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El polvorín

Tania, la guerrillera inolvidable

10 Octubre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica






Dejar un recuerdo
con que he de irme, cual flores que
fenecen?
Nada será mi nombre alguna vez?
Nada dejaré en pos de mí en la tierra?

Al menos flores, al menos cantos.
Cómo ha de obrar mi corazón?
Acaso en vano venimos a vivir, a
brotar en la tierra?



Víctor Montoya
Cuando Tamara Bunker (Tania) llegó a Bolivia en noviembre de 1964, con el nombre de Laura
Gutiérrez, de nacionalidad argentina y profesión etnóloga, en la frontera andina se le anticipó un viento que hablaba la lengua aymara.

Tania vivió en La Paz dando la apariencia de ser una persona pudiente y, valiéndose de su vasta cultura e inteligencia, empezó a hilar amistad con personalidades afines a la cúpula del gobierno.

Así, camuflada, se mantuvo por mucho tiempo sin que nadie sospechara de ella, ni siquiera los presidentes René Barrientos y Alfredo Ovando, junto a quienes emerge su imagen en una fotografía captada durante una concentración campesina.

Al iniciar la fase de preparación y organización de la lucha armada, Tania era ya un engranaje indispensable en el desarrollo del trabajo urbano de la guerrilla, aunque "la idea general de su utilización por el Che -recuerda Harry Villegas (Pombo)- no era de que participara directamente en la ejecución de acciones, sino que, dadas las posibilidades de conexiones en las altas esferas gubernamentales y dentro de los medios donde se podía obtener algún tipo de información estratégica y de importancia táctica, dedicarla abiertamente a este tipo de tarea y mantenerla como reserva, desde el punto de vista operativo, que en un momento determinado fuera necesario utilizar a una persona que no fuese sospechosa, contándose con alguien confiable para poder realizar el ocultamiento de algunos compañeros e incluso la recepción de algún mensajero que viniese con algo extremadamente importante".

En diciembre de 1966, en vísperas de Año Nuevo, Tania y Mario Monje llegaron al campamento
guerrillero, donde los esperaba el Che. Su llegada fue un verdadero júbilo para todos, no sólo porque la conocían desde Cuba, sino también porque llevó consigo grabaciones de música latinoamericana.

En esta ocasión, el Che habló primero con Tania y después con Monje. A Tania le dio la instrucción de viajar a Argentina para entrevistarse con Mauricio y Jozami, y citarlos al campamento. A Monje, que pretendía detentar el mando supremo de la lucha armada, le dijo: la dirección de la guerrilla la tengo yo y en esto no admito ambigüedades, porque "tengo una experiencia militar que tú no tienes". A lo que Monje contestó: mientras la guerrilla se desarrolle en Bolivia, "el mando absoluto lo debo tener yo (...) Ahora si la lucha se efectuara en Argentina estoy dispuesto a ir contigo aunque no más fuera para cargarte la mochila".

Apenas Tania cumplió su misión sorteando los obstáculos, retornó acompañada, entre otros, de Ciro Bustos (sobreviviente de la guerrilla de Salta). Y desacatando las instrucciones del Che, quien la ordenó no regresar a Camiri porque corría el riesgo de ser detectada, condujo en su jeep a Régis Debray, Ciro Bustos y otros, a la Casa de Calamina en Ñancahuazú.

Éste fue su tercer y último viaje a la base guerrillera, puesto que a partir de entonces se incorporaría a la lucha armada. Es decir, a compartir con sus compañeros todo cuando aprendió en Cuba. El Che, considerándola una combatiente más, le entregó un fusil M-1.

Su adaptación al medio geográfico fue asombrosamente rápida, a pesar del terreno abrupto. "Había momentos en que hubo que colgarse por sogas -dice Pombo-, en que hubo que gatear, prácticamente, arañando sobre las rocas, y podemos decir con toda sinceridad que Tania lo hizo en muchísimos casos con más efectividad que algunos compañeros, que, siendo hombres, tampoco estaban adaptados a este tipo de condiciones de vida".

No obstante, meses después, debido a su delicado estado de salud, el Che la dejó en el grupo de la retaguardia, donde habían algunos elementos considerados "resacas", y donde el valor estoico de Tania sirvió de ejemplo a varios de sus compañeros, junto a quienes, cuatro meses más tarde, caería acribillada en la emboscada del Vado del Yeso.
A fines de agosto de 1967, la tropa guerrillera, comandada por Vilo Acuña Núñez (Joaquín), salió al Río Grande y, orillándolo, llegó al cabo de una jornada a la casa de Honorato Rojas, de quien, meses antes, dijo el Che: "El campesino está dentro del tipo; incapaz de ayudarnos, pero incapaz de prever los peligros que acarrea y por ello potencialmente peligroso".

