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El polvorín

SITUACIÓN ACTUAL DE LAS FARC: UN ANÁLISIS DE LOS CAMBIOS EN LAS ESTRATEGIAS Y LA TERRITORIALIDAD (1990-2011)

8 Octubre 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

  6 de octubre de 201136

 

 

MENSAJE DE LA 36

 

SITUACIÓN ACTUAL DE LAS FARC: UN ANÁLISIS DE LOS CAMBIOS EN LAS ESTRATEGIAS Y LA TERRITORIALIDAD (1990-2011)
PRIMERA PARTE
Por Camilo Echandía Castilla de Fundación Ideas Para la Paz
Docente e investigador de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

Este trabajo se elaboró en el marco del proyecto de investigación “Seguimiento y análisis del conflicto armado en Colombia” de la línea de investigación en Negociación y Manejo de Conflictos del Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales (CIPE).

PRESENTACIÓN

En los últimos meses ha venido creciendo la sensación de que estamos ante un resurgir de las FARC. Para algunos sectores cercanos al ex Presidente Álvaro Uribe esto se debe a que su sucesor, el actual Presidente Juan Manuel Santos, ha bajado la guardia y como tal, se ha disminuido la presión militar sobre esta organización. A esto le suman el argumento de la reducción en la moral de las fuerzas, producto de la inseguridad jurídica en la que se encuentran operando. Por otro lado, algunos analistas del conflicto armado han llamado la atención sobre que las FARC vienen cumpliendo exitosamente desde el 2008 su “Plan Renacer”, en el marco del cual adaptaron sus operaciones y tácticas al escenario de confrontación impuesto por la seguridad democrática.

Evidentemente las FARC han incrementado su nivel de actividad lo cual se hace palpable desde el 2009. Así lo demuestran los análisis que se vienen haciendo en los últimos años, los cuales se basan en datos coyunturales y en el mejor de los casos en miradas de mediano plazo. Sin embargo, antes de saltar a conclusiones alarmistas sobre el “renacer” de la guerrilla y que le hacen eco al interés de esta organización de mostrar fortaleza, hay que hacerse la pregunta sobre la posibilidad de que este grupo recupere los niveles que tuvo en los años noventa cuando logró su mayor capacidad ofensiva en la historia del conflicto. Una mirada en perspectiva de las dinámicas de largo plazo, muestran una fotografía un tanto diferente de la que se ha difundido en el debate actual en relación no sólo a la situación de las FARC, sino también a los esfuerzos de las Fuerzas Militares en combatirlas.

El presente estudio de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), realizado por Camilo Echandía, analiza la situación actual de las FARC a partir de los cambios en la correlación de fuerzas, así como en los movimientos, las tácticas y la territorialidad del grupo guerrillero, con una cobertura cronológica que va desde 1990 al primer semestre de 2011. Así, se elaboró una periodización del conflicto que permite identificar los cambios en la relación de fuerzas entre las Fuerzas Militares y las FARC en el largo plazo, lo que sugiere conclusiones muy diferentes a las que actualmente se ventila públicamente, acerca de lo que sucede hoy con ambas partes del conflicto.

En primer lugar, la evolución de las acciones de las FARC y de los combates de las Fuerzas Militares en términos absolutos, muestra que a partir de 2002 el grupo guerrillero reduce su iniciativa, y no obstante el repunte en sus acciones, los combates de la Fuerza Pública superan la sumatoria de emboscadas, hostigamientos, ataques a instalaciones militares y sabotajes a la infraestructura. Una situación que se mantiene hasta el momento actual. Por ende, es difícil sostener la idea de que ha habido una disminución del esfuerzo militar en el Gobierno Santos. Es obvio que el nivel de los combates tienda a reducirse, en un contexto en que la guerrilla ha perdido más de la mitad de sus efectivos y del territorio, y por ello también caen los niveles de capturados, abatidos y desmovilizados individuales, que no obstante siguen siendo significativos.

En segundo lugar, difícilmente el repunte de las actividades de las FARC desde 2009 puede ser interpretado como el resultado de un proceso de reorganización y como un indicador de que el grupo guerrillero ha retomado la iniciativa militar en la confrontación. Lo que refleja la situación actual del grupo guerrillero es lo contrario, que no ha podido salir de la situación de repliegue y que el repunte en su accionar tiene el propósito de defender las zonas donde busca sobrevivir y evitar que la Fuerza Pública logre ubicar los mandos.

A diferencia de otros estudios sobre la situación actual de las FARC, en el presente trabajo no se considera válido incluir los campos minados o los francotiradores en el mismo nivel que las acciones armadas que expresan iniciativa militar como las emboscadas o los hostigamientos. Las primeras categorías son ante todo un recurso defensivo utilizado por las FARC para intentar frenar el avance de las tropas terrestres hacia las zonas de retaguardia, y para la protección de cultivos ilícitos o corredores de movilidad del grupo guerrillero.

