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El polvorín

Uruguay: EL TRAJE DEL PRESIDENTE. Por Veronika Engler

19 Marzo 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Todos sabemos que no solo los soldados rasos de nuestra patria navegan en la pobreza, la mayoría de nuestra gente lo hace, un buen porcentaje vive en la indigencia, casi todos ellos votaron a José Mujica. Desde que nuestro flamante presidente pronunció su primer discurso, está congraciándose de forma consecuente con los militares. Como presidente de todos no debería siquiera pensar en entregar una lucha que no es ni ha sido de índole personal, nos pertenece a todos. Una lucha de muchos años y mucho dolor, cuyo fin es saber la verdad y obtener justicia, no venganza.

 

Los esfuerzos destinados a atender la pobreza y la indigencia extrema, hasta el momento no han sido suficientes, no se destinaron los fondos ni se utilizaron las “cabezas” necesarias para que la misma disminuyera de forma significativa y real. Lo digo con conocimiento de causa porque es un hecho al que me enfrento todos los días, podría nombrarles un sinfín de casos concretos que conozco a fondo, localizados en el barrio, en el ámbito laboral y en muchas esquinas de Montevideo. Esa realidad es la violencia que impera en nuestra sociedad y la que genera más violencia, debería ser un tema en el que todos estemos comprometidos, pero hay otros temas, también de fundamental importancia que no se pueden ignorar o pasar por alto.

 

La lectura de las transcripciones de los discursos del presidente, conlleva preguntarse que implica la “unidad nacional” en el contexto de la impunidad, no creo que todos estén dispuestos a aceptar que nos cubran con un manto de olvido y mentira para alcanzar dicha unidad. Le guste o no le guste a Mujica, reniegue o no de la historia, él la vivió. Pero no con cuatro o cinco más...con gran parte del pueblo, muchos no están vivos para contarlo, unos sufrieron más, otros menos y algunos salieron ilesos. Queremos que la Justicia tenga las manos libres para indagar y juzgar aunque sabemos de sobra que eso no revive a nuestros muertos, no borra el sufrimiento ni devuelve años perdidos, pero si nos vuelve íntegros. La mentira solo acarrea dolor y genera más mentiras. Cuando ocultamos lo que pasó, estamos mintiendo, y lo que es peor, estamos encubriendo y siendo complices de los crímenes, los perpetuamos y dejamos su esclarecimiento pendiente, como una herencia maldita a los que vendrán, porque si de algo podemos estar seguros es que esta búsqueda no termina aquí.

 

La “teoría de los dos demonios”, tan erróneamente aplicada a este caso, no es válida para justificar el olvido de toda la sociedad. El 48 % de los votantes de nuestro país reclamó justicia, el resto no se manifestó, por desacuerdo, falta de información u otras razones (no había papeleta por el “No”). Ese 48% es, de cualquier manera, un número lo suficientemente significativo como para ser tenido en cuenta. También existen los compatriotas que viven en el exterior y no pudieron llegar hasta nuestro territorio a manifestarse, esos que son uruguayos cuando los necesitamos para mejorar la economía o el prestigio de nuestro país, pero son de palo cuando tienen que opinar y decidir, criollos con voz, pero sin voto. ¿No se pregunta el presidente que sienten las madres y familiares frente a su estrategia de política conciliatoria?. O cuando se busca dejar contentas a las FFAA que obviamente son más poderosas y peligrosas que el pueblo que aún busca la verdad y ya fue pisoteado por ellas.

 

En algo estoy de acuerdo con el señor Mujica, hay gente a la que no le gusta lo que dice, muchos de ellos fueron considerados compañer@s no hace tanto tiempo atrás, era la época en que se pregonaban otros valores y se valoraban otras cualidades. Ojalá haya much@s compañer@s que le recuerden que gran parte de sus votantes bregan por Verdad y Justicia. Muchos somos además conscientes del bochornoso boicot que hubo de parte de algunos sectores del progresismo contra el voto rosado.

