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El polvorín

“Quien no tiene dinero no come o come mal”

14 Noviembre 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica


 

5248926578_f5c33743a3.jpgEntrevista con agrónoma chilena Camila Montecinos

Rocío Alorda
11/11/2011

La destrucción de la pequeña agricultura y el deterioro de la alimentación de los pueblos han sido motivo de luchas y resistencias de los movimientos campesinos en todo el mundo. Sin embargo, existen organizaciones como Grain, organización sin fines de lucro con sede en Barcelona, España, que con una destacada trayectoria internacional realiza una importante labor en la lucha por sistemas alimentarios más justos y sustentables para el campesinado. El 29 de setiembre Grain fue galardonada con el premio Right Livelihood Award 2011— o Premio Nobel Alternativo— por su trabajo en la protección de los derechos de las comunidades campesinas en todo el mundo.

Rocío Alorda, corresponsal de Noticias Aliadas en Chile, conversó con la agrónoma Camila Montecinos, integrante de Grain y responsable de apoyar a sus contrapartes en América Latina así como de implementar sus programas en la región.

¿Cuál es la visión de Grain respecto a la situación alimentaria en América Latina?
Lo que se destaca hoy en América Latina es la adopción casi irrestricta del sistema agroexportador, que ha significado que estamos exportando una cantidad muy importante de productos agrícolas que no necesariamente son alimentación. Sí hay signos claros de que la alimentación de los pueblos latinoamericanos se ha ido deteriorando producto de este énfasis en el modelo agroexportador. Algunas señales de esto son, por ejemplo, que la producción de leguminosas como porotos [frijoles], lentejas, garbanzos se ha estancado o ha disminuido de manera drástica. Chile es uno de los países con la disminución más brutal. Hoy día se está produciendo la tercera parte de los porotos que se producían hace 30 años.

En ese sentido hay claros indicadores de que la dieta se ha deteriorado, ya que la calidad de la dieta hoy en día es menor y con todos los antecedentes que uno tiene —porque tampoco una puede ser ingenua en términos políticos— lo más claro es que las dietas se hayan segmentado más brutalmente. La diferenciación social también hoy está ahondando en la dieta. Lo que come la gente rica probablemente no tiene nada que ver con lo que come la mayoría del pueblo.

¿Entonces habría un modelo alimenticio basado en las exportaciones y una precarización de la dieta en los países productores de alimentos?
Claro, y Chile es un caso extremo. Chile exporta alrededor del 80% de su producto bruto interno agrícola e importa cada vez más alimentos. De hecho, si miramos la balanza agrícola chilena con el Cono Sur, es absolutamente deficitaria, tanto en Argentina, Paraguay y Brasil. Porque de ellos se está importando carne, trigo, maíz, soya y muchas hortalizas. Entonces la dieta se deteriora de muchas maneras en el caso chileno. Dejamos de producir carne fresca; posiblemente pasa un año desde que mataron el animal hasta que lo comemos y eso ya es un deterioro brutal. Estamos comiendo una dieta mucho menos balanceada de lo que solía ser. Estamos agrícolamente produciendo mal, lo que estamos comiendo es cada vez menos adecuado y eso, dentro de otras cosas, es lo que se puede de alguna forma controlar desde las grande empresas agroalimentarias, los grandes procesadores o los grandes supermercados.

En este panorama, ¿se podría pensar que el derecho a alimentarse en América Latina está muy doblegado?
Yo creo que hoy en ninguna parte, excepto Cuba en América Latina, se respeta el derecho a la alimentación. Hoy la alimentación se maneja estrictamente en el mercado y quien no tiene dinero no come o come mal. Eso es una regla general. Ahora lo que ocurre es que somos dependientes cada vez más de las empresas. Por ejemplo, 30 o 40 años atrás las ferias libres eran mucho más poderosas, lo que hoy día se conoce como comercio informal era también bastante más común, y todos estos procesos de modernización de los derechos del consumidor supuestamente, como la tipificación de la carne, la prohibición de vender leche cruda en la feria, lo único que va haciendo es empujando la alimentación hacia los grandes mercados. Entonces antes si no tenías acceso por un lado, podías buscar, y comprabas a quienes traían alimentos en las canastas y con las carretas. Hoy día todas esas fuentes de abastecimiento de productos frescos no existen. Entonces, hoy acceder a alternativas de alimentación es mucho más difícil porque el control de los grandes es enorme y no son solamente los supermercados. Se calcula que hoy los supermercados comercializan entre el 65% y el 75% de la comida en el mundo y si quieres una alternativa a eso es muy difícil, porque además las están ilegalizando.

