Siria y a Gadafi en Libia nos ubica fuera de este concepto de lo que es ser izquierdista y con gran pesar veo que lo que va quedando del izquierdismo, son sólo declaraciones veladas o muy tímidas de apoyo a pueblos que están con las armas en la mano o en simples demostraciones pacíficas para terminar con su situación de esclavos. Y estos izquierdistas se han constituido en una pléyade de individuos, partidos, organizaciones, periódicos, páginas de internet, que se quedaron atascados en eslóganes, clichés y declaraciones ampulosas contra el Imperio norteamericano y sus aliados, no importando que este imperio actúe en algunos casos en defensa de derechos humanos, aunque no lo haga por doctrina, sino por otros intereses encubiertos, como el dominio geopolítico de una zona del mundo o la defensa de su posición predominante en una región en la que han dominado por muchas décadas.
Pero, me pregunto, ¿si lo importante de hoy para un pueblo que lucha con todos los medios a su alcance para lograr los objetivos normales de cualquier pueblo: libertad, respeto a los derechos humanos, democracia y justicia social, es lo primordial o lo es el “antiimperialismo”, que implique seguir siendo los esclavos del momento sometiéndose a regímenes criminales y oprobiosos que se “declaran antiimperialistas”, pero que en la práctica buscan la alianza y el sometimiento con este imperialismo de turno? Aquí entonces se presenta una contradicción difícil de resolver por la vía de análisis apegados a los clichés o a dogmas de hace decenas de años. Para el pueblo sirio, lo importante es sacudirse de encima a esa oprobiosa satrapía que constituye Al Assad y su familia, que para tranquilizar a los “izquierdistas” de hoy, se presenta como “antiimperialista” y enemigo del sionismo. No importa lo que sufre el pueblo sirio, con más de 1.300 civiles fríamente asesinados por las fuerzas de seguridad y por el ejército del sátrapa Al Assad que se camufla con el título de “presidente”, no importa los miles y miles de mujeres, niños, viejos y hombres de edad madura que han tenido que salir de Siria cruzando la frontera turca para evitar la masacre que se cierne sobre ellos. No importa para nada los asesinatos y tortura de niños ―como el caso del chico de 13 años, Hamza Al-Jatib, torturado y mutilado por estas fuerzas de seguridad― que se muestran hoy en la prensa mundial y que ni siquiera el régimen se atreve a desmentir. Seguramente se trataba de individuos partidarios del imperialismo, dirán, o son poca cosa, comparados con los grandes intereses del futuro de la humanidad.
¡Qué penoso me resulta ver la ceguera o tal vez, el deseo de no querer ver, porque ver podría ser peligroso, de estos “izquierdistas” que hacen oídos sordos a los clamores de las masas en estos países árabes? ¿Me pregunto hoy en que principios nos sustentamos para seguir llamándonos progresistas o de izquierda como nos titulábamos hasta aquí? Para mí existe sólo un gran principio: defender a los pueblos y apoyarlos a liberarse de la opresión, lo contrario es ser reaccionario. Punto. Y los principios son siempre sólidos, de otra forma no son principios. Cualquier edificio social que se erija debe tener una base sólida, sino se derrumba, como lo hizo el mal llamado “socialismo real”, que no alcanzó a ser socialismo y que de real no tenía más que el deseo de sus dirigentes de acaparar una política mundial y una ideología basada en eslóganes y clichés que todavía pesan como plomo en los zapatos.
Los hechos de hoy en Siria son alarmantes y la prensa de Izquierda no dice una sola palabra de lo que allí acontece. Es un silencio cómplice. Y lo peor de todo es que algunas páginas de internet que hasta aquí se han caracterizado por ser progresistas, se niegan a publicar artículos que denuncias estos hechos como el mío. Me estoy convirtiendo en un paria de la prensa, porque me atrevo a ir contra la corriente. No soy ni nunca seré partidario del capitalismo, soy partidario de una sociedad sin clases y con gran justicia social, pero sin opresión de ninguna forma, sea esta política, social o religiosa.
Es necesario condenar al gobierno sirio y de alguna forma apoyar a la gran mayoría de su pueblo que ha estado sufriendo de una oprobiosa dictadura, disfrazada de democrática, por varios decenios. Hay que terminar con la política del avestruz. Salgamos a la luz del día y digamos la verdad aunque duela. No podemos callar para mantener felices a los analistas del pasado. Tampoco a ciertos izquierdistas que se quedaron detenidos en los últimos decenios del siglo pasado. Después hemos de quejarnos que los pueblos no quieren saber nada de nosotros y nos dan la espalda por la razón que se quiera esgrimir y no por estas simples razones.

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