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El polvorín

Una vez más tuvo razón Fidel, ha de ser una final aburrida la de este mundial de fútbol.

9 Julio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

EL RUMOR

 

LA FAMA, LA VERDAD Y LA MENTIRA

“El odio, los resentimientos y la envidia, sostienen los cuentos acusatorios y calumniosos” 

 

 

 

REFLEXIONES DE FIDEL
La felicidad imposible

 

Prometí que sería el hombre "más feliz del mundo si estaba equivocado" y desgraciadamente mi felicidad duraría muy poco.

Todavía no ha concluido la Copa Mundial de Fútbol. Faltan aún seis días para el partido final.

¡Qué extraordinaria oportunidad se perderán posiblemente el imperio yanki y el Estado fascista de Israel para mantener apartadas las mentes de la inmensa mayoría de los habitantes del planeta de sus problemas fundamentales!

¿Quién se habrá percatado de los siniestros planes del imperio con relación a Irán y sus burdos pretextos para agredirlo?

Al mismo tiempo me pregunto: ¿qué hacen por primera vez los buques de guerra israelitas en los mares del Golfo Pérsico, el Estrecho de Ormuz y las áreas marítimas de Irán?

¿Es posible imaginar que de allí se marcharán los portaaviones nucleares yankis y los buques de guerra israelitas con el rabo entre las piernas, cuando se cumplan los requisitos contenidos en la Resolución 1929 del 9 de junio de 2010 aprobada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que mantiene la autorización para la inspección de los buques y aeronaves iraníes con la posibilidad de llevarla a cabo en el territorio de cualquier Estado y que esta vez autoriza a hacerlo a los buques en altamar?

La Resolución establece también que no se realizaría la inspección de los buques iraníes sin el consentimiento de Irán. En ese caso, la denegación sería objeto de análisis.

Otro elemento añadido es la posibilidad de confiscar lo inspeccionado, si se confirma que incumple lo dispuesto por la Resolución.

Un Irán desarmado fue víctima de aquella cruel guerra con Iraq en la que masas de Guardianes de la Revolución limpiaban los campos de minas avanzando sobre las mismas.

Este no es el caso de hoy. Expliqué en Reflexiones anteriores que Mahmud Ahmadineyad fue jefe de los Guardianes de la Revolución en el Oeste de Irán, que llevó el peso principal de aquella guerra.

Años más tarde, un gobierno de Iraq envalentonado envió el grueso de su Guardia Republicana y se anexó el Emirato Árabe de Kuwait rico en petróleo, que fue presa fácil.

El gobierno de Iraq mantenía con Cuba estrecha amistad y se le prestaba, desde los tiempos en que no estaba en guerra con nadie, importantes servicios de salud. Nuestro país trató de persuadirlo de que abandonara Kuwait, y pusiera fin a la guerra que había provocado a partir de puntos de vista erróneos.

Hoy se conoce que una mediocre embajadora yanki, que sostenía con el gobierno de Iraq excelentes relaciones, lo indujo al error cometido.

Bush padre atacó a su antiguo amigo dirigiendo una potente coalición con una fuerte composición árabe, musulmana, sunita de países que abastecen de petróleo a gran parte de las naciones industrializadas y ricas, la cual avanzó desde el Sur de Iraq para cortar la retirada a la Guardia Republicana que se replegaba hacia Bagdad, la que por prudencia de la Infantería de Marina y las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, bajo la dirección de Colin Powell, general con prestigio, y posteriormente Secretario de Estado de George W. Bush, escapó hacia la capital de Iraq.

Por pura venganza, contra ella utilizaron los proyectiles contaminados con uranio empobrecido con los que por primera vez experimentaron el daño que podrían ocasionar en los soldados adversarios.

El Irán al que en este momento amenazan, con sus ejércitos de aire, mar y tierra, de religión musulmana, chiíta, en nada se parece a la Guardia Republicana que atacaron impunemente en Iraq.

El imperio está a punto de cometer un impagable error sin que nada lo pueda impedir. Avanza inexorablemente hacia un siniestro destino.