 

La historia no es un obstáculo, debe ayudarnos a construir, a no dejar que caigamos en los mismos errores, nos libra de caminar junto a sádicos torturadores y violadores. Crímenes por los cuales, sin cuestionamientos o dudas, se condena a cualquier otro ciudadano que no sea militar. El hecho de que esos crímenes hayan sido cometidos en nombre del Estado torna más terrible el hecho de que se exonere a los culpables de ser juzgados y castigados, debería justamente ser al revés. El mismo Mujica fue apresado, encarcelado y torturado por sus ideas y su actuar, él no tuvo chance de apelar a la justicia porque esos que hoy defiende, no lo permitieron, y lo mismo le sucedió a miles de uruguayos a lo largo y ancho del país.

 

Para que nuestros hijos sean mejores que nosotros, tenemos que entregarles esa verdad, tenemos que enseñarles a buscarla, tenemos que enseñarles que siempre hay un camino de justicia para recorrer. L@s jóvenes lo saben, lo vimos en la multitudinaria marcha que hubo por Verdad y Justicia, lo vimos el domingo en el festejo de los 25 años de la liberación de los últimos presos políticos, donde estaban presentes tres generaciones.

 

No olvidemos además de que Uruguay viola los convenios internacionales que firmó con respecto a los delitos de lesa humanidad. Eso no se nombra en los discursos, eso no importa. No importa tampoco el sufrir de l@s compañer@s, de las familias de quienes lucharon con él, no importa soltar a los asesinos, torturadores y “verdugueadores” de este pueblo, entonces ¿qué podemos esperar? Por mandato de un hombre (por más presidente y ex guerrillero que este sea), no se olvida el dolor, ni sanan las heridas. El dolor no se acaba por decreto ni lealtad política partidaria. No es juez, pero es un presidente que sabe mucho de dolor y de pérdidas, entonces debería dejar manos libres a la justicia, a los jueces, anular la ley caduca y respetar los acuerdos internacionales.

 

Paradójicamente, los ejemplos que nombra del mundo, demuestran que por más que se obligue al silencio, por más que se amordace al pueblo, la búsqueda por la verdad siempre escapa a la censura, es lo que pasó en España, a décadas de la guerra civíl las personas sienten aún esa necesidad. Por suerte la naturaleza humana nos conduce a esa búsqueda, esto también es constatable. Sería como pedir a los Palestinos que permitan que Israel los domine, que dejen de tirar piedras y olviden el genocidio que allí se está cometiendo, que olviden a sus muertos y entregue sus derechos y principios para buscar la “paz”... Con este criterio también debemos olvidar el holocausto, la inquisición y todas las atrocidades cometidas por los hombres en nombre de religión o política. Darle la espalda a los familiares de los desaparecidos, no buscar más niños secuestrados, convertirnos en un pueblo sin historia ni memoria, o inventar una nueva historia que pase mejor a los planes del gobierno.

 

Si Mujica quiere perdonar de forma personal lo que los milicos le hicieron a él, tiene todo el derecho de hacerlo, de forma pública o privada, pero no debería intentar hacerlo por los demás, no debería sentir que posee esa potestad. Si él tiene que demostrar frente a las FFAA que ya no es un peligro y que está dispuesto a ceder principios fundamentales para gobernar, entonces prefiero a los partidos tradicionales, de ellos lo esperábamos, contra eso estábamos acostumbrados a luchar y luchabamos unidos. Lo que pasa hoy es realmente doloroso y bizarro. Uno de los hombres que fue rehén de la dictadura hace causa común con el ejercito, lo apadrina pasando por encima de las víctimas que padecieron su arbitrariedad e inclusive de quienes lo situaron en el sillón presidencial. ¿Será que estamos presenciando el entierro de los principios y valores de la lucha de la izquierda en nuestro país?.

