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El polvorín

Uruguay: "Estadísticas, jóvenes y rapiñas", por Gabriel Pereyra.

3 Febrero 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

El señor Pereyra no es santo de mi devoción. Sera que no lo entiendo, pero me da la sensación, como otros, que su norte, es estar bien (o mal), con dios y con el diablo. Puedo equivocarme, y no ser objetivo. En estos comentarios previos a la nota, no lo pretendo. Pero si llamar la atención, que pese a todo, en la nota se encuentran cifras y datos de la realidad.

¿Cual y qué es la INSEGURIDAD: la real, que no pasa por los hechos delictivos; o la que nos quieren imponer los medios de comunicación y los partidos tradicionales?


 Jorge Nelson Olivera

 

 

 

Estadísticas, jóvenes y rapiñas

 

Las cifras sobre la seguridad pública dan para más de una lectura, y los políticos suelen utilizarlas para justificar sus propuestas

 

Por Gabriel Pereyra

 

Adolescencia-3.jpgEn la seguridad pública -tema que parece ser el que más interesa a los uruguayos (aunque los ranking internacionales ubican al país entre los más seguros del mundo)- cada quien tiene su papel: el gobierno, la oposición, la Policía, los fiscales, los jueces. Si es que a los medios de comunicación les toca alguna participación, no puede ser otra que la de informar, aportar elementos que permitan a la gente hacerse una opinión y tomar decisiones. Y, queriéndolo o no, seguramente la información policial contribuya a generar la llamada "sensación térmica", cuyas fronteras y carácter nunca es fácil definir.

 

¿Cómo cumplen los medios de comunicación su papel de informar sobre la seguridad pública?

 

No siempre igual, pero hay algunas características que se repiten, seguro que no por mala intención sino por costumbre, desconocimiento, o porque la "sensación térmica" parece ser algo de ida y vuelta, que no está instalada solo en los receptores de este tipo de información,

sino también en los emisores, los periodistas, que son ciudadanos con sus falencias y sus temores a cuestas.

 

El viernes 21, el hijo de un comerciante de Pinamar (el parte policial dijo que tenía 17 años, y muchos se hicieron eco de él, pero resultó tener 19) fue asesinado por un rapiñero, luego de que junto a su padre se trenzaron con el delincuente.

 

Pocas horas después fueron detenidos dos sospechosos de 18 y 19 años.

Si hubieran tenido 16 o 17 se habría informado que dos "menores" habían caído por el crimen, pero como tenían más de 18 entonces hubo medios -entre ellos el portal Observa- que los calificaron de "jóvenes". Menos de 18, "menores", más de 18, "jóvenes", cuando el antónimo de "menor" que debería ser utilizado es "mayor"; pero no fue así.

 

Al final resultó que ninguno de los detenidos fue acusado por el crimen, sino otro hombre, que cayó después, "un joven de 22 años", según informó el diario El País.

 

Si esta será la forma en que se calificará a los delincuentes, la crónica policial deberá generalizar el uso de la palabra joven: el 75% de los presos del Comcar tiene menos de 30 años; el 1% tiene más de 60.

 

Entonces, la característica de mayor de edad de un delincuente, o no suele tener relevancia en las noticias (quizá porque son la abrumadora mayoría de los procesados), o a lo sumo se los tilda de "jóvenes"; pero cuando el delincuente es "menor" esa condición sí destaca en los

títulos de las noticias. ¿Qué cosas puede generar esa práctica de poner el énfasis en los delitos cometidos por menores, que son una absoluta minoría en el total de los delitos? Luego de que el matador de Pinamar fue detenido, y aun después que se supo su edad, El País

recogió opiniones de un familiar del adolescente asesinado, quien, tras exclamar que "esto no puede seguir así", pidió bajar la edad de imputabilidad penal. El asesino tenía 22 años, pero el familiar reclamaba bajar la edad de imputabilidad. En la información acerca de un delito cometido por un hombre, también estaba presente el tema de los menores y la imputabilidad, aunque no tuvieran nada que ver con el hecho.

