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El polvorín

Un mundo sin amianto

14 Mayo 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

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12/05/11 Por Paco Puche

El amianto es un plaga esparcida por doquier, que sigue operando por todas partes: en unas, en las que se prohibió hace apenas unos años, porque sigue instalado y continúa desprendiendo pequeñas fibras, del orden de micras -millonésimas de metro- que van a parar al aire, al suelo y al agua y que, de manera invisible al igual que la radiactividad, terminan ingiriéndose o inhalándose y dando lugar a enfermedades malignas y muy dolorosas; en otras, porque aún se sigue extrayendo y transformando legalmente. Todos los años mueren, como mínimo 90.000 personas de cáncer de pulmón, mesotelioma y asbestosis debidos a la exposición al asbesto. Además, se estima que pueden atribuirse varios miles de muertes adicionales a otras enfermedades relacionadas con el amianto y a exposiciones a esa sustancia.

La mitad de las muertes por cáncer profesional se deben al amianto - OMS (1)

Con motivo del 6º aniversario del Día de conmemoración de las víctimas del amianto, el pasado 28 de abril se ha celebrado un Congreso internacional en Casale Monferrato (Italia) bajo el lema ‘Un mundo sin amianto’. Han participado delegaciones de EEUU, México, Brasil, Francia, Suiza, Gran Bretaña, Holanda, Italia y España, representando a asociaciones de víctimas, regiones italianas, sindicatos internacionales y científicos.

Y es que, a día de hoy, a pesar de haberse prohibido este mineral en más de cincuenta países, “unos 125 millones de personas de todo el mundo se encuentran expuestas al amianto en su lugar de trabajo. Estimaciones globales muestran que todos los años mueren, como mínimo 90.000 personas de cáncer de pulmón, mesotelioma y asbestosis debidos a la exposición al asbesto por motivos profesionales. Además, se estima que pueden atribuirse varios miles de muertes adicionales a otras enfermedades relacionadas con el amianto y a exposiciones a esa sustancia que no son de índole profesional”, según confirma la OMS (2).

Ciento veinticinco millones es el número de personas que actualmente están expuestas en su lugar de trabajo, pero si a esto añadimos la exposición doméstica y ambiental, serían cientos de millones las personas expuestas a su potencial cancerígeno, porque no en vano el amianto lleva extrayéndose de manera industrial desde hace cien años, se distribuye a través de más de tres mil productos por todo el orbe y se encuentra concentrado de manera especial en las chavolas de los cientos de millones de marginados, en las “villas miseria” de todo el mundo, en forma de esos tejados de chapa ondulada que nos resultan tan familiares. Pero también en cientos de millones de metros de tuberías que conducen el agua a los domicilios en todo el orbe. Existen ambientes en los que el número de afectados oscila entre el 10 y el 40% de los expuestos a este mineral. Estamos invadidos.

El amianto es un plaga esparcida por doquier, que sigue operando por todas partes: en unas, en las que se prohibió hace apenas unos años, porque sigue instalado y continúa desprendiendo pequeñas fibras, del orden de micras -millonésimas de metro- que van a parar al aire, al suelo y al agua y que, de manera invisible al igual que la radiactividad, terminan ingiriéndose o inhalándose y dando lugar a enfermedades malignas y muy dolorosas; en otras, porque aún se sigue extrayendo y transformando legalmente.

Si queremos luchar de verdad contra la epidemia de cáncer, una parte sustantiva de nuestro esfuerzo debe tener que ver con la eliminación y depósito adecuado de todo tipo de amianto. Probablemente, las muertes y enfermedades directas a que dio lugar el atentado contra las Torres Gemelas serán menores que aquellas que la diseminación del amianto que contenían provocarán en los próximos treinta años.

Los presuntos criminales, quizá genocidas

A la vista de todo lo anterior, el Congreso de Casale Monferrato, después de dos días de deliberaciones, ha concluido que “la industria del amianto es una industria criminal, que ha expuesto a una cantidad masiva de personas a riesgos mortales para conseguir beneficios”.

Este ha sido el meollo de la cuestión: la denuncia de los victimarios, que no son otros que los magnates enriquecidos con el amianto, entre los que se cuentan en primer lugar y por derecho propio los suizos Stephan y Thomas Schmidheiny, herederos de una familia que se viene enriqueciendo con este mineral desde principios del pasado siglo.

La celebración de este encuentro en el pueble turinés de Casale Monferrato no es casual. De este pueblo de menos de 40.000 personas, partió el año 2004 la denuncia contras los grandes magnates enriquecidos con el amianto a costa de la vida de los trabajadores y vecinos, los propietarios de la fábrica Eternit: Stephan Schmiheiny y el barón belga Louis De Cartier

“El proceso penal de Turín contra los principales accionistas de la multinacional del amianto ‘Eternit’ constituyen el símbolo emblemático de la lucha para obtener justicia para las víctimas del amianto. En el proceso italiano de Turín más de 6.000 personas están personadas buscando reparación judicial. Este procedimiento muestra la importancia de adoptar una perspectiva internacional sobre los derechos de las víctimas y los crímenes de las multinacionales del amianto”, afirma el documento final de conclusiones del Congreso de Casale.

La mayor infamia de todo el asunto es que el suizo Stephan Schmidheiny pretende presentarse al mundo como su benefactor. Con la fortuna amasado ha puesto en píe una fundación filantrópica denominada AVINA. Con ella pretende extender por los movimientos sociales y ONGs de España y Latinoamérica sus dádivas, hacer socios-líderes que lleven la buena nueva del capitalismo verde inclusivo a los pobres y, de camino, seguir haciendo más negocios desde la filosofía neoliberal. Dicha teoría sostiene el derecho de los ricos es seguir enriqueciéndose, y la existencia de un nicho de mercado por explotar cual son los más de tres mil millones de pobres, de los que una parte sustantiva andan por el mundo debajo de sus tejados de amianto, por cierto.