El camino que propone, es el que según él mismo reconoce, ya fue ensayado en este país por los partidos tradicionales, un camino que no le sirvió antes a la izquierda, ¿que pase mágico hemos dado para encontrarnos proclamándolo hoy, cuando antes lo rechazamos con razones más que válidas?, ¿cómo se resuelve esa ecuación?

 

El que discrepa no es necesariamente un enemigo, dice un presidente que cada vez está más cerca de la derecha y es más aplaudido por quienes integran sus filas. Lógicamente esto conlleva a que los discrepantes seamos de izquierda, de esa izquierda que antes defendió, somos también sus protagonistas: expresos, exexiliados, madres, hij@s, nietos, familiares en general, ciudadanos conscientes y solidarios, provenimos de distintas generaciones, pero todos tenemos algo en común; por voluntad propia o ajena, nos tocó ser parte de esa historia regada con sangre hermana que hoy se quiere olvidar.

 

No se puede justificar el actuar de los asesinos. ¿Se acuerdan cuando en la escuela nos enseñaban una historia inventada y nos hacían repetir en época de dictadura que estábamos en democracia?, parece que vamos a seguir disfrazando la historia, contando un cuento de hadas donde “todos vivieron felices comiendo perdices”, verdugos y víctimas en un gran abrazo inventando un país de Hansel y Gretel, todo chocolate y caramelo... En esta nueva historia, Raúl Sendic es un viejo campesino y bonachón, ninguneado y casi olvidado, en esta historia la “nobleza” de unos pocos abre el camino al paraíso sin pasar por el purgatorio. Los que estuvieron en el infierno, que se embromen...no me acuerdo si esa historia fue cierta o me la contaron ellos mismos en otra época, pero hoy tengo la extraña sensación de que me durmieron con muchos cuentos.

 

Que manera tan curiosa de salir del dolor. “Los soldados no deben cargar con ningún fardo”, debemos aumentar sus sueldos y mejorar su calidad de vida. Cualquiera pensaría que es una recompensa (habría que ver si vamos a pagar por su docilidad o por su olvido) Soltamos o aliviamos la ya bastante cómoda cárcel de los que están presos (asesinos probados aunque Azucena Berruti diga lo contrario). A esta velocidad, el próximo paso será revisar si no le quedó a algún expreso de izquierda alguna cuentita por pagar, nunca es tarde para saldarla, a menos que sea uno de los que ya no están entre nosotros (una lista bastante larga).

 

Este gobierno arranco con una fuerza demoledora e inaudita, sin tapujos, mostrando la necesidad y voluntad de compromiso con las FFAA. El discurso inicial del presidente nombra a “nuestros pobres soldados”, los saluda, los levanta, los redime, pero ni una sola mención a l@s compañer@s o al reclamo del pueblo por una Justicia que cada vez se ve más lejana.

 

Si José Mujica sigue por este camino que el mismo describe como dar un paso más que Tabaré, un obvio paso hacia la derecha y el razonamiento “cuasi” fascista que tanto repudiamos. Si dejamos de alucinar con falsas expectativas y de buscar justificaciones a hechos injustificables, la lógica a la que nos puede conducir nuestros valores humanos y nuestra integridad, debería conllevar a que la “soledad de la Presidencia” se intensifique si no hay un cambio. Pero existe otra lógica aún más probada, y es la lógica del poder y de quienes quieren a toda costa estar cerca del mismo. Espero que muchos de los que antes pedían Justicia no “hagan la vista gorda” y se enreden en mil explicaciones de altruismo y perdón. Que no suceda como en el cuento del traje del rey, que para agradar al monarca y no quedar fuera de su círculo, o pasar a ser impopulares, vamos a gritar “viva el rey y su traje”, cuando en realidad el gobernante está paseando su desnudez ante nuestros asombrados ojos.