Una mirada de largo plazo abre una nueva perspectiva acerca de la situación actual de las FARC y su comportamiento, y permite comprender de manera distinta los escenarios actuales de la guerra. Para la FIP, las alarmas de un renacimiento ofensivo de la agrupación armada han sido encendidas en falso, y no hay indicios concretos para pensar en una reorganización profunda en el grupo guerrillero que lleve al país a experimentar la violencia de los noventa, o para interpretar el número decreciente de operaciones militares como una actitud de “brazos caídos” en las Fuerzas Militares.

PERIODIZACIÓN DEL CONFLICTO ARMADO
En el presente trabajo se identifican cuatro periodos en la evolución de las FARC entre 1990 y 2011, a partir de los cuales se analizan los cambios en la territorialidad y las estrategias a fin de interpretar la situación actual del grupo guerrillero

El primer periodo considerado se define entre 1990 y 1998. Si bien es cierto que hacia finales de los años ochenta ya era evidente el aumento de la presencia territorial y del poder de fuego de las FARC, el ELN era para aquel entonces la guerrilla más activa. Es a raíz de la ofensiva de las Fuerzas Militares contra el Secretariado de las FARC en diciembre de 1990, que el grupo guerrillero comienza a exhibir el mayor protagonismo armado y a registrar avances en el proceso de especialización de sus frentes, así como la creación de columnas móviles.

Durante el gobierno de César Gaviria (1990-1994), los combates por iniciativa de las Fuerzas Militares se incrementaron en virtud de la llamada “guerra integral contra la guerrilla” lanzada tras el fracaso de los diálogos de paz con la Coordinado Guerrillera Simón Bolívar (CGSB)2. La proporción entre los combates iniciados por las Fuerzas Militares y las acciones de las FARC aunque siguió siendo desfavorable al Estado, mejoró ostensiblemente.

En 1993, en el marco de la ofensiva militar, las FARC recurrieron a la táctica de replegar sus estructuras armadas para impedir su debilitamiento. En medio de este repliegue táctico, las FARC llevaron a cabo su Octava Conferencia, con el propósito de reagrupar sus frentes en siete bloques bajo el mando de un miembro del Secretariado. Con esta reorganización, las FARC durante el gobierno de Ernesto Samper (1994-1998) buscaron mediante la ejecución de una serie de acciones contundentes desbordar la capacidad de reacción y contención de la Fuerza Pública.

En este contexto, las FARC lograron su mayor éxito militar en momentos previos al inicio de las conversaciones de paz en gobierno de Andrés Pastrana. En noviembre de 1998, Mitú, capital del departamento de Vaupés, fue tomada por asalto en una acción guerrillera que produjo la muerte de 16 miembros de la Fuerza Pública y el secuestro de otros 61.

Si por una parte, esta acción cierra el primer periodo considerado, la recuperación del control de Mitú mediante una operación de las Fuerzas Militares, marca el inicio del segundo periodo en el cual paralelamente con las negociaciones del Caguán, los combates con las FARC se incrementan gracias al proceso de transformación militar y al Plan Colombia.

En el segundo periodo considerado, que corresponde al cuatrienio Pastrana (1998-2002), la reforma militar, que dotó al Ejército de nuevas capacidades para enfrentar a los grupos guerrilleros, impidió que las FARC alcanzaran el equilibrio estratégico con el Estado y puso limite al uso táctico que se habían propuesto dar a la denominada Zona de Distensión (ZD).

Al tiempo que el gobierno negociaba con las FARC, los grupos paramilitares o de autodefensa, que desde los años ochenta tenían una fuerte relación con el narcotráfico, comenzaron a adquirir mayor protagonismo. En la disputa con este actor por el control de posiciones estratégicas, las FARC recurrieron a prácticas de terror similares a las empleadas por los paramilitares, y con ello contribuyeron en forma significativa a degradar del conflicto.

La ruptura del proceso de paz entre el gobierno y las FARC, en febrero de 2002, dio paso a una escalada del conflicto tanto por el incremento de los combates de las Fuerzas Militares como de las acciones del grupo guerrillero orientadas a afectar la gobernabilidad local, mediante amenazas contra las autoridades locales, a quienes se forzaba a renunciar.

El tercer periodo entre 2002 y 2006 corresponde al primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez. En este lapso se produjo un cambio sin precedentes en la dinámica de la confrontación armada, que se expresa en que por primera vez, los combates librados por las Fuerzas Militares superaron de manera sostenida las acciones lanzadas por las FARC.

La decisión de la administración Uribe de reducir militarmente a las FARC, forzó al grupo irregular a retomar de su experiencia inicial los comportamientos propios de la guerra de guerrillas y a optar por el repliegue hacia zonas de refugio, lo cual se expresa en un ostensible descenso de su accionar a nivel global.