Lo único que puede afirmarse es que hubo cuartos de final en la Copa Mundial de Fútbol. De ese modo los fanáticos del deporte pudimos disfrutar los emocionantes partidos en que vimos cosas increíbles. Se afirma que, en 36 años, el equipo de Holanda no perdía un viernes en partidos de la Copa Mundial de Fútbol. Únicamente gracias a las computadoras podría sacarse esa cuenta.

El hecho real es que Brasil fue eliminado de los cuartos de final de la Copa.

Un juez dejó a Brasil fuera de la misma. Al menos esa fue la impresión que no se cansó de repetir un excelente narrador de la televisión cubana. Después la FIFA declaró que era correcta la decisión arbitral.

Más adelante, el mismo juez dejó a Brasil con 10 jugadores en un momento decisivo, cuando faltaba todavía más de la mitad del segundo tiempo del partido. Con seguridad que esa no fue nunca la intención del árbitro.

Ayer fue eliminada Argentina. En los primeros minutos el equipo alemán, a través del mediocampista Müller, sorprendió a la confiada defensa y al portero argentino logrando obtener un gol.

Con posterioridad, no menos de 10 veces los delanteros argentinos, por una del equipo alemán, no lograron un gol.

Por el contrario, el equipo alemán anotó tres más, y hasta Angela Merkel, Canciller Federal de Alemania, aplaudía rabiosamente.

Así, nuevamente, uno de los equipos favoritos perdió. De ese modo, más del 90% de los fanáticos del fútbol en Cuba quedaron estupefactos.

La inmensa mayoría de los amantes de ese deporte ni siquiera saben en qué continente está Uruguay. Un final entre países europeos será lo más descolorido y antihistórico desde que nació ese deporte en el mundo.

En cambio, ocurrieron hechos en la esfera internacional que no tienen nada que ver con los juegos de azar y sí con la lógica elemental que rige los destinos del imperio.

Una serie de noticias vieron la luz los días 1, 2 y 3 de julio.

Todas giran en torno a un hecho: las grandes potencias representadas en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con derecho al veto, más Alemania, instaron el dos de julio al Gobierno de Irán a dar "una pronta respuesta" a la invitación que se le hiciera para retornar a las negociaciones por su programa nuclear.

El Presidente Barack Obama firmó el día anterior una Ley que amplía las medidas existentes contra los sectores energético y bancario de Irán, y podría penalizar a compañías que realicen negocios con el Gobierno de Teherán. Es decir, el bloqueo riguroso y el estrangulamiento de Irán.

El Presidente Mahmud Ahmadineyad afirmó que su país retomará las conversaciones a fines de agosto y destacó que en las mismas deben participar países como Brasil y Turquía, los dos únicos miembros del Consejo de Seguridad que se opusieron a las sanciones el 9 de junio.

Un funcionario de alto rango de la Unión Europea advirtió, despectivamente, que ni Brasil ni Turquía serán invitados a participar en las conversaciones.

No hace falta más para sacar las conclusiones pertinentes.

Ninguna de las dos partes cederá; una, por el orgullo de los poderosos, y otra, por la resistencia al yugo y la capacidad para combatir, como ha ocurrido tantas veces en la historia del hombre.

El pueblo de Irán, una nación de milenarias tradiciones culturales, se defenderá sin duda alguna de los agresores. Es incomprensible que Obama crea seriamente que se plegará a sus exigencias.

El Presidente de ese país y sus líderes religiosos, inspirados en la Revolución Islámica de Ruhollah Jomeini, creador de los Guardianes de la Revolución, las Fuerzas Armadas modernas y el nuevo estado de Irán, resistirán.

A los pueblos pobres del mundo, que no tenemos la menor culpa del colosal enredo creado por el imperialismo, ubicados en este hemisferio al Sur de Estados Unidos, los demás situados al Oeste, Centro y Sur de África, y los otros que puedan quedar indemnes de la guerra nuclear en el resto del planeta, no nos queda otra alternativa que enfrentar las consecuencias de la catastrófica guerra nuclear que en brevísimo tiempo estallará.

Desdichadamente no tengo nada que rectificar y me responsabilizo plenamente con lo escrito en las últimas Reflexiones.

