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El polvorín

Uruguay - EL TRIUNFO DEL NO EN EL PLEBISCITO DEL 80 Y DE LA HUELGA DE HAMBRE DE LOS PRESOS DEL CUARTO PISO EN EL PENAL DEL LIBERTAD

1 Diciembre 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

                                                                 30 de noviembre de 2011

36

 

 

 

 

MENSAJE DE LA 36 

 

 

Quienes ingresen en Internet para informarse del Plebiscito del 30 de noviembre de 1980, donde triunfara el “NO” que diera comienzo al fin de la dictadura cívico militar uruguaya podrá encontrar información más o menos parecida a la que a continuación transcribimos. 

De una manera u otra siempre los protagonistas mencionados por los historiadores y relatores de aquellos acontecimientos han de ser siempre los mismos. 

 

Pero en honor a la verdad de aquellos hechos, nos corresponde a nosotros hacernos cargo de rescatar de la verdadera historia el papel que aunque limitado en razón de las condiciones de existencia que

vivían los presos políticos jugaron casi dos centenares de Tupamaros recluidos en el Cuarto Piso del Penal de Libertad. 

De manera que no solamente el Partido Comunista, Wilson Ferreira, su hijo Juan Raúl, el diario El Día, la Revista La Plaza, el Semanario Opinar, el Batllismo, y sectores Nacionalistas del Partido Nacional participaron de la lucha antifascista y del triunfo del “NO” en aquel plebiscito. También la organización, el 26 de Marzo y los Tupamaros aportaron en la medida de sus posibilidades desde el Penal de Libertad su granito de arena. 

Y ese acto de compromiso con la lucha, de valentía y de consciencia tuvo su costo, bien alto. Reprocesamientos y nuevas detenciones, nuevas torturas, decenas de familiares presos por llevar información política al Penal, por hacer denuncias antes los organismo internacionales, secuestros fuera del penal, decenas de nuevos rehenes algunos de ellos desparecidos durante meses. Pero esta lucha permitió que hoy podamos decir con mucho orgullo, que estuvimos presentes también en ese proceso de lucha del pueblo uruguayo, y que hasta ahora jamás la organización ha  faltado a ninguna cita, que históricamente la revolución nos haya convocado, aún estando presos de la dictadura.  

 

El plebiscito de 1980, realizado en Uruguay el 30 de noviembre de 1980, fue propuesto por el gobierno militar, con el objetivo de modificar la Constitución y, de cierta forma, legitimar la dictadura. El proyecto fue rechazado por la población por un 56% de los votos válidos y desencadenó el proceso de apertura democrática. El anteproyecto que el Poder Ejecutivo sometió a la consideración del Consejo de Estado iba encabezado con el título “Principios, bases y condiciones del nuevo texto constitucional”. El mismo, según versiones de prensa, había sido elaborado por la Comisión de Asuntos Políticos de las Fuerzas Armadas (Comaspo). El proyecto de la nueva constitución fue aprobado el 31 de octubre de 1980, lo que habilitó la convocatoria de la ciudadanía para pronunciarse sobre la propuesta del texto constitucional, de cuyo proceso de elaboración estuvieron ausentes los partidos políticos.

Hubo una permanente propaganda en todos los medios de difusión a favor del “SI” a la reforma propuesta, y una imposibilidad casi total de realizar un debate abierto sobre el proyecto, dado que estaban suspendidas las libertades individuales, el derecho de reunión, y existían miles de presos políticos, exiliados y destituidos. En el Partido Colorado, todo el batllismo, sector mayoritario, estaba a favor del “NO”, pero había parte del pachequismo que estaba por el “SI”, incluyendo a su líder Jorge Pacheco Areco, desde su cargo de embajador en Washington. 

También algunos sectores herreristas y los orientados por Alberto Gallinal, apoyaron el proyecto propuesto. 

La izquierda se opuso desde la proscripción, el exilio y la prisión. Más allá del proyecto de Constitución en sí y las posibles interpretaciones sobre sus consecuencias, la ciudadanía interpretó el planteo como un “SÍ” o un “NO” al régimen dictatorial. Si bien no hubo disposiciones oficiales que prohibieran la propaganda a favor del “NO” en los medios de comunicación, ésta prácticamente no existió. La expresión opositora se manifestó tímidamente a través de volantes y pegatinas, el “boca a boca”, la prédica del semanario “Opinar”, recientemente fundado, la revista “La Plaza” (un mensuario de Las Piedras, fundado a fines de 1979), algunos editoriales, con firma, en el diario “El Día”, los comentarios de Germán Araújo en CX 30 La Radio y unos pocos actos en locales cerrados, varios de los cuales terminaron con oradores y/u organizadores presos o proscritos.

