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El polvorín

Uruguay - Carta de un Uruguayo a la rectora de la Universidad de Lanús con motivo del galardón entregado al Presidente José Mujica

18 Noviembre 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

“POBRE DOCTORADO HONORIS CAUSA, POBRES DERECHOS HUMANOS, POBRE JUSTICIA SOCIAL, POBRE INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA, POBRE DEMOCRACIA”
                                                                                                       

14 de noviembre de 2011
Sra. Rectora de la Universidad de Lanús
Dra. Ana María Jaramillo
Estimada Dra.:
     No sé si habrá de dar Ud. recibo a la presente carta y tendrá la amabilidad de leerla con atención y reflexionar al respecto, puesto que, después de todo, quien escribe es un simple ciudadano Uruguayo; pero mi deber moral y un impulso irrefrenable ante cualquier injusticia que llega a mi entendimiento día a día en éste destruido país, me impulsan a redactarla.
     Sin duda, el tema que me impulsa es el reciente galardón otorgado al Sr. Mujica por vuestra parte, Presidente del mismo país que muchos y desde hace años han hundido en la más ignominiosa degradación moral, social, cultural y económica, y entre los cuales se encuentra el mencionado.He llegado a la conclusión de que ignoro el por qué de vuestras motivaciones para tal honor, a pesar de conocer los puntos incluidos en el Doctorado Honris Causa, a saber: “…indudable compromiso con la integración latinoamericana y por su calidad de luchador incansable por la plena vigencia de los derechos humanos, la democracia y la construcción de ciudadanía y una sociedad más justa…”, ignorancia de mi parte que puede llamarse también estupor puesto que, si analizamos cada una de las razones aducidas para tal condecoración, son absolutamente rebatibles, en cuyo caso, mi asombro me autoriza a concluir varias cosas respecto a vuestra Institución.
    En principio, y no dudando que vuestro centro de estudios cuente con historiadores, sociólogos y politólogos que puedan preciarse de ello, me extraña no os hayan asesorado o comunicado la reciente historia de Uruguay, por lo menos desde loa años ’60. Me remito al comienzo del accionar de la guerrilla de la que formó parte el Sr. Mujica, junto a muchos que ya no están entre nosotros, y a connotados actores políticos de la actualidad como el Sr. Eleuterio  Fernández Huidobro, por citar a los más destacados. Dejo fuera de la lista a Raúl Sendic – padre, por su puesto -, cuyos restos deben estar saltando de rabia en la tumba. No ahondaré más que en generalidades sobre aquélla época, pero para quien escribe es de fundamental importancia remitirse al año 1984, cuando se realizaron numerosas negociaciones en el Club Naval con el fin de concretar la transición de la dictadura a la democracia, de las cuales surgió el tan mentado Pacto del Club Naval, y cuyo principalísimo artífice ha sido el ex Presidente Sanguinetti. Obviamente, y solo basta observar y analizar, la plaga de las dictaduras en América Latina no fue más que la aplicación de experimentos y estrategias de los inefables dueños del mundo – entiéndase EEUU -, y que en su momento eran estrategias convenientes según sus intereses. De igual forma, cuando las sanguinarias dictaduras resultaron obsoletas y anacrónicas para el Imperio, se impuso la necesidad de eliminarlas, para sustituirlas por “democracias” hipócritamente apadrinadas con el fin de superar una de tantas contradicciones del Sistema Imperialista. No me cabe duda de que a los mentores de tantas barbaries en el mundo, les resultaría más práctico y económico mantener regímenes “democratizados” que gobiernos totalitarios, en aras de adaptarse al moderno mundo “globalizado”, e inminentemente unipolar.
     En tal coyuntura, siempre aflora un “líder” de la “democracia”, y que en nuestro país resultó ser el Sr. Julio María Sanguinetti. Las secretas y espúreas negociaciones contaron con el Partido Colorado como principal mentor, y nada menos que el Frente Amplio - supuesta izquierda -, autoexcluyéndose de aquellas el Partido Nacional por razones de principios, relacionadas con las limitaciones impuestas a su máximo dirigente, Wilson Ferreira Aldunate. Quiero destacar con esto, la primera traición conocida que saliera del seno del Frente Amplio, a mi juicio. 