Ante su inferioridad militar las FARC tuvieron que limitar sus operaciones a ocupar algunas posiciones estratégicas, que defienden mediante el uso de minas antipersonal. Lo anterior ha resultado especialmente costoso para la Fuerza Pública, que registra un considerable número de víctimas por efecto de la activación de estos artefactos.

La conducta de las FARC durante este periodo se caracteriza por las acciones intermitentes, ejecutadas por pequeñas unidades que utilizan la táctica de golpear y correr para eludir el choque directo con la Fuerza Pública. Esta táctica, además de multiplicar los escenarios de la confrontación, dificulta la identificación del enemigo, que en muy pocas ocasiones se presenta como un frente estático.

Adicionalmente, aplicando el principio de economía de fuerza, las FARC buscan reducir al máximo las bajas y los costos de operación, mientras que la Fuerza Pública redobla esfuerzos para responder a los ataques en diferentes sitios del país. Lo anterior revela, por otra parte, el propósito del grupo guerrillero de tratar de diluir la ofensiva militar desplegada contra su retaguardia estratégica.

Es incuestionable que durante este periodo se produjo una ruptura en la confrontación armada, en la medida en que la ofensiva de las Fuerzas Militares se traduce en un enorme retroceso de las FARC con respecto a las posiciones conseguidas tras dos décadas de expansión territorial. Las zonas bajo influencia de esta guerrilla vuelven a ser ante todo rurales y en algunos de estos escenarios establecen alianzas con las estructuras armadas que sobrevienen a la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Por último, en el período comprendido entre 2007 y 2010, en medio de la tendencia descendente que se impone en la intensidad del conflicto, las Fuerzas Militares logran ubicar varios objetivos de alto valor, a lo cual las FARC responden incrementando su accionar.

No obstante que a partir de 2009 las FARC registran paulatinamente un repunte en su accionar, los combates de la Fuerza Pública superan la sumatoria de emboscadas, hostigamientos, ataques a instalaciones militares y sabotajes a la infraestructura, situación que no ha cambiado en el presente, como se aprecia en los gráficos 2 y 3.

Ante la eficacia de las operaciones militares que en este periodo se expresa en la ubicación de varios objetivos de alto valor, las FARC responden con acciones que buscan defender sus zonas de repliegue y evitar que la Fuerza Pública siga golpeando los mandos de la organización.

El recurso a las minas antipersonal y a los francotiradores demuestra la prevalencia del repliegue en las FARC, mientras que el incremento desde 2009 de los hostigamientos, las pequeñas emboscadas y los ataques a instalaciones de la Fuerza Pública, responde a la necesidad de desconcentrar las operaciones militares que persiguen los objetivos de alto valor.

De otra parte, el descenso en los combates que se registra en este periodo no se puede interpretar como una pérdida de la capacidad militar del Estado. La reducción de la territorialidad de las FARC es el factor que permite explicar la disminución de los contactos armados por iniciativa de las Fuerzas Militares.
Como se aprecia en el gráfico 5, la territorialidad de las FARC se ha reducido considerablemente. En efecto, la presencia activa del grupo guerrillero que en 2002 se expresa en 377 municipios, en 2010 corresponde a 142 municipios. La consecuencia de la ostensible reducción de la presencia activa de las FARC es la disminución de los combates.
Así mismo, hay que tener en cuenta que a partir de 2009 se registran los mayores índices de combates por municipio. En efecto, si bien es cierto que hay un descenso de los combates registrados entre 2006, con 1580 en 327 municipios, y 2010, con 986 en 155 municipios, también lo es que la relación de combates registrados por municipio se incrementó pasando de 4.8 en el primer año a 6.4 en el segundo.

Es importante señalar que en el primer semestre de 2011, pese a que las FARC maniobran para tratar de evitar que la Fuerza Pública ubique a Guillermo Sáenz Vargas alias ‘Alfonso Cano’, se libraron 529 combates en 129 municipios, frente a 279 acciones del grupo guerrillero en 114 municipios. Se colige de lo anterior que en el primer semestre de 2011 la relación de combates por iniciativa de la Fuerza Pública por municipio es casi el doble del índice de acciones de las FARC por municipio.

No tiene por ello sustento el planteamiento de que haya disminuido el esfuerzo militar contra la guerrilla. Es obvio que el nivel de los combates se reduzca, en un contexto en que las FARC han perdido más de la mitad de su pie de fuerza y del territorio, y por ello también caen los niveles de capturados, abatidos y desmovilizados individuales, que no obstante siguen siendo significativos.

PRIMER PERIODO 1990-1998:
LAS FARC SE REORGANIZAN Y COMIENZAN A OPERAR CON EL PROPÓSITO DE GOLPEAR A LA FUERZA PÚBLICA

La actividad armada de las FARC registró un notable incrementó en 1990, luego de la realización de la quinta cumbre de la CGSB, en la que se acordó la ejecución de acciones contra la Fuerza Pública y la infraestructura económica del país. La escalada alcanzó su nivel más alto entre los meses de noviembre y diciembre con acciones que generaron gran conmoción, como la emboscada tendida a una patrulla de la Policía en el municipio de Algeciras en el departamento del Huila, en la que perdieron la vida un cabo, un agente y seis menores.