El domingo 30 de noviembre se realizó ordenadamente el plebiscito. Los militares estaban convencidos de que ganaban. Siendo así, permitieron que se televisase el recuento de votos. Algunos días antes de la votación, la empresa Gallup había adjudicado un 60% de la intención de voto para el “SI”. Las papeletas por el “SI” estaban impresas en color celeste y las del “NO” en color amarillo. Para sorpresa del mundo entero, el resultado fue un rotundo triunfo del “NO” a la propuesta constitucional que hubiese significado institucionalizar el militarismo y su tutela del sistema político. Por el “SI” hubo un 42,51% de los votos válidos y por el “NO” un

56,83%. Hubo, además, un 0,66% de votos en blanco. Este fue el inicio de las negociaciones entre el gobierno militar y algunos partidos políticos uruguayos para el restablecimiento de la democracia según la Constitución vigente hasta el golpe de estado de 1973; proceso que incluiría las elecciones internas partidarias de 1982, el Pacto del Club Naval y que concluyó con las elecciones de noviembre de 1984. 

 

A fines de noviembre de 1980 se llevó a cabo en el Cuarto Piso del Establecimiento Militar de Reclusión Número 1, Penal de Libertad una huelga de hambre como forma de respaldar y estar presentes desde la cárcel en la lucha que el pueblo uruguayo estaba dando contra la dictadura durante el Plebiscito del 30 de noviembre por el NO. 

Inmediatamente los militares trasladaron a varios presos de ese Piso que ya llevaban entre 8, 9 y 10 años de reclusión para ser interrogados nuevamente en los cuarteles. Este acto de conciencia y valentía de aquellos detenidos, permite hasta el día de hoy destacar que la organización siempre a estado presente en todas las instancias de lucha del pueblo uruguayo, aún en las peores condiciones y sin medir las consecuencias posteriores que la acciones comprometan.

Todas las personas que habían sido sacadas del Penal permanecieron varios meses en calidad de rehenes “desaparecidos”, al cabo del cual posteriormente fueron devueltos al Penal de Libertad con un nuevo proceso penal. 

 

Aquellos reprocesamientos se interpretaron en su momento como una represalia a la actitud de los presos políticos del cuarto piso que como hombres y prisioneros políticos no dejaron de militar a favor de las causas populares aún en aquellas condiciones de encierro. 

 

El 20 de diciembre de 1980 el Diario “La Mañana” publicaba la siguiente nota respecto a los Comunicados de las Fuerzas Conjuntas. 

 

“Nuevos e importantes detalles del intento de reactivar desde el Penal de Libertad a la organización subversiva Tupamaros, que planeaba entre otras acciones, el secuestro y traslado al exterior de personas y la interferencia en transmisiones radiales y televisivas durante la Copa de

Oro, fueron revelados ayer por nuestras autoridades , confirmando de esta forma el anuncio ya realizado por el Comandante de División Ejército II, General Julio César Rapela, en los últimos días del pasado mes de noviembre.

De acuerdo a la información brindada en la pasada jornada, varios cabecillas del grupo complotado se encuentran ya detenidos en el Penal de Libertad y desde allí se valían de un grupo de secuaces que en libertad llevaban a cabo acciones de agitación y propaganda, que en definitiva iban a servir a sus planes. 

Ya las autoridades han podido identificar a los complotados, y han logrado la captura de la mayoría de ellos, habiéndose comprobado, como es habitual que aguardaban contar con el apoyo de Cuba y de otras organizaciones terroristas que han operado en el continente como los Montoneros de Argentina y el MIR de Chile.

En el Penal de Libertad donde se encontraban los cabecillas, había aproximadamente 120 sediciosos encarcelados ya complotados y se ha informado la detención de siete personas más, que se encontraban en libertad. 

El comunicado dado a conocer en la víspera por la Dirección Nacional de Relaciones Públicas es el siguiente: 

 

“Pese a que sus viejos líderes están algunos en prisión y otros prófugos en el exterior y pese a que los hombres que la componían fueron derrotados en el campo puramente militar, la organización subversiva Tupamaros siguió operando silenciosamente hasta haber alcanzado en fecha reciente un relativo grado de reactivación. 

Prueba de este rebrote sedicioso fueron las revelaciones efectuadas a fines del mes pasado por el señor Comandante de la División de Ejército II, cuando se refirió a la creación de un subgrupo denominado “Seispuntismo” o “Puntista”, mucho de cuyos propósitos fueron en aquella oportunidad divulgados. 

 

Hoy a esta altura de las investigaciones, las autoridades han podido conocer la identidad de varios de complotados, han logrado la localización y captura de la mayoría de ellos y se ha tomado conocimiento en profundidad no sólo de los grandes lineamientos de la acción que el extremismo pretendía llevar adelante, sino también de los más minuciosos detalles de toda una vasta planificación tendiente a la

consecución de los fines perseguidos por el terrorismo vernáculo que contaba ya con el decidido apoyo de otras corrientes subversivas que operan a nivel internacional. 

 

Dentro de los planes más inmediatos esbozados por la nueva dirigencia del movimiento sedicioso figuraban entre otras las siguientes acciones en orden cronológico:

 

-Interferencias radiales y televisivas en ocasión de la disputa de los encuentros de fútbol de la “Copa de Oro”, la primera de las cuales se habría de verificar el próximo 1 de enero en ocasión del partido entre las selecciones de Argentina y Alemania.     

