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El polvorín

Uruguay - LOS ENFERMEROS NO SON NI ASESINOS NI TRAIDORES

22 Noviembre 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

MENSAJE DE LA 36

 

 

LOS ENFERMEROS NO SON NI ASESINOS NI TRAIDORES

21/11/2011

“Beatriz Fajián, los calificó de “asesinos” luego de que la semana pasada organizaran un “faltazo” a sus puestos de trabajo”

“Aquí no hay asesinos, aquí víctimas: nosotros los trabajadores y los usuarios. Aquí los únicos responsables son las autoridades de ASSE que quieren sacar de contexto nuestros reclamos”

“Raquel Parodi, enfermera del Maciel y una de las voceras de los funcionarios, dijo que detrás de todo esto se oculta un escenario de “presiones” para que no se denuncie la situación de las emergencias”
“Dijo que estas presiones vienen tanto de la FFSP como desde el directorio de ASSE, en particular del representante de los trabajadores, Alfredo Silva”

“Seguimos trabajando en las mismas condiciones, con pacientes atados a las camas porque no hay barandas y se caen, con enchufes rotos. Tenemos que tratar de sacar adelante un servicio que se cae a pedazos y ocultando por el temor a perder el empleo. Nos están haciendo cómplices de omisión”

 

 

 

Muy pocos trabajadores que hablen en serio y piensen un poco sobre la realidad actual del movimiento obrero uruguayo, podrían sostener un solo minuto de conversación normal en defensa de la dirección actual de la central de trabajadores PIT CNT.

Desde el primero hasta el último trabajador asalariado es consciente sobre la actitud asumida por la Dirección mayoritaria del PIT CNT, de acatamiento a las directivas del Gobierno progresista del Frente Amplio.

¿Quién se atrevería a negar esta realidad?

Son muchísimos los ex dirigentes del PIT CNT que de una manera u otra se fueron acomodando en lugares de dirección de los Gobiernos de Tabaré Vázquez y de José Mujica.

Algunos otros inscriptos en las listas frenteamplistas accedieron a una banca parlamentaria, y allí están vigilantes que no ingrese ninguna ley que beneficie a los trabajadores o sectores populares, luchando juntos codo a codo con los parlamentarios de la burguesía.

Este tipo de dirigente sindical, no tiene vergüenza ni reparo de algún tipo en viajar junto a dirigentes empresariales y representantes del Gobierno a garantizarle a los monopolistas internacionales la “paz social” que les brindará el PIT CNT en caso de venir a invertir al Uruguay.

Los dirigentes del PIT CNT, cumplen la labor de freno de la “lucha de clases” por un lado.

Contribuyen a la destrucción de cualquier rebeldía de los jóvenes trabajadores que se inician a la lucha social.

La dirección del PIT CNT, no hace otra cosa que evitar todo tipo de lucha social, se trate de un paro, una huelga o ocupación de un lugar de trabajo.

La dirección del PIT CNT, denuncia a aquellos trabajadores que critican y enfrentan las medidas represivas y retrogradas se trate de patrones privados o patrones del Estado.

Los trabajadores de hoy día que intenten mejorar su condiciones de vida o existencia deberán enfrentarse no solamente a los patrones y el Estado burgués, sino y ante todo tendrán que luchar contra un enemigo mayor la dirección del PIT CNT.    

Nadie puede negar que también muchos de los principales dirigentes del PIT CNT, son a su vez empresarios y por tanto están jugando de los dos lados del mostrador.

Solo por nombrar algunos el señor Richard Read dirigente del sindicato de la Bebida, cuya oficina sindical se encuentran dentro del local de la cervecería, y siguiendo por el señor Castellanos de Fueci quien también es propietario de una empresa.

Esta semana una de las principales listas del sindicato de AEBU, trabajadores bancarios  donde se agrupan mayoritariamente dirigentes del partido comunista, aceptaron la propuesta patronal de una “rebaja salarial”.

Ex dirigentes de la salud por ejemplo son los principales detractores de cualquier medida de lucha, y llaman a sus antiguos compañeros de “asesinos”.

Ex dirigentes del Ferrocarril AFE, son hoy quienes llevan a cabo la privatización de ese ente estatal.

