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El polvorín

Uruguay, Argentina y la vida después de BOTNIA

4 Mayo 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

Del “corned beef” a la pasta de celulosa
 
Una visita al territorio en conflicto da cuenta del impacto social provocado por la transnacional en Gualeguaychú y Fray Bentos, ciudad uruguaya ésta última que vivió una esperanza similar a mediados del siglo pasado, con la carne enlatada del frigorífico Anglo.

  

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Por Fernando Glenza | Desde Fray Bentos, Uruguay
No sólo sembraron eucaliptos, también la discordia. Ya en 2004, en Gualeguaychú (Argentina) se alertaba acerca de la incompatibilidad entre una fábrica de pasta de celulosa en Fray Bentos y el desarrollo turístico con un medio ambiente saludable para la región. Del lado uruguayo se veía con buenos ojos la instalación del megaproyecto, con la ilusión de reeditar la etapa de “prosperidad” que alguna vez llevó el Frigorífico Anglo, hasta mediados del siglo pasado.

Fray Bentos tuvo una “edad de oro”. Según cuenta el historiador René Boretto Ovalle, en 1861 al ingeniero alemán Georg Giebert se le ocurrió instalar una industria que cambiaría el mundo, el "extracto de carne" a partir de la fórmula del químico Justus von Liebig, reconocido como "el padre de la química orgánica".

El producto se hizo tan famoso que, durante las guerras mundiales del siglo XX, Fray Bentos fue considerada “la cocina del mundo”: proveyó a Europa de productos derivados de la carne.

De esa manera, la “Liebig Extract of Meat Company” dominó el panorama económico de Fray Bentos y de buena parte del Uruguay rural durante medio siglo. La empresa Liebig adoptó el nombre de la ciudad como marca propia.

Con el tiempo, e iniciada la producción de carne conservada (“corned beef”) para las fuerzas aliadas de la Segunda Guerra Mundial, Fray Bentos fue un nombre que ganó presencia en el Viejo Mundo, inclusive más de la que había logrado cuando sus “extractos de carne” fueron elegidos por Julio Verne, como desayuno para los personajes de “El viaje a la Luna”.

Según Boretto Ovalle, el “extracto de carne” fue consumido durante las guerras franco-prusiana, la de los Bóers, contra los turcos y en las dos mundiales. El nombre de Fray Bentos fue sinónimo de calidad: en la jerga de los jóvenes soldados, "fribentos" significaba que nada podía estar mejor, algo inmejorable.

Cuando se creó la unidad blindada (tanques) del ejército británico, a mediados de 1917, el "Batallón F" permitió que se usaran sobrenombres. Así, al F-14, sus tripulantes lo llamaron “Fray Bentos”, porque se sentían en él como la carne enlatada que consumían a diario.

Los ciudadanos del imperio británico fueron grandes consumidores de productos “Fray Bentos”, los que incluso llegaron a Hollywood, tal cual se puede ver, por ejemplo, en las películas “El paciente inglés” y "Gallipoli", con personajes que se rinden ante el “corned beef” de procedencia uruguaya.

La “Liebig Extract of Meat Company” adoptó el nombre de Frigorífico Anglo en 1924. Llegó a emplear a 5.000 personas, de un total de 15.000 habitantes que en ese entonces tenía la ciudad.

Volvamos a nuestros días. El gobierno uruguayo no consultó al argentino sobre la decisión de autorizar el megaproyecto –consulta que debía llevarse a cabo, por ser ambos países signatarios del Estatuto del Río Uruguay, tratado internacional que reglamenta el uso compartido del río- y desató un conflicto que aún tiene final abierto, con prolongadas protestas populares en Gualeguaychú y un corte sostenido del paso internacional.

En marzo de 2006 los presidentes de Argentina y Uruguay firmaron el compromiso de abrir un período de negociaciones por 90 días, pidiendo que se detuviera la construcción de la obra y que se levantaran los cortes de la ruta internacional, dispuestos por las movilizaciones sociales de lado argentino.

La Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú accedió al pedido. Sin embargo, la transnacional BOTNIA detuvo sus obras sólo por 10 días. Ello hizo que el gobierno argentino acudiera a la Corte Internacional de La Haya, con competencia en relación al Estatuto del Río Uruguay, quien rechazó el planteo de Buenos Aires de frenar las obras.

BOTNIA inició sus operaciones en noviembre de 2007. Su capacidad de producción es de más de un millón de toneladas al año de celulosa de eucalipto blanqueada, para la fabricación de papel. Consume cuatro millones de metros cúbicos de madera al año y utiliza mil litros de agua dulce por segundo.

Según datos de la propia empresa, genera cerca 3.000 puestos de trabajo de manera indirecta y emplea a 200 personas en su planta. La celulosa se envía en barcaza desde la fábrica hasta el puerto de aguas profundas de Nueva Palmira, para su carga en buques trasatlánticos con rumbo a Europa y Asia.

En 2009, BOTNIA pasó a llamarse UPM, al ser adquirida por una de las principales transnacionales forestales. UPM tiene plantas de producción en 15 países y sus ventas en 2008 alcanzaron los 9.500 millones de euros.

Forestal Oriental, subsidiaria de UPM, proporciona la madera; cerca del 70 por ciento de la materia prima proviene de sus propios bosques. Centra sus actividades en la producción de eucaliptos y sus actividades recorren de forma transversal todo el Uruguay.

Todos esos datos no dan cuenta de su impacto social. Existe una técnica empleada por los antropólogos denominada “distanciamiento”, que busca causar un “efecto de extrañeza” en el observador. Eso es lo que experimentó este cronista, durante la reciente recorrida por Fray Bentos.

Al atravesar el puente Libertador General San Martín se siente la soledad de una zona de guerra. A diferencia de lo registrado hace cuatro años, durante un anterior viaje a este territorio, las instalaciones del paso fronterizo parecen abandonadas, las paredes descascaradas, los pastos crecidos, las banderas desteñidas.

Los estrategas de la llamada Responsabilidad Social Empresaria (RSE) apelaron a la historia del “corned beef” para instalar adhesiones sociales al proyecto BOTNIA.

El “Informe adicional de la evaluación de impacto ambiental”, presentado por la “pastera” el 19 de noviembre de 2004, sostiene: “es evidente que la situación de Fray Bentos y la región cambiará sustancialmente en términos de dinamismo económico y también social, saliendo de una crisis productiva, económica y social que lleva ya varias décadas, desde el definitivo cierre del Frigorífico Anglo”.

Y agrega, “es de hacer notar también los cambios que se producirán desde el punto de vista cultural e identitatario. Fray Bentos ha sido una ciudad conformada en torno a un emprendimiento industrial, que quebró a mediados del siglo pasado, y agonizó lentamente algunas décadas más, con intentos de reapertura que nunca se concretaron. Este emprendimiento significa para Fray Bentos el retorno a un modo de desarrollo que tiene mucho que ver con su identidad y con la forma como sus ciudadanos se ven a sí mismos y a su entorno”.

El documento completo no tiene desperdicio, se lo encuentra aún en Internet firmado por el gerente de proyectos de BOTNIA, Kaisu Annala, y el asesor Carlos Faroppa: “la sociedad fraybentina está esperando que agentes externos a su comunidad, como lo fue el Frigorífico Anglo, se instalen en la zona para así volver a tener una ciudad próspera”.

Sin embargo, llegar hoy a Fray Bentos es encontrarse con una ciudad distinta, desolada. El corte de rutas realizado sobre el puente General San Martín impactó fuertemente en la economía de Fray Bentos, pero sus pobladores no culpan a los argentinos; se sienten decepcionados por la expectativa que había creado BOTNIA: hubo trabajo durante el período de construcción de la “pastera” pero ahora ya no. Cómo con Anglo, ¿quedará todo para el museo de Hollywood?

fglenza@prensamercosur.com.ar
APM

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