 

-Emisiones radiales en frecuencia adecuadas, desde el exterior, con mensajes psicológicos destinados a la audiencia uruguaya. 

 

-Secuestro de personas de lugares que posibilitaran su retención fuera del territorio, en sitios relativamente seguros para demostrar la “vigencia” de la organización y para ejercer presión. 

 

-Secuestro de funcionarios jerárquicos del gobierno nacional y de funcionarios extranjeros para hacer más fuerte la presión y para obtener un necesario poder “negociador” que quizás pudiera utilizarse para el canje de sediciosos en reclusión. 

 

Ya para entonces los nuevos dirigentes contaban con haber logrado la formal organización del movimiento, haberle conferido la estatura de la en la actualidad carece y haber afianzado, además, su necesaria alianza con el Partido Comunista. 

La obtención de estos objetivos y la consumación de aquellas acciones debían conjugarse con la agitación y preparación ideológica de la población carcelaria (se detectó la existencia de de un número oscilante en los 120 sediciosos encarcelados en el penal de Libertad, ya complotados) y con la movilización del núcleo familiar de los reclusos para dotarse de la infraestructura interna aún inexistente. 

 

Conocidos los planes a que se hace mención en las líneas precedentes las autoridades reinvestigaron dentro del propio Penal de Libertad

resultando la identificación de los nuevos cabecillas del movimiento extremista y con el conocimiento de las orientaciones que imprimían a su accionar según se tratara de una u otra categoría de las personas que utilizaban para sus fines, sobre todo en el campo de la agitación y la propaganda previas a las acciones de mayor aliento. 

 

Para empezar a poner en marcha todo el engranaje de la planificación, los cabecillas nombrados, que siempre se preocuparon, no obstante de querer “rescatar” para la organización el viejo liderazgo de los primeros cabecillas del movimiento, se valieron de dos tipos de secuaces; aquellos que ignorantes de la realidad eran más permeables a la creencia de problemas y peligros ficticios, deliberadamente “fabricados”, y aquellos otros que a sabiendas se prestaban para ir creando toda una infraestructura propagandística que en definitiva bien iba a servir a sus planes. 

 

Ambos grupos estaban conformados por personas que se hallaban en libertad pero del primero formaban parte quienes eran dirigidos a formular planteos, inquietudes o “denuncias” ante representaciones extranjeras, agrupaciones religiosas de dentro y fuera del país y asociaciones de “fachada” del marxismo internacional. 

Posteriormente dan los nombres de quienes componían ambos grupos, todas esas personas mencionadas se encontraban en aquel momento bajo detención e indagadas con la anuencia y conocimiento de la Justicia componente. 

Finalmente corresponde consignar que todo lo que se informa la población a través de este comunicado, constituye la parte medular del trabajo de investigación de las autoridades quedando en reserva sólo aquellos aspectos cuya divulgación pudiera hacer peligrar el éxito final de la tarea a que las Fuerzas Conjuntas, por su propia razón de ser, están obligadas.

Esta precisión valdrá en su momento para justificar la emisión de nuevos informes que la población tendrá derecho a conocer.  

 

El Diario “El País” por su parte publicaba el día viernes 24 de noviembre de 1980 un extenso discurso del general Julio César Rapela pronunciado un día antes en la sede del Comando de la División del

Ejercito II, donde denunciaba la maniobra Tupamara desde el penal de Libertad:

 

“LOS TENTÁCULOS ESPARCIDOS”

 

Es pertinente consignar qué ha significado para el “puntismo” y para el comunismo la actuación de varios de sus hombres en la común tarea de hacer y propagar la subversión, actitud que se encuadra dentro del punto seis. Héctor Altesor, conocido y activo miembro del Partido Comunista del Uruguay, e hijo de un viejo y compiscuo afiliado a esa comunidad, formaba parte de la “Brigada Simón Bolívar”, que en su momento invadió el territorio nicaragüense. En las operaciones llevadas a cabo en Centroamérica fue muerto.

En setiembre de este año, refiriéndose al accionar de los comunistas en el mundo, Rodney Arismendi escribía en “Pravda” bajo el título “En la vanguardia de la lucha popular”: “El PCU movilizó las masas en defensa de la España  Republicana. Muchos comunistas uruguayos perecieron en combates contra el franquismo. Los comunistas se encontraban en las primeras filas del movimiento de solidaridad de nuestro pueblo con la Unión Soviética y otros países que lucharon contra la coalición hitleriana.  Apoyaron la lucha de Cuba y Vietnam, los combates de  clase del continente Latinoamericano, en Chile, en Nicaragua, en El Salvador, Guatemala y Bolivia.

En Nicaragua pereció nuestro compañero Héctor Altesor, luchando como voluntario en las filas de los insurgentes. Hoy en día el PCU expresa su solidaridad con el pueblo afgano que está edificando una nueva vida”.