Por su parte, las Fuerzas Militares, en 1990 se concentraron en combatir a las FARC principalmente en el sur oriente del país. En noviembre, culminó la primera etapa de la Operación Centauro, emprendida por la VII Brigada, con el propósito de golpear los campamentos del Estado Mayor del Bloque Oriental (Embo). En diciembre, se llevó a cabo la segunda fase de la Operación Centauro, que permitió a la IV División del Ejército ocupar los campamentos del Secretariado de las FARC en el municipio de Uribe (Meta). La operación más importante se realizó el día 9 de diciembre coincidiendo con la elección de los 70 miembros que integrarían la Asamblea Nacional Constituyente.

A partir de esta ofensiva de las Fuerzas Militares, las FARC aceleraron su expansión hacia el centro del país y lograron avanzar en el proceso de especialización de sus frentes, así como en la creación de columnas móviles. En 1991, las FARC en respuesta a la ofensiva militar contra su Estado Mayor, escalaron su accionar a niveles nunca antes registrados. Como se observa en el gráfico 7, los meses de enero y febrero corresponden a los picos más elevados. El alto número de acciones y la contundencia de las mismas, así como la diversidad de las zonas afectadas pusieron de presente que las FARC contaban con una territorialidad y poderío militar que las situaba lejos de la etapa inicial de las autodefensas.

En marzo, comenzó a disminuir la ofensiva guerrillera luego de que las FARC y el ELN aceptaran la propuesta de la administración Gaviria de iniciar conversaciones directas y sin condiciones. En junio la intensidad de la confrontación registra los niveles más bajos, y es justamente este el momento en que se inician los diálogos entre el gobierno y la CGSB en Caracas, Venezuela.

En el segundo semestre de 1991, se produjo una nueva escalada de acciones de las FARC, en momentos en que la Asamblea Nacional Constituyente presentaba la nueva Carta Política y acababa de finalizar la segunda ronda de conversaciones entre el gobierno y los representantes de la CGSB en Caracas. Las Fuerzas Militares intensificaron las operaciones que se habían iniciado el año anterior en la región de los ríos Duda y Guayabero, con nueve más: Neptuno, Oro Negro, Apolo, Dignidad, Saturno, Luz Blanca, Reconquista y Destrucción. Las operaciones se extendieron a los departamentos de Córdoba, Norte de Santander, Antioquia, Meta, Caquetá, Bolívar, Arauca y Huila.

No obstante que en el primer semestre de 1992 la actividad de las FARC fue baja, no se puede perder de vista que al finalizar las conversaciones en Caracas, la CGSB había adquirido el compromiso de no atentar contra la población civil, ni realizar acciones de destrucción de la infraestructura. La evidencia disponible muestra que las acciones de sabotaje no cesaron y se continuaron registrando ataques a poblaciones, asesinatos de civiles y secuestros de dirigentes políticos, comerciantes y ganaderos.

Ante la imposibilidad de lograr un acuerdo de cese al fuego, el gobierno aceptó continuar las conversaciones en México, mientras que en el país se desarrollaba la confrontación armada. A partir del mes de mayo, luego de que el gobierno y la CGSB anunciaron en un comunicado conjunto un receso para hacer una evaluación del proceso de paz, se comenzó a afianzar una tendencia ascendente en la confrontación armada.

En el mes de julio, cerca de 500 hombres del bloque José María Córdoba atacaron la población de Dabeiba (Antioquia) y combatieron durante varios días con el propósito de aislar la región de Urabá y producir un salto cualitativo pasando de la guerra de guerrillas a la guerra de movimientos. Con este ataque, las FARC ratificaron su decisión de privilegiar la acción militar en su estrategia de combinación de las formas de lucha.

Lo acontecido hizo que el gobierno cerrara la posibilidad de reanudar los diálogos con la CGSB. La escalada de la guerrilla adquirió mayor fuerza luego de que el gobierno decretara, el 8 de noviembre, el Estado de Conmoción Interior, a raíz del ataque perpetrado por el frente 32 de las FARC a un complejo petrolero en Orito (Putumayo), en el que perdieron la vida 26 policías. Las acciones terroristas que se hicieron sentir unos días después de que se adoptaran medidas excepcionales para enfrentar la escalada guerrillera, se expresaron en las principales ciudades del país mediante el incendio de automotores y la activación de artefactos explosivos.

En 1993, en el marco de la denominada guerra integral contra la guerrilla, se triplicó la capacidad de combate de la Fuerza Pública con respecto a 1990, se duplicó en relación con 1991 y fue mayor a la de 1992, año en el que ya se habían producido avances en el fortalecimiento de la capacidad operativa y de inteligencia.

