Overblog
Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
El polvorín

URUGUAY - La educación del pueblo II parte‏

29 Diciembre 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 28 de diciembre de 2011

 

 36

 

 

MENSAJE DE LA 36

 

 

JOSÉ PEDRO VARELA

“La criminalidad está, pues, en razón inversa no del número de las iglesias, sino del número de las escuelas”

 

 

 

Ayer hacíamos la primer entrega del libro de José Pedro Varela, escrito en 1874, “La Educación del Pueblo”, hoy completamos esta síntesis, con una segunda entrega de un texto que pareciera escrito para nuestro tiempo a pesar de llevar tanto tiempo de existencia.

Debemos reconocer nuestra ignorancia sobre la obra de Varela, del cual nos consta hemos reconocido más su barbada figura que su pensamiento.

 

Ambas cosas pensamiento y obra, nos ayudan hoy día a enfrentar el traicionero objetivo del progresismo uruguayo, del Frente Amplio actual y de sus dirigentes, de destruir la educación nacional, y volver a un pueblo al oscurantismo de la ignorancia y la barbarie.

 

Está al frente de un país un hombre sin principios, quebrado y manipulable por la burguesía y el poder. Un hombre débil y sin embargo de una enorme soberbia, que ha hecho del uso de un lenguaje más que ordinario y ofensivo a la inteligencia humana, su principal arma política de rastrillar votos.

 

Mujica es una vergüenza para el pueblo uruguayo, a pesar de que una gran mayoría admire sus idioteces, las murgas lo ensalcen, los medios de prensa lo destaquen y proyecten, y la elite política trate de imitarle. No nos asombra nada que esto suceda, otro tanto hicieron en su momento con Hitler, Musolini o Benito Nardote, “Chicotazo”. Tarde o temprano esos mismos “mentores” de hoy que lo festejan, lo llevaran al caldazo y no les alcanzarán  epítetos y adjetivos calificativos para desmotarlo.

 

Un Presidente representa a todo un pueblo y a toda una nación, debe ser ejemplo de sus costumbres, tradiciones, de sus virtudes e idiosincrasia. La de los orientales, es la de sus antecesores, el patrimonio de sus héroes, sus conquistas, su cultura, la sabiduría enraizada en sus letras, música, pintura, teatro, arte, arquitectura, y su riqueza levantada con el sudor de sus hijos en el campo y la ciudad.

 

Peor aún lo que hace Mujica, si se piensa que es una pose, una impostura ajena a su verdadero espíritu, de un individuo que sabe tocar el piano, fue estudiante y secretario parlamentario de traje y corbata en épocas de blanco junto a Erro. Con su actitud extremista de lumpen ilustrado, filósofo de la calle, pretende y a veces lo logra engañar al de abajo, y presentar un perfil de debilidad favorable a la burguesía.

 

Es por eso que la misma burguesía nacional aliada al capitalismo del Banco Mundial, apuran el caballo en este momento apropiado y más que favorable a sus intereses de darle el golpe de gracia a la educación del pueblo uruguayo.

“Un mundo feliz”de Aldous Huxley, donde a cada cual se le preparaba y adaptaba a la tarea que deberían cumplir en el futuro. Ahorrar dinero y recursos, invirtiendo apenas lo necesario y suficiente para que los niños aprendan poner su nombre si finalmente van a terminar tarde o temprano recogiendo basura de los contenedores. Este proyecto solamente podría llevarlo a cabo un Presidente como Mujica que ha hecho un culto al empleo del mal hablar, máximo representante de la ignorancia, un individuo que desprecia el conocimiento, la cultura y la educación.     

 

Una vez más aquellos que posiblemente con razón critican nuestras palabras, sobre todo el estilo, y el contenido de estos comentarios que hace la radio, con el objetivo de intentar humildemente contribuir al conocimiento de nuestros amigos, reafirmen una vez más su criterio al tener que escuchar hablar a Varela después de más de un siglo.

Sin embargo Mujica es el anti Varela por excelencia el hombre que va a pasar a la historia, no por su traición a los trabajadores y sectores populares, sino y fundamentalmente por el gran beneficio ocasionado a los sectores de la burguesía nacional y el imperialismo internacional.