 

Ya se ha expresado que la nueva estrategia a que se afilia la subversión, es la de crear en torno a un problema real o ficticio, un foco de oposición que en su cuidadoso crecimiento pueda llevar al desgaste y debilitamiento de un gobierno  como paso previo a la creación de un clima revolucionario que facilite la invasión del país desde el exterior.

Los “puntistas” recluidos han expresado que cuando empezaron a conocer los primeros puntos del cronograma político en Uruguay,

la subversión vio el flanco por donde poner en práctica su estrategia. Poco a poco fueron alimentando a través de las directivas emitidas desde el Penal y recibidas desde el exterior, las discusiones que empezaban a surgir en el seno de algunos grupos políticos y entonces promovieron la formación, con habilidad  tal que nadie podría decir que había concierto previo, de corrientes de opinión contrarias al cronograma, a las pautas y al proyecto de Constitución.

 

Con el grupo de “Convergencia Democrática” liderado por Juan Raúl Ferreira, hijo del referido Wilson Ferreira Aldunate.  

Intensificaron sus acciones de modo de reunir  en torno a las discrepancias con el texto a plebiscitarse, a figuras que ninguna cercanía pueden ni siquiera mantener con corrientes totalitarias sabiendo que se ignoraba quién estaba detrás de todo. Ahí estaba el problema creado por la subversión internacional y por los Tupamaros “puntistas”. Lo supieron aprovechar logrando aglutinar en torno a un punto de discrepancia, según indica su estrategia, no sólo a sus miembros, sino a quienes disienten sanamente pero ignoran por quienes están manejados. Y ahí debe verse su empeño en que el plebiscito no sea aprobado. De serlo, seguramente, la misma eficiencia que permitió a los organismos de Seguridad conocer y desbaratar el plan que se informa precedentemente, volvería a echar al suelo ese y cualquier otro planteo de parecidas características.

 

“SI” O “NO”, UN PRETEXTO

 

Por otra parte, la subversión es conciente que si triunfa el NO habrán de mantenerse las condiciones de excepción en que ha debido desenvolverse el gobierno y ello le ofrecerá siempre el pretexto marxista de seguir aludiendo a dictaduras, opresiones y fascismo. De triunfar el SI, la subversión también lo sabe, la eficiencia y las armas para descubrir y desbaratar sus planes seguirán al mismo nivel, con la diferencia de que el gobierno de entonces habrá  salido de las condiciones de excepción por las que se debió transitar hasta el presente.

 

Finalmente quienes acepten como reales y valederas las expresiones de mis palabras y se mantengan aferrados al rechazo del proyecto constitucional, cometen un acto de absoluta irresponsabilidad con el pueblo. Quienes no crean en lo hecho y entiendan que no son de recibo  las consideraciones realizadas, evidentemente no están capacitados frente al panorama actual del mundo de dirigir los destinos de una nación libre, soberana y democrática. Las Fuerzas Armadas sólo cumplen con su obligación de velar por la seguridad del Estado  y de mantener informada a la población para que ésta escoja su destino”.

 

Dice entonces el Boletín Informativo de los Familiares de Presos políticos editado en Suecia que a partir del 15 de mayo de 1981, se instaló en el Penal de Libertad un “Tribunal Especial” a cargo de tres militares, quienes interrogaron alrededor de 200 detenidos haciéndoles objeto de todo tipo de amenazas, centralizando todas sus preguntas sobre su actividad política dentro del Penal. 

Los nuevos reprocesamientos permitieron a la Justicia Militar retener en prisión a muchos de los detenidos que ya habían cumplido sus penas. Un centenar de presos políticos fueron acusados de mantener una actividad política y de estar organizados dentro del Penal de Libertad. 

 

El Comité de Familiares de Presos Políticos desde Uruguay envió a diversos organismos en todo el mundo, comunicados denunciando la situación en que vivían sus familiares presos y solicitando ayuda para salvar sus vidas y conseguir su libertad. 

Uno de aquellos comunicados de los familiares de los presos señalaba con mucha preocupación el temor de los familiares por la vida de uno de los detenidos que hasta aquel momento no había sido regresado al Penal de Libertad y cuya situación se agravaba en cuanto el secuestrado no contaba con familiares que pudieran reclamar por el.  

 

Todos los demás presos que habían sido sacados del Penal, habían vuelto a él reprocesados arbitrariamente, después de haber sufrido nuevamente las más crueles torturas que les dejaron serios trastornos en su salud. 

 

En el año 1980 muchos ex presos del Cuarto Piso del Penal de Libertad, se habían exiliado en Europa y habían desarrollado una base política mínima en Europa, fundamentalmente en Suecia, pero también aunque en menor grado en Francia, Dinamarca, España, Bélgica, Suiza e Italia. Lo que permitió desarrollar a un buen nivel la solidaridad Internacional con los presos políticos uruguayos. 

 

Las presiones y denuncias mundiales y especialmente la presencia en Uruguay de abogados internacionales reclamando por la situación de los detenidos reprocesados, y ellos influyeron para hacer posible el retorno de los mismos al Penal de Libertad.