Ex dirigentes sindicales de ANCAP, están al frente de ese directorio y no dan la ida por la venida para criticar las medidas de lucha de los obreros y terminar de privatizar las pocas cosas que van quedando en manos del ente de los combustibles y Pórtland.      

Se ha dicho siempre que “no hay peor astilla que la del mismo palo” y para la burguesía y el imperialismo esta nunca a dejado de ser una gran verdad para utilizarla.

En el gobierno frenteamplista, no hay más milico que los propios ex presos políticos, no hay mejor economista para defender a los banqueros y monopolistas extranjeros que los mismos que antes decían que no había que pagar la deuda externa y criticaban las zonas francas.

De igual manera para los empresarios no hay mejores colaboradores que los mismos dirigentes del PIT CNT, por que conocen a fondo a cada uno de sus ex compañeros, saben donde están las debilidades de los sindicatos, saben donde pegar y a quien seguir comprando y a quien hay que matar.

Cuentan antiguos rehenes tupamaros que estando en los cuarteles en soledad, un día llegaron los generales a preguntarles las características, virtudes y defectos de quienes posiblemente podrían llegar a sustituirlos a ellos en la labor de dirección de la organización.

Nos enteramos ahora por ellos mismos que algunos dieron todos esos datos casi familiares de cada uno de los preguntados.

Pues bien en esta oportunidad lo que nos interesa de este hecho, es ver como el enemigo siempre busca manejar lo mejor posible el conocimiento sobre las características de las personas individualmente.

Entonces quien mejor que un  dirigente sindical, para estar en un ministerio de trabajo, social, de la salud, de la energía, del transporte, seguramente nadie estará en mejores condiciones de trasmitir este conocimiento sin necesidad de estar de rehén en un cuartel.

Esta labor es la que cumplen los ex dirigentes sindicales al frente de la labor anti obrera y pro patronal.

 

Con el tiempo estos dirigentes se van comprometiendo más con sus patrones y van perdiendo rápidamente los pocos reflejos y lazos que los ataban a sus compañeros de clase. No hay posibilidad alguna de estar en los dos lados a la vez, ni siquiera de la neutralidad que a veces se menciona. O se está de un lado o se está del otro, y el Gobierno de Mujica como el de Tabaré Vázquez no admite ponerse del lado de los humildes, y en contra de los inversores extranjeros o los ministerios del estado.      

Estos dirigentes sindicales del PIT CNT que se encuentran encumbrados, tienen en si una contradicción principal, que a su vez pertenecen a un partido del Frente Amplio, están comprometidos con su línea política actual de apoyo incondicional al gobierno, y por tanto imposibilitados de criticar, oponerse o contradecir el discurso único y el plan trazado por el imperialismo y la burguesía nacional. En caso de la menor señal de discrepancia, perderán su lugar en el comité central, su rango en la lista electora, la confianza depositada en ellos por la fuerza política. Y estas fuerzas políticas que actúan dentro del gobierno del Frente Amplio, no son dirigidas hoy por los trabajadores, ni por los representantes políticos, sino y fundamentalmente son los representantes parlamentarios, los que gobiernan realmente a comunistas, socialistas y emepepistas.

 

Lamentablemente estos dirigentes actuales nos referimos a la mayoría de quienes integran la dirección del PIT CNT, con contadas excepciones debemos aclararlo, son todos funcionales al FRENTE AMPLIO y a los gobiernos de Tabaré Vázquez y Mujica.   

En esas componendas y mandados se trate ya por intereses personales, por beneficios individuales, por desviaciones ideológicas, o por falta de carácter y flojedad, no hacen otra cosa que traicionar a sus representados favoreciendo a los enemigos de clase, la burguesía, la oligarquía el gran capital y el imperialismo.

Son traidores a la clase obrera y sectores populares.   

 

¿Qué pueden hablar estos dirigentes con los patrones y los mandos estatales sobre los trabajadores?

¿Acaso asumirán su defensa y se enfrentarán a los mandos o como en los cuarteles en soledad escribirán varias hojas sobre sus debilidades y características, ya sea para integrarlos a las nuevas filas de gobierno o en caso de no avenirse echarle los perros encima?

¿Qué hablarán durante los viajes al exterior encima de los aviones patrones y dirigentes sindicales? ¿Acaso discutirán, tratarán en armonía de resolver las contradicciones de clase?