     Es importante mencionar tales eventos, en razón de que allí, y no en otro lugar y circunstancias, se pactaron las infamias más denigrantes – y apelo una vez más a la más elemental capacidad de análisis, puesto que si bien nunca quedaron claros los puntos secretamente tratados, son obvios de acuerdo a las consecuencias que soportamos hasta el presente-. Lo pactado, entre quién sabe cuántas barbaridades, fue dejar impunes los crímenes más cobardes y ruines cometidos por los militares y muchos civiles que los secundaron.
     Años antes, cuando permanecían en las mazmorras de la dictadura numerosos sobrevivientes de las torturas y desapariciones, los señores Mujica, Fernández Huidobro y algún otro dirigente tupamaro, realizaban reuniones secretas con militares del régimen, a tal punto que en la actualidad se han filtrado versiones de las repugnantes entregas llevadas a cabo, como delaciones y concesiones a cambio de quién sabe qué prebendas. El actual poder de muchos de los ex tupamaros descansa sobre la sangre de numerosísimos idealistas que entregaron todo, y sin quererlo, hasta a sus familias a la barbarie fascista, sabemos hoy que para nada.
     A pesar de que ambos pueblos, el Uruguayo y el Argentino, sufrimos similares crímenes, me parece oportuno enumerar, y no me regodeo en ello, sino que intento poner énfasis en qué es lo que actualmente se encubre, algunas inhumanidades que redacto con dolor: picana eléctrica, aplastamiento de genitales, potro, colgados en ganchos, violaciones – no solo a mujeres, sino a hombres, lo cual habla del carácter degenerado de los militares que las cometieron -, golpizas, submarinos realizados en aguas podridas, plantones, abortos, quemaduras, rotura de tímpanos, simulacros de ejecución, secuestro de bebés, desapariciones forzadas, violencia psicológica, apropiación de bienes de detenidos, mal trato a los familiares, y quién sabe cuántas cosas más que no quiero nombrar.
     Hablo pues, de la más vil traición y metamorfosis de individuos que, quizá trastornados, han entregado su moral, si es que la tuvieron alguna vez, al fútil e inevitablemente finito placer del Poder. Y me he remitido al Pacto del Club Naval, puesto que lo concretado en aquel se mantiene a rajatabla hasta la fecha. “Los milicos no se tocan”, textualmente, fue lo que dijo entre tantas barbaridades y faltas de respeto a nuestro pueblo, el actual Presidente. Cuando se habla de derogar o anular uno de los engendros más repugnantes del mencionado pacto, la Ley de Caducidad – Impunidad, para quienes la queremos mencionar sin eufemismos - la gran mayoría de parlamentarios y el mismo Poder Ejecutivo, se escudan en que “…El pueblo ya laudó en dos ocasiones…” (respecto a dicha ley). Falacia tan grande e inmoral, a la que puede rebatirse tan sencillamente como mencionar que la propia Ley de Impunidad, de por sí es absolutamente inconstitucional, hasta condenada internacionalmente por estar reñida con los más altos valores de los Derechos Humanos, la Justicia Internacional, y la lógica de los hechos. Solo esto bastaría para dictaminar sin más trámite que los dos plebiscitos realizados para derogarla o anularla también son nulos, puesto que no se puede plebiscitar una ley nula de por sí. Pero aun hay más. El primer plebiscito para aquellos fines, se realizó durante el primer mandato del Sr. Sanguinetti, y en un clima de terror alimentado por el propio gobierno, con amenazas y advertencias de que si tal consulta popular salía airosa, las Instituciones volverían a caer, falacia gigantesca, toda vez que Reagan ya no quería más regímenes dictatoriales en su “Patio trasero” – no por benignidad, claro está -.
