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El polvorín

Un grano de maiz - EGOÍSMO Y MIEDO

8 Abril 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

7.4.12quijote
EGOÍSMO Y MIEDO (Sábado 07-04-2012)
Si quisiéramos definir a la pequeña burguesía en dos palabras estas serían Egoísmo y Miedo, en ese orden. Del egoísmo se desprende el miedo.

 

La pequeña burguesía compendia los valores de la clase dominante pero exagerados, potenciados por la desesperación de
 elevarse hacia el estatus que le está negado: hacerse burgués. Están
 condenados a ser una caricatura de la clase dominante, a copiar
 exageradas las pinceladas que definen el cuadro burgués. Es así que 
ostentan símbolos de poder, imitación de los originales, por eso les 
producen más frustración que placer. Siempre se quedan cortos en su
 disfraz de burgués.

 

Siendo así es una clase muy temerosa, su principal miedo es el no 
poder imitar al burgués, el no poder ostentar su disfraz, comprar los 
símbolos que imitan el poder, símbolos dictados por la propaganda que
 los manipula. Los aterra el tener que vivir 
muy cerca de los barrios, el no poder mantener su aislamiento de la
"chusma." Por eso intentan enclaustrarse con alcabalas, vidrios
 oscuros, cercas eléctricas, sistemas satelitales de vigilancia,
 seguros de vida, del carro, menos los seguros que le garanticen que no
 caerá en la escala social, de esos no hay.

 

Creen que se ganan la vida solos, sin relación con nadie, se baten con la vida en solitario. De allí surge su profundo egoísmo y su inmenso 
miedo. Podríamos parafrasear a Martí y decir: "Cree el pequeño burgués 
vanidoso que su urbanización, su condominio es el mundo, y con tal de entrar en él, de pasar la frágil alcabala que cubre su entrada se
 siente satisfecho, ignora a estrellas y cometas".

 

El miedo que los habita los hace vulnerables. Sobre ellos flota la
 debacle económica, el despido, el cierre de su fuente de ingresos, no 
requerir más sus servicios, la obsolescencia tecnológica que corre 
veloz y arruina a las empresitas. Sin embargo, toda esa angustia 
proveniente de la fragilidad económica a que los somete el burgués,
 todo ese miedo es redirigido a los humildes y a quien trate de
 redimirlo. El pequeño burgués, paradójicamente no odia al burgués que 
lo esquilma, sino al humilde que es tan víctima como él, no enfila su 
odio contra los candidatos del capitalismo sino contra los candidatos
 que intentan redimir a la humanidad, incluidos ellos.

 

Es así, el odio del pequeño burgués es irracional, es demente, por eso 
es cruel, peligrosísimo. Es capaz de cualquier cosa llevado por su
 angustia existencial, capaz de aceptar cualquier crueldad, de asesinar al
 que considera, erradamente, el origen de su desasosiego.

 

Cuando la locura aflora, explota, no hay razonamiento ni reflexión que
 valga, actúan comandandos por el miedo, sus amarres éticos los diluye
 el terror. Así se explica el fascismo.

 

No estamos hablando de Europa, aquí cerquita vimos la locura, que
 asesinó a García Lorca, a Víctor Jara, que desapareció miles en el 
Cono Sur. En Chuao, en el asedio a la gloriosa Embajada de Cuba vimos
 actuar a la turba desquiciada y a sus líderes.

 

¡Con Chávez siempre!

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