Ante el propósito gubernamental de reducir militarmente a la guerrilla, las FARC recurrieron al repliegue táctico de sus estructuras y de aquí que se haya producido una ostensible reducción de su accionar en 1993. En este año comparativamente con los tres anteriores, se registró el menor número de acciones de sabotaje contra la infraestructura económica del país y también se redujeron las emboscadas, los hostigamientos y los ataques contra instalaciones de la Fuerza Pública.

En medio del repliegue táctico, las FARC realizaron la Octava Conferencia, a fin de reagrupar sus frentes en siete bloques bajo el mando de un miembro del Secretariado. Con esta reorganización, las FARC se preparaban para llevar a cabo acciones contundentes en contra de la Fuerza Pública.

Entre los meses de enero y agosto de 1994, pese a que la ofensiva del Ejército contra los grupos guerrilleros se mantuvo, se produce un incremento de la actividad de las FARC con especial énfasis en los meses en que se llevaron a cabo los comicios electorales para el Congreso en marzo y la Presidencia en mayo, pero principalmente en la coyuntura de cambio de gobierno, hacia finales de julio y la primera semana de agosto. En este lapso, la actividad de la guerrilla registró uno de sus picos más elevados con el propósito de “despedir” al Presidente Gaviria y hacer una demostración de poderío al nuevo gobierno.

En el gobierno de Ernesto Samper, entre 1994 y 1998, las FARC lograron avanzar en la ejecución de su “plan estratégico” concebido en la Séptima Conferencia de 1982 y renovado en la Octava Conferencia de 1993, con el propósito de conformar un ejército regular, controlar territorios y rodear las grandes ciudades. En este lapso, las FARC recurrieron al secuestro para conseguir su fortalecimiento estratégico y económico. Los plagios comenzaron a crecer debido a los secuestros masivos de miembros de la Fuerza Pública y los secuestros políticos y extorsivos económicos.

A partir del 7 de agosto de 1994, el accionar de las FARC empezó a disminuir y se ubicó en un nivel que contrasta con el registro de la primera semana del mes de agosto, antes de producirse el cambio de gobierno. Este cambio en la conducta del grupo guerrillero se produjo, coincidiendo con la presentación de la política de paz y las primeras manifestaciones de los grupos alzados en armas en el sentido de acoger la iniciativa del Gobierno Samper.

En el mes de octubre, en el momento en que se llevaron a cabo las elecciones para alcaldías, concejos y gobernaciones en todo el país, las acciones armadas por iniciativa de las FARC mostraron un leve repunte. No obstante que en los meses subsiguientes la actividad armada de las Farc fue baja, en noviembre tendieron una emboscada en Puracé (Cauca) en la que perdieron la vida nueve agentes de la Policía y dos civiles.

En 1995, mientras que la iniciativa en la confrontación armada fue asumida por las Fuerzas Militares, las FARC incrementaron en forma ostensible la presión sobre la población civil. De aquí que los asesinatos superaran los registros de años anteriores. Los hechos más graves tuvieron lugar en Urabá; en donde los asesinatos de dirigentes y simpatizantes adscritos a Esperanza, Paz y Libertad, movimiento político surgido del proceso de paz con el EPL, se incrementaron debido a la persecución de que fueran objeto los Esperanzados por parte de las FARC y la disidencia liderada por Francisco Caraballo. El incremento de la violencia en Urabá también obedeció a la arremetida paramilitar que contó con el apoyo de sectores de los desmovilizados agrupados en los llamados Comandos Populares, para obligar a las FARC a replegarse.

Tras el rechazo de las FARC a la iniciativa de paz aduciendo que el presidente no contaba con la autoridad necesaria para adelantar las negociaciones sumado al asesinato en Bogotá del dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado, el gobierno declaró el Estado de Conmoción Interior, con el propósito de adoptar medidas excepcionales, encaminadas a combatir los factores de perturbación del orden público.

En 1996, se estableció el punto de partida de la más fuerte arremetida de las FARC contra la Fuerza Pública, que le permitió al grupo guerrillero exhibir una nueva forma de operación, derivada de la acumulación de experiencia en la preparación y conducción táctica de los ataques.

La ofensiva de las FARC se inició en abril con un ataque a Puerres (Nariño). Posteriormente en el mes de agosto, coincidiendo con las marchas de protesta contra la fumigación de cultivos ilícitos en Putumayo, Caquetá y Guaviare, las FARC atacaron la base militar de Las Delicias (Putumayo). En el desarrollo de esta acción, murieron 27 militares, 17 fueron heridos y 60 más fueron secuestrados.

En septiembre, se registró la situación más grave. En quince departamentos, las FARC mediante amenazas y la quema de vehículos que afectaron el transporte, generaron serios problemas de abastecimiento. En la escalada de la guerrilla, 30 militares resultaron muertos en el ataque a la base militar de La Carpa (Guaviare).

