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El polvorín

Reserva Bosawás, el pulmón de Centroamérica, pierde 42 mil hectáreas por año

15 Septiembre 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

jungle540

La que podría ser la principal joya de América Central comienza a perder su brillo. Se trata de la reserva de biósfera de Bosawás, el bosque tropical más grande de Nicaragua, pulmón de de la región y patrimonio de la Humanidad, según declaración de la UNESCO de 1998, informó según informó el digital nicaragüense Confidencial.com.ni.

Una investigación publicada por la Agencia Alemana para el Desarrollo Sostenible (GIZ) y por la UNAG, revela  que Bosawás, ubicada en el sector noreste de Nicaragua, próximo a Honduras, ha perdido, desde 1987 hasta 2010, más de 564 mil hectáreas de bosque, con un promedio de pérdida de más de 42 mil hectáreas anuales desde 2005. La agricultura y ganadería, la tala ilegal, el negocio de la tierra y el olvido gubernamental amenazan en convertir a Bosawás en un desierto.

La reserva tiene una extensión total de 20 mil kilómetros cuadrados, casi del tamaño de El Salvador y más del doble de la dimensión del Gran Lago de Nicaragua. Representa el 14% del territorio nacional. El informe de la GIZ-UNAG analiza las causas de la deforestación y el avance de la frontera agrícola en las zonas de amortiguamiento y zona núcleo de  Bosawás. El estudio coordinado por el investigador Marcial López, demuestra exhaustivamente cómo el bosque ha perdido terreno en Bosawás, pasando de más de un millón 604 mil hectáreas en 1987 a un millón 039 mil en 2010.

Sólo en el quinquenio 2005-2010, Bosawás perdió más de 42 mil hectáreas de bosque anuales. En cuanto al bosque virgen de la reserva, éste pasó de un millón 170 mil hectáreas en 1987, a 832,237 en 2010. Es decir que hasta esa fecha se había perdido un total de 3,379 kilómetros cuadrados de bosque virgen, más de tres veces el tamaño del Lago de Managua.

Las principales causas de la pérdida de bosque en Bosawás son el avance de la frontera agrícola, el aumento de la actividad ganadera, la especulación con el uso de las tierras en la zona, la tala y el comercio ilegal de madera, pero también las concesiones legales que se entregan bajo oscuros acuerdos. Sin embargo, el estudio advierte que la especulación con las tierras de la región puede ser una amenaza más grande para Bosawás que la ganadería o la extensión de cultivos de granos básicos.

“La ganadería no es ni la mayor, ni la única amenaza que presiona el cambio de uso del suelo en este territorio”, se advierte en el estudio. “Es más amenazante la ocupación y el tráfico ilegal de propiedades, la tendencia rentista de la tierra que propicia la ampliación de áreas para alquilar, recibir ganado de terceros, sembrar granos básicos, vender y avanzar descremando los remates y otras formas especulativas y extractivas de los recursos”, se lee en el informe.

Una red que destroza el bosque

La falta de información es el principal problema que afrontan las autoridades locales para enfrentar el deterioro del bosque de Bosawás. Con la falta de información comienza toda una intrincada red que incluye a acopiadores y madereros poderosos de Managua, Estelí, Masaya y León, ganaderos y agricultores que no tienen interés en conservar los árboles porque no le generan mayores ganancias, mientras que la venta de la madera sí; intermediarios, autoridades y funcionarios locales, y pequeños extractores que, basados en permisos legales emitidos por las instituciones de Gobierno, extraen madera de forma ilegal que sale por puntos ciegos o camuflada entre verduras y granos.

“El 40% de la madera que circula en el país es ilegal”, asegura López. “Esa tala ilegal es el resultado de una actividad en la que participan muchos actores, aunque muchas veces el extracto se hace con permisos de Inafor, que usan para camuflar la madera ilegal”, explica López, experto en desarrollo rural. “Hay una red inmensa de inversionistas privados, importadores, informantes”, agrega.

Y siempre hay dinero. El hambre por materias primas en las grandes economías hace que los precios de la madera sean lo suficientemente atractivos para mantener un negocio ilegal a flote. López no usa el término mafias para designar a quienes se lucran del negocio, prefiere llamarlos “red articulada maderera”. Y señala a inversionistas chinos entre los principales grupos dispuestos a ofrecer el dinero que mantiene aceitada la maquinaria que destruye Bosawás.

En la rebusca y sin control

El problema de la pobreza también juega contra el bosque. López explica que en esas regiones del país la gente “anda en la rebusca”, ganarse la vida con lo que salga, y la tala es una excusa para ganar algo de dinero. O también la toma de tierras.

El autor del estudio cuenta que una de las zonas indígenas cercanas a Bosawás en 2007 más de 220 familias habían colonizado una espacio de tierra, pero que para el periodo 2010-2011 el 80% de esas familias ya no estaban en la zona colonizada. “El tráfico ilegal de propiedades es uno de los mayores problemas”, asegura López. “Toda la actividad de compra-venta de la zona es ilegal”, agrega.

Juega a su favor la falta de control de las autoridades. Nadie se hace cargo del problema: las autoridades locales porque no cuentan con los recursos ni la información suficiente, ni el Gobierno porque prácticamente ha abandonado esa vasta zona del país. El estudio muestra que en Bonanza, por ejemplo, no hay presencia del Inafor ni del Magfor. Tampoco hay procurador ambiental, ni Intendencia de la propiedad.

“La representación del Gobierno regional es débil, sus instituciones no tienen mayor presencia, ni beligerancia; la Procuraduría Ambiental tiene su sede en Siuna, pero no tiene incidencia en Bonanza, donde ni siquiera llegan, porque no tienen medios ni recursos para trasladarse”, especifica la investigación.

López asegura que en la zona “nadie regula ni controla” y que esa desidia de las autoridades es aprovechada “por quienes tienen la plata para hacer el negocio”, en contraste con los humillantes recursos que se asignan a la protección del bosque. Recursos que contrastan además con la riqueza que produce la zona, que según López entre extracción de madera, agricultura y ganadería suma unos 140 millones de dólares anuales.

Según la investigación GIZ, se estima que en la región hay unos 2 mil tumbadores de madera preciosa, que trabajan tanto de forma legal como ilegal, cuyo peso económico se calcula entre 10 y 20 millones de dólares por año. Luego se desarrolla una larga cadena comercialización y producción, que incluye alistadores, rastreadores, transportistas, finqueros, negociantes y que termina en los compradores, que adquieren la madera en la zonas o en el extranjero.

Estos últimos representan un fuerte peso económico de 118 millones de dólares, según datos del Banco Central de Nicaragua (BCN), lo que representa el 2.5% del PIB. Toda una efervescente actividad que está matando a Bosawás: la tala forestal se calcula en 70 mil hectáreas en el país, de las que 42 mil corresponden a los bosques de ese patrimonio de la Humanidad. Una joya que pierde esplendor a vista y paciencia del país que la contiene.

FUENTE | www.elpais.cr

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