 

El cuartel de Colonia fue uno de los lugares donde mantuvieron secuestrados durante nueve meses a seis de los prisioneros sacados del Penal. Posteriormente esos mismos detenidos fueron incomunicados en el Penal de Libertad. 

Al cuartel de San José fueron trasladados y torturados otros cuatro prisioneros. Oficiales alcoholizados y hasta drogados se jactaban de ser torturadores universales y experimentados y que Hitler era un grano de arena al lado de ellos.  

Los torturados en el Cuartel de San José, denunciaron a los oficiales Dauzó, Fagundez y Rebequia. Los cuatro prisioneros que ya tenían la pena cumplida fueron reprocesados con penas de tres a dieciocho años. 

 

Otro grupo grande de presos fue llevado a Juzgados Militares donde aquellos se negaron a declarar y firmar documentos que les presentaron los militares, quienes les dijeron que igualmente serían reprocesados. 

 

Mientras tanto la vida en el Penal de Libertad para aquellos detenidos se volvía intolerable para un grupo de unos doscientos presos, a los cuales se les acusaba de estar organizados y estar en contacto con el 26 de Marzo en el exterior a través de los familiares que los visitaban en el Penal de Libertad. 

Aquellos doscientos presos estuvieron sometidos hasta el final del régimen militar a un sistema de prisión muy severa, donde se les sancionaba por cualquier cosa, siendo continuamente provocados por la guardia y los oficiales, mientras que a muchos de ellos se les mantenían incomunicados con los demás presos. 

 

Aquella fue la odisea que les tocó vivir a aquellos doscientos presos políticos que tomaron una actitud firme y clara de apoyo a la lucha del pueblo uruguayo contra los planes de institucionalización de la dictadura, realizando una gloriosa huelga de hambre en el momento que el pueblo votaba por el NO. Pretendiendo aterrorizar a los luchadores presos, la Justicia Militar decretaba el reprocesamiento por Asociación Subversiva, Atentado a la Constitución y Desacato, entre otros cargos, todo lo cual sucede después que una vez más hayan sufrido graves torturas en los cuarteles.   

 

Un comunicado emitido por la Dirección Nacional de Relaciones Públicas (DINARP), que reprodujo el diario “El Día de la época de fecha 24 de junio, da cuenta del hecho.

 

“Procesaron a Miembros del Movimiento “Seispuntistas”

 

A través de la DINARP recibimos del Comando General del Ejercito el siguiente comunicado que da cuenta de las remisiones de integrantes del Movimiento “Seispuntistas” 

 

Al promediar el mes de diciembre del año pasado se informó a la población acerca del descubrimiento de los planes de reactivación del MLN Tupamaros, reorganizado bajo el nombre de “Sesipuntismo”, estaba llevando adelante desde el interior del propio Establecimiento Militar de Reclusión Número 1. 

En aquella oportunidad se divulgaron tales planes se dio a conocer la identidad de varios de los complotados y se informó sobre la situación jurídica que cada uno de ellos enfrentaba en esos momentos. 

Se dan los nombres de de seis reclusos reprocesados y de nueve familiares de presos del Cuarto Piso.  

 

La Justicia Militar que entiende en los delitos de lesa Nación cometidos por los agentes de la subversión se ha pronunciado hasta el momento sobre varios casos. Cabe añadir que a la fecha la Justicia Penal Militar dispuso del procesamiento y remisión por los delitos de Asociaciones Subversivas y Desacato a otros 18 componentes del subgrupo

“Seispuntista” en tanto 66 indagados más permanecen a disposición judicial. 

 

El Boletín Informativo del 26 de Marzo editado en Malmo, Suecia del 8 de junio de 1981, material que circulaba antes de la aparición del Semanario Liberación que acaba de cumplir trenita años destacaba en su editorial la siguiente nota. 

 

Según las informaciones más recientes transmitidas por los familiares de presos políticos, el día 8 de junio fueron reprocesados 26 presos políticos que están confinados en el Penal de Libertad. El cargo para este reprocesamiento es: Desacato. 

Los 26 presos políticos se negaron a firmar declaraciones exigidas por un tribunal militar instalado en el mismo Penal de Libertad, donde se amenaza y se tortura a los detenidos, no existiendo ningún tipo de garantía. 

 

Los 26 detenidos tienen un mismo abogado de oficio de apellido Morató, nombrado por los militares frente a las preguntas de los familiares este abogado ha contestado: “Señora no se aflija, su hijo está bien, está vivo. Piense en otros países los matan por esto”. “Dígale a su hijo que se porte bien y no se niegue a firmar la sentencia. Fíjese que cuando vino la Cruz Roja, su hijo presentó denuncias de torturas y malos tratos. Y eso es lo que tienen que pagar”.

 

Todos los que estaban en el Cuartel de Colonia volvieron al Penal, menos uno que continuaba sin saberse donde estaba. 

 

Por aquellos años dos brillantes intelectuales de izquierda uno colombiano y otro nacional, Gabriel García Márquez Premio Novel de Literatura, y el Uruguayo periodista y literato Carlos María Gutiérrez expresaron su pensamiento sobre el triunfo del NO en el plebiscito.  