Mujicava a pasar a la historia por haber hecho retroceder este país a sus peores épocas de oscurantismo histórico, como el hombre que supo hacer retroceder a la izquierda uruguaya más de cien años.

 

Varelaha de servirnos si es que llega a algunos oídos receptivos de nuestra juventud estudiantil y trabajadora, y al recuerdo siempre optimista de los más veteranos que siguen confiando en el cambio social y la inteligencia humana. 

 

Decía Varela en 1874: LA EDUCACIÓN AUMENTA LA FORTUNA

 

Los mejores educados son siempre los mejores pagos. Bastaría la constatación de esta innegable verdad, para dejar demostrado que la educación aumenta la fortuna del individuo.

En la sociedad moderna, la ley ineludible del trabajo alcanza a todos, de una manera más o menos directa, y, como todo esfuerzo exige una compensación, tendremos que, originariamente, será más rico el hombre que, dedicándose a una industria o arte cualquiera, pueda servirlo mejor, recibiendo por ello mayor retribución.

Parece innegable que, en la realización de un trabajo cualquiera por dos hombres, lo hará mejor y más rápidamente el que sea más educado, es decir, el que tenga menos dificultades que vencer, ya sea por estar familiarizado con aquello que lo ocupe, o ya por conocerlo bien de otro modo.

 

Si esto es exacto tratándose de las meras artes manuales, lo es mil veces más cuando, estudiando la realidad de las sociedades modernas, se observa al hombre como industrial, como labrador, como comerciante, teniendo, en todos los casos, necesidad de educación para vencer las dificultades que a cada paso se le presentan.

Los pasmosos descubrimientos de la industria moderna van suprimiendo, a cada día, el empleo de la fuerza bruta del hombre, reemplazando la fuerza animal por la de las máquinas.

En todos los ramos de la actividad humana se requiere ya, muy generalmente, al ser inteligente, que, al realizar su trabajo, ejercita, no sólo las fuerzas físicas, sino principalmente las cualidades intelectuales que no poseen, ni poseerán nunca, las máquinas inventadas por el hombre.

 

Los tristes efectos de la ignorancia se hacen sentir, cada vez más en la mayor parte de los pueblos europeos: el desarrollo creciente de la industria, exigiendo el empleo de más inteligencias, y escaseando el trabajo; para el obrero ignorante, crea un desequilibrio que sólo la mayor difusión de la enseñanza hará desaparecer. Así los brazos que podemos llamar inteligentes, reciben un salario más elevado, y son mil veces más solicitados, que los brazos ignorantes, y, en consecuencia, la educación aumenta la fortuna del obrero, ya que eleva la retribución da su trabajo.

Esta verdad se hace más palpable y más evidente a medida que el trabajo se complica, es decir, que es más inteligente el esfuerzo que se demanda. Un simple dependiente de comercio, el escribiente de un abogado, el procurador, el empleado, el jefe de la más insignificante fábrica y, naturalmente, todos los que en la escala social ocupan funciones más elevadas, obtienen mucha mayor retribución por un trabajo menor, que el obrero, por inteligente que éste sea. El salario se regula, en rivalidad, por la educación que tiene el que lo recibe, considerada ésta en sus relaciones con el trabajo que realiza.

 

Es por esa razón que la educación es la más valiosa herencia que los padres pueden legar a sus hijos.Los bienes materiales, por cuantiosos que sean; las posiciones sociales por elevadas y seguras que parezcan, son siempre inestables y están expuestas a los azares de la fortuna humana. Los únicos que no se pierden jamás, una vez adquiridos; son los que resultan de la educación.

Los tiempos modernos han presentado de esta verdad ejemplos de una elocuencia tan incontestable como fecunda para los espíritus observadores. El rey Luis Felipe, siendo arrojado del trono de Francia, y yendo a vivir en el extranjero del sueldo que ganaba como maestro, es un alto ejemplo de la inestabilidad de la fortuna humana, y de que la educación es el único bien que no se pierde nunca, y cuyos beneficios podemos utilizar en todas las épocas de la vida, para salvarnos de los más crueles naufragios.