Fidel Castro Ruz
Julio 4 de 2010

 

Una vez más tuvo razón Fidel, ha de ser una final aburrida la de este mundial de fútbol. 

Después de las reflexiones de Fidel, dos resultados más se han conocido de la Copa Mundial de Fútbol. Holanda triunfó frente a Uruguay el martes y España hizo otro tanto frente a Alemania, el miércoles. Por tanto España y Holanda disputarán la final del campeonato, por el primer y segundo puesto, y Uruguay, Alemania irán por el tercer y cuarto puesto respectivamente.   

Europa y el Primer Mundo, pueden dormir tranquilos, Holanda triunfó frente a Uruguay y de ahora en más la FIFA festeja, las compañías de aviación hacen cálculos, los Hoteles, las Agencias de Viajes, los empresas de seguros se frotan las manos. El pobre país subdesarrollado, fue incapaz de llenar un avión “charter” de PLUNA, la empresa extranjera de Campiani, que un día fue de bandera nacional. Lo que desmiente los anuncios de prosperidad y de avances económicos tan cacareados.

 

Nos dolió esta derrota como duelen siempre otras derrotas, porque pese a reconocer que los progresistas en el gobierno utilizarán cualquier triunfo uruguayo, ¿quién puede negarse a ver feliz a tantos jóvenes uruguayos?. No hace mucho tiempo ya habíamos visto a estos mismos muchachos abatidos cuando, pese a haber ganado las elecciones el Frente Amplio, había perdido el voto rosado contra la ley de impunidad.

 

Tan poca fe le tenían los grandes medios a la selección nacional, que hasta los fabricantes de ilusión, apostaron a ofrecer el pago de la mitad de precio de los televisores adquiridos, en caso de que Uruguay clasificara a los cuarto de final. Últimos en la serie que nos tocó para la clasificación, eran pocas las esperanzas, de pasar la serie. Sin embargo nuevamente la historia estuvo de nuestro lado, no importaron ni la crisis, ni las mentiras, ni los tan solo tres millones de habitantes. Por eso hay que felicitar a esos jugadores que tuvieron más vergüenza que los políticos, y que los alcahuetes de hoy y que mañana volverán a ser sus verdugos si eso vende y es rentable para los empresarios.

 

Ante la derrota del martes, no vimos salir a la calle como en otras ocasiones favorables durante este campeonato a los modernos autos de la burguesía embanderados. Solo poblaron 18 de Julio, los jóvenes del pueblo a los cuales como siempre aprovecharon las fuerzas de seguridad para reprimirlos y llenar a la comisarías. “Los nenes de papas” se reservan seguramente para el regreso de la selección, cuando lleguen al aeropuerto la semana próxima.

 

Esos son los mismos que inventan enemigos ficticios para eludir a los verdaderos, los que intentan hacer pelear a hermano contra hermanos, y son sumisos ante los poderosos de Europa. Aprovecharon este campeonato del mundo, para acervar el nacionalismo chovinista, el odio contra nuestros hermanos argentinos, removiendo con falsedades y rumores el rencor y predisponiendo al conjunto de los uruguayos en contra de nuestros aliados del continente.

 

¿Quién lanzó el rumor de que el técnico de la selección Argentina, Diego Maradona había hecho declaraciones ofensivas contra la selección uruguaya?

¿Cuál fue el objetivo de esa acción?

¿Quién se hizo responsable de esos dichos?

¿Quién ha pedido disculpas por el daño causado?

 

Al instante todo el mundo comentaba el hecho, y fue imposible en ese momento que hiciéramos reflexionar lógicamente a nuestros propios compañeros de la radio, quienes insistían repetidamente en asegurar que los había dicho un Canal de televisión uruguayo.

Tan fuerte es el resultado psicológico del rumor que pese a intentar el análisis lógico del mismo, el receptor del mismo se niega rotundamente a aceptar el proceso sencillo de todo intento de comprobar realmente la veracidad del hecho.

