Overblog
Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
El polvorín

Uruguay: ¿100 años de quién? ¿100 años de qué? ¿100 años para qué?

19 Diciembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica


FERNANDO MOYANO

  

El periodista Salvador Neves, de Brecha, hace en la última edición una Lupa sobre los "100 años" del Partido Socialista, y se ha acordado de nosotros, los que nos embarcamos en uno de los desprendimientos surgidos de ese partido, el MUSP. El tema, por supuesto, es mucho más amplio que ese aspecto mencionado. Pero la historia no se hace -si se la quiere hacer respetando la verdad, cosa que no se hace y por lo tanto deberíamos decir que usualmente se hace- dejando aspectos por el camino. Por lo tanto consideramos importante este reconocimiento, y hacemos caudal de la inclusión.

 

Pero queremos ocuparnos del tema principal, es un grave error no hacerlo o dejárselo solo a los promotores de eventos, como ha ocurrido. Para no recargar demasiado este texto, ya que queremos hacer llegar aquí la nota de Neves, solo anunciamos los titulares de que lo desarrollaremos en otra nota.

  • Lo que cumple 100 años no es el Partido Socialista, es la IZQUIERDA INSTITUCIONALISTA URUGUAYA, en sus "cien flores" diferentes. Y cuando decimos izquierda institucionalista cometemos una redundancia, la izquierda uruguaya ES institucionalista. Estos cien años son prueba suficiente.
  • Antes hubo una izquierda pre-institucional. Desapareció. Y por algo desapareció. No es que el institucionalismo de los socialistas haya matado el anarquismo romántico de los primeros tiempos, es que ocupó naturalmente el vacío de lo que murió por su propia muerte natural.
  • Es falso que el Partido Socialista, como organización política, cumpla cien años, y que el Partido Comunista esté por cumplir 80. Es una curiosa inversión de los hechos de la historia que se repite sin pensar como todas las falsificaciones de la historia oficial. ES EL PARTIDO CUMUNISTA QUIEN CUMPLE CIEN AÑOS, hubo un congreso en 1921 que fue ganado POR MIL VOTOS CONTRA CIEN. No puede haber ninguna duda sobre esa legitimidad, cada organización es dueña de cambiar su orientación y su nombre, pero la continuad orgánica del partido obrero fundado hace cien años la tiene el PCU. Que ese partido falsifique también su propia historia es otro hecho singular del que también hablaremos.
  • Hubo también en estos cien años distintas experiencias de izquierda extra-institucional. Precisamente, el MUSP fue una de ellas, aunque no aceptase el prejuicio ANTI-INSTITUCIONAL de suponer que solo se es extra-institucional si se rechaza a priori toda participación. Pero más allá de matices, el hecho es que todas esas experiencias fracasaron. O murieron por destrucción, o murieron por adaptación.
  • ¿Y qué nos queda? ¿Para qué sirvieron esos cien años, y que saca en limpio de ellos nuestra clase trabajadora? Pongámoslo así: Si retrocedemos más de un siglo, encontraremos a anarquistas y socialistas preocupados por igual, como lo atestigua la prensa obrera de la época, en sacar a los obreros del analfabetismo y el vicio del alcohol. Esos eran los temas recurrentes y están bien. Cien años después, y luego de haber tenido un "socialista" en la presidencia de la República, los logros principales de nuestra izquierda son haber conseguido que la gente fume menos, y que cada escolar tenga un juguete parecido a una computadora. Repetimos, no está mal, es un logro. Pero ¿CIEN AÑOS PARA ESO? ¿Ni siquiera la basura se puede recoger sin entrar en un conflicto social?
  • Izquierda institutucional uruguaya es una redundancia, pero a su vez IZQUIERDA INSTITUCIONAL es un oxímoroncontradictio in terminis, una conjunción de términos que se excluyen uno al otro. No puede haber una "izquierda institucional", solo puede haber así una SEUDO-IZQUIERDA. En la nota que prometo intentaré salir de este absurdo lógico con el viejo Hegel: instituido-instituyente-institucionalización-instituido.
Por hoy, va la nota de Salvador Neves.
 