 

¿Qué otra fortuna, qué otros bienes para vencer las dificultades de vida en el extranjero, han llevado consigo la gran mayoría de los primeros hombres de las repúblicas sudamericanas, a quienes las continuas convulsiones políticas arrojaron, proscriptos, lejos del suelo de la patria?

El pauperismo que corroe a las poblaciones europeas, es desconocido en Estados Unidos, donde la mejor repartición de la riqueza pública hace que alcance a todos lo necesario para llenar, al menos, las más apremiantes necesidades de la vida, y si es cierto, que algo, y no poco, influyen en ese resultado las instituciones políticas, él debe atribuirse, principalmente, a la generalización de la educación, a la mayor suma de conocimientos que poseen los norteamericanos, comparados con los pobladores de la Europa.

 

La educación es, pues, fortuna, fortuna que no se pierde, quo no se gasta, que produce siempre:capital atesorado, que reditúa constantemente, y que los padres pueden, y deben, legar siempre a sus hijos.

 

 LA EDUCACIÓN PROLONGA LA VIDA

 

Los poetas y los romancistas se han complacido a menudo en presentarnos con vívidos y alegres colores la vida de los hombres en las épocas de ignorancia de la humanidad; nada es, sin embargo, más contrario a la verdad. A medida que se remonta la corriente de la historia, se encuentra al hombre, viviendo con más dificultad, soportando mayores privaciones y más grandes dolores, perseguido por el hambre, por la miseria, por la barbarie en todas sus manifestaciones. No ya en las épocas primitivas del mundo, sino aun en la Edad Media, que tanto se ha ensalzado por algunos escritores novelescos, ¿cuál era la vida de los hombres y de las sociedades humanas en los países entonces más adelantados de la Tierra? Impotentes para vencer, con la ignorancia, los obstáculos que la Naturaleza levanta a cada paso, enemigos unos de otros, en guerra constante, los hombres vivían en un temor y una lucha sin tregua ni descanso; unos pocos, los que se llamaban Señores Feudales, manteniéndose del trabajo de sus Siervos, encerrados dentro los muros de sus castillos, sin más placeres ni más alegrías que las agitaciones de la guerra; otros, los Siervos, la grande, la inmensa mayoría de las poblaciones, viviendo en peores condiciones físicas que las de que gozan hoy, en los centros civilizados, los animales domésticos, y hallándose poco más arriba que éstos en las manifestaciones embrutecidas de su ser moral.

 

En épocas más recientes, no era más feliz el estado de los hombres, aun de los grandes centros de población, resultando de esas deplorables condiciones de la existencia, que el término medio de la vida del hombre fuese mucho más corto que en la época presente, como ha podido constatarlo la estadística. Pestes y enfermedades sin cuento, causadas por la falta de cumplimiento de los más elementales preceptos de la higiene, devoraban materialmente las poblaciones.

 

“Algunas horrorosas enfermedades han sido extirpadas por la ciencia, otras han sido proscriptas por la  Policía, dice Macaulay.  El término medio de la vida humana se ha alargado en todo el reino y especialmente en las ciudades. El año 1685 no se hizo notar especialmente por sus enfermedades; sin embargo en 1685 murió más de uno en cada treinta y tres de los habitantes de la capital. Hoy sólo muere anualmente uno en cuarenta de los habitantes de la capital. La diferencia de la salubridad entre el Londres del Siglo XIX y el Londres del Siglo XVII es mucho mayor que la diferencia entre Londres en una época ordinaria y Londres con el cólera”.

 

Observaciones semejantes e iguales resultados a los que hace notar el célebre historiador inglés han podido hacerse con respecto a los demás pueblos de la Europa, evidenciándose, así, que las mejores condiciones de existencia, que resultan de la mayor difusión de conocimientos entre los hombres, prolongan notablemente el término medio de la vida humana, y, como consecuencia natural, la vida del individuo.

Y si esto sucede con respecto a la vida corpórea, al tiempo que nuestro cuerpo permanece animado sobre la tierra, ¿cuánto más no se alarga la vida humana, con los beneficios de la educación, si la consideramos en relación del tiempo que el hombre necesita emplear para llenar las necesidades de la vida diaria?