 

Que pena tener que verlo, que infinito dolor escuchar a uno de los nuestros proclamar este tipo de cosas, que vergüenza siento frente a las madres que están aún más viejitas que los militares que se quiere defender, frente a los hijos que se criaron sin sus progenitores, frente a la memoria de nuestros muertos y frente a todos esos lugares que siguen vacíos y que hoy se quieren ocupar con interrogantes y mentiras, frente a nuestro pueblo. No dejemos que nos roben nuestra historia y nos hagan ver un traje que no existe.

Veronika Engler.
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MURAL POR VERDAD Y JUSTICIA



 

EL DISCURSO DEL PRESIDENTe

 

LA REPUBLICA transcribe textualmente el discurso del Presidente de la República, José Mujica, ante los oficiales del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.

"Presidente Mujica: Soldados de mi patria, y en el término los incluyo a todos. Tengo que asumir, directamente ante ustedes, que reconozco francamente una postergación en lo económico, sobre todo si comparamos la situación del resto de trabajadores del Estado.

Debo asumir también que la mayoría de los soldados rasos de mi patria navegan en la pobreza. Debo de asumir que antes del próximo presupuesto se impone ayudar concretamente, lo que no equivale a reparar. Sé que en gran medida las Fuerzas Armadas -hace tiempo- en los hechos vienen actuando como un aparato de docencia y de formación de mucha gente, que luego termina migrando, buscando un mejor horizonte económico.

Una parte fundamental del presupuesto termina agotado en magros salarios y los medios materiales poco se renuevan, haciendo difícil cualquier operativa mínima de adiestramiento.

Sé que la seguridad del cielo y de las costas está muy comprometida por la falta de medios y por la obsolescencia. Sé que contando con los recursos escasos hay una constante épica por generar recursos tratando de sobrevivir en todo sentido. En fin, no tiene mucho sentido enumerar cosas que todos ustedes conocen. Lo que tiene sentido es vislumbrar por donde salimos.

Pero por hechos sustantivos que el país tuvo que priorizar otros frentes en estos años: atender a la pobreza y sobre todo a la indigencia extrema, atender las obligaciones del endeudamiento. Hay coletazos del 2001 y del 2002 que todavía nos están golpeando.

También hay que reconocer que no puede haber Fuerzas Amadas ricas en un país pobre, porque sería hasta un abuso y nos compete a todos, en primer término al Presidente, priorizar la lucha contra la pobreza y la miseria como el gran objetivo de la nación entera con todas las consecuencias que esto signifique o requiera.

"LA UNIDAD NACIONAL"

Yo no escribo mis discursos, es muy raro que los escriba, en este he resuelto escribir algo para ser conciso y dejar algunas cosas sustantivas definidas. Es demasiado fácil afirmar la generalidad de que hay que luchar contra la pobreza y la miseria. Ya no es tan fácil ver la infinita ramificación en los hechos que se produce cuando nos disponemos a trabajar concretamente. Aquí aparece una infinita ramificación, cuando queremos bajar las ideas a tierra, pero aparecen dos ramas muy gruesas en las que me quiero detener, soldados de mi patria.

Primero, la necesidad de unidad nacional, la necesidad de unidad nacional.

Segundo, la imperiosa necesidad general de aprovechar todos los recursos posibles, agotar todos los recursos posibles, estrujar nuestra inventiva.

La primera exigencia, la unidad nacional, la empezamos a plantear la noche misma del cierre electoral, recuerden soldados. Dijimos "ni vencidos ni vencedores", aunque como cualquier cosa debió haber gente que no le gustó. Todo es opinable.

Pero unidad nacional sólo es posible -hay que definir-, sólo es posible si se practica un inmenso respeto a lo diverso, respeto a lo contradictorio. Porque en toda sociedad hay diferencias de todo tipo que permanentemente nos antagonizan por todas las esquinas: nos llevan a disputas, a luchas de intereses contradictorios, todos válidos. Pero unidad nacional significa que a pesar de eso, hay un algo mayor que es causa común que nos envuelve a todos, algo así como una gigantesca bandera que nos abriga y que nos compromete. Una especie de nosotros "anónimo" que más que actuar como un legado del pasado es una afirmación hacia el porvenir. Es el sueño -en definitiva- de que nuestros hijos sean mejores que nosotros.

