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El polvorín

Un grano de maiz - EL RIESGO QUE FUNDA

23 Mayo 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

un grano de maiz

El imperio capitalista supone la afiliación a la ideología capitalista de una inmensa masa humana que soporta sus valores, su ética.



¿De lo anterior podemos deducir, que la demencia del capitalismo, la marcha hacia la extinción, es dolencia de la mayoría de la humanidad. Es decir, somos una especie enferma, desquiciada.



Pero también un pequeño grupo de sus integrantes se alivia de la enfermedad, y va a la política para conducir la sanación del resto, estos son los revolucionarios.



Estos revolucionarios tienen el compromiso de la cura de la especie enferma, son sanadores, apóstoles. Son escasos, a veces con 12 es suficiente, en otras sólo uno realiza el milagro.



Ahora bien, cuando el pequeño grupo toma el poder político, se enfrenta a tarea compleja: la ideología capitalista es altamente contaminante, las desviaciones son muchas, las tentaciones poderosas, los peligros acechan a cada paso y la seducción fascina. Sin embargo, la humanidad ha avanzado en la comprensión de su enfermedad y en su cura.



Lo primero es resaltar que la condición humana es histórica, esto es, varía, evoluciona, es una con las relaciones sociales, y estas son cambiantes. Esta característica posibilita el rescate.



Podemos precisar un poco más, y decir que la enfermedad son las relaciones capitalistas. O, dicho de otra forma, la humanidad está enferma de capitalismo, éste la convierte en una especie predadora, fallida, enemiga de la vida, suicida.



Está claro que el remedio a los males de la humanidad es superar las relaciones capitalistas, egoístas y fragmentadoras. Ese es el papel de los revolucionarios: hacer la Revolución para salvar a la humanidad de sí misma.



Esta superación de la cultura capitalista es una lucha contra un monstruo tan fuerte cuanto astuto, tan expandido en el planeta como enclavado en el interior de cada uno de nosotros.



Las masas están expuestas al virus capitalista, y hoy, con el avance de la electrónica, están más expuestas que nunca en la historia. La conducta de las masas es el cerrojo de seguridad del sistema. Los mecanismos de la existencia, junto a instrumentos de dominación mediática, reproducen en la mente del oprimido la ideología dominante, la conducta de la sumisión.



En una Revolución pacífica en el poder, los peligros se multiplican. Es necesario un gran coraje para decirle a la masa que debe cambiar las relaciones humanas, la visión del mundo, las costumbres, la cultura, se corre el riesgo de, al perturbar la paz del esclavo, ser incomprendido, crucificado o desterrado a San Pedro Alejandrino.



Al romper la burbuja que permitía la dominación, al abrir los ojos de la masa, se corre el peligro de la incomprensión, de la valorización del revolucionario por los parámetros tradicionales: ¿Cuánta recompensa material me da ahora? ¿Me libera de los miedos ancestrales?



Ese es el dilema de la Revolución Pacífica: para avanzar debe decir la verdad y, al decirla, corre el riesgo de espantar, de ser incomprendida... Los que optaron la continencia, sucumbieron, los que optaron por el riesgo, pasaron a la historia.



¡Con Chávez resteaos!

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