 

Herederos del caudal atesorado del saber humano, disponiendo de los adelantos y los descubrimientos realizados por todas las generaciones que sucesivamente han ido viviendo sobre la Tierra, apropiándonos, por medio de la educación, lo que es el resultado de esfuerzos sucesivos, de trabajos constantes, los viejos, en el sentido de los que tienen mayor caudal de conocimientos y de experiencia, no son nuestros padres, somos nosotros: los hombres educados, que viven en una hora más que los ignorantes en un día o en un mes, que con los conocimientos adquiridos, con el auxilio de la educación realizan en las evoluciones de todos los días, esfuerzos y trabajos que el hombre ignorante podría realizar apenas en toda se vida. Para dar una forma material y vulgar a esta verdad, basta observar, por ejemplo, lo que sucede con la costura de una mujer: el trabajo que una mujer realiza cosiendo todo un día a mano, lo hace tal vez otra en una hora con máquina, utilizando los conocimientos que han sido necesarios para su invención, y la educación que se necesita para manejarla.

 

Aplicada a cualquiera de las esferas de la actividad humana, esta observación conservará siempre su exactitud: haciendo servir los conocimientos atesorados por el saber humano, la educación demanda menos esfuerzos para la realización, de un trabajo cualquiera, exige menos tiempo y, en consecuencia, si no prolonga materialmente la existencia, hace que puedan realizarse en ella mayores, más proficuos y más perfectos trabajos. La educación, pues, alarga la vida, en cuanto a que nos hace vivir más tiempo, salvándonos de las causas de muerte que entraña la ignorancia, y en cuanto a que exigiéndonos menos tiempo para la realización de nuestras necesidades primordiales, nos habilita para satisfacer cumplidamente otros deseos, otras aspiraciones,  más elevadas y más fecundas, que incuba y fortifica en el espíritu del hombre, el alimento nutritivo de la educación.

 

LA EDUCACIÓN AUMENTALA FELICIDAD 

 

Si son ciertas las ideas que hemos expuesto en las consideraciones anteriores, si la educación destruye los males de la ignorancia, si aumenta la fortuna y alarga la vida, claro es que la educación dilata y vigoriza la felicidad del individuo, por una parte destruyendo radicalmente, muchas de las causas de infelicidad del hombre, abriendo, por otra, nuevos y más vastos horizontes al espíritu, haciendo correr copiosas fuentes, que permanecen ocultas para la ignorancia. Como prueba de esta verdad, observemos cuáles son la vida y los placeres del hombre ignorante, y cuáles los del que ha fortalecido y enriquecido su inteligencia con los caudales de la educación.

 

En la ignorancia, dice un distinguido escritor a quien citamos con gusto porque sus opiniones de armonizan exactamente con las nuestras, el hombre crece hasta la virilidad como un vegetal, o como uno de los animales inferiores. Ejercita sus poderes físicos porque ese ejercicio es necesario para su subsistencia. Si fuera de otro modo, lo veríamos a menudo acostado al Sol, con la mirada tan estúpida como la del buey, indiferente para todo lo que no fuese la satisfacción de sus apetitos. Ha aprendido tal vez el arte de leer, pero no lo ha aplicado nunca a la adquisición de conocimientos. Sus miras se detienen en los objetos que inmediatamente lo rodean y en las necesidades diarias que lo ocupan.

 

Su conocimiento de la sociedad se circunscribe a los límites de la vecindad, y sus miras, con respecto al mundo, tienen por límite el pueblo en que vive o las verdes colinas que limitan su horizonte. Del aspecto del globo en otros países, de las varias razas y tribus que lo pueblan, de los mares y los ríos, de los continentes y las islas, que varían el panorama de la Tierra, de los diferentes órdenes de seres animados que pueblan el océano, la atmósfera y el suelo, de las revoluciones de las naciones, y de los acontecimientos que llenan la historia del mundo, tiene apenas tanto conocimiento como los animales que vagan en el bosque.

