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El polvorín

Uruguay: - Cien años de institucionalidad, 3ra parte -

10 Enero 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

Como surgieron las 21 condiciones

 

- Cien años de institucionalidad, 3ra parte -

 

 

FERNANDO MOYANO

 

“… consideramos nuestro deber de internacionalistas llamar la atención de los camaradas más responsables del Partido Comunista de la URSS. Camaradas, en estos nueve años de historia mundial Uds. han sido el elemento organizador y propulsor de las fuerzas revolucionarias …  Pero hoy Uds. están destruyendo vuestra propia obra… les hace perder de vista los aspectos internacionales de las propias cuestiones rusas, olvidar que sus deberes de militantes rusos pueden y deben ser realizados sólo en el marco de los intereses del proletariado internacional”. Antonio Gramsci, Carta al Comité Central del Partido Comunista Soviético, octubre 1926. (1)

 

Nos metimos en el baile de intentar un balance del último siglo de la izquierda uruguaya, aún a riesgo de andar “bailando solos”. De entrada ya vemos que este tema NUNCA puede desprenderse del contexto mundial y continental. En ningún país pero menos aún en Uruguay, siempre balcón abierto. 

 

En la nota anterior (2) nos referimos a las “21 condiciones” para el ingreso a la Internacional Comunista (IC) aprobados por ésta en 1920, y que terminaron siendo el punto de quiebre del Partido Socialista del Uruguay en 1921. Hemos dado nuestra opinión de que esas Condiciones estaban equivocadas, pero más importante aún, totalmente descolgadas en nuestro continente. Trataremos de comprender como ocurrió eso. A los efectos del contexto histórico de las 21 condiciones, citamos el rico material “Hacia un nuevo comienzo” del marxista norteamericano Hal Draper. (3)

 

«… [en] el período de revolución que siguió a la I Guerra Mundial…  la IC propuso la formación de partidos revolucionarios como una “emergencia” de inmediata necesidad. En cada país tuvo que constituirse inmediatamente un partido revolucionario, incluso aunque fuese un forzado producto de invernadero. Así lo exigían las "21 Condiciones"…

 

«La motivación era clara: la revolución mundial estaba en la orden del día para toda Europa… Pero ahora sabemos que resulta completamente imposible forjar partidos revolucionarios genuinos por medio de órdenes que fuercen el proceso (al menos, partidos revolucionarios capaces de vencer)… el enemigo (en primer lugar, la socialdemocracia) fue capaz de derrotar esta revolución europea… [Ese] fue el punto de giro de la historia social moderna, de la que deriva en mundo actual….

 

«El proceso de creación forzada de "partidos" revolucionarios en un invernadero asumiendo una de las "21 Condiciones" (y al margen del contexto objetivo…) fue tomado como algo dado de antemano por una nueva generación de revolucionarios o aspirantes a revolucionario, para los que la historia comenzaba en 1917. El resultado fue una primera ola de sectas "bolcheviques" durante el período inicial del declive de la revolución europea, tratando de imitar a lo que creían habían sido los bolcheviques. 
Para ellos, el ultimátum de las "21 Condiciones" no era una especial medida de emergencia, procedente de REVOLUCIONARIOS SENSATOS EN LA SITUACIÓN POCO COMÚN DE SENTIR EL ALIENTO DE UNA CRISIS REVOLUCIONARIA INMEDIATA SIN QUE EXISTA UN PARTIDO REVOLUCIONARIO. Para ellos, esta medida de emergencia, esta medida desesperada, llegó a ser la regla, el "normal" modo "bolchevique" de actuar... ».

 

Hemos citado en extenso a Draper (los subrayados son nuestros y hemos DESTACADO en particular lo que consideramos clave) porque aquí tenemos una comprensión clara del aspecto subjetivo del problema. Hubo un tiempo en Gramsci en la cárcel, debiendo utilizar eufemismos para burlar la censura de los carceleros fascistas, se refería al marxismo como “la filosofía de la acción”. Hubo un tiempo en que el marxismo merecía ser visto como una filosofía de la acción. Hoy no estamos tan seguros.

 

Los marxistas, o aquellos que deberían llamarse marxistas, piensan en función de intervenir sobre la realidad y CAMBIAR el curso de la Historia. “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, dice la Tesis 11. El análisis de los más destacados marxistas estuvo siempre en función de una propuesta de acción. A su vez, para esa propuesta era necesario un PRONÓSTICO, insertarla en una perspectiva del futuro posible y esperado, pero ese futuro nunca nos era AFECTIVAMENTE NEUTRO, siempre estaba condicionando el análisis LAS GANAS DE QUE ESO PASASE. Generalmente, el pronóstico terminaba resultando equivocado. Por ejemplo, Marx y Engels se equivocaron en su pronóstico de que la revolución burguesa en Alemania abriría el camino de una revolución proletaria inmediata. Y muchos otros casos. Aquí estamos viendo el pronóstico equivocado de los bolcheviques sobre la revolución proletaria europea de los años 20.

