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El polvorín

Uruguay: La Otra Cara del "Bicentenario"

19 Marzo 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica


Ayer a la tarde-noche se realizó el lanzamiento de la agenda de actividades con las cuales el gobierno nacional quiere rendir homenaje a la gesta independentista nacional. Más allá de estar de acuerdo o no con el nombre dado, las fechas elegidas o los hechos o los actores rememorados, es importante señalar el apoyo total del sistema político a la iniciativa. Sin embargo, la ocasión, y algunos de sus pormenores, merecen ser conocidos por parte de todos aquellos que no pudieron darse una vuelta ayer por el “Salón de los Pasos Perdidos” del Palacio Legislativo.
 Explicar la nota que va a leer a continuación es por demás díficil. En este caso, por más que podría hacerse perfectamente, quien esté esperando un análisis de contenido sobre los discursos políticos de la jornada de ayer, pierde su tiempo. El haber estado ayer, por motivos totalmente ajenos al acto y casi sin saber del mismo, por el Palacio Legislativo me permite contar otros detalles del mismo que valen aún más la pena, por lo menos desde mi punto de vista, compartir que aquellos que pueden llegarles por la prensa.
            Alrededor de las 18 hrs. quien se acercara por la puerta del Palacio, aquella que da a Gral. Flores, lo primero que se encontraba era a seis chicas, hay que reconocer que eran todas muy bellas, sentadas en la propia fachada esperando que alguien llegara. De esta forma, no hay que ser muy perspicaz, había que concluir que en el evento habría promotoras. Para qué y por qué era un tema por verse.
            Ya en ese momento, en el que todavía el acto no era de importancia para mi, nacieron interrogantes sobre cómo sería el evento, nada podía ser más removedor que la escena que me tocó ver inmediatamente. Ya dentro del edificio, tratando de llegar a un ascensor, me encuentro con una importante “escenario” y todos los equipos necesarios para una amplificación y televisación de primer nivel. Lástima que en el fondo, sobre los propios equipos, me encuentro, por lo menos, a tres personas durmiendo. Repasemos la escena, tres personas recostadas sobre los equipos, cuan largas eran, en pleno “Salón de los Pasos Perdidos”.
            Debo reconocer que en ese momento, no antes cuando nadie me había hecho problema alguno para ingresar y recorrer el Palacio, empecé a pensar en el funesto nivel de seguridad del recinto parlamentario. Antes, durante y después del acto, la seguridad brilló por su ausencia. Los uruguayos somos muy especiales. La confianza en que nunca va a pasar nada en nuestro país, certeza por demás generalizada, permite que en un acto en el cual estaban, para empezar, el Presidente, el Vicepresidente y los cinco ciudadanos que le siguen en el orden sucesorio presidencial, nada impidiera que una persona hiciera volar por los cielos el edificio y la plana mayor del gobierno.
            La convocatoria abierta a todo aquél que andaba en la vuelta del Palacio Legislativo, con su dosis republicana tan uruguaya, no había tenido efecto en los parlamentarios. Si bien estuvieron casi todos los integrantes del gabinete ministerial, la presencia de los legisladores no fue tan alta. Si concurrieron uno de cada cuatro parlamentarios fue mucho. Y esto es válido para todos los partidos. El acto, realizado en el propio lugar de trabajo, no los encontró por allí o no fue de su interés.
            Un tema aparte fue la prensa presente. Cada día me convenzo más de la mediocridad del periodismo nacional. Y no es culpa de ellos, es culpa de todos. Y tampoco es un tema de capacidad intelectual o de análisis de la realidad. Simplemente de ubicación. Si sacamos a algunas de las periodistas y a aquellos que tenían que estar frente a cámaras, a los cuales en su mayoría les deben obligar mostrar cierta prolijidad en su imagen, no se sabía si los integrantes de la prensa nacional iban al Palacio Legislativo a un acto con protocolo y demás o a alentar a su equipo de fútbol a la Tribuna Ámsterdam. Ni hablar que la falta de atenciones, bebida y comida gratis, hizo que a los cinco minutos de terminado el acto, todos los que pudieron, desaparecieran. Igual la real sorpresa, relacionada con la prensa, fue comprobar que el Ministerio de Turismo tiene un “canal” propio que envió una periodista y un camarógrafo al evento.