 

Respecto a las ilimitadas regiones que se extienden tras del firmamento y a los cuerpos que ruedan allí en magnífica grandeza, tiene las más confusas y absurdas ideas: en verdad, rara vez se preocupa de hacer averiguaciones a ese respecto. El averiguar si las estrellas son pequeñas o grandes, si están cerca o lejos de nosotros, y si se mueven o están quietas, es para él cuestión de trivial importancia.

 

Si el Sol le da luz de día y la Luna de noche, si las nubes dejan caer sus acuáticos tesoros sobre el campo en que vive, está contento; eso le basta. No tiene idea del modo cómo la inteligencia puede ser iluminada y desarrollada por la educación; no comprende las especulaciones intelectuales, ni concibe los placeres que causan: generalmente desdeña el saber y a menudo lo combate. Sólo aspira a aumentar su fortuna material y a satisfacer sus apetitos sensuales. Los progresos realizados por la industria, los descubrimientos de la ciencia, los adelantos de los demás hombres, lo encuentran rebelde, dispuesto a rechazar todo lo que importe una innovación, sea política, religiosa, social o industrial, y a defender “lo que se ha hecho siempre”, aunque sea, como sucede con la mayor parte de los agricultores de nuestra campaña perder la cosecha cuando cae una lluvia, por no haber tenido la previsión de construir un galpón donde encerrar el trigo antes de separarlo de la paja.

 

Si dependiera de él, el mundo moral permanecería siempre, como el mundo físico en los primeros días de la creación, y los hombres vivirían agregando uno más a los seres irracionales que pueblan la Tierra. Es evidente que un individuo semejante, y el mundo contiene millares y millones de hombres así, no eleva jamás su mente hasta la altura tranquila donde halla el hombre ilustrado sus más puras e inefables alegrías. Presa de las preocupaciones más absurdas, del temor a los espectros, a los maleficios, a los seres sobrenaturales; encerrado en un círculo estrecho, ahogado por la atmósfera asfixiante del más degradante materialismo, el hombre ignorante cruza la vida como una sombra, sin dejar una huella de su pasaje por el mundo, y sin que una sola alegría verdadera lo compense de sus temores, de su trabajo y de su miseria.

 

Por el contrario, el hombre ilustrado, cuya mente se halla iluminada por la luz de la ciencia, tiene visiones, y sentimientos, y placeres, a que es completamente extraña la ignorancia. Con las numerosas y multiformes ideas que ha adquirido, penetra en un nuevo mundo, rico en escenas, objetos y movimientos que el hombre ignorante no concibe siquiera. Él puede trazar la corriente del tiempo desde su principio, y deteniéndose al seguir su curso, observar los más memorables acontecimientos que se han producido, desde las edades primitivas hasta el día de hoy: la grandeza y decadencia de los imperios, las revoluciones de las naciones, las luchas de los hombres entre sí y de la humanidad con la naturaleza, los sucesos que han seguido su marcha, regular para la mirada del pensador ilustrado, aunque inexplicable para la ignorancia, los progresos de la civilización de las artes y de las ciencias, las revoluciones y los cambios que se han producido en la naturaleza física del globo terráqueo, y, en una palabra, la peregrinación del hombre, como ser inteligente, que observa y atesora sus observaciones, para transmitirlas a las generaciones que le suceden, formando con ellas el caudal inagotado e inagotable de la sabiduría humana. La mirada mental del hombre ilustrado puede recorrer el mundo en todos sus varios aspectos: contemplar los continentes, las islas y los océanos que rodean su exterior; los ríos que bordan la Tierra con largas cintas de plata; las cadenas de montañas que diversifican su superficie; la naturaleza exuberante de los trópicos y la naturaleza helada de los polos.