¿Cómo vienen a instalarse los conceptos de soberanía alimentaria y seguridad alimentaria en este contexto?
El concepto de seguridad alimentaria es el que hoy día impera desde el punto de vista de las políticas oficiales, que es el que instala la FAO [Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura] el año 1996. Este concepto existía en la FAO desde los años 70 pero en ese momento se definía como “el derecho a la alimentación”. Las fallas que tenía ese concepto era que consideraba que había una alimentación óptima para todo el mundo y daba lo mismo cómo se consiguiera. En 1996 lo que ocurre es que por influencia de todos los procesos neoliberales, la FAO lo define como “el derecho de obtener alimentación a través del mercado”. Es ahí donde la CLOC [Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo] y la organización internacional Vía Campesina dicen que no puede ser que un derecho esté garantizado por el mercado y por eso levantan el concepto de “soberanía alimentaria” y lo enriquecen afirmando que no es solamente un derecho de alimentación sino que es todo el proceso, la forma de producir, la forma de compartir y comercializar, de regular, de comer, de preparar, etc.

Además de ser todo esto, cada pueblo define lo que es la alimentación desde su experiencia y perspectiva de organización. Una de las cosas más significativas de la soberanía alimentaria es que la CLOC y la Vía Campesina dicen ‘este es el concepto de los pueblos’. El desarrollo del concepto de soberanía alimentaria fue uno de los primeros pasos de liberación de la trampa de pensamiento único que había en ese entonces y en ese sentido es muy importante porque permitió que mucha gente empezara a pensar afuera del grillete de la ideología neoliberal.

¿Cuáles serían los principales cambios que se requieren para llegar a modelos alimentarios más justos y sustentables?
Hay cosas que ciertamente tienen que estar en todas partes, pero cómo se van a ordenar depende de cada pueblo y de cada comunidad. Pero una primera cosa son los procesos de producción, de comercialización, de compartir, que tienen que ser descentralizados. En el momento que hay alguien que controla una parte importante o crucial de un sistema alimentario, hay pérdida de soberanía y se fragiliza el sistema. Por eso también es que cuando se habla de soberanía alimentaria se enfatiza que es algo que está en manos de los pueblos; no de los gobiernos, ni de los mercados.

El segundo elemento es que tiene que ser diverso, porque necesitamos comer diverso. Si tú produces diverso, la capacidad de fracasar es mucho menor y permite tener un mejor control sanitario, prescindiendo de agrotóxicos.

Pero la alimentación no es una cuestión biológica, es más bien cultural, por lo tanto la situación cultural es el otro elemento fundamental. Ahora, no se puede hablar de alimentación si no hablas de semillas. Entonces hoy día defender las semillas es parte fundamental y central de la soberanía alimentaria. Yo creo que estas son cosas que surgen en todos lados y que deberían estar en un sistema de justicia alimentaria.

Hay espacios de resistencia y fortalecimiento de la soberanía alimentaria que vienen de los movimientos campesinos ¿Cómo los describiría?
Es importante decir que esos espacios de resistencia son bastante importantes y no hay que subestimarlos. Si uno toma las cifras mundiales, el campesinado tiene una cantidad de tierra que va del 20% al 25% y todo indica que son las peores tierras. Sin embargo, las formas de resistencia son bastante amplias. En ese sentido toda la campaña de las semillas que ha hecho la Vía Campesina es muy importante porque es una pelea que se generalizó. Hay mucha gente que está trabajando en la defensa de las semillas.