             Otro detalle, que me llamó poderosamente la atención, fue el movimiento de la Productora y la Agencia Quatromanos. Me parece que llevaron hasta a la limpiadora con tal de pasar horas de trabajo en la abultada factura que harán llegar a quien deba pagar el acto. Había que verlos con sus vinchas y “walkie talkies” haciendo creer que estaban detrás del más mínimo detalle del evento. Incluso algún periodista tenía en una mano el grabador, en el cual podía verse el logo del medio de prensa en que trabaja, y en la otra el gafete de “Producción”. Esa organización del evento debió enfrentar problemas de audio, no funcionamiento de un video de presentación, y después se quedaron cortos en la entrega de los "regalos".
            Hablando de gastos, que los hubo y en serio, la pantalla gigante, que oficiaba de fondo del escenario, debe haber salido un ojo de la cara. A ello hay que sumar toda la serie de “regalos empresariales” que se les daba a los presentes al retirarse. Para ello eran las promotoras. Las chicas estaban encargadas de dar pines alusivos a todas las personas al ingresar. Además, al terminar, ellas también se encargaron de entregar una bolsa de obsequio a quienes se retiraban. Se ve que en algún momento, con la idea del lanzamiento de la “agenda del Bicentenario”, alguien pensó en regalar una agenda conmemorativa. Alguien dirá que no se realizó tal obsequio por un tema de ahorro, la verdad me parece que el tema es que no estuvo a tiempo el calendario de eventos y la agenda quedó para mejor oportunidad. Igual la bolsa que se entregaba incluía dos libretas, dos pines y un lápiz, alusivos al propio Bicentenario. No obstante, el regalo más sorprendente fue el primero de todos. Cuando las personas se intentaban sentar para observar el acto, se encontraban con una tarjeta del "Bicentenario", con el logo del mismo solamente, muy bonita y un "tubo de ensayo" cerrado. En ese tubo, se observaban una cantidad de semillas. Esas semillas eran semillas ibirapitá, conocido como el árbol de Artigas. Una relación que los invitados debieron realizar por sí mismos y que motivó la sorpresa de algunos por la falta de destaque a nuestro héroe nacional José Artigas.
            La maestra de ceremonia elegida, la periodista Gabriela Lavarello, fue muy bien elegida para la ocasión. La misma estuvo a tono con el discurso del Ministro Erlich: denso y aburrido. El momento de mayor emoción estuvo asociado a los gritos que pegaba el Presidente durante su discurso. Sin dudas era necesario porque la gente empezaba a dormirse en sus asientos. Pero no sería lo más bizarro del evento.
 Mientras no salía de mi asombro por la producción que había detrás del acto, paradojas que se dan, escuchó a una encargada de protocolo del Palacio hablar con varios integrantes de la agencia de comunicación sobre un detalle importante que se había pasado por alto. El Presidente estaba “furioso” porque no se había irradiado el Himno Nacional. Era necesario que alguien hallara urgentemente una versión del mismo. El tema es que ya estábamos por ingresar a la parte final del evento.
Para cerrar el acto, con la impronta de la “izquierda”, se había decidido invitar a un artista nacional para que actuara. Grande mi sorpresa fue cuando me enteré que el elegido no era el dúo “Larbanois-Carrero”, “Los Olimareños” o Tabaré Cardozo y su “Agarrate Catalina”. Se había elegido a Luciano Superville. Sin embargo, el agrado duró poco. Durante más de quince minutos el citado artista, acompañado por dos laderos, se concentró en tocar el piano y sintetizadores y los acompañó con un insufrible “Uhh, Uhh, Uhh”. Nadie pudo explicarme la relación entre la obra y el evento. Además, me pareció que, en realidad, la pieza musical fue repetida con el único objetivo de hacer tiempo para que encontrara el Himno Nacional desaparecido.
            La irradiación del himno, el cual no puedo explicar cómo se obtuvo, fue el broche elegido con que se cerró el acto de presentación de los festejos del “Bicentenario” nacional y mi presencia en el Palacio Legislativo. Seguramente, si estos detalles hubieran sido reseñados por algún humorista de mayor nivel, el caso de un Darwin Desbocatti o de un Diego Delgrossi, hubiera logrado sacarles alguna sonrisa más que yo. Sin embargo, no quería que estos detalles se perdieran.

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