¿Cuándo viajan a Israel por ejemplo, se dedicarán a aprender de esa sociedad, su sistema de salud, o aplaudirán a María Julia Muñoz bailando encima de una mesa de boliche?

 

La única unidad de la que se puede hablar hoy día, trasciende a la unidad obrera, que surge de la razón histórica de una clase social con intereses económicos y sociales idénticos, esa unidad hoy es traicionada por los propios dirigentes del PIT CNT.

Hoy la unidad que si se puede mencionar y fundamentar con hechos y razones es la unidad patronal y de dirigentes del PIT CNT. La unidad auténtica y real es aquella que se ha fraguado entre dirigentes del PIT CNT y dirigentes del Gobierno.

 

Estos dirigentes actuales del PIT CNT en contubernio con sus camaradas que hoy pasaron a integrar las filas del Gobierno, son quienes más conspiran y trabajan en contra de la unidad de clase. Unos y otros se juntan con los patrones privados y estatales para trazar los planes en contra de quienes pretenden y tratan de llevar a cabo acciones en defensa de sus intereses de clase. Los persiguen, los atacan, los denuncian, los expulsan del trabajo y de los lugares de acción social. Tienen a su favor, el poder del Estado, los medios represivos, los grandes medios de prensa y la mayoría de la sociedad progresista y frenteamplista.

Destruyen cualquier intento organizativo por fuera del sistema, ellos son el único sindicato, los únicos dirigentes, el único poder, cualquier cosa que aparezca por fuera de eso, son el enemigo, son los conspiradores contra la unidad, son los “asesinos”.

 

Cuando una dirigentes sindical del PIT CNT, como Beatríz Fagiani, es capaz de mencionar esas palabras hablando de sus propios compañeros, quienes para poder tomar una medida de lucha, con la cual no sean despedidos, atacados por el propio sindicato, o el mismo PIT CNT, y queden regalados ante el poder del Gobierno y la Justicia, es por que ya existe un nivel de traición a sus compañeros transformado en odio.    

Sin duda alguna esta señora dirigentes sindical ha llegado a determinados acuerdos con los patrones que extralimita sus posibilidades actuales y le lleva a la incontinencia verbal donde demuestra no solo su ira, sino que trasunta sus compromisos. Seguramente Betriz Fagiani ya ve mucho mejor a los burgueses y patrones qua  los enfermeros y médicos de las emergencias públicas.

 

Amenazas e intentos de descalificar a otros trabajadores no pueden surgir de otro ámbito que no sea el de sentirse respaldad por la impunidad del Gobierno actual de Mujica.

 

¿Quién rompe la unidad respondiendo con “carneros” a una tibia medida de protesta llevada a cabo por unos pocos empleados de la salud? ¿Puede ser un dirigente sindical, quien recurre a otros trabajadores para combatir una acción de lucha?

 

¿Puede ser una auténtica dirigentes sindical, quien ante una medida de no concurrir a trabajar, aplique sanciones como medida de escarmiento y aleccionadora?

     

El 11 de noviembre las emergencias entraban en conflicto y sanciones y suspensiones fueron la respuesta que recibieron por parte del Gobierno. Y falta de respaldo total por parte de los dirigentes del gremio.

 