Cuando les decíamos, que había que esperar a que aparecieran estas declaraciones de Maradona realizadas por el mismo, lo único que lográbamos era que las víctimas del engaño, se reafirmaran en nuevas apariciones en la televisión y la radio, de las mismas declaraciones del rumor. 

 

Fue así que los uruguayos llegaron a los cuarto de final con Holanda, un país imperialista, una monarquía con Reyes y Princesas, puteando a Maradona y festejando la derrota de Argentina.  Los actuales capitalistas apátridas, por que el capital no tiene patria, también le convenían que perdiera Uruguay, pese a embanderar los escaparates de sus negocios con la enseña azul y blanca, y cantar el himno con la delicada manito en el pecho.

 

En cambio no existe la mínima reacción de los uruguayos, respecto a la colonización e influencia de la televisión porteña, ejercida fundamentalmente en nuestra juventud, mediante la televisión, los conductores de programas, los informativitas, las vedettes, los avisos, los dichos y el vocabulario degradante y lumpen con que se expresan.

 

Los psicólogos Gordon Allport y Leo Postman estudiaron en profundidad esta técnica del rumor en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Como siempre gracias a la generosidad de los oyentes de la radio, que en su momento llevaron al Correo Viejo, un ejemplar del libro que ambos escribieron “Psicología del rumor”, de donde hemos extractado algunas de las que consideramos principales ideas acerca del rumor.   

 

Porque en realidad hoy día gran parte de la conversación de la sociedad uruguaya es intercambio de rumores. En la cotidiana chismografía se toman y se dan nutridas listas de chismes, que no siempre son tan inofensivos. El rumor ocioso es aquel no comprobado,, el que llena el diálogo cuyo objeto no es otro que transcurrir un rato divertido con nuestros amigos. Al pasar un rumor a un amigo o un vecino tal vez no pretendamos ir más allá, de cuando decimos inocentemente “Buenos días” o “¿Cómo andas?”.

 

La conversación que nada expresa en particular, salvo vagos sentimientos de amistad, que suprime a la vez un embarazoso silencio, es tan solo una de las formas en que suele realizarse el trueque de “chismes” y rumores.

Hay también muchos rumores y chismes que distan de ser ociosos: son profundamente intencionados, apuntan a un fin determinado y sirven a importantes objetivos emocionales. A veces la exacta naturaleza de estos fines no sabría explicarla ni el que los dice ni quien los escucha. Saben eso si que el chisme les resulta interesante y coincidente con su sintonía. En cierta forma de modo misterioso parece tranquilizarlos en una incertidumbre intelectual y en una ansiedad personal.

 

Debemos admitir que la circulación de rumores es siempre un problema social y psicológico de gran magnitud, lo es de modo especial en momentos críticos. Como por ejemplo una final o semifinal de fútbol. Cuando quiera que haya tensión en el ambiente social, la difusión de noticias falsas se torna virulenta.

En tiempos de guerra, los rumores minan el espíritu de resistencia, o lo que comúnmente llamaos moral, y amenazan la seguridad nacional al hacer cundir la alarma o crear esperanzas extravagantes.

Amenazan la seguridad y lo que es peor, esparcen el virus de la hostilidad y el odio contra subgrupos sociales leales dentro de una misma nación.

 

El rumor no debe considerarse como una simple rareza, como una divagación curiosa y trivial, proveniente de individuos sensatos de la sociedad. Por el contrario el principio del rumor puede tener una aplicación muy amplia. Su característico itinerario de deformación en el recuerdo, en el olvido, en la imaginación y en el llamado “racionalización” que nos proporciona pretextos convertibles en razones, sigue precisamente la misma distorsión que la mayoría de las comunicaciones entre las gentes.

Por ejemplo las leyendas son historias de hazañas y sucesos que sirven de foco para el orgullo cultural y la tradición de una familia, tribu o nación.

Los motivos fijadores de las leyendas, los cambios que estas sufren a través de los años y las épocas, son básicamente los mismos que hallamos en la circulación de efímeros rumores.

En las declaraciones de los testigos en una sala de audiencias de tribunal, en el relato de una experiencia a nuestros amigos, en el chiste, la autobiografía, en los proverbios, en la biografía, al escribir la historia, en la propia creación artística, obra igual principio que en la común deformación del rumor. 

