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El polvorín

Uruguay: La oportunidad de la secularización del pensamiento de izquierda

30 Mayo 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica


 
POR FERNANDO MOYANO

 
Esta batalla está totalmente perdida pero recién son las dos de la tarde, hay tiempo para ganar otra
Desaix a Napoleón en Marengo
 
 
El fenómeno ya estaba allí desde hace tiempo. Son las circunstancias que de repente lo hacen visible lo que confunde las miradas, como si al encender la luz en una habitación a oscuras las cosas recién ahora existiesen. Esa irrupción aparente motiva las más variadas interpretaciones. Las elecciones municipales muestran un RETROCESO NUMÉRICO del electorado del Frente Amplio en beneficio de un crecimiento marcado del voto en blanco y anulado, mucho más marcado en Montevideo y en especial en sus barrios periféricos, algo menos en Canelones, algo menos en resto del país. Es decir, el retroceso es directamente proporcional al ARRAIGO HISTÓRICO del Frente.
 
Por cierto de este tema ya se ha hablado mucho, pero es necesario abordarlo desde un ángulo diferente. Al mismo tiempo importa ver la forma en cómo se lo ve desde cada lugar político, porque la forma en cómo se lo ve dice más sobre quién lo ve que sobre el hecho mismo. Lo ve de una manera el Frente Amplio, y de otra la mal llamada izquierda "radical" uruguaya, que no es tal en tanto ha perdido de vista la raíz de sus propios problemas políticos actuales.
 
 
VER LOS SÍNTOMAS Y NO LA ENFERMEDAD
 
Los comentarios sobre el retroceso electoral del FA y el casi idéntico crecimiento del voto en blanco y anulado, han sido numerosos y diferentes dentro del propio FA. Problemas de gestión municipal, rechazo a la imposición cupular de las candidaturas, el estilo político, el desgaste del sistema electoral, etc. Junto con esto se hacen distintas propuestas correctivas para atender el fenómeno. ES COMO PEDIRLE AL TUBERCULOSO QUE DEJE DE TOSER.
 
Veamos esas posibles causas que se aducen, y el poco sentido que tienen. Si departamentos diferentes muestran todos retrocesos electorales aunque en grados distintos, ha de ser por una causa común. La razón invocada del "cansancio" de la gente en la disputa electoral que dura un año es el argumento más tonto. Al COMIENZO de la campaña electoral, en las elecciones internas de junio del año pasado, ya había ocurrido el mismo fenómeno: un llamativo voto en blanco militante (en elecciones no obligatorias) que coincide con un descenso del voto frenteamplista que es más pronunciado que el de los partidos tradicionales. ¿Acaso la gente ya estaba cansada antes de empezar? Los argumentos de desgaste del sistema político electoral por razones genéricas y comunes al sistema democrático representativo en nuestra época tampoco explican que ese desgaste sea diferente según los partidos, y más fuerte en el Frente Amplio. El atribuir todo al rechazo de la gente al mecanismo cupular de designación de candidaturas ignora el hecho de que ese estilo es PARTE del problema, porque está a su vez originado por las causas de fondo del fenómeno. Y es por eso que las propuestas de soluciones instrumentales que van solamente a los síntomas (introducir el voto cruzado, acortar las elecciones, etc.) no hacen más que mostrar la estrechez de miras de quienes las plantean, que son ¡los propios líderes políticos involucrados! Por supuesto, ellos no pueden ver que la causa de este DESAPEGO de parte de la base electoral del Frente (que no llega a ser ruptura o abandono), este desencanto y pérdida de la mística frenteamplista, tiene por causa la transformación regresiva del propio Frente. Durante todo este proceso de abandono de contenidos de izquierda para adaptarse al poder burgués, se han acostumbrado demasiado a pensar en su propia base electoral en términos de ELECTORADO CAUTIVO. "Nos corremos a la derecha -pensaron- pero sin riesgo alguno porque LA GENTE NO TIENE A DONDE IR". Por eso el voto en blanco les resulta una desagradable sorpresa.
 
La abstención frenteamplista ya empezó a manifestarse (decimos manifestarse porque el fenómeno de fondo viene de mucho antes) en las elecciones internas de junio. Se revirtió en octubre-noviembre (para cerrar el paso a un retorno de la derecha tradicional, lo que demuestra que es un voto de izquierda), y ahora vuelve a aparecer. Sigue siendo un voto frenteamplista por su definición política y su forma de pensar, o no se hubiese revertido con tanta fuerza en octubre-noviembre. No va a dejar de serlo, al menos en el corto plazo. Es muy cierto que no tiene a donde ir, ya que no tiene alternativas atractivas ni a la derecha ni a la izquierda. Pero eso es solamente uno de los factores del problema, y está lejos de ser el más importante.
 
