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El polvorín

Uruguay: ACTO POLÍTICO, ACTO ECONÓMICO*

20 Diciembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

Prohibido Pensar - Pagina 113 - Libro de Sandino Nuñez

 

Hace alrededor de 150 años Marx hablaba de la crítica de la economía política. Cualquier economía es ya política, decía, y el trabajo crítico consiste básicamente en mostrar esa inscripción politica de la economía, esa falta de inocencia del acto económico. Hay una variante suplementaria que es uno de los enunciados básicos del materialismo histórico: “la politica está determinada, en última instancia, por la economía”, es secundaria con respecto a la base económica y puede remitirse a ella en el análisis. ¿En qué quedamos entonces? ¿La política está detrás de la economía? ¿La economía sostiene a la política?

 

   La contradicción es sólo aparente. La economía determina a la política, es verdad. Pero la política es el lenguaje para decir, pensar y problematizar la economía. La política misma, podría decirse, aparece en la historia como una decisión consciente y voluntaria para organizar los flujos ciegos de los intercambios económicos espontáneos. La politíca corta el continuo de la economía, introduce un lenguaje con conceptos como “justicia” (la dikke’ griega), capaz de organizar las energías del cuerpo social, capaz de pensarlas y proyectarlas a futuro. La política, digamos así, es la conciencia de lo social, la inteligencia de lo social.

 

 

   Hay una gran pérdida al pensar la economía o la producción como un simple capítulo del juego político o discursivo, o, por el contrario, al pensar la política como una mera proyección de la “base económica’’. Por cualquiera de las dos vías privamos a la sociedad de un acto verdaderamente político. ¿Y qué es un acto verdaderamente político? ¿Qué es hoy, en pleno imperio de la economía y de los intercambios globales, un acto político, un acto político radical?

 

La reivindicación de un seis por ciento del PBI para la educación ni siquiera debería estar planteada hoy. La educación es la razón política, por excelencia (ni la seguridad ni la defensa son parte de esa razón). Pero no solamente no se va a conceder ese seis, sino que se ha respondido que el 4,5 ya asignado es más dinero en términos reales, ya que el PBI creció bastante en el último período. Este gesto se sitúa exactamente en las antípodas de un acto politico: esa respuesta sella la suerte de la educación al subordinarla a la flotación de la economía, al tamaño de los indicadores fetichizados, a la lógica de la sobrevivencia o del beneficio, incluso a través de la famosa metáfora de la torta y el pedazo.

 

El acto político por excelencia es aquel que quiebra esa lógica: es una decisión y no una respuesta técnica que cinturea miedoso con cifras, indicadores y cálculos pragmáticos. Tomar la decisión de dar un diez, un quince, un veinte por ciento para la educación al margen de la lógica costo-beneficio. El acto politico radical es un acto contra  la economía en tiempos en que la “emanación objetiva” de la economía es nuestro gran fetiche. El acto politico es entonces, hoy, un acto sacrificial y un acto de valentía inteligente. Es un acto de reafirmación de la politica y del antagonismo politica-economía.

 

Lo que no tiene el menor sentido politico es que la respuesta del ejecutivo al precio de los alquileres sea el de lanzar algunas politicas de préstamos para compra de vivienda a través de algún banco o del Ministerio, pensando en incidir lateralmente en el mercado para que se reduzca la demanda y bajen los precios. O que la respuesta al incremento del precio de la carne sea pensar en importar carne barata de Brasil. No y no. Eso es, una vez más, lo contrario de un acto politico. El Estado no puede ser un actor más, por importante o grande que sea, en la escena del mercado. Debe partir de él la decisión politica de introducir un corte en la lógica horizontal del mercado.

 

    El argentino Ernesto Laclau y la belga Chantal Mouffe decían que la democracia es lo que inscribe el antagonismo como agonismo:

 

Un orden democrático pluralista supone un oponente que no es visto como un enemigo a ser destruido, sino como un adversario cuya existencia es legítima y debe ser tolerada. Pelearemos contra sus ideas, pero no cuestionaremos su derecho a defenderlas.22

 

Dicho así, es como si tuviéramos que elegir entre un enemigo, un extranjero radical del sistema contra el que hay que pelear a muerte, y un adversario legítimo con el cual discutir, dialogar y negociar en la arena democrática. A la alternativa le falta algo si es que no queremos ver la politica como una mera escenificación pacífica de las injusticias sociales. A saber: debe haber un afuera de la política para que la propia política pueda funcionar. Debe haber un antagonista, no de tal o cual idea, sino de la politica misma. Y ese antagonista, hoy, es la economía, el mercado. Eventualmente ese lugar antagonista ha sido ocupado por totalitarismos, dictaduras o tiranías (eternos enemigos de la democracia).

 

El acto político debe incluir un replanteo del juego democrático atravesando la escena hacia el antagonista mismo de la política: el mercado, la circulación, la economía. Si se arma una mesa con un empresario, un trabajador y un mediador ministerial para discutir y negociar asuntos salariales, el Estado no puede jugar a la neutralidad o a ser un actor mas. Si la mesa se convoca y se realiza es porque asumimos que un “acuerdo espontáneo” (patrón-trabajador) no va a ser justo, ya que uno de los actores está en desventaja con relación al otro. Y si lo asume, el Estado está, quiera o no, del lado del trabajador. Ese es su acto político: corregir la tendencia a la injusticia de los intercambios económicos espontáneos.

 

22 - Mouffe, Ch. El retorno de lo político, Paidós, Bs.As. 1999. 

Episodio 7, bloque 2, ciclo 3.Acto político, acto económico” , emitido 09/2010.

Enviado por Waxaby Ybaxaw

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