 

“El cuento de los generales que se creyeron su propio cuento”

 

Gabriel García Márquez

 

Cuando el general Charles de Gaulle perdió su último plebiscito, en 1969, un caricaturista español lo dibujó frente a un general Francisco Franco minúsculo y ladino que le decía, con un tono de abuelo: «Eso te pasa por preguntón». Al día siguiente, el que fuera el hombre providencial de Francia estaba asando castañas en su retiro de Colombey-les-deux-Eglises, donde poco después había de morirse de repente y sólo mientras esperaba las noticias frente a la televisión. 

El periodista Claude Mauriac, que estuvo muy cerca de él, describió las últimas horas de su vida y su poder en un libro magistral, cuya revelación más sorprendente es que el viejo general estaba seguro de perder la consulta popular. En efecto, desde la semana anterior había hecho sacar sus papeles personales de la residencia presidencial y los había mandado en varias cajas a unas oficinas que tenia alquiladas de antemano. 

 

Más aún: algunos de sus allegados piensan ahora que De Gaulle había convocado aquel plebiscito innecesario sólo para darles a los franceses la oportunidad que querían de decirle que ya no más, general, que el tiempo de los gobernados es más lento e insidioso que el del poder, y que era venido el tiempo de irse, general, muchas gracias. Su vecino, el general Francisco Franco, no tuvo la dignidad de preguntarles lo mismo a los españoles, y poco antes de su mala muerte convocó a los periodistas que su propio régimen mantuvo amordazados durante cuarenta años y también a los que su propio régimen pagaba para que lo adularan, y los sorprendió con una declaración fantástica: «No puedo quejarme de la forma en que siempre me ha tratado la Prensa».

 

Por preguntones acaba de ocurrirles lo mismo que a De Gaulle a los militares turbios y sin gloria que gobiernan con mano de hierro a Uruguay. Pero lo que más intriga de este descalabro imprevisto es por qué tenían que preguntar nada en un momento en que parecían dueños de todo su poder, con la Prensa comprada, los partidos políticos prohibidos, la actividad universitaria y sindical suprimida y con media oposición en la cárcel o asesinada por ellos mismos, y nada menos que la quinta parte de la población nacional dispersa por medio mundo. Los analistas, acostumbrados a echarle la culpa de todo al imperialismo, no sólo de lo malo, sino también de lo bueno, piensan que los gorilas

uruguayos tuvieron que ceder a la presión de los organismos internacionales de crédito para mejorar la imagen de su régimen. 

 

Otros, aun más retóricos, dicen que es la resistencia popular silenciosa, que,  tarde o temprano, terminara por socavar la tiranía. No hay menos de veinte especulaciones distintas, y es natural que algunas de ellas sean factores reales. Pero hay una que corre el riesgo de parecer simplista, y que a lo mejor es la más próxima de la verdad: los gorilas uruguayos —al igual que el general Franco y al contrario del general De Gaulle— terminaron por creerse su propio cuento. Es la trampa del poder absoluto. Absortos en su propio perfume, los gorilas uruguayos debieron pensar que la parálisis del terror era la paz, que los editoriales de la Prensa vendida eran la voz del pueblo y, por consiguiente, la Voz de Dios, que las declaraciones públicas que ellos mismos hadan eran la verdad revelada, y que todo eso, reunido y amarrado con un lazo de seda, era de veras la democracia. Lo único que les faltaba entonces, por supuesto, era la consagración popular, y para conseguirla se metieron como mansos conejos en la trampa diabólica del sistema electoral uruguayo. Es una máquina infernal tan complicada que los propios uruguayos no acaban de entenderla muy bien, y es tan rigurosa y fatal que, una vez puesta en marcha —como ocurrió el domingo pasado— no hay manera de detenerla ni de cambiar su rumbo.

 

Sin embargo, lo más importante de esta pifia militar no es que el pueblo haya dicho que no, sino la claridad con que ha revelado la peculiaridad incomparable de la situación uruguaya. En realidad, la represión de la dictadura ha sido feroz y no ha habido una ley humana ni divina que los militares no violaran ni un abuso que no cometieran. Pero en cambio se encuentran dando vueltas, en el circulo vicioso de su propia preocupación legalista. Es decir: ni ellos mismos han podido escapar de una manera de ser del país y de un modo de ser de los uruguayos, que tal vez no se parezcan a los de ningún otro país de América Latina. Aunque sea por un detalle sobrenatural: Uruguay es el único donde los presos tienen que pagar la comida que se comen y el uniforme que se ponen, y hasta el alquiler de la celda.  En realidad, cuando irrumpieron contra el poder civil, en 1973,  los gorilas uruguayos no dieron un golpe simple, como Pinochet o Videla, sino que se enredaron en el formalismo bobo de dejar un presidente de fachada. En 1976, cuando a

éste se le acabó el período formal, buscaron otra fórmula retorcida para que el poder armado pareciera legal durante otros cinco años. Ahora trataban de buscar una nueva legalidad ficticia don este plebiscito providencial que les salió por la culata. Es como si Ia costumbre de la democracia representativa -que es casi un modo de ser natural de la nación uruguaya— se les hubiera convertido en un fantasma que no les permite hacer con las bayonetas otra cosa que sentarse en ellas.