Lo que importa es que el Frente ha dejado de satisfacer el reclamo político de una parte muy importante de su base electoral, que en términos de tamaño podríamos estimar más o menos en LA MITAD de la base electoral de la que partió el Frente en su historia. Estamos hablando por lo tanto de un fenómeno GRANDE en términos cuantitativos, aunque muy difuso en términos cualitativos. No es prudente apresurarse a sacar conclusiones sobre su significación, pero es seguro que ya NO ES un voto cautivo.
 
Cuando hablamos de la base electoral del Frente hacemos referencia a su base social que es el fenómeno de fondo. Muchos han dicho que se trata de una base social "policlasista", y es cierto, pero eso solo una forma unilateral de ver la verdad porque no es un policlasismo neutro. La base social principal del Frente ha sido siempre el sector más organizado de la clase trabajadora, que arrastra consigo algunos sectores medios de la parte culta y activa de nuestra sociedad. Todo hace pensar que al menos una parte de la abstención frenteamplista tiene el mismo perfil, clase trabajadora organizada y parte culta y activa de nuestra sociedad. No es en los votos "prestados" que dieron el triunfo en 2005 en donde retrocede el Frente, porque de serlo así habrían vuelto a los partidos tradicionales, es en el voto de izquierda. Por ahora, su protesta es predominantemente pasiva. Pero no se va a quedar siempre pasiva, no podemos desconocer el hecho de que el sector organizado de la clase trabajadora es un vivero de conflictos, y no por "intereses corporativos" como se les endilga. Son conflictos que emergen de los problemas permanentes de una sociedad capitalista en crisis y totalmente incapaz de resolver sus problemas de fondo. Los primeros en reaccionar son, por lógica y a su forma, los que están en mejores condiciones para hacerlo por su grado de organización, conciencia, historia, lugar en la sociedad, etc. 
 
Esa base social, por más que esté en cierto grado de rebeldía frente al sistema político que lo ha decepcionado, no ha dejado de ser frenteamplista en su sentido histórico, es decir, demandante de un proyecto reformista socialdemócrata que considera pendiente porque no ha salido de ese horizonte mental. No se ha planteado otra cosa, y no se la planteará mientras ese proyecto histórico no esté totalmente agotado no solo en sus posibilidades históricas reales, también en sus registros simbólico e imaginario. Una clase no es una solo realidad socio-económica "objetiva", es antes que nada un sujeto histórico. Y no puede serlo sin un proyecto, una conciencia de sí misma y de sus intereses y objetivos y de la forma de realizarlos, es decir UNA POLÍTICA.
 
Lo que tenemos aquí, en ese voto en blanco o nulo, es la demanda implícita de una política, una demanda insatisfecha. Y de nada vale decir, como lo han dicho algunos compañeros, que el voto blanco no organizado carece de sentido político y que no sirve. Porque ofrecerle una opción electoral EN LA CUAL SIGA SIN VERSE RECONOCIDO no va a resolver el problema.
 
¿Cuál es la importancia presente de este vuelco (aunque circunstancial, por ahora) de una parte significativa del voto de izquierda hacia una posición de desapego con la fuerza con la que se vio identificado durante décadas?
 
Lo que marca es el fin de esa mística, este espíritu de cuerpo por sobre todas las cosas, ese discplinamiento fervoroso que ha sido la gran herramienta de la movilización frenteamplista hasta ahora (*). Esa fuerza es la que le ha permitido al Frente sus triunfos políticos, y también algunas conquistas en materia de movilización social que trascendieron en su momento el mero campo electoral. Pero también es cierto que esa mística ha contribuido a resultados políticos negativos desde el punto de vista de la lucha por una sociedad mejor. Es el espíritu de cuerpo que hacía que la militancia frenteamplista rechazase todo espíritu crítico y cerrase los ojos ante las claudicaciones de sus dirigentes, que justificaba las cosas injustificables y bloquease las posibilidades de debate político profundo. Ha tenido dos caras. Por un lado, proveer la energía que hizo posible el triunfo del propio Frente Amplio. Por la otra, permitir que ese triunfo fuese vaciado de contenido, al acallar las críticas y el debate.
 