 

Al amor apacible de la lumbre, en las frías noches de invierno, respirando el aire vivificante del hogar tranquilo, el hombre ilustrado puede recorrer con la mente las razas y los pueblos que se esparcen sobre la superficie de la Tierra, observar sus usos, sus costumbres, su religión, sus leyes, su comercio, los progresos de su industria, su arte, sus ciencias, las ciudades en que se aglomeran, las campañas que cultivan  respirando en ellas el perfume fie las flores, acogiéndose a la grata sombra de los árboles, oyendo el murmullo de las fuentes, viendo los animales que pacen la yerba, los reptiles que entre ella, se deslizan o las aves que vuelan en el espacio y se posan sobre las ramas de los árboles; y, levantando su vista de la tierra a los cielos, el hombre ilustrado puede recorrer con su espíritu el firmamento, con sus millares de luminosas estrellas, con sus flamígeros cometas, con sus planetas, con sus constelaciones, con su sol, con todas sus maravillas: y, descendiendo del cielo a su propio ser, el hombre ilustrado puede recorrer en sí mismo la clave de sentimientos delicados,  desconocidos del hombre sin educación,  oyendo la música inefable de la conciencia, satisfecha de amar y obrar el bien.

 

Y ¿cuáles de los groseros y torpes placeres de los ignorantes, pueden compararse con las puras e intensas alegrías de los hombres cultos e ilustrados? Ora se entreguen a las especulaciones del espíritu, ora, se abandonen a las expansiones del alma, u ora dejen manifestarse libremente los sentimientos, hay siempre en las alegrías y en los placeres del hombre ilustrado el armónico consorcio de la naturaleza y del arte, de la imaginación y de la razón, del ser humano y del saber. ¡Fuentes de la sabiduría, vosotras sois también las fuentes de la verdadera felicidad!

 

LA EDUCACIÓN DISMINUYELOS CRÍMENES Y LOS VICIOS

 

Si es cierto que la educación produce importantes ventajas y beneficios al individuo, no es menos cierto también que tan grandes beneficios y tantas ventajas reporta de ella la sociedad. A medida que la educación se difunde, mejoran las condiciones generales de la sociedad, se aminoran los crímenes y los vicios y aumenta la prosperidad, la fortuna y el poder de las naciones.

 

Que la educación disminuye los crímenes y el vicio, se prueba de una manera evidente por el testimonio armónico de la razón y de los hechos. Las pasiones del hombre educado son siempre mejor dirigidas que las del ignorante; aquél tiene una conciencia clara del bien y del mal, que a éste le falta, y en todos los actos de la vida, el hombre educado encuentra siempre en su misma ilustración, una barrera para el desborde de sus malas pasiones que, en vano, ha pretendido buscarse para el ignorante en el temor de castigos ulteriores, y en la amenaza de terribles venganzas divinas. Por más poderosas que sean las consideraciones teóricas que puedan aducirse en favor de la influencia de la educación sobre la criminalidad, parécenos que es en las elocuentes revelaciones de la estadística donde debe buscarse la mejor constatación de la verdad que encierra el aforismo que estamos desarrollando.

 

“Según informes remitidos al Parlamento Británico, dice Mr. Mayhew,  los autores de crímenes, en un término medio de nueve años, están en la proporción siguiente con la población: en Manchester, la ciudad más ignorante de la nación, 1 en 140; en Londres, 1 en 800; en toda Irlanda, 1 en 1,600; y en Escocia, célebre por lo difundida que está en ella la educación, 1 en 20,000”.

 

“El reverendo doctor Forde, capellán durante muchos años de la prisión de Newgate, en Londres, presenta la ignorancia como la primera gran causa, y la ociosidad como la segunda, de todos los crímenes cometidos por los moradores de la célebre prisión. Sir Ricardo Phillips, Sheriff de Londres, dice que en el memorial dirigido a los Sheriff por 152 criminales de la misma cárcel, sólo 25 firmaban con buena escritura, 26 con una letra ilegible, y 101, dos terceras partes del número total, firmaban con una cruz por no saber escribir. Pocos de los presos sabían leer con facilidad: más de la mitad no sabían leer absolutamente”.

 

“El reverendo Mr. Clay, capellán de la Casa de Corrección en Lancashire, observa que de 1,129 personas que allí había, 554 no sabían leer absolutamente, 222 leían apenas, 38 leían bien, y sólo 8, 1 en 141, podían leer y escribir bien”.