Los funcionarios de las emergencias de los hospitales públicos se declararon en conflicto, pero el sindicato de Salud Pública no los apoyó y se desató una guerra interna entre trabajadores. Hubo sanciones por el llamado “faltazo”.
Según una nota del diario El País la “Falta con aviso en bloque que afectó gravemente el servicio”, así definieron las autoridades de los hospitales a la ausencia generalizada de los funcionarios de las emergencias de los hospitales públicos de Montevideo que se registró en los primeros días de la semana.
Entre el lunes y martes hubo una especie de “faltazo” masivo del personal no médico de las emergencias. Estos trabajadores están desde hace varios meses en pre conflicto para denunciar carencias materiales y de recursos humanos, además de condiciones de infraestructura perjudiciales para los pacientes.
Hace unas semanas, se había logrado instalar una mesa de negociación con el Ministerio de Trabajo y la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE), pero los trabajadores no advertían avances ni eco a sus reclamos.
Por eso, y sin que sea una medida gremial, los enfermeros y nurses comenzaron a ausentarse de los servicios de emergencia en forma coordinada. El martes, faltaron unos cuatro funcionarios en el Hospital Español. El miércoles, no fueron a trabajar otros cuatro al Maciel y unos siete al Pasteur.
Esta medida tuvo sanciones como consecuencia. Se les notificó que habría siete días de suspensión para quienes faltaron. La respuesta de las autoridades fue respaldada por la propia Federación de Funcionarios de Salud Pública (FFSP) se desentendió de sus reivindicaciones. Esto encendió la mecha para que se desate un conflicto que estaba latente.
Los funcionarios de las emergencias cuestionan dos puntos: que se les haya impuesto una sanción que entienden “injustificada”, argumentan que anunciaron con 24 horas de anticipación y que no corresponde suspensión si se falta con aviso y que la propia FFSP haya “actuado como patrón” y cubriera las ausencias en el servicio con personal que “no está calificado” para la tarea.
“La FFSP tomó la responsabilidad, que la tiene que tomar ASSE como patrón, de venir a brindar los servicios contratando gente amarilla para ocupar puestos de trabajos de otra personas, que no sabemos si estaban capacitados o no”, comentó uno de los funcionarios de la emergencia del Maciel.
La presidenta de la FFSP, Beatriz Fajián, dijo al diario mencionado El País que el sindicato decidió llevar a su “propia guardia gremial solidaria”. Apelaron, con la anuencia de las direcciones de los hospitales y de ASSE a un contingente de funcionarios que están en una lista de suplentes.
Fajián desestimó los cuestionamientos sobre la idoneidad de los trabajadores que usaron para reemplazar los ausentes.
“Lo que tienen que tener es humanidad y caridad. Si yo estoy capacitado, pero te dejo tirado... prefiero que me atienda uno que no esté capacitado y no me deje tirado”, graficó.
Raquel Parodi, enfermera del Maciel y una de las voceras de los funcionarios, dijo que detrás de todo esto se oculta un escenario de “presiones” para que no se denuncie la situación de las emergencias. Dijo que estas presiones vienen tanto de la FFSP como desde el directorio de ASSE, en particular del representante de los trabajadores, Alfredo Silva.
“Seguimos trabajando en las mismas condiciones, con pacientes atados a las camas porque no hay barandas y se caen, con enchufes rotos. Tenemos que tratar de sacar adelante un servicio que se cae a pedazos y ocultando por el temor a perder el empleo. Nos están haciendo cómplices de omisión”, dijo.
Lo cierto es que la consecuencia directa de todo esto es un quiebre en el gremio de la Salud pública. El sindicato, que encabezó las negociaciones con ASSE y el Ministerio de Trabajo, ahora les retiró el apoyo a sus pares de la Emergencia. Tanto es así que hubo un enfrentamiento entre funcionarios en el Maciel. Dirigentes de la FFSP retiraron cartelería. Hubo amenazas e insultos y hasta se radicó una denuncia en la seccional policial 1a. de Ciudad Vieja.

