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El polvorín

Se puede tener razón y ser desacertado

8 Mayo 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

“El siglo XX significó para nuestros padres la culminación. La elegancia de la cifra redonda le confería un sesgo triunfal a aquella edad de la razón. Desde entonces, dos guerras han dado a ese triunfo una resonancia lúgubre y la culminación de la humanidad adopta más bien el aspecto de un final. Se sabe desde entonces que términos como ‘progreso’ y ‘ciencia’ testimonian simplemente un espíritu primario y que solo la sed de lo irracional ocupa el lugar de la dignidad humana. Una religión incapaz de aplacar esta sed está proscrita, a menos que proceda a inventar los elementos irracionales de los cuales carece” (Levinas, 1951)

Pablo Stefanoni expresa en sus misivas en rebelión.org cierta preocupación/exaltación, la que tiene su justificada razón en la desconfianza a una potencial hegemonía discursiva del esoterismo ecológico pre y post cumbre.

Pablo sabe que todo proceso de construcción de una plataforma para la emancipación es siempre un campo en disputa. No evade que entre los asistentes y discursividades existió y existe un vario pinto de constelaciones políticas, sociales y de clase. Con toda razón, eso le hace apresurar la marcha y advertir lo que vio.

Lamentablemente su apresuramiento se embrolla con la torpeza y su exaltación con la histeria. Bajo esas condiciones de escritura, solo la caricatura resulta argumento razonable para manifestar de una manera poco acertada lo que muchos, incluyéndome, venimos declarando hace ya tiempo en relación a las luchas por la vida y por un hábitat armonioso.

Pero ese no es el único error del aludido, el más significativo, quizás, es el de ridiculizar –desintencionadamente espero- las bases argumentativas para la elaboración de un pensamiento y una ética propiamente continental con aspiración universal y asentada en la adscripción y no en la imposición.

Primero, en todo proceso de resistencia y emancipación encontraremos fuerzas en disputa. En la lucha por el medio ambiente sano y el desarrollo sostenible existe diversidad de actores que, consciente o inconscientemente, individual o colectivamente, disputan la orientación y conducción localista/segmentada de la lucha.

Particularmente en Chile, por ejemplo, muy pocos podrían negar que en ciertas luchas por la vida, predomina el protagonismo de los activistas y de las ONGs por sobre las comunidades en conflicto, ellos son los que en la mayoría de los casos median ante la opinión pública e incluso ante la autoridad a nombre de.

Así, se amputa la capacidad de conversión de los sujetos sociales en sujetos políticos del conflicto. Lo anterior, se lesiona aún más si incorporamos la variable “competencia” en el ámbito de las ONGs en la disputa por el “mercado” de conflictos para la sustentación del proyectorado, profundizando así la segmentación del campo social.

La labor de las ONGs resulta valiosa e indispensable, pero tan solo en el límite de sus funciones de asesoramiento y acompañamiento, pues, la conducción debiera estar siempre y necesariamente en manos de la comunidad y del liderazgo socialmente reconocido, requisito indispensable para la recomposición de las habilidades políticas de los pueblos para su emancipación.

Segundo, el paradigma de la defensa de todas las formas de vida en el planeta no debiera ser antagónico al de la igualdad y la vida digna para los seres humanos. Los países en pobreza requieren -para satisfacer las necesidades básicas de parte importante de sus habitantes- trabajar, gestionar e intercambiar los ofrecimientos de la Madre Tierra.

El ser humano no constituye un sistema orgánico -y de conciencia- cerrado y autosustentable, por el contrario, requiere de agua, alimentación, vestuario, vivienda, temperatura, educación, cultura, etc. Todo eso, debiera ser fruto de nuevas estrategias de desarrollo en las cuales se pueda compatibilizar la seguridad social con la seguridad animal, vegetal y mineral.

En mi andar he encontrado que muchos activistas “pachamamicos” no calibran su puntería. Hay que saber exigir y a quién exigírselo. No se puede imputar a un pirquinero, a un pescador, a un leñador, a un agricultor, a un criancero, etc., de maltratar a la Madre Tierra, aquél que así lo estime está en contra de la vida humana y su desarrollo en el planeta.

En cambio, sí debemos exigir el control y límite a la gran industria extractiva nacional/transnacional, a la usurpación y despojo por parte de privados de las potencialidades productivas territoriales. Se debe exigir participación y deliberación de las comunidades locales como de las territorialmente extendidas, sobre los planes económicos y programas de generación de riqueza social e industrialización.

Pues es en esta deliberación política de la comunidad donde se manifiesta el impulso vital de subsistencia. La lucha por la vida no debe autosecuestrarse de la lucha por la economía, el poder y por el Estado. Mejor que Stefanoni y el que escribe, lo dijo el Vicepresidente Álvaro García en la Conferencia de Cochabamba.

Por último, si Levinas -con quien abrí estas palabras- se cuestionó, a partir de su prisión en un campo de concentración en Hannover luego del exterminio de toda su familia por los nazis en Ucrania, sobre las condiciones de posibilidad del tipo occidental de desarrollo civilizatorio.

Si él como lituano-francés-judío puso en duda el modelo occidental y se adentró en las fuentes primarias –orientales- de occidente, lo cual lo llevó al reencuentro con la espiritualidad judía y descubrir en las lecturas talmúdicas la correcta relación ética con el otro. ¿Por qué nosotros -bajo formas de opresión más sutiles pero igual de criminales que exponen a la humanidad en su conjunto- no podemos retornar y escrudiñar en las fuentes civilizatorias preeuropeas?

Nosotros que habitamos un continente tan antiguo, que compartimos con pueblos y tradiciones aún vivas, pueblos hablantes cuyas expresiones espirituales se encuentran solapadas y mimetizadas en formas cristianas pero, no por eso apartadas de sus concepciones y relaciones prehispánicas acerca del mundo. ¿Por qué no podemos iniciar nuestra propia búsqueda?

Nuestra elaboración ético-filosófica sobre la buena manera de vivir en y con el mundo. ¿Por qué debemos conformarnos con tan solo 2.500 años de tradición greco-romana y judeo-cristiana? Tradición que nos tiene frente a una crisis de desarrollo que pone en peligro la existencia del ser humano y a otros seres vivos en el planeta. Tradición que pario al capital y se traicionó a sí misma en sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad a poco andar por la vereda republicana.

El proceso de cambio en Bolivia es sustento argumental/experiencial de un potencial proceso de cambio en el continente y el mundo. ¿Acaso Bolivia no puede ser la partera de nuestro propio siglo de las luces? ¿Acaso nosotros como latinoamericanos no podemos proceder a inventar los elementos espirituales de los cuales occidente carece? Hacerlo desde la simpleza esotérica seria un desacierto, pero negarse a hacerlo también sería un disparate.

Por Ricardo Balladares

Tomado de El ciudadano

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