“En las prisiones de estado de Nueva York, examinadas hace algunos años, más de las tres cuartas partes de los convictos no habían recibido educación alguna, o la habían recibido muy imperfecta. En la Penitenciaría de Sing Sing, de 842 no sabían leer ni escribir 289, y sólo 42, menos de 1 en 20, habían recibido la educación completa de las escuelas comunes. La Penitenciaría de Auburn presenta los mismos resultados. De 228 presos, sólo 59 sabían leer, escribir y contar, y 60 eran completamente ignorantes”.

 

Sirviendo para confirmar estas observaciones estadísticas que remontan a algunos años atrás, véase los resultados que constata Mr. Eaton, en el Informe de 1870, 71, presentado al Congreso de Estados Unidos:

 

“En 1866 17,000 individuos se hallaban detenidos en las prisiones de la Unión. En los Estados de la Nueva Inglaterra 80 % de los crímenes son cometidos por individuos sin, o casi sin educación. De 3 a 7% de la población de los Estados Unidos ha cometido 30% de todos los crímenes y menos de un quinto del uno por ciento, es cometido por personas realmente instruidas. De 80 a 50%  de todos los criminales, no han aprendido jamás ningún trabajo un poco elevado. En la Nueva Inglaterra 75%  de todos los crímenes son cometidos por extranjeros y así el 20% de la población da el 75% de los criminales; pero los inmigrantes instruidos no vienen a poblar las prisiones. De 80 a 90%  de los criminales han sido conducidos al crimen por la intemperancia. Casi todos los niños detenidos por delitos pertenecen a familias ignorantes”.

 

“De los 2,047 homicidios cometidos en 1870, 437 han sido en la región del Norte, con 23:541,977 habitantes o 1 por cada 57,300 habitantes; 269 en la del Pacífico con 1.004,691 habitantes o 1 por 3,730 habitantes; y 1,361 en la del Sud con 14:009-315 habitantes, o 1 por cada 10,300 habitantes. Así el homicidio y la ignorancia marchan juntos”.

 

“La criminalidad está, pues, en razón inversa no del número de las iglesias, sino del número de las escuelas”.

 

El mismo resultado constata el señor don Fernando Garrido en “La España Contemporánea”:

 

En Suecia, donde desde hace algunos años se ha producido un gran movimiento en favor de la educación, se constatan resultados semejantes.

“Lo que hay de más importante, dice Mr. Laveleye, es que el número de los crímenes y delitos ha disminuido en los últimos veinte años a pesar del crecimiento de la población. Es una prueba admirable de la influencia saludable que la escuela popular ejerce sobre los sentimientos de deber, de obediencia a la ley y de moralidad. Los informes del Ministro de Justicia de los años 1845 y 1864 constatan los resultados siguientes. En 1845, cuando la población se elevaba sólo a 3:316,536 habitantes, la pena de prisión fue aplicada a 15,483 personas o 1 sobre 214. En 1864, cuando la población había alcanzado a la cifra de 4:114,141 almas, esa pena no alcanzó más que a 11,998 personas, en consecuencia 1 en cada 342, comprendidas en éstas, no sólo las que fueron detenidas por muy ligeras contravenciones contra las disposiciones policiales, que son castigadas actualmente con más severidad que antes, sino también, las 298 personas presas en ese año por deudas”.

 

“Por lo que respecta al número de condenados durante los dos años que se comparan, la proporción no es menos satisfactoria”.

 

“En 1845 hubo 1,732 condenaciones por violación de las leyes de la moral: en 1864 no hubo más qué 938. Entre éstas el número de los adulterios había disminuido de 149 a 67, el de los comercios ilegítimos de 1,565 a 881, la mitad poco más o menos”.

 

“En 1845 se aprisionaron 12,661 personas por delitos cometidos en detrimento de los particulares, y en 1864 sólo 3,874. El número de los envenenamientos y asesinatos era de 3 a 5 como en 1845, pero en 1864 el de muertes con premeditación había disminuido de 72 a 5, el de los homicidios de 79 a 19. El número de los infanticidios había aumentado desgraciadamente de 56 a 72. El de los malos tratamientos en general había disminuido de 5,37ü a 2,828, y el de los individuos detenidos por injurias, de 1,580, a 650”.

