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El polvorín

URUGUAY - Aparicio Saravia -El Traicionado

12 Diciembre 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Aparicio Saravia -El Traicionado -

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Gonzalo Abella

 

PRIMERA PARTE

ESCENARIO Y PROTAGONISTAS

III - RECUERDOS DE FAMILIA

La familia de Dom Chico Saraiva era de origen fronterizo. Sus hijos mayores nacieron en Brasil, sus hijos menores nacieron en territorio uruguayo.

La frontera, de todos modos, había sido imprecisa y cambiante desde 1830. Recuérdese que el Partido Colorado en el gobierno, en guerra civil contra su adversario desde 1836,  había entregado a Brasil amplios territorios fronterizos en pago por el apoyo militar contra los “blancos”

Por eso desde el  Tratado de Límites de 1851 muchas estancias cimarronas habían quedado del lado “brasileño”. Sus propietarios habían acompañado la “guerra dos farrapos” (revolución popular del Sur de Brasil contra la autoridad imperial) pero luego los masones de Bentos Gonçalves y Garibaldi, traicionaron esa  revolución y persiguieron a sus luchadores más consecuentes.

Los hijos de Bentos Gonçalves finalmente llevaron prisioneros a los hijos de los revolucionarios como carne de cañón en la invasión al Paraguay.

Para los hacendados cimarrones consecuentes, la nueva situación al Sur de Brasil era peligrosa. El norte uruguayo, en cambio, era aún territorio incontrolable para los gobernantes de Montevideo.

Con sus hijos mayores, y con su mujer Doña Pulpicia nuevamente embarazada, dom “Chico” Saraiva compró campos del lado Sur de la frontera y se fue a vivir en ellos.

En los registros uruguayos, los hijos menores que fueron naciendo cambiaron levemente su apellido sin que el progenitor tuviera la necesaria capacidad lectora como para advertirlo. Fueron registrados como “Saravia”. 

Por su origen social Dom “Chico” Saraiva era un hacendado “cimarrón”. Cuando se extendieron sus campos por la frontera al Sur, cuando se enriqueció, algunos de sus hijos asumieron su nueva condición de hacendados ricos y como latifundistas modernos apoyaron al Partido del Gobierno “colorado”.

Otros hijos en cambio conservaron la memoria cimarrona y siguieron sintiéndose parte del “colectivismo difuso” de la tradición familiar, evocando al Partido Nacional de Leandro Gómez como único defensor posible de aquella memoria.

Entre los hijos “colorados” de dom Chico se destacaron Basilisio y José. Entre los hijos “blancos cimarrones” se destacaron Gumercindo, Chiquito, Pancho y especialmente Aparicio.

Ya  en 1896 las propiedades de los hermanos “colorados” José y Basilisio Saravia triplicaban la extensión de todas las tierras que tenían el resto de sus hermanos juntos. Su obsesión acumuladora los hacía naturalmente partidarios del Orden existente, aunque el orden existente era “colorado” y urbano.

¿Cómo era la vida de los “hacendados cimarrones” cuando se aproximaba el siglo XX?

Nepomuceno Saravia, hijo de Aparicio Saravia, siendo ya un anciano, dictó a su hijo recuerdos de su niñez rural. Allí conocemos la forma en que su padre y su madre lo habían criado. De su relato surgen indirectamente los valores y las prácticas culturales de los hacendados que conservaban su tradición “cimarrona”.

Digamos sin embargo que Aparicio Saravia no desdeñaba vestirse bien y vestir a sus hijos a la manera urbana cada vez que la situación lo requería, principalmente cuando se alojaban en la ciudad de Melo. Pero siempre prefería la campaña y los códigos cimarrones. Recuerda Nepomuceno, el hijo de Aparicio:

“Como ropa de abrigo en el invierno crudo usábamos cuero de venado; hacíamos los ponchos con cueros de toro descarnándolos hasta dejarlos bien delgados, y luego se sobaban a fondo para darles elasticidad; casi siempre andábamos descalzos, pero en invierno calzábamos tamangos con cueros de corderito que se dan vuelta para que la lana abrigue el pie. Leche, pan, carne, tortas fritas y pirón eran la base de la alimentación. No conocíamos refinamientos culinarios”.  

Así vivía Aparicio cuando estaba en su establecimiento de campo con su familia.

A diferencia de sus hermanos varones, que se dividieron en “blancos” y “colorados”, las hermanas mujeres de Aparicio siempre lo apoyaron, pero ninguna formó parte del pequeño grupo de heroicas lanceras que pelearon junto a él.

En realidad desde los tiempos de la independencia las mujeres habían jugado un papel esencial en las tareas de inteligencia y logística. Baste recordar a  Josefa Oribe y Ana Monterroso en tiempos de Artigas;  y décadas después, en la Heroica Paysandú de 1864, evoquemos a Magdalena Pons quien fue enlace militar de Leandro Gómez.

Entre 1896-1904 las hermanas y la esposa de Aparicio no permanecieron pasivas en la gesta, pero no fueron lanceras.

Las cartas de Cándida Díaz, la mujer de Aparicio, marcan su firmeza de principios aún en el momento doloroso de saber que a su hijo menor le habían amputado una pierna en un hospital de campaña.

Escribe en esos momentos a su esposo:

“Hoy supe que le habían cortado la pierna; me conformo porque fue defendiendo su patria y fue por defender a su padre lo cual si hubiera sido por enfermedad tendría que sufrir mucho más…”

Y, superado el punto,  continúa la misma carta hablando de los sucesos políticos del momento y alentando a su marido. 

G.Abella - postaporteñ@ 879 - 2012-12-11 15:59:41

postaporteñ@_

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