  •  

Los funcionarios de las puertas de emergencias de los hospitales públicos de Montevideo condenaron y repudiaron las declaraciones de la presidenta de la Federación de Funcionarios de Salud Pública (FFSP), Beatriz Fajián, quien los calificó de "asesinos" luego de que la semana pasada organizaran un “faltazo” a sus puestos de trabajo.
“Aquí no hay asesinos, aquí víctimas: nosotros los trabajadores y los usuarios. Aquí los únicos responsables son las autoridades de ASSE que quieren sacar de contexto nuestros reclamos”, contestaron los funcionarios en un comunicado difundido ayer.
“Si asesinos somos los que trabajamos en pésimas condiciones, que asistimos a los usuarios en camas sin barandas, que no se articulan, sin frenos, que reclamamos monitores adecuados, que ventilamos 24 y hasta 48 horas manualmente a enfermos graves porque ASSE no tiene camas en CTI y compra servicios a mutualistas para que no se desfinancien, tiene razón señora Fajián. Esta es la realidad que esta administración oculta y la FFSP es cómplice”, agrega.
Los funcionarios señalan que los servicios de emergencia y urgencia de los hospitales públicos viven una “situación crítica, extrema, triste y degradante” y aseguran que este escenario “pudo y debió haber sido evitado, porque era previsible”. Dicen que los trabajadores de las puertas de emergencias han perdido la motivación por trabajar en ellas, “porque los riesgos a los que estamos expuestos no son compatibles con el desarrollo de una jornada laboral normal”.
Los Funcionarios del Maciel pidieron la renuncia de Beatriz Fajián a la presidencia del gremio de salud pública por haber actuado como “patrón” durante el conflicto en emergencias. También reclaman la renuncia de Alfredo Silva e intervenir ASSE.
“No somos asesinos, somos enfermeros. No a las declaraciones de Beatriz Fajián”. Con esta leyenda colgada en sus solapas, los enfermeros del Hospital Maciel se reunieron ayer en asamblea y resolvieron solicitarle a la presidenta de la Federación de Funcionarios de Salud Pública (FFSP) que se “retracte y disculpe públicamente” por haberlos calificado como “asesinos” en el marco de un conflicto gremial.
Además le pidieron que presente su renuncia a la presidencia del sindicato “por haber utilizado el mismo para cubrir los cargos” que quedaron vacantes en las guardias de emergencia cuando la semana pasada los funcionarios organizaron un “faltazo” masivo para denunciar las condiciones laborales del servicio.
En ese contexto fue que Fajián, en declaraciones a varios medios de prensa, se desentendió de las reivindicaciones del personal de emergencia y calificó a sus acciones como un “asesinato”.
Los funcionarios del Maciel cuestionaron que Fajián adoptara una “actitud patronal que no condice con la figura de los representantes de los trabajadores”.
Por otra parte, reclamaron la renuncia “irrevocable” del delegado de los trabajadores en el directorio de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE), Alfredo Silva, por “actuar premeditadamente en hacer caso omiso a la solicitud de los hospitales de recursos humanos”. La última moción aprobada por la asamblea es solicitarle a la Comisión de Salud del Senado “la intervención” por “la caótica e irresponsable gestión de ASSE”.
La resolución fue aprobada prácticamente por unanimidad de los funcionarios que participaron en la asamblea, con una abstención y un voto negativo.
Los funcionarios de las emergencias de los hospitales públicos de Montevideo se declararon en conflicto para denunciar las carencias en esos servicios.
En un comunicado expresaron que viven una situación “crítica, extrema, triste y degradante, que pudo y debió haber sido evitada, porque era previsible”. Denuncian falta de personal y de recursos materiales. Y cuestionan el accionar de su sindicato. “Hoy la FFSP reprime a los compañeros y cubre los cargos con personal traído por las direcciones de los hospitales a las emergencias, personal que no tenemos conocimiento si está capacitado para trabajar en una emergencia”.
Durante la asamblea hubo duros cuestionamientos de los trabajadores del Maciel hacia dirigentes de la Federación de Funcionarios de Salud Pública (FFSP). En un comunicado habían calificado como “triste”, que “en un gobierno que dice ser de izquierda, los sindicatos reprimen a los trabajadores y hacen los deberes al gobierno para que esta situación grave no salga a la opinión pública”.