Cuando la retaguardia contactó a rojas, nadie pensó que la delación de este cobarde los arrojaría bajo el fuego enemigo. En efecto, el día en que fue apresado junto a otros campesinos, se comprometió a colaborar con las tropas del regimiento Manchego 12 de Infantería.

Por la noche, los guerrilleros durmieron en la casa del campesino y, al despuntar el alba, se retiraron previo al acuerdo de que al día siguiente los guiaría, por un paso corto, hacia el Vado de Yeso.

Esa misma noche, una compañía de soldados, dirigida por el capitán Mario Vargas, marchó en dirección al Masicuri Bajo. Al otro día, el jefe del destacamento discutió los últimos detalles del plan con Rojas. "Usted haga lo que los guerrilleros le han pedido -le dijo-. Pero hágalos cruzar el Vado exactamente donde yo le diga y no más tarde de las tres".

El 31 de agosto, a la hora convenida, los guerrilleros se encontraron con el campesino, quien les guió un trecho y les indicó el Vado. De súbito, la columna guerrillera hizo un alto y el teniente Israel Reyes (Braulio), como presintiendo el holocausto anunciado, dijo: "Hay muchas pisadas por este lugar". El campesino, dubitativo, contesto: "Son mis hijos vigilando a los chanchos".

Los guerrilleros caminaron un trecho y, antes de que el sol declinara a su ocaso, el campesino se despidió dándoles la mano. Luego se alejó sin volver la mirada, mientras su camisa blanca servía como señal a los soldados agazapados en las márgenes del río, prestos a presionar el dedo en el gatillo.

El capitán Vargas, al detectar a los guerrilleros entre los árboles que sombreaban el sendero, levantó los prismáticos a la altura de sus ojos y divisó la imagen física de Tania; era una mujer blanca en medio de la estepa verde, delgada por las privaciones de la lucha. Llevaba pantalones moteados, botines de soldado, blusa desteñida, mochila y fusil al hombro.

La distancia entre las tropas se hizo cada vez más corta. Braulio se internó en la emboscada y los soldados apuntaron sus armas contra los guerrilleros.
Braulio fue el primero en sentir el roce tibio del agua. Volteó la cabeza y, machete en mano, ordenó cruzar el río. Tania avanzaba en la retaguardia, antecedida por un guerrillero boliviano a quien el Che lo llamó "resaca". Cuando se hubieron sumergido en el agua -excepto José Castillo-, con la mochilla pesada y sosteniendo el arma sobre la cabeza, el capitán Mario Vargas impartió la orden de abrir fuego. Los tiros vibraron como alambres tensos y, en medio de un torbellino de agua y cuerpos, los combatientes fueron cayendo en ademanes de fuga. Quienes no murieron en la primera descarga, se dejaron arrastrar por la corriente o se zambulleron. Braulio, haciendo ágiles contorsiones, disparó contra un soldado que estaba en el flanco, mientras los otros fallecían dando
tiros en el aire. Tania intentó manipular su fusil con destreza, pero una bala le atravesó el pulmón y la tendió sobre el remanso.

Entre las ropas chamuscadas, la sangre y los cadáveres, quedaron dos prisioneros y otro que se escabulló en la maleza, hasta que una patrulla de rastrillaje dio con él y lo acribilló en el acto.

Al cabo de la masacre, los soldados, que disparaban todavía contra todo bulto que flotaba en el agua, no dieron con el cadáver de Tania. El médico José Cabrera Flores (Negro), al verla herida, quiere salvarla y se deja arrastrar por la corriente. El médico sale a la orilla arrastrando el cuerpo de la guerrillera. Verifica que está muerta, abandona el cadáver y vaga por los senderos, hasta que lo encuentran por el rastreo de los perros. El médico es asesinado por el sanitario de la patrulla que lo capturó. Los soldados prosiguen la búsqueda de Tania y, a los siete días, encuentran su cadáver en la
orilla. Se encontró también la mochila, con algo que tanto quiso a lo lago de su vida: la música latinoamericana.

Concluida la misión, los soldados inician su marcha hacia Vallegrande, con los cuerpos de los guerrilleros atados a largas ramas.

El capitán Mario Vargas es condecorado con galones y promovido a mayor de ejército por su fulgurante carera militar y, al mismo tiempo, es víctima de trastornos psíquicos y pesadillas angustiosas, en las que ve a Tania incorporándose con el fusil en alto, dispuesta a vengar su muerte.




Bibliografía
Daher, Ricardo: La gesta boliviana, Liberación, Malmoe, octubre de 1987.
Guevara. Ernesto-Che: Obras 1957-1967. I. La acción armada; Ed. Francois Maspéro, París, 1970.
Peredo-Leigue, Guido-Inti: Mi campaña junto al Che, ed. Siglo XXI, México, 1979.
Rojas, Martha. Rodríguez, Mirta: Tania, la guerrillera inolvidable, Ed. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1974.