En 1997, la base naval de Juradó (Antioquia) fue atacada en enero y posteriormente en diciembre la base militar de Patascoy (Nariño). Por su parte, las Fuerzas Militares desplegaron las operaciones Destructor I y II para ubicar objetivos de alto valor en Meta, Caquetá y Huila. Después de intensos ataques aéreos y combates, el gobierno reconoció no haber logrado neutralizar a ninguno de los integrantes del Secretariado. Es importante destacar que en los meses previos a la realización de comicios electorales del mes de octubre, las FARC presionaron la renuncia de candidatos a los concejos y alcaldías en el 10% de los municipios del país.

En 1998, el Ejército sufrió un duro revés en su empeño de debilitar la retaguardia estratégica del bloque sur; en el mes de marzo las FARC lograron tomar por sorpresa a las tropas de la Brigada Móvil No. 3 en la vereda El Billar de Cartagena del Chairá (Caquetá), ocasionando la muerte de medio centenar de soldados profesionales y el secuestro de 43 más. Posteriormente, en agosto, las FARC atacaron las bases de la Policía en Miraflores (Guaviare) y Uribe (Meta), así como las instalaciones del Ejército en Pavarandó (Urabá); en desarrollo de estas acciones murieron cerca de 100 personas entre uniformados y civiles y fue secuestrado un centenar de miembros de la Fuerza Pública.

El mayor éxito en la ejecución de su “plan estratégico” lo consiguieron las FARC en el momento en que el proceso de paz propuesto por el Gobierno Pastrana se comenzaba a abrir paso contando con el respaldo de amplios sectores de la sociedad que veían la negociación como la única forma de impedir que la guerrilla lograra sus propósitos por la vía armada. En noviembre de 1998, Mitú, capital del departamento de Vaupés, fue tomada por asalto en una acción que produjo la muerte de 16 miembros de la Fuerza Pública y el secuestro de 61 más.

En este primer periodo el balance de fuerza, que es desfavorable al Estado, tuvo el agravante de que la tendencia ascendente en los combates de las Fuerzas Militares con las FARC a partir del fracaso de las negociaciones en el Gobierno Gaviria, se invirtió a partir de mediados de 1997 cuando comienzan a caer en picada hasta julio de 1998.

La relación de fuerzas se expresa en que en promedio por año las Fuerzas Militares libraron 296 combates con las FARC, mientras que el grupo guerrillero realizó 391 acciones armadas. Los combates que parten de la iniciativa de las FF.MM. representan el 43% de los eventos de la confrontación armada, mientras que las acciones por iniciativa de las FARC tienen una mayor participación que representa 20% en sabotajes a la infraestructura, 14% en hostigamientos, 8% en emboscadas, 4% en ataques a poblaciones, 3% en ataques a instalaciones militares y de la Policía, 3% en asaltos a entidades, 3% en piraterías terrestres y 2% en retenes.

Como se observa en el gráfico 8, los combates que las Fuerzas Militares libraron con las FARC superan la iniciativa del grupo guerrillero en tan solo cinco departamentos: Antioquia, Caquetá, Córdoba, Choco y Quindío. A pesar de que las acciones de las FARC superan los combates por iniciativa de las FF.MM. en la gran mayoría de los departamentos del país, cabe señalar que al comparar los índices de contactos y acciones por municipio, como se muestra en el gráfico 9, se tiene que existe una mayor concentración de los combates frente a las acciones de la guerrilla en trece departamentos: Meta, Caquetá, Antioquia, Bolívar, Córdoba, Casanare, Cundinamarca, Norte Santander, Guajira, Quindío y Amazonas.

En el periodo 1990-1998, el escenario de la confrontación armada corresponde a 163 municipios en promedio por año. Si por otra parte, se considera el balance de fuerzas a nivel municipal en promedio por año, se corrobora que es favorable a las FARC, cuyo nivel de acción supera los combates en 96 municipios, mientras que los combates sobresalen frente a las acciones de la guerrilla en 59 municipios. Cabe anotar que en cero municipios coinciden el número de acciones y combates.

SEGUNDO PERIODO 1998-2002: EN MEDIO DE LAS NEGOCIACIONES DEL CAGUÁN LA FUERZA PÚBLICA SE TRANSFORMA Y AUMENTA LA CAPACIDAD DE COMBATE CONTRA LAS FARC

Si bien es cierto que el asalto a Mitú, en 1998, representó para las FARC su logro más importante, la recuperación del control de esta capital de departamento en poco tiempo mediante una operación conjunta de la Policía y las Fuerzas Militares, marca el inicio de una serie de operaciones exitosas contra las FARC, resultado del proceso de transformación militar llevado a cabo en el Gobierno Pastrana, mientras que en el Caguán se adelantaban las conversaciones con el grupo guerrillero.