 

“La voluntad de resistir”

 

Carlos María Gutiérrez

 

Después de siete años de terror ejercido por una dictadura sin parangón en la historia del país, el pueblo uruguayo vota masivamente contra una Constitución tramposa que pretendía institucionalizar el poder de los militares. Después de siete años de aculturación y aislamiento informativo, sin saber exactamente qué está pasando, ni menos aún lo que vendrá después de esta osadía, el pueblo uruguayo aprovecha este primer resquicio hacia la libertad aún lejana para propinar a la soberbia de los generales y a la abyección de sus colaboradores civiles la bofetada magnífica del «no». Después de siete años de sufrir destierros, asesinatos, cárcel y proscripción, los partidos políticos uruguayos, de izquierda a derecha, se ponen de acuerdo en la actitud básica: rechazar en bloque la tentativa continuista, levantando todos la consigna del «no».

 

Tomados con los pantalones bajos, la dictadura se confunde, trastabilla y se desdice. El general Julio Rápela había amenazado: «Si la Constitución no se aprobara, este Gobierno continuará funcionando». El general Boscán Hontou amenazó, una semana antes: «Si el plebiscito es desfavorable, puedo asegurar que no habrá elecciones en 1981, ni funcionamiento de los partidos políticos». Pero el presidente títere, Aparicio Méndez, se ve obligado a admitir que «el pueblo ha expresado su voluntad».

La voluntad expresada el domingo por los uruguayos no fue simplemente la de rechazar un texto constitucional que, entregado a publicidad tres semanas antes del comido, nadie pudo conocer en detalle. Esa voluntad ha sido, por encima de todo, la de resistir, siete

años después que las fuerzas armadas, con la complicidad del presidente felón Juan María Bordaberry, ocuparon el país y comenzaron a desmantelarlo. Ni el plebiscito ni su escrutinio fueron organizados, como han hecho creer a los periodistas extranjeros, según normas democráticas ni de acuerdo a la antigua ley electoral. La Corte Electoral, órgano imparcial que regía las elecciones, fue sustituida en su totalidad por paniaguados del Gobierno; las mesas electorales no contaban con delegados de los partidos, sino con funcionarios de la Corte; los mismos partidos estaban suspendidos, vetada la movilización por el «no», apaleados y encarcelados sus propagandistas. Pero, en esas condiciones, que no tienen nada que ver con las antiguas prácticas democráticas de Uruguay, todo el mundo fue a votar contra la dictadura, lo cual era demostrar que todo el mundo sigue resistiendo. Nadie sabe realmente los resultados, en esas condiciones; pero se debe considerarlos abrumadores, cuando estos militares, antes implacablemente decididos a quedarse, han debido conceder una mayoría del 58% a sus opositores.

 

Arbitrariedad

 

La opción popular del domingo no puede ser evaluada en términos jurídicos, porque en el Uruguay de los militares la juridicidad no existe. Jueces y parte en sus crímenes y delitos, autores de sus propios códigos de conducta, nadie espera de ellos que se ciñen a normas previas. Pero esa arbitrariedad, que puede pisotear el Derecho y todas sus jurisprudencias, deberá detenerse ahora, ante el hecho escueto y poderoso de la realidad política; la sociedad uruguaya se ha pronunciado contra toda la estructura de inserción en e! poder del Estado y contra todas las vías para legitimar esa usurpación, que los «constituyentes» de cuartel se apresuraron a meter en el texto a examen, cómo «disposiciones transitorias»; especialmente, la designación de un candidato presidencial único por las fuerzas armadas, el mantenimiento de los actos institucionales, con que suplieron el vacío de la Constitución que abolieron.

El «no» del domingo, según todo da a entender, traza una línea demarcatoria entre pasado y presente, para el proceso político uruguayo: por primera vez, desde que secuestraron al país, los militares han bajado a la calle para ver qué pasaba y se encuentran con una

sociedad que los repudia y, ni siquiera ante la promesa de la apertura política y de una gradualísima concesión de libertades, cae en el alivio del cortoplacismo ni en la (explicable) tentación de respirar algo más a sus anchas.

 

Vendrán ahora los leguleyos que pacen en los establos de la dictadura a retorcer las interpretaciones. Pero en la soledad de sus cuarteles, los generales no tendrán más remedio que examinar las cifras del plebiscito en su significado esencial. Los uruguayos no quieren las monstruosidades jurídicas de la Constitución que pretendieron infligirles el Tribunal de Control Político, como cuarto poder del Estado; el Consejo de Seguridad Nacional, como copartícipe del poder ejecutivo; el nombramiento del poder judicial por el Ejecutivo.

Pero, antes que nada, no quieren más el Gobierno de los usurpadores militares, y siete años después —masacrados, empobrecidos y embretado en un cuadro represivo feroz— dicen que no, con la señal silenciosa del voto.