fer

 

SOBRE EL MUSP Y OTRAS FRACCIONES

El almácigo
Salvador Neves, Brecha
 
La noche del viernes 3, en Casa del Pueblo, se hablaba sobre Vivian Trías. Lo había empezado a hacer Reynaldo Gargano en una prosa tranquila que quizá se estaba volviendo larga, algo cansina. Hasta que llegó el ponente que faltaba. Llegaba tarde, tal vez para que lo vieran (como hacía el argentino Alfredo Palacios) Eleuterio Fernández Huidobro.

Entonces el Polo se encendió. Ya había empezado su último párrafo pero halló el modo de enhebrar dos cortitas en los tobillos del impuntual que aún no llegaba a su asiento: “porque hay gente que ha dicho que aquí hubo una guerra”; “a pesar de esa gente que dice saber del tema militar”.

El Ñato en cambio fue un caballero frugoniano. El PS era la matriz de la izquierda uruguaya, dijo. Adelantó lo que escribiría para La República, cuatro días después: Trías, el sucesor de Frugoni, aquel que había vuelto al marxismo en vez de conformarse con los “enlatadaos europeos y principalmente franceses” que los izquierdistas consumían, habría logrado “definir muy concretamente en qué consistía la Oligarquía y tras ello la estrategia correspondiente: nada menos que la que nos trajo al triunfo.”

Pero frugoniana fue también su ironía final: Pedro Lerena, militante tupamaro,[1] solía decir que la principal utilidad de los socialistas había sido como “almácigo” de otras fuerzas.

Desde principios de los sesenta hasta principios de los setenta el Partido Socialista sufrío múltiples divisiones. Muchos fueron los militantes que se pasaron al MLN o mantuvieron una doble militancia (socialistas de día, Comandos de Apoyo Tupamaro de noche). También fueron muchos los expulsados en otoño del 73´. Estos argumentaban que lo que correspondía –dada la sintonía ideológica alcanzada en aquellos años- era integrarse al Partido Comunista y alguno deslizó una síntesis que hizo época: “mejor ser cola de león que cabeza de ratón”.

Marcos y Gonzalo Carámbula, Francisco Laurenzo,  Berta Sanseviero, Luis Senatore, Álvaro Rico y otros, mayoritariamente integrantes de la Juventud Socialista protagonizaron esa última y multitudinaria fracción. En realidad fueron expulsados. La mayoría del partido consideraba que esta tendencia había sido resultado de un acto de “entrismo” del Partido Comunista. Gargano sigue creyendo que así fue.

El “entrismo” era una táctica que los trotskistas daban por buena: integrarse a un partido obrero para captar a sus militantes “más avanzados” y conducirlos a un enfrentamiento con la dirección que culminaría en una escisión que en el escuálido trotzkismo siempre sería bienvenenida. Cuando  el dirigente socialista Raúl Sendic subió a Salto fue para desarticular una maniobra de este tipo.

Pero sobre la historia del Movimiento Socialista de Unificación Proletaria no pesa ninguna acusación de este tipo. Gargano asegura que su referente principal era Lujan Moulins, de Rivera.[2]

De Sila Contreras puede decirse que era “genéticamente” socialista. Hijo de un matrimonio español y republicano, pasó la infancia en Bayona oyendo a su viejo discutir con sus mejores amigos, uno aviador y otro mecánico, los dos comunistas, los dilemas de la Guerra Civil. Llegó a Montevideo en el 51, con 14, derecho al IAVA y a los 17 entraba en Casa del Pueblo.

El mismo año se había afiliado Julio Louis, que tenía 15. Su padre había sido socialista y la invasión norteamericana a Guatemala había activado la herencia rebelde. Jorge Notaro, más joven, derivó al socialismo a partir de la militancia por la Ley Orgánica del 58 que lo encontró terminando “preparatorios” en el IAVA.