 

“El número de personas detenidas por ataques a la propiedad se elevó en 1845, a 4,913, mientras que no subió en 1864 sino a 3,316. En este número las condenaciones por muerte y brigandaje habían disminuido de 20 a 7 y las de robo con efracción de 2.520 a 1,371”

“Las condenaciones por crímenes y contravenciones de la ley, de toda especie, daban en 1845 un total de 31,711, en todo el reino, y en 1864 ese número no se elevó sino a 21,599. En consecuencia hubo una disminución de poco más o menos un 33%, al mismo tiempo que la población se había aumentado cerca de un 25%. En el primer año fue condenado 1 en cada 104 habitantes, y en el segundo 1 en cada 190”.

 

Aun cuando se refiere a época no muy reciente, parécenos ventajoso reproducir la siguiente comparación que establece Mayhew en la obra que hemos citado ya varías veces: “En Inglaterra y el país de Gales, dice, el número total de convictos de muerte en 1826 fue de 13, y el de heridas con intención de matar de 14: mientras que en España el número de convictos en el mismo año fue, por muerte 1,233, y por heridas con intención de matar 1,773, o más de cien veces más que en el primer país”.

 

“El interesante informe de Mr. Duruy sobre la instrucción primaria en Francia da a ese respecto cifras concluyentes. Así, el número total de los acusados por crímenes, de edad de menos de 21 años, que había disminuido solamente de 235 en el período decenal de 1828, 1836, al período decenal de 1838-1847, decreció de 4,152, es decir casi diez y ocho veces más, en el período 1838, 1847, al período 1853, 1862. En 1847 se contaban 115 jóvenes de menos de 16 años conducidos ante la justicia; en 1862 no hubo más que 44. En Alemania, en Prusia, en Inglaterra, a medida que la educación se mejora y se difunde, el número de los crímenes disminuye. En las prisiones de Vaud, de Neufchátel, de Zurich, hay uno o dos detenidos: a menudo están vacías. En el país de Badén, en el que desde treinta años se ha hecho mucho por la instrucción pública, de 1854 a 1861 el número de los presos ha bajado de 1,426 a 691: así, se suprimen algunas prisiones. La Baviera, tristemente célebre por el número de sus nacimientos ilegítimos, ve al fin disminuir la humillante cifra”.

 

Así el hecho es constante y los resultados son siempre los mismos: la mayor difusión de la educación en el pueblo produce la disminución de los crímenes y los vicios. Mejorando sus condiciones materiales y morales, la sociedad, como el individuo, a medida que se educa, ve disminuir, progresiva y relativamente, el crimen, los vicios, la violación de la ley, moral y política, en una palabra, todos los actos punibles del hombre en sociedad. Es que la educación, purificando la conciencia individual, es la barrera más poderosa que puede oponerse al desborde de las malas pasiones, que engendran el crimen.

 

Sensible es que la falta absoluta de datos estadísticos nos impida hacer para la República Oriental las observaciones que hemos hecho para otros países. Si así no fuese, estamos seguros de que los números, las cifras, los hechos, vendrían a demostrar que, también entre nosotros, como en todas partes, la criminalidad está en relación directa con la ignorancia e inversa con la ilustración del individuo.

 

Las cifras, no hay que dudarlo, serían espantosas y hablarían alto y fuerte, aun a los espíritus más reacios, para convencerlos de que la sociedad oriental está al borde del abismo, y no podrá salvarse de caer en él, si no reacciona contra el deplorable abandono en que ha vivido hasta ahora con respecto a la educación, y no hace que, en pocos años, pueda decirse de la República Oriental estas bellas palabras que aplica Mr. de Laveleye a la República del Norte: “En Estados Unidos, dice, cuando se grita ¡a la ignorancia!, es como cuando se grita ¡fuego!: cada uno corre para combatir el mal y no se detiene hasta que no lo ha vencido”.

 

 



--

CX36 Radio Centenario 1.250 AM
Av. 18 de Julio 1357 Ap. 202
Montevideo-Uruguay
 

Compartir este post

Comentar este post