FUENTE

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No supimos que Tamara Bunke era guerrillera hasta su caída


Nadia Bider (fallecida en el 2003) concedió esta entrevista cuando los restos de su hija Tania llegaron a Cuba





Ana Margarita González
El 17 de octubre de 1967, dos compañeros llegados a Berlín desde Praga transmitieron a Nadia Bider y a Erich Bunke una invitación para viajar a Cuba y hablar de su hija. “Pero como eso fue después de la noticia de la muerte del Che, estábamos casi seguros de que a Tamara también le había sucedido algo y que ella estaba cerca de él. Eso fue para nosotros casi claro”.

Justo a finales de 1998, cuando los restos de Tamara Bunke llegaron a nuestro país, Nadia Bider evocó aspectos de la vida de su hija. “Vilma Espín me dio la noticia: ‘Han encontrado a Tania’. Fue la emoción más grande que he tenido. Imagínese la tranquilidad que entró en mi alma. Para mí es una felicidad saber dónde está Tamara, y agradezco profundamente por eso al pueblo cubano, a Fidel y al doctor Jorge González por el trabajo inmenso que hizo.

Se entusiasmó con las ideas del Che; Tamara creció en medio de condiciones económicas difíciles. Los emigrantes tenían una lucha muy grande por la existencia. Junto a su hermano asistió a la escuela primaria, y además de las asignaturas básicas estudió alemán, inglés y francés.

Aprendió piano, guitarra y acordeón; tocaba con mucho sentimiento canciones argentinas, bolivianas, chilenas. Fue buena en equitación y desde los 14 años practicó tiro deportivo. “Era como si todo eso fuera la preparación para su tarea futura”.

Cuando tuvo noticias sobre Cuba, de la lucha de los rebeldes en la Sierra Maestra, expresó a sus padres el deseo de venir y luego ir a Argentina. Se entusiasmó con las ideas de Ernesto Guevara.

En el invierno de 1960 conoció al Che en Alemania. “Tamara fue su intérprete durante una conferencia impartida a estudiantes latinoamericanos en Leipzig.

“Quería volver a Argentina y luchar en las filas del Partido Comunista, que estaba proscrito; por eso, cuando decidió viajar antes a Cuba fue un alivio para nosotros. Estábamos seguros de que estando en el Partido argentino, jovencita y sin saber cuidarse, tarde o temprano caería presa”.



Viene a Cuba

En abril de 1961, en Berlín, Tamara acudió a la estación del tren para despedir a sus padres, quienes viajarían a Moscú. Dedicó toda la tarde a estar con ellos. La actitud despertó cierta suspicacia en la madre, aunque no sabía que la hija había recibido una invitación para viajar a nuestro país.

“En el andén le dije: Estoy asombrada de que tengas tanto tiempo para despedirnos.

Ella replicó: ¡Quién sabe si estoy todavía aquí cuando vuelvan! ”

El 9 de mayo, dos días después del regreso de Moscú, fue Nadia quien acompañó a Tamara. La madre presintió que quizás era la despedida definitiva. “No olvido nunca la mirada de ella, de tanta tristeza por la separación. Fue la última vez que la vi”.


Perdí a una hija, pero ¡tengo tantos hijos cubanos!

En las cartas que Tamara escribía a los padres desde Cuba hablaba de movimientos revolucionarios, de grupos de liberación de los países latinoamericanos.

En una de ellas le pidió al padre que le enviara cámaras fotográficas, prismáticos y fusiles, pero no podía mandar armas y envió el resto del pedido.

“No pensamos que iba a salir para luchar”.

Después que Tania partió hacia Bolivia, las cartas se hacían cada vez menos frecuentes. “En marzo o abril del 64 mandé un paquete con zapatos blancos muy lindos de Yugoslavia y recibí una noticia de la Aduana de que no podían entregarlo, porque Tamara no se encontraba en Cuba; ese fue el primer indicio.

“En noviembre del 65 alguien fue a vernos; nos leyó una carta donde se decía que Tamara estaba bien, muy contenta con su trabajo. No dijo dónde y se la llevó consigo, pero nos permitió escribirle a Tamara y enviarle una foto de mi nieto.

“A los seis o siete meses, recibimos la última carta que ella escribió durante su estancia en Bolivia, estaba segura de que sus padres la iban a esperar con paciencia y con mucha alegría sabiendo que cumplía con un deber”.

A finales del 66, los padres de Tania por primera vez vinieron a Cuba, pero no vieron a su hija. Un funcionario se entrevistó con ellos. No hubo preguntas, se percataron de que no encontrarían respuestas. “Nos prometió que si hubiera una noticia mala él nos iba a avisar. No supimos que era guerrillera hasta su caída.

“La recuerdo siempre como se fue: jovencita y con mucha alegría. Perdí a una hija, pero ¡tengo tantos hijos cubanos!”



FUENTE

 

Tomado de Taringa

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