     Me permito recordar la zancadilla que el mencionado ex Presidente hizo a vuestro país cuando alentó al General Galtieri a invadir las Islas Malvinas en 1982, lo cual llevó al pueblo Argentino a una aventura cuyas consecuencias no escapan a su conocimiento. Solo el fanatismo y el engaño inducido fueron capaces de obnubilar muchas mentes que creyeron en el apoyo de los EEUU, y nada menos contra los Británicos – recuérdese la misteriosa visita en su momento del Secretario de Estado Gral. Alexander Haig -. Galtieri no quería irse, pero lo hizo ante una descomunal derrota armada por el Imperio. Aquí en Uruguay no fue necesaria una jugarreta tan ladina, sino que bastó captar a algún político oportunista y pragmático, así como sediento de poder como lo fue el Sr. Sanguinetti. En la actual coyuntura, es sin duda el Presidente Mujica un garante del cumplimiento de la traición fabricada en aquel Club Naval.
     Y aquí me remito al segundo plebiscito sobre derogación de la impunidad. Ese fue realizado simultáneamente con las últimas elecciones presidenciales. Sólo los militantes y familiares de masacrados y desaparecidos se “deslomaron” con la recolección de firmas y la posterior propaganda a tales fines. ¿Y por qué tan solos? El Sr. Mujica, tan defensor de los derechos humanos, así como el Sr. Fernández Huidobro y sus seguidores, se cuidaron muy bien de hacer la más mínima publicidad al respecto. Más aun, se ha filtrado por allí, y no es difícil de comprobar, que mandataron no votar a favor de la derogación. Es imprescindible mencionar además, que los dos gobiernos del Frente Amplio han tenido y tienen mayoría parlamentaria para anular dicha ley, y no lo hicieron nunca. Se deduce pues de esto, que además de la inutilidad de llamar a plebiscito para eliminar una ley que no debió ser, por inconstitucional, no se llegó a buen resultado plebiscitario por boicot del hoy “Doctor Honoris Causa” y sus colaboradores.
     Si hablo de traición, palabra tan dura, debo remitirme a la actuación parlamentaria de los dirigentes tupamaros y todo el bloque autodenominado de “izquierda”. Cuando el Frente Amplio era oposición, no había ley o emprendimiento reaccionario de Blancos y Colorados a los que no se opusieran, tanto en temas como el envío de tropas a Haití o al Congo, las maniobras de la UNITAS, el aumento de impuestos, el impuesto a los sueldos, los aumentos miserables a las jubilaciones – si los había -, las privatizaciones, los negociados con empresas multinacionales, la contaminación en aras de la modernización o las inversiones extranjeras expoliadoras, etc., etc. Hoy por hoy, toda aquella obra frustrada en su momento gracias a la oposición, no solo se llevó a cabo, sino que se ha profundizado hasta límites inimaginables, tales que no tiene claro quien redacta, si el Uruguay sigue existiendo como tal. 
     He oído con indignación y lástima de parte del Sr. Mujica así como de la Primera Dama, Lucía Topolansky, que por razones humanitarias no se debe tener encarcelados a ancianos por delitos que se cometieron tantos años ha. Primero debe saberse que a esos ancianos, les fueron construidas “cárceles” especiales, en las cuales tienen televisión e internet, amen de otras comodidades, al estilo de un hotel de varias estrellas, y que los alojados son unos pocos - y no todos ancianos -, que se dignan hasta a enviar mails insultantes al propio gobierno sin que pase nada. El costo de sus comodidades alcanzaría para refaccionar escuelas y liceos que se derrumban, en cuyas aulas conviven ratas con alumnos, o los baños no funcionan para sus fines, así como alimentar en comedores públicos, por lo menos, a tantos hambrientos que sí existen en el Uruguay, aunque trate de ocultarse. Esos “ancianos” asesinaron, torturaron, robaron, desaparecieron a seres humanos, comenzaron la obra de desmantelamiento cultural y moral que hoy continúan el Sr. Mujica y sus seguidores – no excluyendo al Sr. Vázquez de todo ello, tristemente célebre por tan indigna sumisión ante el Imperio, y quien no dudó en arrasar mediante el Aparato Represivo intacto desde la dictadura, a quienes protestaron por la infame visita a nuestro suelo del Sr. Bush -. Como corolario, entre tanto mal gobierno, siento vergüenza ajena al haber sabido sobre su intención de pedir apoyo ante una inviable guerra contra vuestro pueblo, al cual tengo gran respeto y aprecio.