 

Las tendencias a nivelar,  a acentuar, a asimilar los contenidos personales y culturales funcionan en todas formas de comunicación humana que no estén rígidamente sujetas por normas de verdad objetivas e impersonales.

Los rumores siempre son aquellas “proposiciones que se nos hacen para creer”.

Por lo cual el rumor podría definirse de la siguiente manera: “Un rumor es una proposición específica para creer, que se pasa de persona a persona, por lo general oralmente, sin medios probatorios seguros para demostrarla”.

 

Al pasar un rumor, siempre se supone que se está trasmitiendo un hecho cierto. Y esta presunción vale aun cuando el relator prolongue el runrún con la advertencia: “Hay que tomarlo como rumor, pero me han dicho que…”

 

El medio de trasmisión es, según dijimos, generalmente de boca en boca, aunque no es raro que un rumor aparezca impreciso en un periódico, se lo escuche en la radio, o la televisión. El rumor es de carácter específico y limitado, y por esa misma razón, es generalmente de interés temporario, en el caso especifico que mencionamos mientras transcurra el mundial.

 

Los rumores vienen y van; a veces, algunos vuelven a la circulación por segunda y tercera vez, más estos casi siempre tratan de sucesos o personalidades. Al protagonista se le identifica en el rumor: la señora x, un actor de cine, los rusos, el forastero que acaba de mudarse al barrio, un mandatario, un seleccionador de fútbol, etc. Se dan pocos rumores  y chismes donde las víctimas no estén claramente definidas.

Y pocos son también los que dejan de especificar claramente el carácter de la acción o la circunstancia que provee el tenor del chisme.

Relaciones verbales de sucesos, murmuraciones, calumnias y predicciones promisorias o de mal agüero de sucesos inminentes son algunas de las formas concretas que suele tomar el rumor.

 

El principal elemento de la definición sobre el chisme con que el rumor  prolifera solamente en ausencia de pruebas indudables.

Siguiendo esta norma, es posible discernir entre rumores y noticias, entre “charlas de boliche” y hechos científicos, demarcando así la credulidad del conocimiento. Claro que no siempre podremos juzgar a simple vista si estamos en presencia de una “prueba irrefutable” . Y por esa misma razón no siempre sabemos si estamos escuchando la relación de un hecho real o de un engendro de la fantasía. Cuando al contar a un amigo una noticia leída, o vista en la televisión, nos apartamos del texto o de lo que hemos visto, se inicia el rumor, al menos que desde luego la noticia original haya partido de un infundio y sea en si, un rumor.

 

Una manera que tenemos con el objeto de acertar si lo que estamos escuchando es un rumor o relato de un hecho verídico debemos atender a si el hecho enunciado tiene una evidencia próxima o remota, accesible o inaccesible.  En el rumor el nexo de comprobación n ha desaparecido casi. A menudo se ha reducido a algo tan insustancial como el consabido “me lo han dicho” o “lo dijo la tele”. Sobre todo cuando el elemento de “prueba” esta representado por la impersonalidad de un vago pronombre son antecedente determinado con claridad, hemos de ponernos en guardia contra el rumor. Lo mismo acontece en aquellos casos en que el testimonio es elusivo, nos referimos a la consabida fórmula familiar “lo se de buena fuente”.

 

Ya que los elementos de prueba coexisten con el informante nos veremos obligados a juzgar si el informante sabe realmente de qué está hablando. Podemos sentirnos casi seguros de que un  hombre de ciencia que nos habla de su especialidad no nos va  a trasmitir un simple rumor. Nuestro médico será menos propenso que austeros amigos o muchos “curanderos” y “milagreros” a creer y pasar rumores de curas mágicas.

 

Todos contamos con normas seguras, o relativamente seguras, cuando se trata de juzgar asuntos de nuestra especialidad. Más a un extraño le resultará a menudo difícil juzgar el grado de nuestra experiencia e imparcialidad en los juicios.

En la mayoría de las cosas, todos somos inexpertos y precisamente en relación al grado de inexperiencia somos susceptibles al rumor.