El segundo elemento de defensa muy claro es la continuidad de plantación, sobre todo de hortalizas, en la agricultura campesina. Después tienes zonas donde la gente se mantiene muy firme con determinados cultivos, gente que todavía trata de mantener el trigo, la papa, etc. Yo creo que esos son procesos de resistencia que cada vez están más organizados. La situación en Chile es mucho más precaria, por toda nuestra historia, en comparación con otros países. Por ejemplo, en Ecuador se ven procesos bastante más articulados que intentan llegar mucho más allá. Como parte de las políticas de soberanía alimentaria, el Estado le da preferencia a la producción campesina para abastecer todos los servicios sociales y eso es producto de una presión desde la base. No obstante, hoy muchos de los movimientos campesinos tienen claro que si no se comienza a sensibilizar rápidamente a la gente en la ciudad, tampoco se puede avanzar mucho en soberanía [alimentaria], porque la gente termina yendo al supermercado igual.

Respecto al contexto internacional, ¿es posible que se genere una nueva crisis alimentaria como la que se produjo en el 2007 y 2008?
Nosotros tenemos datos suficientes como para decir que esa crisis fue una crisis de especulación. Lo que hicieron esas empresas fue hacer una serie de movimientos especulativos que permitió que los precios subieran. De hecho, no es casualidad que las grandes empresas comercializadoras de granos tuvieran ganancias récord el 2007 y 2008. Hoy día, como ese comercio está en tan pocas manos, lo que se ve es una subida permanente de los precios de los alimentos, y la razón para que suban nuevamente es de carácter especulativo. Entonces, no hay ninguna razón efectiva para que suban los precios. Es una forma de aumentar las ganancias y si con eso dejas que 200 millones de personas pasen hambre, les da lo mismo.

Frente a eso, el principio de la soberanía alimentaria es fundamental. Lo que no hay que olvidar en esto es que las empresas comercializadoras no son empresas productoras. Aunque controlan parte de los cultivos, básicamente son poderes compradores y comercializadores y son esencialmente especulativos.

Lo más injusto del sistema es que a pesar de que existan alimentos estos siempre van a ir aumentando sus precios.
Porque ellos [las empresas] dicen que deben tener los transgénicos, los fertilizantes, los agrotóxicos para producir más. Hoy día hay comida de sobra, pero el control del mercado está en manos de muy pocos y esas manos son manos especulativas. Alguien que efectivamente produce, si produce mucho y por alguna razón ahorra costos, se puede dar el lujo de bajar los precios porque igual gana una cantidad importante. Pero si eres especulativo, no puedes. En los procesos especulativos no se puede permitir bajar los precios porque significa una pérdida en las tasas de ganancia. Entonces la crisis es especulativa. Lo que nosotros vemos, de acuerdo con todos los datos que manejamos, es que de aquí en adelante vamos a vivir en crisis alimentarias con mayor o menor intensidad.

Lo que se agrega a la crisis alimentaria es que la competencia por obtener tierras será aguda, porque está todo el empuje por los agrocombustibles. Un tercio de la tierra arable está bajo plantaciones, y la idea es seguir expandiendo. El otro proceso que hay que mencionar es que como ya el comercio de alimentos, especialmente el de granos, está controlado por unos pocos y pasó al ámbito especulativo, eso está haciendo que la alimentación se convierta en un muy buen negocio. De ahí viene este interés de comprar grandes cantidades de tierra para producir grandes cantidades de granos, arroz, trigo y maíz.

Ahí tienes todo este proceso de acaparamiento de tierras. Hay empresas con apoyo de los gobiernos tratando de apoderarse de cientos de miles de hectáreas para poder producir sobre todo arroz por el momento, pero también caña de azúcar. El comercio internacional de los alimentos hoy lo controlan 10 empresas, no más, y por eso hoy día estamos viviendo un acaparamiento de tierras y lo más dramático de esos procesos es que se han hecho a costa de desplazar al campesinado, expulsarlo de la tierra de forma directa e incluso violenta. Estos procesos de injusticia sólo pueden ser doblegados por procesos de resistencia y creación de soberanía.

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