 

De modo que eso de “verdad científica incontrovertible” (que referimos en nuestra nota anterior) no tiene mucho asidero. Sin embargo, el análisis del marxismo ha resultado el elemento de mayor riqueza para la comprensión de la Historia. El pronóstico equivocado de LO QUE NO PASÓ es la herramienta más poderosa para comprender LO QUE PASÓ.

 

¿Extraño? ¿Anticientífico? En absoluto. Solo podemos pensar así si desconocemos el curso real de la evolución de la ciencia donde esto es moneda corriente, y para no extendernos demasiado citaremos solamente uno de los casos más famosos. El experimento de Michelson-Morley de 1887 intentó medir el “viento del éter” por medio de buscar diferencias en la velocidad de la luz, y fracasó completamente. Eso terminó siendo la base experimental de la teoría de la relatividad especial de Einstein.

 

El fracaso del experimento bolchevique podría haber sido la base empírica de un gran avance en la teoría de la revolución mundial. NO FUE ASÍ. Explicar por qué no, es crucial para comprender los problemas de la construcción de la teoría política en general, pero por razones de orden postergaremos este aspecto (que no es ningún misterio) para el final de esta serie de notas.

 

Expongamos en forma sucinta el fenómeno histórico. El capitalismo europeo tuvo un rápido crecimiento en el “largo siglo XIX”, esto trajo un desarrollo muy importante de las clases obreras y un recrudecimiento de las contradicciones propias del capitalismo que llevó a una crisis profunda y generalizada y a la Guerra Mundial de 1914-918. El capitalismo había podido contener hasta el momento la rebelión obrera porque los primeros partidos obreros revolucionarios, al tiempo que crecían y se multiplicaban, también evolucionaron hacia el formato socialdemócrata reformista y se transformaron en mecanismos de contención de la rebelión obrera, al mismo tiempo que (ambas cosas tenían que ocurrir una con la otra) instrumentos para el logro de conquistas obreras parciales DENTRO del régimen capitalista aprovechando precisamente ese crecimiento y esas contradicciones. Pero la guerra imperialista trajo la bancarrota de la socialdemocracia al desnudar su carácter burgués, y esto transformó la crisis económica y política en crisis revolucionaria. De allí surgió la Revolución de Octubre y otros intentos revolucionarios.

 

El ascenso revolucionario capturó los mejores elementos de la socialdemocracia europea y los empujó hacia la formación de partidos obreros revolucionarios de nuevo tipo. Uno de estos casos fue el bolchevismo.

 

Pero nosotros no somos hegelianos. No creemos que el desarrollo de la realidad (por ejemplo, el desarrollo de la revolución) responda al desarrollo de la idea (por ejemplo, el “marxismo-leninismo”). Por el contrario, “la teoría es gris pero el árbol de la vida es eternamente verde”. Tenemos que explicar el gran avance teórico bolchevique y también sus errores y limitaciones, a partir de la realidad. Si las clases obreras europeas se volcaron hacia la revolución, fue debido que el camino del progreso como clase DENTRO del régimen capitalista no solo estaba bloqueado en aquella coyuntura sino que estaban en situación de penuria y sufrimiento extremos, y a que por otro lado el período previo les había permitido un gran desarrollo social y político como clase. Necesitaban, querían, pero además PODÍAN proponerse una revolución.

 

Esas son las condiciones históricas que permiten la forja de una nueva vanguardia de la clase. Pero la vanguardia se construye a partir de los elementos políticos preexistentes que en este caso eran la socialdemocracia y algunas otras corrientes revolucionarias (populistas o anarquistas). La potencialidad teórica del marxismo A PESAR de su degradación socialdemócrata, y la inserción en el movimiento obrero, dio a las corrientes internacionalistas e insurreccionales de la socialdemocracia la posibilidad de forjar los partidos obreros de nuevo tipo que eran necesarios. Pero este proceso no es lineal ni tiene ninguna garantía. Los bolcheviques ocuparon rápidamente la cabeza de este nuevo movimiento revolucionario, pero también trasladaron a él sus propios problemas.

 

Los bolcheviques miraban al mundo con la lente europea, y miraban a Europa con la lente rusa (e incluso al principio miraban a Rusia con la lente de Petrogrado y Moscú). El fenómeno revolucionario en curso era demasiado heterogéneo como para poder ser abarcado por la simplificación conceptual bolchevique, que era producto (como suele pasar) por la necesidad de la acción inmediata.

 

Lo que decimos entonces es que la concepción con que se hicieron las “21 condiciones” era una gran simplificación de los problemas de la revolución mundial en ese tiempo.

 

A los efectos de lo que estamos discutiendo, el aspecto que más nos interesa es la simplificación de ver nuestro continente con la lente europea. Pero este tema es lo bastante complejo como para requerir una nota aparte. Queremos terminar ésta con una reflexión de otro orden.

 

 

Draper nos habla de la situación de los revolucionarios que sienten el aliento de una crisis revolucionaria inmediata sin contar con un partido revolucionario. ¿Nos suena a algo?

 

No puedo dejar de pensar en la situación de las corrientes de intención revolucionaria de la izquierda latinoamericana de los 60 y 70.