En este periodo las Fuerzas Militares fueron sometidas a un proceso de profundo cambio en los ámbitos institucional, doctrinario y tecnológico, que se expresó en la profesionalización del Ejército, la adecuación de la doctrina militar a las realidades del conflicto interno, la mayor efectividad en el planeamiento y conducción de las operaciones, la adopción de un concepto operacional proactivo, ofensivo y móvil, y el mejoramiento en inteligencia, tecnología y en las estructuras de comando, control y comunicaciones.

La reforma militar que dio al Estado nuevas capacidades para combatir a los grupos irregulares, impidió que las FARC avanzaran en su “plan estratégico” y utilizaran de manera táctica el escenario de las conversaciones, como se había propuesto el grupo guerrillero desde el momento en que se creó la Zona de Distensión (ZD) en el área correspondiente a los municipios de San Vicente del Caguán en Caquetá y Uribe, Mesetas, Vistahermosa y La Macarena en Meta.

La intensión de dar un uso táctico a la ZD se evidenció en julio de 1999, con posterioridad al inicio de las negociaciones, a partir de la escalada de acciones de las FARC. En este momento la ZD fue utilizada como plataforma de los ataques lanzados hacia los municipios ubicados en los alrededores.

Las acciones en Caquetá tuvieron como escenario principal los municipios de El Doncello y Puerto Rico, donde luego de retomar la iniciativa, las Fuerzas Militares causaron 40 bajas en las filas de las FARC, mientras que un número aproximado de 37 agentes de la Policía fueron registrados como desaparecidos. Simultáneamente, en Valparaíso, la Policía repelió un ataque de las FARC que se proponían tomarse la población; en desarrollo de los combates murieron dos agentes y varios civiles. Paujil también fue escenario de combates. En Meta, las acciones se registraron en jurisdicción de los municipios de Puerto Lleras y Puerto Rico, donde los puestos de la Policía fueron atacados, mientras que el apoyo del Ejército permitió dar de baja un número elevado de guerrilleros. En San José del Guaviare, la base antinarcóticos fue hostigada con cilindros de gas cargados con explosivos y utilizados como morteros, la respuesta de la Fuerza Pública causó la muerte a varios de los atacantes.

Estas acciones pusieron al descubierto el propósito de las FARC de avanzar en su “plan estratégico” mientras se llevaban a cabo las conversaciones con el gobierno en el Caguán. La escalada de la guerrilla buscaba, en primer lugar, contribuir al desgaste del gobierno que era blanco de fuertes críticas en torno al manejo de la ZD. En segundo lugar, ampliar el dominio territorial del grupo guerrillero a partir de la ZD, donde concentró un componente de histórica importancia. En tercer lugar, romper el cerco que los paramilitares habían tendido desde la zona San Martín-Granada-San Juan de Arama y Fuente de Oro en el Meta.

Paulatinamente las Fuerzas Militares van recuperando la iniciativa en la confrontación gracias al incremento en la movilidad y la mayor capacidad de reacción aérea para contrarrestar los ataques de las FARC. A los reveses sufridos por las FARC en julio de 1999 en Puerto Rico (Caquetá) y Puerto Lleras (Meta) se sumó en agosto, una operación de la Fuerza Aérea en Hato Corozal (Casanare), en la que fueron dados de baja 45 guerrilleros.

Hacia finales del año 2000, en el municipio de Suratá (Santander) la Fuerza Pública desarticuló una columna de las FARC que había partido de la ZD con el propósito de recuperar territorios bajo control paramilitar en el Magdalena Medio. En el desarrollo de esta operación, fueron dados de baja 72 guerrilleros y 136 más fueron capturados. Así mismo, el cerco tendido por el Ejército en la región del Sumapaz, corredor estratégico de las FARC entre la ZD y Bogotá, produjo intensos combates con saldo de 16 guerrilleros dados de baja.
En febrero de 2001, la operación Gato Negro, desplegada en el departamento de Vichada, permitió la captura del narcotraficante brasilero Fernandiño protegido por las Farc, la baja de 19 guerrilleros y la captura de 29 más. Posteriormente, en mayo, se llevó a cabo la operación Tsumaní en Nariño, que produjo la baja de 12 integrantes del frente 29. Durante el mes de agosto, las Fuerzas Militares lograron asestar otro duro golpe a las Farc en el suroriente colombiano, con la interceptación de la columna Juan José Rondón que había partido de la ZD, con el propósito de tomar por asalto a Barrancominas (Guainía).

Para tratar de compensar su inferioridad militar, las FARC atacaron sistemáticamente poblaciones para destruir los puestos de la Policía y debilitar la presencia estatal en escenarios donde buscaron ampliar su influencia. La realización de los ataques contra la Policía se convirtió en un propósito estratégico inscrito en el desarrollo de planes dispuestos a lograr el control de zonas específicas.

