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El polvorín

Subastarán foto de Che con Sartre y Simone de Beauvoir.

17 Junio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

La casa Dominic Winter ofrece el 17 de junio a subasta 68 lotes de instantáneas, de los que trece llevan el sello de Korda. Una de ellas es del encuentro de Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre y Ernesto Che Ghevara, firmada por Alberto Korda.


El Che tenía 32 años cuando se entrevistó con Jean Paul Sartre. El filósofo parisino descubrió en Guevara la encarnación de la vigilia revolucionaria, esa que lo llevó a morir en Bolivia con el rostro despierto. “El comandante Ernesto Guevara es considerado hombre de gran cultura y ello se advierte: no se necesita mucho tiempo para comprender que detrás de cada frase suya hay una reserva en oro” -observó Sartre en 1960-.

«Pero un abismo separa esa amplia cultura, esos conocimientos generales de un médico joven que por inclinación, por pasión, se ha dedicado al estudio de las ciencias sociales, de los conocimientos precisos y técnicos indispensables en un banquero estatal».

El Che presidente del Banco Central de Cuba, había fijado su cita con Sartre a una hora insólita: medianoche. “Y todavía tuve suerte’, recordó, ’los periodistas y los visitantes extranjeros son recibidos amable y largamente, pero a las dos o tres de la madrugada”.

No esperó mucho para encontrarse con el Che. "Se abrió una puerta y Simone de Beauvoir y yo entramos: un oficial rebelde, cubierto con una boina, me esperaba: tenía barba y los cabellos largos como los soldados del vestíbulo, pero su rostro terso y dispuesto, me pareció matinal. Era Guevara".

A la hora de aquel encuentro, medianoche, el visitante francés notó que el Comandante acababa de salir de la ducha.

"Lo cierto es que había empezado a trabajar muy temprano la víspera, almorzado y comido en su despacho, recibido a visitantes y que esperaba recibir a otros después de mí. Oí que la puerta se cerraba a mi espalda y perdí a la vez el recuerdo de mi viejo cansancio y la noción de la hora. En aquel despacho no entra la noche".

En aquellos hombres en plena vigilia, al mejor de ellos, dormir no les parece una necesidad natural sino una rutina de la cual se han librado más o menos.

No sé cuándo descansan Guevara y sus compañeros. Supongo que depende: el rendimiento decide; si baja, se detienen. Pero de todas maneras, ya que buscan en sus vidas horas baldías, es normal que primero las arranquen a los latifundios del sueño’.



Mientras cavilaba, Sartre llevó a sus labios un habano apagado; y entonces el Che activó su encendedor ofreciéndole un fuego que allí, a esa hora de la medianoche, parecía un átomo luminoso chispeando en la atmósfera insomne de la revolución. (Con artículo de Wilson García Mérida)

 

 

Tomado de Islamia

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