 

Episodios como este, o como la saga asesina del delincuente apodado El Pelón -saga facilitada por un juez que lo liberó dos veces a pesar de que sabía que se trataba de un asesino (en este caso se conocían bien sus antecedentes pero ¿de qué sirvió?), el tema de la minoridad infractora tomó fuerza en el debate político. Y, como suele ocurrir, se volvió a desatar una danza de cifras. Las cifras oficiales sobre delitos han provocado grandes debates, incluso dentro del gobierno.

Las cifras pueden decir mucho, nada, una cosa, la otra, o todo lo contrario, según se quiera.

 

Cifras.

De los 117 homicidios que se cometieron en Montevideo el año pasado, 12% ocurrieron en el transcurso de rapiñas a transportistas o comerciantes. Es decir que aproximadamente 14 comerciantes o trabajadores del transporte murieron asesinados durante una rapiña en 2010. Es más o menos la misma cantidad de personas que fueron asesinadas por violencia doméstica ese año: 11% del total de homicidios en la capital. Todo indica que los medios (y también algunos políticos, en este caso quizá porque necesitan votos) son más afectos a sorprenderse y reaccionar cuando el homicidio lo comete un extraño que cuando el matador es el padre, la madre, el tío, o el hijo. Porque incluso las estadísticas encierran una realidad peor, y es que entre los cerca de 80 homicidios que no fueron en rapiñas o por violencia doméstica, la mayoría de las víctimas tenía alguna relación, cercanía o conocía a su matador. Por ejemplo, solo 7% de las mujeres asesinadas murieron a manos de un extraño. El 50% de las víctimas fueron asesinadas por su pareja.

 

Pero el debate político de estos días ni siquiera roza la posibilidad de ver cómo se mejoran las normas sobre violencia doméstica. El problema son las rapiñas. A estar por el enfoque del debate político y por el destaque de la información, la gente debería temerle más a un rapiñero que a alguien de su entorno, pero las cifras, si es que las vamos a tener en cuenta, dicen otra cosa, y si les creemos deberíamos reenfocar nuestros miedos.

 

Más cifras. Fuentes del Ministerio del Interior que manejan los números oficiales dijeron que hasta el momento solo tienen cuantificadas las rapiñas con homicidio cometidas a trabajadores de comercios y del transporte (ese 12% ya mencionado), y que las rapiñas

a transeúntes en que la víctima muere son bastante menos comunes (entre otras cosas porque es una modalidad delictiva más espontánea y amateur, en la que la participación de armas de fuego es mucho más baja). "Aunque de momento no tenemos una cuantificación precisa de esta cifra, con base en estudios de años anteriores les puedo decir que, sumadas al 12% anterior, en ningún caso (las rapiñas con homicidios) pueden exceder el 16% del total", dijo un funcionario del gobierno.

 

Entonces, si los homicidios cometidos durante una rapiña fueran el 16% del total de homicidios ocurridos en la capital, eso está dando una cifra cercana a 18 muertos a manos de rapiñeros por año. En Montevideo hubo el año pasado 11.557 rapiñas. Es decir que por cada 642 rapiñas hubo un homicidio. ¿Cuáles son las rapiñas que pueden terminar con un muerto? La abrumadora mayoría de las rapiñas que terminan con muertos ocurren cuando el asaltado se resiste. Ese también es un dato que se destaca poco, quizá porque puede parecer que se está haciendo recaer la responsabilidad en la víctima y no en el rapiñero. Si les creemos a las cifras, las recomendaciones oficiales y la preocupación política deberían estar enfocadas en hacerle entender a la gente que una cosa es llorar por el dinero perdido, y otra cosa hacerlo por la vida que no volverá. Pero se ve que los políticos, o no les creen a las cifras, o las leen según les convenga.

 

Publicado | 31/01/2011

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