     Y no os creáis que en aquella cárcel VIP, como acostumbramos llamarla aquí, habitan decenas o cientos de delincuentes de Lesa Humanidad; no, son unos pocos. Cientos, miles, están libres y hasta algunos con ascensos dentro de las FFAA, así como en alguna embajada en el exterior, y muchos seguramente disfrutando de alguna fortuna robada a nuestro pueblo, fruto del saqueo y del desmesurado crecimiento de la deuda externa, la cual por cierto, ha crecido enormemente durante los gobiernos de una supuesta “izquierda progresista” y defensora de los pobres y de los Derechos Humanos. También se habla de no tener ojos en la nuca y hasta de rencor y odio por parte de los familiares que buscan a sus hijos, hermanos, nietos. ¡Qué frivolidad, qué inhumanidad! Lo que buscan tantos sufridos y perseguidos uruguayos, es JUSTICIA. ¿Acaso no se ha juzgado en Alemania a tantos “ancianos” por crímenes cometidos hace más de sesenta años? ¿Acaso Israel no persigue y persiguió a todo nazi que escapó cuando pudo al final de la II Guerra? ¿Acaso no estuvo Pinochet preso en Europa y nadie dijo que el Juez Garzón tenía “ojos en la nuca”? (No obstante, no ignoro que finalmente fue liberado por razones humanitarias, tema muy discutible).
     La gran violación a los Derechos Humanos que se comete continuamente durante la regencia de la “izquierda” del Uruguay puede comprobarse en el sistema carcelario. También puede verse en las calles. Fácil es corroborarlo: si aquí los docentes tienen la osadía de derribar vallas y golpear las puertas del Parlamento reclamando, seguramente con razón por alguna ley, serían inmediatamente apaleados, presos, maltratados, destituidos, juzgados, etc. Y con éste ejemplo, me remito a lo sucedido en la Legislatura de Buenos Aires en los últimos días, donde pude observar una vez más la capacidad de protesta que existe en vuestra Argentina, en la cual intuyo la vigencia de una verdadera Democracia. Aquí no la hay, puesto que está a la orden y deseosa de actuar la peor fuerza represiva que se mantiene intocable desde la dictadura, brazo armado contra el pueblo del que hace uso la “democracia” de “izquierda”.
     No puedo dejar de mencionar la supuesta “… Construcción de ciudadanía y una sociedad más justa…”. Por si no basta con todo lo escrito, si una sociedad más justa significa: mantener leyes impuestas por la dictadura, otorgar aumentos ridículos a las ya magras jubilaciones, mantener impuestos tan inconstitucionales como el aplicado a los sueldos, autorizar a explotadores a pagar un sueldo mínimo de $ 6.000 (unos 1.500 Pesos Argentinos, si no me equivoco), realizar censos y encuestas trampeados para que los estadísticas den bien (si un ciudadano trabajó durante la última semana nada más, ya aumenta el índice de empleo), declarar permanentemente que la economía nacional ha crecido notoriamente mientras se vienen abajo escuelas, liceos, cárceles, moral y cultura; se vive una inseguridad real por no atacar las causas – entiéndase, mafias de la droga, como uno de los flagelos más importantes a mencionar -, sino que se reprime e invaden barrios marginales donde vive gente pobre, que no toda delinque, para apresar a dos o tres malvivientes que al fin y al cabo son lúmpenes creados por el sistema, permanece en innumerables esquinas de la ciudad, ahora también en el interior, un ejército de lava parabrisas, así como seres humanos tirados en las calles, se aumenta la deuda externa, se habla de “… Esas viejas que buscan los huesitos de sus familiares…” (declaraciones del inefable Mujica sobre las madres y abuelas de desaparecidos), si todo ello, entonces, significa sociedad más justa, no me queda más que llorar o reír.
