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El polvorín

URUGUAY - El viejo tiene razón

23 Enero 2014 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

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Hoy visité al viejo Juan. Lo encontré sentado como todas las tardes en su banquito casero debajo del alero de su rancho, que es de los pocos que aún conservan el estilo de las antiguas casas de campaña en este pueblo, hoy ya con aires de ciudad. Él es un hombre de experiencia con el que me gusta charlar, y además es de los que le tocó vivir el cambio de siglo.

Cuando empezó este siglo 21, él era un hombre de treinta y pico, y fue de los que se movilizaron cuando apareció aquella minera con el famoso proyecto “Aratirí.” En las paredes de su casa están las fotos y hay que verlo con su estampa bien criolla a lomo del zaino que tenía y con el que no faltaba a marcha que se organizara “en defensa de la tierra”, como era la consigna de aquellos tiempos. Hay una que me gusta en especial porque lo muestra rodeado de un montón de gente, levantando un cartel que dice: “Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende”.

Hoy las cosas han cambiado mucho en este pueblo. Ya no es aquel caserío que estuvo a punto de desaparecer condenado por la minería. La mayoría de sus habitantes son gente joven y hay una “gurisada bárbara” como se decía antes. El pueblo creció, hubo que abrir Escuela y al poco tiempo Liceo. Pensar que no había ni policlínica y hoy tenemos en construcción un Hospital.

Juan se entretiene viendo pasar los grupos de obreros del frigorífico con sus uniformes blancos. Cientos de hombres y mujeres trabajan en esta industria. Lejos quedaron los tiempos cuando el negocio frigorífico había quedado íntegramente en manos de extranjeros que especulaban para pagar lo menos posible al productor y a los obreros, y así se enriquecían con la intermediación vendiendo la carne a precio de oro. Dicen que en aquel tiempo un kilo de pulpa llegó a costar doscientos pesos, que venían a ser unos diez dólares de la época.

Ahora es distinto, con este frigorífico y otros similares que hay por ahí, gestionados por cooperativas de productores y obreros, se rompió el monopolio extranjero y el uruguayo puede comer carne a precios razonables, además de haberse generado muchas plazas de trabajo efectivo. Nada que ver con lo que prometía la minera, que era una zafrita de unos pocos años y después desocupación en medio de un desierto. Porque increíblemente, con la minería, estuvo a punto de quedar todo esto desolado. ¡Qué crimen hubiera sido destruir tanto suelo productivo para regalar el hierro de Valentines a una empresa pirata como aquella, que tenía su sede en un paraíso fiscal!

Vine a consultarlo al viejo Juan sobre el nuevo proyecto de minería nacional que ahora se está estudiando, con nueva tecnología, que no tiene nada que ver con aquella locura que era la explotación a cielo abierto, y plantea un modelo que le permita al país la producción metalúrgica con nuestra propia materia prima, no la simple exportación del hierro que era lo que pretendía hacer la empresa Aratirí.

Juan me contesta con ese aire sabio que suelen darle los viejos a sus respuestas:

“La minería es necesaria, no podemos imaginar un mundo sin minería. Pero eso no significa que se puede hacer minería en cualquier lado y de cualquier manera. Lo que hay que ver es qué se hará con el mineral extraído y qué magnitud tendrá el daño ambiental de la operación. En Uruguay, una minería metalífera a cielo abierto solo extractiva, no sirve, pero con otros procedimientos, a una escala adecuada y para industria nacional, puede ser. Exportar hierro en bruto, es volver a ser una colonia, y eso ¿a qué uruguayo le puede interesar?” se pregunta. Además afirma que “solo sirve una minería que sea compatible con los rubros básicos del país, que son la ganadería, la agricultura y el turismo. Si viene a desplazar esos rubros, no viene a sumar sino a restar. La minería no es una actividad sustentable, porque se hace una sola vez y no hay dos cosechas de mineral en el mismo campo, por eso hay que pensar muy bien lo que se hace.”

Después de cebarme un mate, siguió con su respuesta:

“Por otro lado hay que ver que el mundo necesita cada vez más alimento y nosotros tenemos el privilegio de tener tierra fértil y bien regada como para producir mucho alimento de primera calidad. ¿Vale la pena sacrificar eso para hacer una extracción minera? Yo creo que lo principal de todo es no apurarse, hay que medir bien las consecuencias, y éste es un tema de estado, no lo puede resolver el gobierno de turno, porque es demasiado importante para el futuro del país.”

Me pareció una respuesta sensata. Comprobé que los años no han afectado su capacidad de razonar con la lógica del sentido común.

Mientras lo escuchaba, mate en mano, contemplaba pasar la muchachada que viene de las plantas que en un principio iban a ser galpones para la minera, y se transformaron en el “Frigorífico Valentines”.

Cierto orgullo siente Juan de haber sido uno de los que luchó para que este pueblo no desapareciera. Y yo agradecimiento por la lucha que dieron personas como él.

Al entrar a su casa, quien lo visite puede ver un cuadro grande con el retrato de Artigas acompañado de una de sus frases más recordadas. “No venderé el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad.”

Aníbal Terán Castromán

Valentines, Departamento de Treinta y Tres,

enero 20 de 2045.

(Escrito el 20 de enero de 2014, apelando al siempre útil recurso literario de imaginar una crónica del futuro)

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