 

El otro referéndum

 

Otras cosas que no figuraban en la Constitución propuesta, también fueron votadas el domingo, y recibieron voto afirmativo: la amnistía general, el levantamiento del veto a los políticos, el funcionamiento pleno de los partidos, el regreso de ese tercio de la población en el exilio. Los generales deberán también atender las orejas de ese sufragio no pedido ni consentido, pero que se les ha estrellado en la cara.

Por último; no es menos importante —pese a la pequeñez del país— la repercusión que la victoria popular en el plebiscito de Uruguay podrá tener para su entorno del Cono Sur. Después del mamarrachesco plebiscito chileno, ante los plebiscitos argentinos en perspectiva, el  ejemplo uruguayo sienta una nueva probabilidad, en su doble aspecto de unificación de los partidos políticos en cuanto al voto y de reacción cívica.

Nada sería peor, sin embargo, que los uruguayos (y, en especial, sus partidos políticos), pasaran de la satisfacción de esta primera victoria y de la serena apreciación de sus fuerzas, al mero triunfalismo. Acorralados en sus cuarteles, pero aún dueños del poder, los peligrosos generales se lamen las heridas y traman su respuesta.

 

Pues bien amigos y amigas de la radio, hoy 30 de noviembre recordamos un Aniversario más de aquel primer triunfo popular contra la dictadura cívico militar. Hemos reproducido de los diarios de la época y otros materiales publicados por nosotros mismos de aquel entonces, Comité de Familiares de Presos Políticos Uruguayos, Boletines del 26 de Marzo en Suecia, y muy pronto podremos extendernos largamente a través de un documento nuevo que publicaremos donde daremos cuenta de una serie de documentos internos del MLN acerca de la realidad del penal de Libertad y de la situación de los presos.

Cuando se trata de informar sobre la verdad de los hechos de la historia política siempre hace falta si es posible respaldar lo dicho con documentos de la época. Sino es factible quedar presa de las pasiones, los intereses personales, y terminar en el plano anecdótico y superficial como tantas veces se comprueba en muchos de los tantos libros escritos hasta el momento. 

 

Es cierto que los militares de aquella dictadura se acostumbraron a mentir y en los hechos relacionados al plebiscito del “NO”, dentro del penal y que involucran a los Tupamaros “puntistas” del Cuarto Piso, esa característica de falsear la realidad no es ajena a los relatos que ellos tratan de imponer a la opinión pública tendiente a favorecerles en el plebiscito.

Nos referimos a los supuestos planes de secuestros, transmisiones radiales y televisivas durante el “Mundialito” etc. 

 

Pero en cambio lo que si fue verdadero y no exageraron en nada fue en cuanto a:  

 

-La existencia de un grupo organizado, una restauración del funcionamiento interno de los Tupamaros “puntistas” dentro del Penal y que a esa altura ya llevaba años, desde 1972 en adelante. 

 

-Una conexión a través de la visita de los familiares con la reorganización en el exterior del 26 de Marzo “puntista”, y con los presos liberados que se mantenían en el interior haciendo contactos y llevando a cabo acciones de propaganda y agitación.

 

-Los militares de la dictadura estuvieron claros, en cuanto denunciar la huelga de hambre como un hecho político que buscaba la denuncia ante los organismos internacionales de derechos humanos de las condiciones infrahumanas en que se encontraban los presos políticos uruguayos. 

 

-A esa altura de aquel proceso uruguayo, el 26 de Marzo ya contaba en el interior con una buena infraestructura de ex presos, familiares y amigos que constituían una amplia red en todo el país, que facilitaba la obtención de dinero para viajar clandestinamente hacia el exterior y a su vez recibir a las delegaciones internacionales que venían a comprobar la realidad de las duras condiciones en que vivían los detenidos políticos. 

 

-Mientras que en el exterior ya se habían establecido contactos y nexos con muchas organizaciones revolucionarias hermanas, se había viajado a varios países amigos, se conseguía apoyo solidario con la lucha antidictatorial, y se daba comienzo a montar en toda Europa una gran base económica, política y social. 

 

En nada de eso le herraron los militares y pese a que en su discurso exageraron tanto influencia como repercusiones de aquella decisión de llevar a cabo una huelga de hambre en apoyo al plebiscito por el NO, en lo esencial se adelantaron a denunciar el germen de una organización que hasta hoy se ha mantenido fiel a los principios revolucionarios sin transar con ellos, ni llevar a cabo reuniones, acuerdos, y pactos de alguna clase.

 

CON TODO RESPETO AL PUEBLO URUGUAYO QUE LE DIJO NO A LOS DICTADORES. 

 

Y A LA VEZ CON IDENTICO RECONOCIMIENTO PARA AQUELLOS COMPAÑEROS QUE TUVIERON EL VALOR Y LA CONSCIENCIA DE DECIR PRESENTES DESDE LA CARCEL, EN AQUEL MOMENTO DE AUGE DE LA  LUCHA POPULAR.

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