"LA MOCHILA DEL PASADO"

Pero esa unidad nacional no sólo tiene los obstáculos que acabo de señalar; tiene además, los obstáculos de la historia. Por eso estoy aquí, me hago cargo de una causa común. No me puedo hacer el distraído.

Estas Fuerzas Armadas -de hoy- no deben cargar con ninguna mochila del pasado ante su pueblo. Pero esto no es cosa de decirlo, hay que cultivarlo, hay que hacerlo evidente a los sentimientos de la gente. Es esto lo más difícil, soldados. Esto no funciona por ordeno y mando. No hay otro camino posible -en mi humilde opinión- más que la lenta persuasión por la vía de los hechos. Hay que no cansarse nunca de servir noblemente a nuestro pueblo, para que éste nos termine haciendo parte afectiva de su yo.

Hoy ese pueblo respeta por distancia, por ajenidad, hasta por temor. La propuesta de camino es que como proceso genere afecto a sus Fuerzas Armadas y esto es lo más difícil de la lucha por la unidad nacional: ser capaces de generar sentimientos, afectividad en su pueblo, por sus Fuerzas Armadas.

Y somos diversos como sociedad. Hay que reconocer como reales, no podemos esconder la cabeza ante la cruda realidad de que existen exigencias que nos desgarran como sociedad.

Desde el año 1985 sentimos gente que -con razón o sin ella- reclama que hay que dar vuelta la página y, al mismo tiempo, gente de nuestro pueblo, tan válida como la otra, que grita por justicia -también con razón o sin ella-. Unos y otros son parte de nuestro pueblo. Yo no juzgo. No soy juez, soy Presidente, constato. No me eligieron para juez.

LOS EJEMPLOS DEL MUNDO

Y esto lo veo en todas las sociedades que se han desgarrado con conflictos duros. Y lo veo por todo el mundo.

Soldados, allí está España, escudriñando huesos a décadas de su guerra civil. He proseado con parte del pueblo chileno, de pueblo, de pueblo común y corriente, con manifiesto odio para con el pueblo y desprecio para con el pueblo boliviano y viceversa. Coletazos de la guerra del Pacifico, hasta hoy.

Podría seguir poniendo ejemplos del mundo, porque al parecer la condición humana es así. No estoy juzgando, repito, estoy constatando.

    Las guerras generan llagas permanentes, que sólo puede suturar la alta política. La alta política, que es, en este terreno, el arte de persuadir, sublimando el dolor en causas comunes que nos identifiquen, construyendo, desde luego, caminos comunes.

El camino que les vengo a proponer, al fin de cuentas, ya lo ensayó este país. ¿Qué fue nuestra historia nacional de conflictos de blancos y colorados? Décadas de tensión y de guerra terminaron cuando tuvieron la inteligencia de construir ciudadanía en común.

¿Qué pasó en Europa con el conflicto eterno de Francia y Alemania? Sólo terminó cuando encontraron el camino común, de una construcción común: la lucha por la unidad de Europa.

¿Qué pasó en Sudáfrica, desgarrada por el racismo? ¿Cuál es el triunfo de Mandela? El haber logrado un camino común de convivencia para blancos y negros.

Sin embargo, estos logros de alta política no han podido aparecer por desgracia en Colombia, no han podido aparecer en Palestina.

"NI RENUNCIA, NI OLVIDOS"

Yo no veo otro camino, soldados, que encontrar causas comunes como nación que nos identifiquen en construcciones comunes, participar en procesos superadores, juntando pasados distintos a los que no se les impone ni renuncia ni olvidos. Respetar lo diferente, pero ser capaces de construir: construir cosas que se terminen priorizando en hechos del porvenir. No vivir con razones del pasado, vivir con razones del porvenir.

