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El polvorín

URUGUAY - El infierno de las cárceles para "jóvenes delincuentes" [Carlos Tapia]‏

5 Septiembre 2013 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

mujica

Los internos dicen que se golpea a los reclusos
Un infierno para jóvenes delincuentes


Carlos Tapia
El País, Montevideo, 1-9-2013

http://www.elpais.com.uy/



De cuerpo desgarbado, pelo rapado y sonrisa tímida. Así es Hugo (nombre ficticio). Viste un limpio buzo rojo, vaqueros y championes. Tiene el "sueño de salir adelante" y está a punto de ser papá. Esta es la segunda vez que "cae" en la Colonia Berro.

La primera fue por rapiña y la última por rapiña con extorsión. Mucho para un joven con 18 años recién cumplidos. "Espero que no haya una tercera vez, porque ahora ya soy mayor", señala consciente de que su suerte quizá sea mejor que la que correría si estuviera recluido en un centro para adultos.


Hugo no está en el Hogar Ser, pero lo conoce. "Allá es horrible. Salís una hora al día al patio. Los funcionarios te tratan mal. Y si hacés algo mal te pegan", dice el joven sin titubear, convencido de que no debe cuidar sus palabras porque no piensa volver a estar preso.


"Ahora, gracias al (Hogar) Cerrito, conseguí trabajo", se apresura a contar. A partir de la semana que viene, y aunque todavía le quedan por pagar cinco meses de su pena, empezará a trabajar en la sección de mantenimiento de una embajada sudamericana. "Intentamos reinsertarlos en la sociedad antes de que salgan, para que no vuelvan a caer en lo mismo", explica el subdirector de este hogar, el de menos seguridad de los siete que hay en la Colonia, Juan Barossi.


En el Cerrito no hay esposas ni grilletes, "se intenta no usar fármacos", se duerme en un dormitorio y no en una celda diminuta y, según algunos de los internos, no hay golpizas. Esto deja entrever que para otros hogares de la Colonia esta sí es (o, aseguran nuevos funcionarios, era) la realidad.


En todo el predio están recluidos 296 jóvenes que tienen entre 15 y 22 años. La cifra representa casi la mitad de los presos menores de edad que hay en Uruguay, según señala a El País el director del Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (Sirpa), Ruben Villaverde. En promedio dos menores de edad son arrestados por día. Entre los que están encarcelados el 60% son primarios y el otro 40% reincidentes.
En el Cerrito, que muchas veces es el último al que son trasladados los jóvenes antes de que sean liberados, hay 20 menores presos (todos duermen en la misma habitación, que tiene visibles manchas de humedad, pero fue recientemente pintada por los propios internos de vigorosos amarillos y verdes; las camas cuentan con flacos colchones). La mayoría de los jóvenes que están aquí pasaron a vivir tras las rejas por cometer rapiñas, pero también hay homicidas y violadores.


"Y también violados", advierte Barossi, que asegura que a los jóvenes no se les administran fármacos salvo que lo necesiten. "Tenemos, por ejemplo, un muchacho esquizofrénico. En este caso no tenemos otra que tenerlo bien medicado", explica.


El tema de los fármacos en la Colonia Berro no es algo menor. La Organización Mundial Contra la Tortura ha denunciado que aquí se abusa del uso de medicamentos para dormir y que muchas veces los chicos "parecen zombis". Y no son las únicas críticas que se hacen oír. Desde la Institución Nacional de Derechos Humanos, en tanto, se ha denunciado que los "adolescentes permanecen de 20 a 23 horas por día encerrados" y son maltratados. Dichas acusaciones motivaron investigaciones que están en curso.


El País visitó el hogar Cerrito, el Hornero y el Ser. "Acá (en el Ser) están todos los más conocidos, por ejemplo los de El Correo", dice el director de seguridad de la Colonia, José Luis Pérez, en referencia a los dos menores que el pasado 5 de agosto asaltaron el local ubicado en Benito Blanco y José Martí, pleno corazón del barrio de Pocitos, lo que desencadenó un tiroteo que terminó con la vida de un agente, la de un ladrón mayor de edad que acompañó a los jóvenes y un policía herido. También está allí el menor que mató a un feriante de La Teja el pasado mes de junio.


Entrada al infierno


La puerta de entrada para un joven infractor que cometió un delito grave es, casi siempre, el Hogar Ser. A simple vista distinto a todos los demás. Aquí reinan los muros altos y el alambre de púa. Las celdas son un poco más grandes que la cabina de un ascensor, con ventanitas de 15 por 15 centímetros y dispositivos para pasar los platos de comida sin necesidad de abrir la puerta. Así es incluso el nuevo módulo (para 24 presos), inaugurado hace pocas semanas. Sin embargo, la directora del Ser, Jesica Barrios, jura que las cosas cambiaron allí desde que ella asumió hace dos meses. Y, a simple vista, parece tener todo bajo control.