Lo que tenemos hoy no es el fin del Frente Amplio, pero es EL FIN DE LA "RELIGIÓN FRENTEAMPLISTA". Cuando proponemos el término "secularización" es porque estamos pensando en una nueva forma de pensar y actuar la política por parte de la MASA DE IZQUIERDA de este país, una forma en que la razón y el espíritu crítico ya no están cegados por el reclamo de "fidelidad". Es el posible comienzo de una izquierda racional y crítica (tal vez más escéptica y de momento menos entusiasta), por sobre la tradición de la izquierda de la mística, el dogma, y el fervor ciego, el culto. Diciendo secularización recurrimos a la metáfora histórica del proceso de racionalización de la política de los siglos XVIII y XIX en el cual la política homocéntrica sustituye a la política teocéntrica, en el cual la política de derecho divino es desplazada por la política de los derechos humanos y la verdad revelada por la verdad argumentada y demostrada, construida en el proceso de la vida política misma. Un proceso histórico que no dejó atrás los conflictos y los desgarramientos más agudos, más bien los aumentó, pero en el cual la guerra pasó a ser la continuación de la política por otros medios, y no la política la continuación de la guerra por otros medios. Cuando trasladamos esta metáfora a nuestro presente es con la idea de que todo "opio de los pueblos" implica una alienación, pero esa alienación siempre tiene una explicación racional que debe ser comprendida.
 
Todos aquellos que militamos durante décadas en esta izquierda tratando de introducir un espíritu crítico en la política, todos aquellos que fuimos perseguidos y reprimidos por ello dentro de las propias organizaciones de la izquierda, todos los que peleamos durante décadas contra la censura y la autocensura, no podemos menos que decir: NO ES POCA COSA.
 
La oportunidad de comenzar a crear una IZQUIERDA CRÍTICA, de mentalidad abierta y problemática, es el primer paso para crear una verdadera izquierda para nuestro tiempo. No, no es poca cosa, pero en la medida en que sepamos aprovechar la oportunidad. Porque hay algo que tenemos que comprender. A la gente que abandona la "gran iglesia" no le van a seducir las PEQUEÑAS CAPILLAS. El espíritu crítico tiene que empezar por casa.
 
 
¿Y POR CASA COMO ANDAMOS?
 
Decimos que ofrecer a quienes suspendieron el voto frenteamplista por no reconocerse en él, una opción en la que TAMPOCO se vean reflejados, no va a resolver el problema.
 
Esto es lo que ocurre, y ha sido señalado por varios, con Asamblea Popular. El voto frenteamplista ha sufrido mermas muy importantes, pero deben ser medidas en su propio contexto. Tomando las cifras del voto municipal en Montevideo, el 2005 contra el 2010, vemos una pérdida impresionante, de CASI LA CUARTA PARTE del electorado. Pero en este caso no es esa la cuenta que importa.
 
Si tomamos las cifras de octubre y de mayo para comparar el FA con AP, que es la única forma en que se pueden comparar si no queremos medir papas contra zanahorias, vemos que la pérdida electoral de AP es incluso mayor que la del FA, es una pérdida en todo el país de un 10% sobre la masa electoral de octubre, que ya era un resultado muy magro si consideramos que solo cubría el 50% el espacio político al que apuntaba (el voto solo por la rosada en octubre igualaba al de AP). Este descenso electoral de un nivel previo ya de por sí frustrante indica el fracaso de un proyecto político, porque es evidente que se trató de un proyecto jugado en primer lugar al resultado electoral y sacrificando incluso otras posibilidades tácticas (por ejemplo alianzas más amplias) basándose en la apuesta a que el una resultado exitoso les otorgase ventaja en la disputa interna dentro de la izquierda llamada radical y les ahorrase o abreviase una lucha de ideas con otras opciones más o menos vecinas.
 
Vistas así las cosas no hay en realidad mucha diferencia entre LA ACTITUD frenteamplista y la de AP. Unos apostaron tener un voto cautivo, y perdieron. Otros apostaron a instalar por una presencia electoral un casi monopolio político dentro del espacio extra-frentista. En forma parecida al FA, pensaron: "¿Para qué andar negociando con pequeños grupitos que nada tienen y que a nada pueden esperar en materia electoral? Esos votos vendrán necesariamente a nosotros porque no tienen otra vía de salida". Y hoy se encuentran que esos pocos miserables votos son precisamente lo que les faltaron para un piso electoral mínimo, y que sin ese piso electoral mínimo todo su proyecto político naufraga. ¿Por qué? Porque a eso apostaron.
 