Nuestra común causa, soldados, sería la lucha contra la pobreza y la miseria por todo lo que encierra de justicia social, pero por todo lo que propone de unidad nacional. Esto no es posible sin unidad nacional.

La unidad nacional no es un discurso, es un largo proceso de construcción, donde no se le imponen renunciamientos a nadie, porque no funciona por ordeno y mando.

No es, por lo tanto, una orden o un decreto del Señor Presidente. No es un viejo tan iluso que cree que se puede transformar por decreto una profunda realidad. Es una política que lleva tiempo, que lleva años. Es un proceso, que va a estar lleno de obstáculos y muchas, muchas incomprensiones. Ya las tiene. Claro que ya las tiene. Y hay que comprenderlo. Es un precio, es un desgaste. Y hay que pagar.

Soy absolutamente consciente, soldados. En lo personal, navego en la soledad de la Presidencia. En la obligación, en el compromiso del deber de un viejo que no tiene vuelta ni tiene porvenir. No me quiero dejar acorralar por mis sentimientos, porque los preciso a todos para pelear contra la pobreza. A todos, y mi corazón es parte. ¿Cómo no va a ser parte si he sido un viejo combatiente? ¡Sería un cínico si dijera lo contrario! Pero mi conducta debe ser objetiva y tiene que tener el coraje de gritar "patria para todos y con todos". ¡Y con todos!

Inevitablemente me van a pegar tirios y troyanos: lo descuento, porque he tomado la decisión muy profunda, ya muy vieja, de caminar con todos. No quiero que los de hoy se antagonicen por el ayer. Jodida herencia le transmitiría a la esperanza de los que estamos convocando a la vida.

Trato de que salgamos de la trampa del dolor. Por eso no queremos que los soldados de hoy carguen con la historia como un fardo. Si acaso, como una lección, y que los niños que crezcan y palpiten otro tiempo vean otras Fuerzas Armadas.

"APROVECHAR TODOS LOS RECURSOS"

La otra gran rama gruesa es más fácil de entender y de atender, más sencilla. La necesidad de aprovechar todos los recursos posibles para esta lucha contra la pobreza, en el sentido más profundo. Que la verdadera pobreza no es solo una falta de cosas fundamentales. Está la otra: la pobreza del talento, del balero, de la cultura, del conocimiento.

Resulta natural, casi, que se entienda, que en algún momento los convoquemos a tres o cuatro soldados, para tener una carpita que cuiden los tablones y los bloques, cuando tratemos de reparar heridas sociales en algún asentamiento, en el que seguramente viven soldados pobres, también. Es fácil de entender, de cuidar un obraje, es fácil de entender que pidamos algún maquinista para manejar alguna máquina y hacer desagües sanitarios en los barrios tugurizados, es obvio que no precisa mucha explicación, se entiende.

Pero también soy consciente de un mensaje libre, "el buey que trilla tiene que comer algo del trigo que trilla". Es necesario que los soldados que participen se lleven algo en el bolsillo, no todo es deber, también hay obligaciones que significan compromisos.

Esto va a estar muy presente en el plan de solidaridad, donde vamos a tratar de ayudar a mejorar las viviendas que tienen, esas viviendas indignas de gente que está fuera del mercado. Por eso se llama solidaridad. Y vamos a sacar la plata de donde podamos, la primera de mi sueldo. Porque la excusa de que estemos pobres o que tengamos dificultades económicas no equivale a decir que tenemos que quedar sentados de brazos cruzados lamentándonos. Algo siempre se podrá hacer si hay actitud de compromiso.

Habrá que multiplicar la capacidad de enseñar oficios y vaya, vaya que las Fuerzas Armadas tienen experiencia y saben de eso, y tienen capacidad. Cuánto potencial significa los mil cursos prácticos que hay desparramados en las entrañas de las Fuerzas Armadas.