No disponemos ni de tiempo ni de la paciencia para comprobar lo que oímos con elementos de prueba irrefutables, aun cuando tales elementos existan y los tengamos a mano.  Y siendo nuestra más segura defensa contra el rumor será un escepticismo generalizado frente a toda información verbal.

 

Son dos por lo menos las condiciones básicas para que un rumor prenda en la mente de la gente y, valga la expresión corriente corra;  primero el asunto del cuento deberá revestir cierta importancia, tanto para el que lo trasmite, como para el que lo escucha; luego, los hechos reales han de estar revestidos de cierta ambigüedad. Esta ambigüedad puede ser inducida por la ausencia o parquedad de noticias, por su naturaleza contradictoria, por la desconfianza hacia ella, o por tensiones emocionales que tornan al individuo incapaz de aceptar los hechos revelados en las noticias oficiales o ser reacio hacia ellas.

 

Debemos suponer que muchas veces desde luego en el rumor  puede haber un “grano de verdad” pero en el curso de la trasmisión de boca en boca se lo ha recargado de adornos, obra de la fantasía, que rinden aquella base inicial irreconocible y por ende difícil de separar del resto. En la voces que circulan como rumores es casi siempre imposible decir con precisión cuáles son los hechos primarios, ni si tales hechos existieron en algún momento.

La dos condiciones esenciales de importancia y ambigüedad parecen estar relacionadas con la trasmisión del rumor en una manera a grosso modo cuantitativa.

 

El rumor avanza únicamente en un ambiente de mentalidades semejantes, en una población sumamente heterogénea, el rumor puede detenerse en las fronteras sociales y por tanto ser de poca circulación.  Sucede a veces que tan pronto un individuo advierte qué es lo que lo hace comportarse de determinado modo, tuerce el rumbo y comienza a obrar de diferente manera.

La persona “advertida” de las triquiñuelas de los rumores que comprende cuánto más fácilmente es capaz de creer y pasar un rumor dándose las dos condiciones de importancia y ambigüedad ya citadas, será por esa misma razón menos susceptibles a ellos. No sería tampoco por ello exacto sentar la conclusión de que estar prevenido, cura de por si, automáticamente, todos nuestros malos hábitos y  nos confiere súbita e ilimitadamente, el dominio de nuestro arbitrio.

 

De manera que el que la gente “prevenida” es menos propensa a caer víctima de rumores, es una ley que se confirma por los psicólogos. Pero sin duda que los jóvenes que en sus programas de estudio sociales, escuelas y colegios conozcan la ley que rige los rumores habrán de estar capacitados para defenderse en muchas situaciones donde el testimonio es inseguro.

Habrá de ponerse sumo cuidado, a pesar de todo en la cautela y el sano escepticismo no degeneren en un negativismo desprovisto de todo criterio crítico. El suspicaz en demasía puede llegar a una desconfianza sistemática hasta de las informaciones mejor documentadas.

 

 Cuando decimos que el rumor no circula a menos que el asunto encierre el factor importancia para el individuo que lo oye  y lo trasmite, estamos llamando la atención sobre el factor motivador en el rumor.

El interés sexual monopoliza buena parte de la chismografía y la mayor parte del escándalo corriente; la ansiedad y el miedo son el estímulo oculto detrás de las historias macabras y de malos presagios que tan a menudo oímos; la esperanza y el deseo están en la base de los rumores; el odio sostiene los cuentos acusatorios y calumniosos.

 

En agosto de 1945, circulo un rumor acerca de que Rusia acababa de declarar la guerra al Japón, sólo porque aquella había recibido en cambio el secreto de la bomba atómica. Quienes creían y difundían el rumor eran gentes que detestaban a los rusos. Un encono diabólico había motivado el rumor. Más en lugar de decir derechamente “yo odio a los rusos” el divulgado rumor se aferró a una especie que le servía para aquietar,  justificar y explicar su tensión emocional subyacente.