NO SE PUEDE SOSTENER que el 8 de mayo el voto el blanco sea "funcional al FA y al gobierno de Mujica", y que el 10 de mayo en cambio es expresión del "descontento con el FA y con el gobierno de Mujica". No se construye política con el oportunismo conceptual.
 
La similitud de la actitud electoral verticalista entre el FA y AP, tomar al elector de rehén de los intereses políticos de aparato, no es más que una de las formas de la similitud política de fondo de ambas concepciones. Porque el oportunismo electoral es el resultado de mantenerse dentro del horizonte mental socialdemócrata.
 
Por eso creemos que el balance que hace Gonzalo Abella entre el voto en blanco y el voto por AP, diciendo que hay en AP un avance organizativo mayor, es comparar papas con zanahorias. Si queremos juzgar el grado de realización exitosa o no de un proyecto, de lo que se trata es de comparar dentro de cada escenario los resultados propuestos con los resultados obtenidos. Y lo que es evidente es que el voto por AP y el voto en blanco son cosas que apuntan a objetivos diferentes.
 
Para medir el éxito o fracaso de AP a través de los resultados electorales, tenemos que medir primero qué era lo que se NECESITABA para que resultase válido el supuesto en que estaba basada esa táctica. Y ese supuesto era que los resultados electorales serían lo suficientemente buenos como para que AP pudiese justificar su pretensión de ser el CENTRO del reagrupamiento de la izquierda extra-frentista. Los resultados obtenidos no permiten en absoluto seguir sosteniendo esa pretensión, lo que no es necesariamente bueno para nadie, pero es. Es en este punto que alguien recuerda aquello de "después del 9 hablamos". Pero el 9 ya hablaron los números.
 
Y sin embargo tiene plena razón Gonzalo Abella cuando señala que el voto en blanco tal como se dio, sin convocatoria y sin campaña, no podía albergar ningún proyecto político. Claro que no, no es el voto de un proyecto. Es una manifestación espontánea de un malestar político sin expresión orgánica. Su nivel de desarrollo político es mucho más primario que el de AP, no son cosas comparables. Lo que señala ese voto en blanco es precisamente el espacio en blanco que no hemos sabido llenar. Unos porque quisieron llenarlo con un proyecto que NO PODÍA funcionar, otros porque ni eso.
 
¿Qué pude pasar con el voto en blanco, en el mejor de los casos, aún suponiendo un grado de desarrollo muy por encima de sus posibilidades? Supongamos que con el tiempo se multiplicase -como por arte de magia- por 2 o por 3, y llegase a los niveles en que llegó en Argentina antes del 2001. Sería un síntoma, pero no dejaría de ser otra cosa que un síntoma. Nunca va a ser él solo un instrumento político eficaz. En Argentina luego de eso vino el estallido del 19 y 20 de diciembre de 2001, una de los más radicales alzamientos populares en los últimos tiempos en este continente. Y NI AÚN ASÍ se abrió un verdadero camino de cambio social, porque faltaba lo fundamental. El voto en blanco puede ser en ciertas circunstancias un arma válida en manos de un actor político, pero si el actor político no existe no es arma de nadie.
 
Por eso NO ESTAMOS DE ACUERDO en salir a cantar loas hoy al voto en blanco. MENOS AÚN por parte de quienes, previamente, no pudieron, NO PUDIMOS, proponerlo siquiera como instrumento. Salir a cantar loas hoy a ese voto en blanco no sería más que la AUTOCOMPLACENCIA de una izquierda "radical" ya sin proyecto político que confundiría  el retroceso de los demás con el avance de un inexistente proyecto propio.
 
De lo que se trata es de ofrecer UNA ALTERNATIVA a esa demanda insatisfecha que ese expresa en el voto en blanco. Pero es evidente que lo primero es comprender QUE ES lo que se expresa allí. La táctica deberá adecuarse a esa comprensión de la realidad.
 
