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El polvorín

Terciarización, disminución de convenciones, exterminio de líderes... Uribe y el movimiento sindical colombiano

9 Agosto 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Juan Carlos Ospina González

Lunes 9 de agosto de 2010, por Revista Pueblos

 

En Colombia se registra la tasa de desempleo más alta de América Latina. Llevamos catorce años consecutivos con tasas de desempleo de dos dígitos (en abril de 2010, según el Departamento Nacional de Estadística, DANE, el 13 por ciento). Es importante tener en cuenta este dato, ya que una de las banderas del presidente Uribe ha sido justamente la cohesión social. Ésta, que no se ve por ningún lado desde la óptica de los trabajadores, sí seguramente existe desde la de los empleadores.


Fotografía: SINTRAINTABACO (Colombia)La afirmación anterior se demuestra bajo la mirada de elementos importantes: la tasa más alta de precarización de las condiciones laborales, la reducción de la afiliación a la seguridad social y el crecimiento de los pactos colectivos por encima de las convenciones colectivas. A esto se añade, además, la persecución de los líderes sindicales colombianos.

Existen más trabajadores por cuenta propia que asalariados en nuestro país, a través de una política adelantada por Álvaro Uribe Vélez. Según la Central Unitaria de trabajadores (CUT) la cifra se eleva a ocho millones de colombianos que hacen frente a diferentes modalidades de tercerización, como la orden de prestación de servicios en el sector público, las cooperativas de trabajo asociado y el contrato sindical.

Los trabajadores que se vinculan a la administración pública mediante la prestación de servicios no tienen un empleador que asuma parte de las obligaciones en materia de seguridad social, pues ellos mimos al momento de firmar la contratación deben demostrar su afiliación a salud y riesgos profesionales so pena de no ser contratados. Esto significa cotizar como trabajador independiente, liberando a su verdadero empleador de las obligaciones propias de un contrato laboral.

Cooperativas de trabajo asociado

Las cooperativas de trabajo asociado (CTA) se han convertido en el instrumento más especial de tercerización mediante la deslaborización de la contratación. En 2008, el Congreso de la República aprobó la Ley 1233, que reguló algunos aspectos de las cooperativas de trabajo asociado pero no dio el paso a la regulación de los derechos y garantías de los asociados a las CTA, tales como los derechos de asociación, negociación y huelga. Tampoco previó medidas suficientes para impedir la defraudación y precarización de los derechos laborales. En resumidas cuentas, se puede asegurar que esta ley les permite a las CTA seguir siendo herramientas para evadir derechos laborales y precarizar las condiciones de vida de los trabajadores.

Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) el término “cooperativa” designa “una asociación autónoma de personas unidas voluntariamente para satisfacer sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales en común a través de una empresa de propiedad conjunta, y de gestión democrática”. Advierte además la OIT que las cooperativas son “organizaciones autónomas de autoayuda, gestionadas por sus socios”, que es lo que se conoce como gestión democrática, entre tanto esta figura se utiliza como intermediación laboral.

Esta figura ha aumentado en los últimos años en más de un cien por ciento, especialmente a partir del año 2002, ya con Uribe de presidente. También ha crecido el número de trabajadores con el rótulo de asociados sin ninguna posibilidad de participar en la toma de decisiones: las órdenes de trabajo las da el empleador, que actúa con el ropaje de la CTA.

Contrato sindical, otra figura de precariedad

La otra figura que muestra la precarización en las condiciones laborales es el contrato sindical, por medio del cual un empleador contrata con un sindicato la prestación de un servicio a través de sus afiliados. En este caso es el sindicato el que se convierte en patrón de sus propios afiliados, lo que supone una desviación del movimiento sindical.

El decreto 657 de 2006 del Ministerio de la Protección Social define el contrato sindical de la siguiente manera: “acuerdo de voluntades solemne, nominado y principal, entre uno o varios sindicatos de trabajadores con uno o varios empleadores o sindicato de empleadores para la prestación de servicios o la ejecución de obras con sus propios afiliados”.

Disminución de convenciones colectivas

Las convenciones colectivas muestran un retroceso, siendo este elemento de mucha importancia en la superación de la pobreza y la distribución del ingreso. En el año 2008 se negociaron 472 convenciones colectivas, nueve más que en el 2007. El incremento fue del 0,4 por ciento, mientras que los pactos colectivos crecieron un 6,4 por ciento.

Esa ha sido la constante en los últimos lustros en Colombia, según estudio realizado por la Escuela Nacional Sindical. Mientras de 1996 a 2001 se negociaron 633 convenciones colectivas por año, que benefició a 180.788 trabajadores; de 2002 a 2008 se negociaron 503 por año, con una cobertura promedio de 108.993 trabajadores. Esto significa que durante el gobierno de Uribe se presenta una caída del 20,5 por ciento en las convenciones colectivas y del 39,7 por ciento en su cobertura.

Durante este gobierno los pactos colectivos han venido ganando participación en la totalidad de convenios, mientras pierde terreno la participación de las convenciones colectivas. Al principio del gobierno de Uribe representaban el 25,9 por ciento del total de convenios, frente al 73,5 por ciento de las convenciones colectivas. Seis años después los pactos colectivos representaban el 46 por ciento y la participación de las convenciones colectivas el 54 por ciento.

Entre 1994 y 2000 se estaban negociando en Colombia un promedio de 701 convenios colectivos de trabajo por año, que beneficiaban en promedio a 187.206 trabajadores por año. Entre 2001 y 2006 el número promedio de convenios negociados baja a 444, es decir, sufre una caída del 63 por ciento. Se reduce también el promedio de trabajadores beneficiados a 104.369 (una disminución del 56 por ciento).

Estos datos significan que tan sólo el 0,7 por ciento de la población ocupada negocia sus condiciones de trabajo. Y que sólo el 14,8 por ciento del total de los trabajadores sindicalizados realiza una negociación colectiva de trabajo.

Exterminio de líderes sindicales

En el último año, se reporta el asesinato de 47 sindicalistas en Colombia, 18 atentados, 412 amenazas de muerte conocidas y 129 dirigentes sindicales desplazados. Colombia ocupa el deshonroso primer lugar en el mundo en cuanto a exterminio de los líderes sindicales, por lo que es el país más peligroso para el ejercicio de la actividad sindical.

De los informes enviados por la fiscalía general de la nación, se evidencia que no hay resultados que demuestren un impulso a las investigaciones. Las organizaciones sindicales han denunciado 2.717 asesinatos, pero la fiscalía informó en enero de 2009 que se están investigando 1.119 casos. Más de la mitad de esta cifra (645) se encuentran en etapa preliminar. es decir, sin identificación del presunto autor. Esto demuestra el poco interés del Estado por esclarecer y castigar a los responsables de este genocidio contra el sindicalismo colombiano.

Bajo este manto oscuro de la guerra sucia y la andanada de reformas contra los trabajadores nos aprestamos a continuar luchando. Pese a los golpes recibidos, los trabajadores y el pueblo en general seguimos en la movilización: sólo en 2009 se realizaron 103 actividades de movilización contra las políticas de Uribe a favor de la gran oligarquía criolla e internacional, pues cada vez con mayor intensidad el capital transnacional se apodera del patrimonio público y privado.


Juan Carlos Ospina González es miembro activo del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria del Tabaco en Colombia (SINTRAINTABACO).

Este artículo ha sido publicado en el nº 42 de la Revista Pueblos, junio 2010.

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