 

Comprender lo que les pasó a los bolcheviques puede ayudarnos a comprender lo que nos pasó a nosotros. Vernos a nosotros puede ayudarnos a entender a los bolcheviques.

 

¿Qué pasaba en nuestro continente en esa época?

 

La coyuntura de guerra y postguerra que había aflojado los lazos de dependencia y fomentado un cierto desarrollo capitalista periférico, había terminado. El modelo desarrollista colapsa y recrudece la lucha social. La crisis financiera 1967-1973 marca el comienzo del fin para la hegemonía yanqui, y el plan defensivo imperialista comienza la serie de golpes militares en el patio trasero. Junto con ello, las convulsiones internacionales (guerra de Vietnam, Revolución Cultural China, Mayo Francés, etc.), el cisma sino-soviético en el movimiento comunista internacional, y el ejemplo de la revolución cubana. He aquí el aliento de la urgencia revolucionaria que recorrió el continente: Socialismo o fascismo.

 

Frente a ello, los partidos de las viejas izquierdas, socialdemócratas reformistas o post-estalinistas, eran insuficientes.

 

No es de extrañar entonces el impulso generalizado por la formación de partidos o movimientos revolucionarios de necesidad inmediata. Lo diferente en este caso es que no responden a una única receta, sino a varias que compiten entre sí. Lo que tienen en común (siempre en términos relativos) es el paso forzado, la falta de maduración de los proyectos, la confianza excesiva de cada cual en su propia fórmula. La derrota que sufrió la lucha revolucionaria de esos años ACENTUÓ algunas de esas características negativas. En gran medida eso está condicionado por el declive inevitable de la lucha social en las décadas siguientes.

 

 

Esto es apenas un esbozo a brocha gorda para una discusión necesaria de balance de todos estos años. Lo anunciamos así, a brocha gorda, con la intención de ir afinando de a poco. Por hoy, solamente queremos volver por un momento a los bolcheviques.

 

Las “21” fueron aprobadas en el II Congreso de la IC, en 1920. En los Congresos III y IV (1921 y 1922) se plantea un viraje con las tácticas del FRENTE ÚNICO, que incluyen la UNDIAD DE ACCIÓN y UNIDAD DE ACCIÓN POR LA BASE, un intento de corregir parcialmente el error anterior (aunque muchas cosas de estos congresos sean discutibles, y aunque en los congresos V y VI se vuelva a una política sectaria).

 

La discusión sobre esa nueva táctica sigue teniendo el mayor interés para nosotros, y trataremos de verlo en próximas notas. Cierto es que fue una táctica casi no aplicada. La “unidad de acción por la base” consiste en la táctica de los revolucionarios de trabajar en forma unitaria y hacer acuerdos estables con las bases de los partidos reformistas sobre plataformas concretas cuando las necesidades reales de la lucha llegan a ser percibida directamente por esas bases y se impone sobre la línea oficial de las direcciones reformistas. No pretende una dirección común ni un acierdo definitivo. Por cierto que requiere amplitud, flexibilidad y firmeza por parte de los revolucionarios, y tiene poco que ver con el estilo (típico del estalinismo, copiado por otras corrientes) de cubrir de insultos estridentes a los líderes reformistas, marginarse totalmente de todas las actividades de masas “mezcladas”, sabotear cualquier organización común en la base, descartar a priori cualquier medida que venga de filas reformistas, etc. (actidud que viene del rencor de no ser aceptados en la mesa de los reformistas).

 

Hay una interesante paradoja: a veces esta táctica fue usada estando el “partido comunista” del otro lado del mostrador. Tal es el caso, por ejemplo, de la lucha contra la dictadura de Batista en Cuba.

 

El Partido Socialista Popular de Cuba (que es uno de los ejemplos de partido de la IC que no se llamaba “Comunista” pese a la Condición 17, y uno de los partidos pro-soviéticos de más nefasta historia), se oponía a la lucha armada contra la dictadura y había condenado el asalto a Moncada. Pero la militancia de base de ese partido comenzó de a poco a ser arrastrada por la militancia del Movimiento 26 de Julio hacia actividades de resistencia armada y de hecho terminó siendo dirigida por el M26J ya que era esa la única línea de acción posible en las condiciones de sangrienta represión; comprobaron por si mismas que la pretendida “línea de masas” pacifista del PSP era inaplicable. Por último el propio partido se vio forzado a cambiar de línea.

 

 

Los bolcheviques cometieron errores, nosotros también. Sus errores tuvieron consecuencias negativas, los nuestros también; estaban motivados por el deseo imperioso de la revolución, lo mismo nosotros. Estudiar los errores cometidos y sus causas enriquece nuestra comprensión de los problemas de la revolución.

 

Para empezar a ocuparnos de nuestros errores ¿necesitaremos que pasen 90 años?

 

 

(1)   http://www.cddc.vt.edu/marxists/espanol/gramsci/oct1926.htm.

(2)   Los errores bolcheviques. Las 21 condiciones. http://elpolvorin.over-blog.es/article-uruguay-cien-a-os-de-institucionalidad-2da-parte-63890784.html

(3)   http://www.fundanin.org/draper2.htm

 

 

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