Si lo que hay es una demanda por el proyecto reformista y socialdemócrata incumplido, la táctica, en esta coyuntura en que no está planteada la conquista del poder sino LA CONQUISTA DE LAS MASAS, de lo que se trata no es por supuesto de rebajar nuestra propuesta revolucionaria a una política reformista. Pero sí se trata de trabajar en el espacio de reivindicaciones insatisfechas que esa masa trabajadora reclama, y por la que lucha A PESAR de su fidelidad, aún no totalmente rota a la política frenteamplista. El método para ese trabajo político no es ninguna novedad, la teoría marxista del trabajo político (tal vez la ÚNICA parte del marxismo clásico que no necesita mucha revisión luego de los golpes de la realidad) ya ha aportado una metodología. No estamos de acuerdo con las defensas dogmáticas de todo lo que diga la teoría clásica marxista, pero tampoco con la soberbia ignorante que haga tabla rasa con toda la experiencia anterior.
 
UNIDAD DE ACCIÓN POR LA BASE Y LUCHA IDEOLÓGICA
 
Unidad de acción quiere decir la unidad conciente y organizada que se crea en torno a los hechos concretos de la lucha de clases tal como ocurren, y no en torno a una mitología de pretensión revolucionaria de como podemos imaginarnos que "debería ser".
 
Por la base significa que no partiremos de acuerdos cupulares de las ex-organizaciones políticas existentes (ex-organizaciones políticas, u organizaciones ex-políticas, porque el significado político que alguna vez tuvieron ya ha dejado de existir, y hoy son organizaciones ya vacías de política real en términos trascendentes) sino que tomaremos los espacios existentes, institucionales o extra-institucionales, para materializar primero la unidad de la parte activa de la clase sin imponer fronteras a priori. El problema de la llamada "unidad de los revolucionarios" no es el problema de la unidad de los grupúsculos que dicen ser revolucionarios, sino la unidad CON LOS REFORMISTAS, no con sus direcciones sino con la parte activa de la clase trabajadora que empieza a dejar atrás a sus direcciones.
 
Lucha ideológica significa, en este escenario de posible "secularización" del pensamiento de izquierda, la lucha de ideas y de propuestas concretas pero NO EN TÉRMINOS DE "GUERRA SANTA", no en términos de lucha de dogmas ni de místicas, no en términos de querer sustituir el disciplinamiento irracional de la gente a los esquemas reformistas que la realidad descartó, por el discplinamiento a los esquemas de pretensión revolucionaria de proyectos políticos que la realidad también descartó, por loables que fuesen.
 
No se trata hoy de una lucha entre distintas representaciones del pasado. Como explicaba Marx, las sectas socialistas habían tenido su importancia histórica cuando el movimiento obrero aún no había alcanzado su condición de movimiento de masas. Y aunque lo dijese hace siglo y medio, ya había advertido sobre los flujos y reflujos de la historia que pueden reinstalar por momentos las cosas superadas del pasado. 
 
¿En qué estamos en términos de estilo político? Muy lejos de todo eso. Hoy, la profundidad de la derrota ha reinstalado en el sector más radical de la militancia un primitivismo político extremo. Alcanza con ver el ejemplo de la lucha contra la ley de caducidad, un caso de lucha por una reivindicación concreta en que las bases frenteamplistas debieron marchar por sí mismas, sin ninguna orientación política de parte de una posible vanguardia (cuerpo combatiente que pueda ponerse delante en términos políticos) porque la llamada izquierda radical se colocó AL COSTADO, sin comprender el verdadero significado que esa lucha tenía para su propia oportunidad de desarrollo orgánico.
 
Hoy no se trata, por lo tanto, de sustituir una verdad revelada por otra, sino de construir la nueva verdad de los tiempos. Varias veces recurrimos esta cita temprana de Marx, y creemos que hoy sigue sirviendo:
 
Esto no significa que debamos confrontar al mundo con nuevos principios doctrinarios y proclamar: ¡He aquí la verdad, de rodillas ante ella! Significa que debemos desarrollar nuevos principios a partir de los principios existentes del mundo. No debemos decirle: Abandona tus luchas, son mera locura, nosotros te daremos los verdaderos objetivos. En vez de ello, debemos simplemente mostrar al mundo por qué él está en lucha, y la conciencia de eso es lo que deberá adquirir, quiéralo o no.

 

 
(*) Ya habíamos desarrollado este concepto en nuestro artículo "Hermano, ha muerto una esperanza", luego de las elecciones internas de hace un año. Revista Herramienta Web:
http://www.herramienta.com.ar/content/elecciones-en-uruguay-hermano-ha-muerto-una-esperanza

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