La referencia, sin embargo, ya no era don Emilio. De Vivian Trías y el argentino exiliado Enrique Broquen “aprendimos las bases del materialismo dialéctico” cuenta Contreras. Cuando en 1958 el batllismo se derrumbó, aquellos jóvenes socialistas sintieron que debían reintepretar el rol de su partido.

“Cuando el Uruguay de las ´vacas gordas´ entró en crisis –escribe Fernando Moyano- el viejo Partido Socialista, bien adaptado a ese modelo batllista, entró en crisis con él. Fue su gran mérito. Entrar en crisis con el país”. No había “picana” capaz de volver avanzado al herrero-ruralismo gobernante.

Por eso Moyano dice que “no se llegaba a aquel PS para ´encontrar las respuestas´, sino para `hacerse las preguntas´.” La cosa se agravó con el fracaso electoral de la Unión Popular en el 62 y la “traición” de Nenuca Soares que no cedió su banca a los socialistas, tal como se tenía acordado, y además retornó –con banca y todo- al Partido Nacional.  El descrédito de aquella dirección partidaria fue inevitable. En adelante, dice Moyano, “cada corriente se puso a caminar por su propio camino.”

Faltaban tres años para la ilegalización del partido por su adhesión a las resoluciones violentistas de la la OLAS y cuatro para que el gobierno de Jorge Pacheco Areco rumbeara firme hacia la dictadura. La última marcha cañera había reafirmado, sin embargo, la idea de que las manidas instituciones eran la fachada de una dominación despótica, semi-feudal. En la concentración realizada en Freire y Agraciada para recibir a los que venían clamando “Por la Tierra y con Sendic”, el “perro” Pérez, de FUNSA, gritaba “los derechos no se mendigan, se exigen, y se conquistan por la razón o por la fuerza” y en esos mismos días ocurría el golpe de estado en Brasil.

Los muchachos querían un partido preparado para la revolución. Planificaron, cuenta Notaro, “una organización arraigada en la sociedad, tanto a nivel territorial como sindical,  que permitiera una funcionamiento democrático aún en las condiciones de dictadura que se preveían” (según Notaro “la actual organización de AEBU con asambleas y delegados por sección es el resultado de las propuestas del MUSP”) Aquella herramienta debería  vanguardizar “la profundización de las luchas promoviendo el ejercicio de la violencia revolucionaria de masas”, lo que significaba descartar la estrategia foquista.

Pero no lograrían convencer al resto del partido.

De acuerdo al análisis que realizaron entonces aquellos jóvenes en la organización coexistían "desde resabios aburguesantes del 'socialismo' frugoniano hasta las tendencias que expresan más directamente a las burocracia sindical, estatal y política.” Ambas fuerzas marginaban “un abanico amplio de otras tendencias que tienden a desaparecer en la misma medida en que domina y penetra la tendencia burocrática en ese partido". [3]

Abandonaron entonces la “matriz” fundando, junto a otros, el Movimiento de Unificación Socialista Proletario (MUSP). Persistieron en ese intento unos tres años. Gargano los recuerda extremadamente rígidos: “incluso tuvieron un organismo para controlar la vida sexual de sus militantes”, recuerda. Moyano asume que fueron derivando en “una secta cerrada casi religiosa y autodestructiva”. Para Notaro “el proyecta estaba despegado de la realidad, muchas citas de Lenin, Mao y Trotsky pero ningún aprendizaje de sus ejemplos” que señalaban la investigación sistemática de la sociedad en la que se vivía como punto de partida de toda propuesta. “Queríamos formar parte de la vanguardia proletaria y no sabíamos cuantos obreros había en el Uruguay, cuales eran sus preocupaciones y sus
luchas,
” asegura el economista.


[1] Asesinado en la tortura en 29 de setiembre de 1975.

[2] Sus antiguos compañeros divulgaron una carta el año pasado brindando argumentos muy sólidos para considerar que Lujan Molins debe ser incorporado a la nómina de los desaparecidos.

[3] Del “Documento de Constitución del MUSP” (1965)

 

Compartir este post

Comentar este post