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El polvorín

¿Una 'dictablanda' en Europa?

6 Noviembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

PILAR GASSENT
No parece probable que países como España, Grecia y Portugal que han vivido bajo regímenes dictatoriales vuelvan a las andadas, por muy desfavorable que sea la actual coyuntura económica. Sin embargo, sí existe un cierto riesgo de caer en el fatalismo, en la resignación ante lo inevitable, dejando la política en las peores manos. La receta para prevenir la enfermedad pasa por la movilización, la defensa del estado de bienestar, el rechazo a la xenofobia...

NUEVATRIBUNA.ES - 4.11.2010

Desde que estalló la crisis de las hipotecas basura, allá por agosto de 2007, ha llovido mucho pero tres años después seguimos peleando por salir del agujero negro y cruzando los dedos para ver, por fin, alguna señal que nos indique que vamos en el buen camino y que se acerca la recuperación. En general, la ausencia de buenas noticias en el terreno de la economía ha sumido al ciudadano medio en una especie de pesimismo e incredulidad ante las medidas que se están adoptando, unidos al hartazgo por los sacrificios que se le demandan sin que vislumbre en el horizonte alguna recompensa. Y ese sentimiento es común a ambos lados del Atlántico: en EEUU, donde se originó la crisis, y en Europa, donde estamos padeciendo ahora sus efectos en toda su crudeza. Tanto es así, que la falta de visibilidad de los beneficios derivados de las medidas implementadas por la Administración Obama es una de las causas que se argumentan como determinantes para el 'batacazo' de los demócratas en las elecciones legislativas que acaban de celebrarse. La traducción del efecto-crisis en España lo tenemos en las sucesivas caídas que el partido gobernante, el PSOE, ha experimentado en las encuestas.

La recuperación es lenta, de una forma tan exasperante que los responsables políticos tienden a refugiarse en el socorrido "la culpa es de los demás" para seguir poniendo a prueba la paciencia de sus votantes. En nuestro caso, el europeo, no nos faltaba razón cuando responsabilizamos a la crisis financiera internacional y a las 'subprime' de la tempestad que se nos había venido encima. Pero, después, se ha producido otro fenómeno a la inversa que se inició cuando a las economías más débiles de Europa nos pusieron el humillante nombre de 'PIGS', el acrónimo con el que medios financieros anglosajones se refieren al grupo de países del sur de la Unión Europea: P (Portugal), I (Italia), G (Grecia) y S (Spain, España), por nuestros problemas de déficit y balanza de pagos.

Que los PIGS somo los más frágiles de la UE en términos de crecimiento económico no lo duda nadie. Lo de que tengamos la culpa de lo que les está sucediendo a las economías occidentales requiere un punto de vista algo retorcido, pero que ya avanzaba en marzo pasado Andrew Clare, el periodista del Financial Times y co-decano de la Cass Business School de Londres que nos bautizó como 'cerdos', en una entrevista publicada en el suplemento XL Semanal.

Según Clare, los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España) tenían la culpa de todo este desaguisado: "Son culpables. Nadie les obligó a gastar más de lo que ganaban y a pedir prestado sumas astronómicas. Por eso están con la soga al cuello". En su opinión, el Euro ha sido "más malo que bueno" para los países que lo adoptaron. "Nada dura para siempre, tampoco las uniones monetarias. Probablemente, Grecia no volverá al dracma en este crisis. Pero, ¿quién sabe? Quizá en la próxima veremos el regreso del escudo, la lira o la peseta", llegaba a señalar. No contento con todo ello, nos tachaba de lastre: "Alemania les ha donado a esos países miles de millones de marcos primero y de euros luego para satisfacer el sueño de Kohl y Mitterrand de una moneda única europea. Los PIGS deberían estarles eternamente agradecidos a los alemanes y devolverles el favor comportándose con responsabilidad".

Las opiniones de Clare, por muy extravagantes que nos parezcan, han llegado a calar en sociedades como la norteamericana, deseosa de sacudirse el sambenito de guilty, de haber sido hallada culpable de perpetrar el crimen. Mientras, en abril de 2010, Standard & Poor's rebajaba la calificación de la deuda española, como antes había hecho con la griega y la portuguesa, y aquí nos preguntábamos sin que nadie fuera capaz de darnos una respuesta: ¿Dónde estaban los analistas de esta y otras agencias de calificación del riesgo en agosto y septiembre de 2008, cuando todavía seguían calificando de forma muy positiva las emisiones de entidades estadounidenses que pocos días después quebraron causando la mayor crisis desde el 29?

La pregunta sigue sin ser contestada pero Europa y la forma en que está afrontando la crisis es observada con atención tanto en EEUU como en América Latina. En ocasiones, además, se añade al análisis un elemento que quizá aquí estemos tratando con demasiada ligereza: el regreso de las teorías totalitarias y el resurgir de las fuerzas políticas de extrema derecha que ganan terreno gracias a lo que siempre ha sido su mejor caldo de cultivo, esto es, las dificultades para cubrir las necesidades básicas de todo ser humano (comida, vivienda...) y las presiones de 'los otros', 'los de fuera', para que tengamos que apretarnos aún más el cinturón.

En este contexto, Página 12 publica este jueves un artículo en el que bajo el título "Una 'dictablanda' en Europa", recuerda como Portugal, entre 1926 y 1974, España, entre 1939 y 1975, y Grecia, entre 1967 y 1974, vivieron bajo regímenes dictatoriales. El autor, Boaventura de Sousa Santos -Doctor en Sociología del Derecho; profesor de las universidades de Coimbra (Portugal) y de Wisconsin (EE.UU.)-, se concentra en el análisis del portugués por haber sido el más largo de los tres y porque obviamente es el que mejor conoce. Tras constatar el aumento de la desigualdad, la debilidad del estado de bienestar y la rapiña de los especuladores internacionales -especialmente grave en "la pequeña isla" portuguesa, afirma que revertir este proceso (democratizador) en Portugal es tan difícil como revertirlo en Grecia o España, pero es posible.

Y concluye con lo que a su juicio debe ser el camino a seguir para evitar riesgos: los ciudadanos tendrán que decir basta al fascismo difuso instalado en sus vidas y reaprender a defender la democracia y la solidaridad, tanto en la calle como en el Parlamento. La huelga general será más efectiva cuanta más gente salga a las calles para manifestar sus protestas, como ha sucedido en Francia. El crecimiento ambientalmente sostenible, la promoción del empleo, la inversión pública, la justicia fiscal, la defensa del estado de bienestar, la democracia participativa, la solidaridad activa con los inmigrantes y el repudio de las políticas xenófobas (que a veces alcanzan a los propios ciudadanos europeos, como pasa con la población gitana en Francia) tendrán que regresar al vocabulario político a través de acuerdos eficaces entre los movimientos sociales y los partidos de izquierda que resistieron la devastación neoliberal de las últimas dos décadas.

Es decir, que Boaventura de Sousa Santos hace un llamamiento en contra del fatalismo que nos ha dejado inermes ante todo lo que nos están haciendo y, por tanto, ante la POLÍTICA con mayúsculas. No parece probable que España, Grecia o Portugal regresen a un pasado dictatorial que los tres países han superado con esfuerzo, pero sí existe un peligro real de que se produzca un enorme salto atrás en la calidad democrática de nuestros sistemas, propiciado por la resignación y la incapacidad para reaccionar.

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