 

Es importante notar aquí la compleja finalidad al servicio de la cual se pone el rumor. Al permitírsele a una persona agraviar al objeto odiado se trate de Maradona, o de todos los argentinos, para aliviar un impulso primario. Más al propio tiempo, en el mismo instante, le sirve para justificarse con su propia conciencia por sentir lo que siente. De modo, pues, que el rumor coloca sobre una base racional en tanto descarga una pasión. ¿Por qué no odiar a Maradona, si todo el mundo habla de él como uno de los mejores jugadores de todos los tiempos? ¿Por qué he de respetarlo, si ahora su equipo acaba de ser eliminado, antes que el nuestro?

 

Pero el justificar nuestros estados de ánimo y tornarlos de ese modo legítimos no es la única forma de razonamiento. Aparte de la presión ejercida en nosotros por impulsos individuales, buscamos continuamente extraer significado del ambiente que nos rodea. Hay pues pasión intelectual aparejada a la emocional. Hallar una razón plausible para una situación confusa en si es un  motivo y esta persecución de una “buena conclusión” contribuye a demostrar la vitalidad que anima a muchos rumores.

 

En definitiva antes de un partido decisivo en un mundial de fútbol los rumores suelen descargar la tensión emocional inmediata al proveer una salida verbal capaz de traer alivio; ellos protegen, a menudo, y justifican la existencia de estos estados de ánimo; los cuales si, encarados de frente, podrían resultar inaceptables al mismo que los repite, contribuyen a veces a conferir una más amplia interpretación de aspectos intrincados del mundo circundante, y juegan así una parte importante en el esfuerzo intelectual a tornar ininteligible e incomprensible el ambiente en que vivimos.

 

Esta dinámica rara vez es comprendida por el divulgador de rumores.

El no sabe que por cierto runrún parece interesarle intensamente y merece una urgente y amplia difusión. Ni siquiera advierte la amplitud con que él mismo se refleja en las voces que difunde, puesto que no comprende el mecanismo del fenómeno de “proyección”.

Es decir que cuando el estado de ánimo de una persona se refleja, sin que él lo sospeche siquiera, en su interpretación del mundo que lo rodea, acontece lo que llamamos “proyección”.

Al hacerlo, deja de emplear en la explicación de la realidad que lo rodea, elementos de prueba imparciales y objetivos.

Esto se puede ver claramente en nuestro sueños, donde se patentiza el fenómeno de la proyección. Sólo al volver al estado de vigilia reconocemos que los móviles de lo acaecido con nuestra imaginación durante el sueño han sido nuestros íntimos deseos, nuestro temores o nuestra sed de venganza.

 

En alas de la fantasía, nos vemos prósperos, triunfadores, satisfechos, o a veces derrotados o arruinados, según sea nuestro temperamento o el estado de ánimo que en la ocasión gobierne la línea “asociacional” de nuestro pensamiento.

El rumor es afín a la divagación ensoñadora en segundo grado. Si la especie de rumor que oímos nos proporciona una interpretación caprichosa de la realidad que se agradable para nuestra vida secreta, nos inclinamos a creerla y a trasmitirla divulgándola a los demás.

 

Dice en una parte La Eneida, acerca de la fama, la verdad y la mentira lo siguiente:

 

Y ya la fama

Por cuantas villas África numera.

 

Fama aquella malvada se apellida

Que es veloz como igual no ha visto el cielo;

En su movilidad está su vida,

Y le crecen las fuerzas con el vuelo;

En los primeros pasos va encogida;

Luego se alza ambiciosa; por el suelo

Humildemente rateando empieza;

Luego esconde en las nubes la cabeza.

 

Ágil de miembros y de pies ligera,

Cuantas plumas, enorme monstruo y feo,

Ciñendo el cuerpo va. ¿Quién tal creyera?

Tantos debajo oculta ojos despiertos,

Tantas bocas y oídos siempre abiertos.

 

Estridente en la sombra mueve el ala

De noche, y entre  tierra y cielo vuela;

¡Nunca el sueño sus párpados regala!

De día, misterioso centinela,

En techo o torre altísima se instala,

Y asombro dando a las ciudades, vela,

Y con ardor igual, doquier que gira,

Divulga la verdad y la mentira.

 

LA VERDAD Y LA MENTIRA…

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