Entre otros objetivos de los ataque, las FARC buscaban compensar la pérdida de acceso al mar por el Golfo de Urabá, posición sobre la cual los grupos paramilitares lograron el dominio y control a partir de la segunda mitad de los años noventa. En efecto, la localización de los ataques evidenciaba el propósito de crear un corredor entre los departamentos del suroriente y la costa Pacífica, cruzando por municipios de Huila, Tolima, Valle, Cauca y Nariño.

Las tensiones creadas por el evidente interés de las FARC de dar un uso táctico a la ZD, llevaron a la intensificación de la confrontación armada en el sur del país. A partir de 2001, la presión militar contra las FARC fue cada vez más fuerte en Meta y Caquetá. Ante la clara superioridad militar del Estado, que bloqueó las posibilidades de ampliar el dominio territorial de las FARC, el grupo guerrillero perdió interés en la ZD. Los representantes de la guerrilla argumentaron que los controles militares puestos por el gobierno en la zona periférica de la ZD constituían el mayor obstáculo para continuar con las conversaciones, lo que llevó a que el 9 de enero de 2002 solicitaran al gobierno 48 horas para evacuar la ZD.

A partir de ese momento, el Ejército entró en alerta máxima y se inició la movilización de 7.000 soldados hacia la ZD, lo que hizo que las FARC iniciaran una escalada de acciones que en un principio tuvo su principal epicentro en los departamentos de Meta y Caquetá. Mediante la realización principalmente de sabotajes, la guerrilla buscó que las tropas concentradas en las salidas de la ZD tuvieran que atender la alteración del orden público que se empezaba a registrar en muchos puntos de la geografía nacional.
La agonía del proceso de paz se produjo en medio de grandes esfuerzos de las FARC para ganar tiempo y lograr poner a salvo sus mandos. Finalmente, el 20 de febrero, luego de que en horas de la mañana un comando de las FARC perpetrara el secuestro de un vuelo comercial que cumplía la ruta Neiva-Bogotá, el presidente Pastrana anunció formalmente el fin del proceso de paz.

Dos días después de producirse la ruptura del proceso de paz y en medio de una fuerte intensificación del conflicto, la candidata presidencial Ingrid Betancourt y su asesora Clara Rojas que se dirigían hacia San Vicente del Caguán, fueron secuestradas por guerrilleros del frente 15 en un retén establecido en el sitio El Cinco entre los municipios de El Paujil y La Montañita.

En este segundo periodo, a pesar de la notable recuperación de la capacidad de combate de las Fuerzas Militares, que en 1998 había sufrido una fuerte caída, las acciones de la guerrilla se elevaron en una proporción un poco mayor, y por ello el balance de fuerzas en la confrontación continuó a favor a las FARC.

En efecto, mientras que los combates aumentaron en un 68% con respecto al periodo anterior al pasar de 296 a 498 en promedio por año, las acciones de las FARC crecieron en un 86% al pasar de 391 a 728 en promedio por año.

La relación de fuerzas desfavorable a las FF.MM. se expresa en que los combates representan el 41% de las acciones de la confrontación armada, frente a la mayor participación del accionar de las FARC representada un 19% en sabotajes a la infraestructura, 14% en hostigamientos, 10% en piraterías terrestres, 5% en retenes, 4% en ataques a instalaciones militares y de la Policía, 3% en emboscadas, 3% en ataques a poblaciones y 1% en asaltos a entidades.

Como se observa en el gráfico11, los combates que las Fuerzas Militares libraron con las FARC superan la iniciativa del grupo guerrillero en siete departamentos: Antioquia, Caquetá, Córdoba, Choco, Quindío, Vichada y Guainía. Cabe señalar que los departamentos donde la relación de fuerzas es favorable a las FF.MM., se incrementaron con respecto al periodo anterior en el que sólo aparecían los cinco primeros.

A pesar de que las acciones de las FARC superan los combates por iniciativa de las FF.MM. en la gran mayoría de los departamentos del país, la comparación de los índices de contactos y acciones por municipio, que se presenta en el gráfico 12, muestra que existe una mayor concentración de los combates frente a las acciones de la guerrilla en once departamentos: Guaviare, Putumayo, Vaupés, Vichada, Antioquia, Guainía, Santander, Cundinamarca, Guajira, Quindío y Córdoba.

En el mapa 2, se muestra que en el periodo 1999-2002, el escenario de la confrontación armada corresponde a 292 municipios en promedio por año. En lo concerniente al balance de fuerzas, se corrobora que es favorable a las FARC, cuyo nivel de acción supera los combates en 189 municipios, mientras que los combates sobrepasan las acciones de la guerrilla en 88 municipios. Cabe anotar que en 15 municipios coinciden el número de acciones y combates.

Viernes próximo segunda parte y final del informe sobre le conflicto armado en Colombia.

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Hoteles Almeria 10/08/2011 15:54



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