     Si he de referirme a la Unidad Latinoamericana, no sé realmente a cuál se refiere vuestra condecoración al Sr. Mujica. Que yo sepa, y observo y me informo así como analizo, el Uruguay sigue estando, como desde los tiempos de Sanguinetti, pasando por Lacalle y Jorge Batlle, de espaldas a la realidad Latinoamericana, al reclamo ancestral de indígenas que no tenemos aquí por el genocidio cometido por el primer presidente del Uruguay, Fructuoso Rivera, quien no dudó en traicionar a los pocos Charrúas que quedaban, hermanados con Artigas, y masacrarlos en Salsipuedes. Digno y honrado comienzo del partido más golpista y fascista, que lo es el Colorado.
     Dejando a parte las discrepancias o concordancias respecto a gobiernos como los de Chávez, Correa, Morales y algún otro, a entender de quien escribe, no existe la más mínima intención de acercamiento a los países de Latinoamérica. No fue Chávez en sus numerosas visitas a Uruguay agasajado, ni creo que lo buscara, como lo fuera el Sr. Bush, por citar algún ejemplo. Así es que, no se ve en absoluto ninguna política regional que dé signo alguno de integración latinoamericana, salvo por conveniencias económicas – y sería oportuno recordar cuántos millones de dólares donó el Presidente Chávez para varios fines a nuestro país, dudando de mi parte que fueran a buen destino -. No hay ningún signo de solidaridad ni apoyo a las causas de los pueblos de América del Sur y Centro. Quizá la intención del doctorado otorgado se refiera a alguna gestión interesada en lo económico con respecto a Argentina o Brasil, en cuyo caso no veo signos de “integración”, o por lo menos no es para quien escribe un signo verdaderamente loable, más bien, mezquino. La Integración Latinoamericana pasa por una verdadera hermandad de pueblos con la más digna y humana intención de reconocer nuestros orígenes comunes, nuestras culturas riquísimas desde ancestrales tiempos; el reconocimiento de la nefasta invasión europea que saqueó y destruyó culturas extraordinarias y diversas, la exigencia a la Europa invasora de la devolución de lo que fue nuestro muchos años antes de la existencia de nuestros países como tales, la solidaridad desinteresada, en fin, una unión ante amenazas externas y permanentes de los poderes más bélicos y expoliadores que han existido jamás. No existe en éste gobierno, insisto, la más mínima intención de “Integración Latinoamericana”. Aquí hay un apetito de dinero para sostener un Estado extremadamente pesado y parafernalio, con enorme cantidad de funcionarios en el Parlamento, en las embajadas, en los ministerios, en todo organismo estatal que solo sería viable en un país con un número cien veces mayor de habitantes. Y no me refiero a los empleados comunes, sino a todos aquellos funcionarios acomodados en y por el Poder. Y aquel apetito pasa por generar relaciones de “integración” financiera, no cultural o solidaria.
     En fin, lo dicho al principio, me asombra que una institución como la vuestra entregue semejante título a un individuo, que al fin y al cabo representa a muchas personas, y en lo personal me avergüenzo, como el Sr. Mujica, que se da el gusto de decir lo que quiere como quiere, incluyendo el insulto abierto a todo nuestro pueblo, como lo ha hecho en ocasiones varias, catalogándonos de… (no escribo la palabra pues me considero infinitamente más educado que el mencionado).
     Oriana Falacci, en su libro “Entrevista con la Historia”, escribe al final del prólogo a la entrevista realizada a Henry Kissinger: “…Y le entregaron el Premio Nobel de la Paz. Pobre Nobel, Pobre Paz”.
     Pobre Doctorado Honoris Causa, pobres Derechos Humanos, pobre Justicia Social, pobre Integración Latinoamericana, Pobre Democracia.
Gonzalo Rodríguez
Montevideo, Uruguay       

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