"¿Querés ver las celdas por dentro? ¿Cuál querés ver? Dale, cualquiera...", le dice Barrios al periodista que elige una al azar sin entender mucho el sentido de la oferta. Ella abre la puerta y sin policías de por medio le dice a los jóvenes: "¿se animan a salir un poquito?". Encogidos de hombros, obedecen sin titubear. Luego entran otra vez a la celda cuando se les ordena.


"Lo que les digo es que yo soy como su madre postiza. Ellos saben que si necesitan algo van a tener que venírmelo a pedir a mí. Establecemos las reglas, entonces no necesito venir con un policía para sacarlos o ponerlos en sus celdas", asegura. Sin embargo, advierte que estar en este módulo es como "un premio", y que otros prisioneros que representan una mayor peligrosidad están en otra parte. "No sé cómo era antes, pero yo te aseguro que hoy por hoy no se pasan todo el día en las celdas. Salen a estudiar todos los días y van a los patios en la mañana y a la tarde. Acá no se pasan 23 hora encerrados", jura.


Mientras Barrios habla los prisioneros callan dentro de sus celdas. Cuatro ojos tristes observan desde cada una de las diminutas ventanas. En la que fue abierta se ve una cucheta, un inodoro, una pileta, una mesa con un televisor 14 pulgadas, ropa tirada y algunas revistas. "Acá está todo controlado, lo que pasa a veces es que hay riñas. Eso es inevitable. Todos tienen historias difíciles y muchos de ellos traen cuentas pendientes desde la calle", dice la directora del Ser.


Barrios sostiene que de los 66 jóvenes que están prisioneros en el Ser solo a 10 se les administra algún tipo de fármaco y que esto se hace por orden de los psiquiatras que trabajan en el centro. Y asegura que aunque no tiene garantías sobre qué es lo que pasaba antes, ahora a los jóvenes no se les pega. "Si pasa algo, como una riña, se hace una reducción normal. Se los separa, se les ponen las esposas y nada más", sostiene.


Pérez, en tanto, justifica el uso de fármacos pues sostiene que esto es parte del tratamiento que se le realiza a los jóvenes que entran con problemas de drogas. "No se les puede sacar todo de golpe", explica.
Fuga.


A más o menos un kilómetro del Ser, dentro del mismo predio de la Colonia Berro, está el Hornero. Se puede decir que este hogar se encuentra en medio de la máxima seguridad que ostenta el Ser y la mínima del Cerrito. Aquí los presos comparten calabozos para tres o cuatro personas. Salen al aire libre pero siempre vigilados de cerca (por cada dos jóvenes que salen siempre hay al menos un funcionario). Y, además de asistir a la escuela o al liceo, hay clases de panadería, carpintería, granja, manualidad y educación física.


"Se trata de mantenerlos distraídos, si no están todo el tiempo pensando en cómo fugarse", advierte la directora del Hornero, Lourdes Gurlikian. En febrero pasado hubo dos fugas en este hogar. En la primera se escaparon tres y la segunda, en la que los presos hirieron a varios funcionarios, lograron irse cinco. Seis de ellos fueron recapturados y algunos hoy están en el hogar Ser. Un episodio similar se dio en el pasado mes de julio en el Hogar Cerrito, cuando cinco jóvenes amenazaron en la noche con armas blancas a varios funcionarios y lograron fugarse. Al poco tiempo fueron recapturados.


"Lo que pasa es que ahora con la nueva ley menos de 12 meses no están. Una rapiña ya son 12 meses de internación, entonces como ven que les falta para salir están todo el tiempo pensando en cómo escaparse", asegura Gurlikian.


Pérez cuenta que siempre les dice a los presos de la Colonia que son "como hijo rico". Y explica: "Tienen cocinera, chofer, si tienen un granito en la cara los llevamos al dermatólogo. Todo siempre con las medidas de seguridad correspondientes. Hay que moverlos con grilletes, porque si alguna vez llega a pasar algo con un gurí de estos a mí, como director de seguridad, es al primero que le van a cortar la cabeza".

Las cifras


296 es la cantidad de presos que hay en la Colonia Berro. El hogar que más reclusos tiene es el Ser. Son 66 y son los más peligrosos.

Dos es la cantidad de menores de edad que son encarcelados por día. La pena mínima por rapiña es de 12 meses de reclusión.

 


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