Algunas de las asociaciones cooptadas y sus líderes son harto conocidos, y resulta escandaloso que se estén dejando querer.

Que la mayor tragedia industrial de la historia de la humanidad -mucho más que toda la energía nuclear o Bhopal juntas- trate de seguir encubriéndose bajo una capa de filantropía es la mayor desfachatez también de la historia. No sin razón muchas de las víctimas consideran a Stephan Schmidheiny como un presunto genocida, que está pidiendo a voces un Tribunal Penal Internacional para ser juzgado. De momento, en Turín, la acusación procede de tres mil afectados, dos mil ya fallecidos y unos mil enfermos, por los que se les piden 13 años de cárcel y cerca de cinco mil millones de euros de indemnización. Hay que tener en cuenta que en Casale, aunque la fábrica de la muerte llamada ‘Eternit’ se cerró en 1986, cada semana hay aún una víctima a causa de todo el amianto esparcido por el pueblo en sus ochenta años de funcionamiento.

Pero no sólo en Turín, o Casale, en toda Europa -y en el mundo- los magnates del amianto han extendido su imperio: el Congreso ha ratificado en sus conclusiones que en esta región “el uso industrial del amianto ha generado una tragedia de inmensas proporciones. Como resultado se han producido cientos de miles de muertos. Es probable que esto sea una subestimación, ya que los datos que documentan esta tragedia están incompletos”. En efecto, una de las medidas que desde 1926 los magnates europeos del amianto tomaron, con los Schmidheiny siempre a la cabeza, fue la de constituirse en cártel y lobby y con ello lograron durante cerca de cien años ocultar a la opinión publica la extrema nocividad de este material. A su siniestro éxito se le ha denominado la “conspiración del silencio” porque influyeron en políticos, científicos, sindicatos, y opinión pública de tal manera que aún en la actualidad, después de la tragedia registrada e inequívoca, más de cien países comercian y producen amianto.

El doble estándar

Por eso el Congreso afirma en sus conclusiones que “en la actualidad la epidemia de las enfermedades producidas por el amianto se ha expandido a países en desarrollo, que continúan usando amianto. La existencia de un doble estándar entre los países industrializados y en vías de desarrollo es éticamente injustificable y moralmente corrupta”.

Esta doble moral queda reflejada mejor que en ningún sitio en el caso de Canadá. Al respecto, las Asociaciones de víctimas y organizaciones sindicales reunidas en Casale Monferrato, han recordado el papel especial de este país “que ha dejado de utilizar el amianto, pero que está a punto de financiar la reapertura de una mina gigante de amianto -crisotilo- para la exportación a los países asiáticos”. Han recordado que “que el conocimiento científico irrefutable establece que el crisotilo (amianto blanco) es un cancerígeno potente (…y) que las autoridades médicas canadienses e internacionales declaran que las exportaciones canadienses de amianto crisotilo son moralmente indefendibles y van a causar una epidemia de enfermedades y muerte en los países importadores”.

Por la prohibición universal y la desamiantización supervisada

Como sigue afirmando rotundamente la OMS (3), todas las variedades de amianto producen cáncer en los seres humanos, y no existe un umbral para determinar una dosis mínima patológica. No hay dosis segura. En consecuencia el Congreso ha aprobado que:

- “es absolutamente necesario y urgente eliminar el amianto del medio ambiente donde vivimos"

- “que el uso controlado del amianto es sólo propaganda comercial impuesta a la población no informada y vulnerable"

- “que la contaminación ambiental causada por la extracción y uso del amianto constituye otra catástrofe humanitaria que pone en peligro la salud de las generaciones actuales y futuras

- “que existe un imperativo moral para llevar a cabo iniciativas médicas (…) para el diagnóstico precoz y los procedimientos terapéuticos para todas las enfermedades relacionadas con el amianto"

- Y “que todas las víctimas tienen el derecho a ser indemnizadas independientemente de que su exposición sea ocupacional, ambiental, doméstica o cualquier otra".

En defensa de las luchadoras por la prohibición del amianto

Como los intereses económicos de las oligarquías que dominan el amianto han sido y son tan sustanciosos, no sólo utilizan la manipulación de la opinión pública y la institucional sino que tienen otros modos: amenazan a los luchadores por la justicia del amianto. Es sobre todo el caso de la luchadora, Fernanda Giannasi, a la que el Congreso ha dado sus muestras de apoyo “exigiendo al gobierno brasileño la más amplia protección a su integridad física, psíquica y moral, incluso contra los extravagantes e injustos procesos penales y administrativos contra ella (…) y una investigación exhaustiva sobre las amenazas contra su persona y se pide el juzgar a los responsables con todo el peso de la ley”.

Un paisaje ondulado

Si miramos ahora mismo a través de nuestra ventana veremos, casi seguro, un depósito de agua potable, una chapa ondulada, o una tubería de amianto (uralita en España, por el nombre de la empresa que monopolizaba el amianto-cemento). Si miramos a países como India o México podremos constatar cómo siguen fabricando con amianto y en unas condiciones deplorables; y si miramos a Canadá nos avergonzará el pertenecer a una civilización que se precia como avanzada y que practica tamaña hipocresía.

La lucha contra el amianto no sólo no ha terminado, sino que no ha hecho más que empezar. www.ecoportal.net

Paco Puche, Librero y ecologista. España – Mayo de 2011 - Colaborador de la revista El Observador - www.revistaelobservador.com

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