Habrá que generar nuevas empresas, tal vez con soldados que están para irse y saben manejar maquinaria pesada. Tenemos que juntar agua en gran cantidad por el cambio climático, por lo que significan las sequías, las grandes represas multiprediales. Hay otras cosas por delante, la reconstrucción del ferrocarril o la construcción también del ferrocarril.

No quiero detenerme en estos detalles, no tiene sentido. Pero cuidado -quiero aclarar- no venimos a buscar mano de obra esclava, no venimos a desplazar a otros trabajadores, que quede claro. La lucha contra la pobreza significa capitalizar al país como tal.

Tener líneas férreas es un capital para este país porque equivale a bajar los costos del transporte y hay que dar una batalla por eso. Juntar agua es hacer patria, agua dulce, porque ya sabemos lo que está en juego. Esto no es para sacarle el trabajo a alguien, es para generar un capital que se transforme en posibilidades a futuro. Yo sé la formidable experiencia y la capacidad organizativa de las Fuerzas Armadas están construidas para las instancias más exigentes que hay arriba de la tierra, que es la guerra; y la disciplina, el movimiento de conjunto, la capacidad organizativa son A, B, C que recogen una experiencia histórica, milenaria, y sus 'por qué'.

Pero recuerden que les dije que era un camino político, un proceso. Porque lo que nos va a ir cambiando a unos y a otros, y a los pueblos, es la evidencia de los hechos. Para que no vean a las Fuerzas Armadas como una carga, sino vean a las Fuerzas Armadas como una parte gestora de nuestro yo, de nuestro proceso de transformar las ideas y el discurso en sentimientos. Las ideas, hasta que no son sentimientos, no son fuertes.

"SOMOS IRRENUNCIABLEMENTE  CIUDADANOS"

Pero este encuentro, desusado, que intenta representar y a través de todos, en alguna manera, llegar a los dueños de la soledad: los soldados, por todo el país. No viene a torpedear la línea de mando natural que tienen las Fuerzas Armadas. Por el contrario, no viene a otra cosa que a reforzar la integración conjunta.

En el plano del funcionamiento hay jerarquías y mandos, y no puede existir otra variable, por la naturaleza obvia de todo lo que encierran los militares. Y éstas son cosas imposibles de entender para el mundo civil. Pero también, soldados, en el fondo somos ciudadanos. Irrenunciablemente somos ciudadanos.

Y en ese plano en el del ciudadano- existen las ideas y existe la libertad. Allí nadie es más que nadie. Todos ustedes son mis iguales: tienen, por lo tanto, el derecho natural a compartir o discrepar en cualquier caso y en cualquier ubicación tendrán todo mi respeto, porque también soy ciudadano.

En materia de funcionamiento la disciplina republicana nos encuadra a todos: al Presidente y hasta el último soldado recién llegado a las Fuerzas Armadas. Eso no está en discusión, tampoco está en disputa; pero no seríamos profundamente democráticos y tienen el derecho en cualquier parte -si así lo sienten- de opinar y decir lo que les parezca con respecto a lo que he dicho. Esa es la relación del ciudadano al Presidente. Mañana en el funcionamiento '¡cuádrese y póngase firme!'. Es otra historia.

Quería dejar -por eso lo escribí- dos ejes bien claros. La lucha contra la pobreza en el sentido más profundo. Y es un poco simbólico porque de acá me iré a discutir con la Universidad de la República que se va a hacer cargo del interior.

Los pobres del interior que van a tener algún día la oportunidad de mandar a sus hijos a estudiar. Esa es otra batalla por el conocimiento y la cultura. Pero les quiero dejar esa invitación: participar a fondo en esta lucha.

Sé que vamos a tener obstáculos de todas partes, y que como cualquier cosa humana es opinable, pero con buena parte de ustedes colaborando, otra cosa será este desafío.

La unidad nacional no puede darse el lujo de dejar al costa

do del camino de este envite fuerzas y cosas tan valiosas en materia de generar compromiso y energía. Gracias soldados.

 

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