  •  

El diario El País a través de dos periodistas V.Ruggiero y F. Castillo recorrieron esta semana varias emergencias de Salud Pública y el domingo el diario mencionado publicó el análisis de la situación que viven los pacientes, siempre por supuesto según su óptica. 
Dicen que las emergencias de los hospitales públicos funcionan al borde del caos, con personal insuficiente y a veces sin insumos para atender una demanda siempre alta. El personal convive entre pacientes psiquiátricos, drogadictos y reclusos.
Hace dos semanas, un grupo de funcionarios de las puertas de emergencias públicas dijo basta y coordinó con sus pares un “faltazo” a sus puestos de trabajo para demostrar que en verdad se necesita más personal, y para abrirles los ojos a las autoridades sanitarias sobre sus condiciones de trabajo.
Los enfermeros, que tienen un sueldo promedio de unos $ 12.500 con tiques de alimentación incluidos, hace meses que reclaman una mesa de negociación con el gobierno para exponer sus reivindicaciones. Dicen que trabajan en un clima de inseguridad permanente, al borde de la omisión de asistencia porque faltan funcionarios y mejor infraestructura.
Ambos periodistas recorrieron, en diferentes días y turnos, las puertas de emergencias de los tres hospitales de referencia de Montevideo.
Un paciente que llega a la emergencia del Hospital Pasteur es recibido por enfermeros que lucen sobre su uniforme un poncho negro con un cartel impreso sobre una hoja blanca que reza: “Somos enfermeros, no somos asesinos”. Lo hacen en respuesta a declaraciones de la presidenta de la Federación de Funcionarios de Salud Pública (FFSP), Beatriz Fajián, que tildó de “asesinato” la medida del “faltazo”.
En las dos puertas que tiene la emergencia, hay colocadas pancartas que alertan al usuario del preconflicto de los enfermeros y explican que “no están dadas las condiciones para brindar una buena asistencia”.
Detallan que “falta personal”, hay “pésimo” equipamiento, “falta seguridad”, está “constantemente la capacidad colmada”, los traslados se realizan en “pésimas condiciones” y los salarios están “sumergidos”.
El ingreso de pacientes a la emergencia es constante. El miércoles a la tarde todas las camas están ocupadas, al igual que los cinco sillones de reanimación. La mayoría de los pacientes son adultos mayores. El personal enfermeros y médicos, camina rápido en los pocos metros cuadrados que quedan disponibles entre las camillas, sillones y enfermería. Llevan papeles de un lado al otro, trasladan medicación, tanques de oxígeno, aparatos para tomar la presión y termómetros.
Hablan con voz fuerte y hasta se gritan de una punta a la otra. Eso hace que por ejemplo no escuchen el quejido constante de una anciana que se revuelve de dolor en una camilla sin barras de seguridad.
Los diálogos entre los enfermeros giran en la disponibilidad o no de camas en otras áreas del hospital donde deben trasladar pacientes. Si bien afirman que hay disponibles, mencionan a menudo la palabra “provisoria”.
Ese día la cantidad de funcionarios en la guardia estaba “bastante bien”: se reintegraron los enfermeros que fueron sancionados con siete días de suspensión por participar del “faltazo” y “aparecieron” funcionarios que tienen “contratos mentirosos”. Se trata de personal traído como reemplazo por el propio gremio de Salud Pública. Fajián lo definió como una “guardia gremial solidaria”.
“Aparecen un día, vienen dos o tres y después desaparecen, además no les pagan”, comentó una fuente de la emergencia del hospital que aseguró que el peor turno es el de la hora 0 a 6. “Nadie quiere trabajar en ese horario y a veces en vez de ser un enfermero cada cuatro camas, es uno cada seis o siete camas. Hay noches que no pasa nada, pero hay otras que te volvés loco”, contó.
Los funcionarios están todos “asustados” porque dicen que los están “siguiendo de cerca”.
“Está todo muy complicado”, dijo un enfermero y agradeció que “por lo menos” ahora viene “el tiempo lindo”.
Esto implica, en teoría, que la emergencia no esté tan saturada. “En invierno fue horrible, no se daba abasto. Además no teníamos lugar y las emergencias como no esperan más de dos horas te entran al paciente aunque vos no tengas dónde ponerlo”, afirmó.
El otro problema que enfrenta el personal de la emergencia del Hospital Pasteur es que cada vez reciben pacientes “más agresivos”.
“Acá llega gente de bajo nivel cultural: desde pastabaseros hasta todos los presos del Comcar”, indicó otra fuente y reconoció que también hay gente que se enoja “con razón” porque terminan esperando cinco y seis horas para hacerse un estudio.
En la sala de espera del Pereira Rossell, el griterío de algunos niños se entremezcla con el llanto de otros. La voz de una mujer suena, sin embargo, más fuerte que el bullicio general: “me llaman a esta botija porque está todo mal, vamo vamo”. La frase continúa con varios insultos.
La mujer se dirigía a las funcionarias administrativas que reciben a los pacientes. La “botija” era una madre adolescente que tenía en brazos a su hijo con fiebre.
El ritmo de atención es rápido, la emergencia luce nueva y limpia y el personal responde amablemente a todos.
En la emergencia de maternidad la realidad es diferente. La sala de espera está en penumbra, es más sucia y también hay varios carteles que alertan del conflicto. Los enfermeros llevan remeras negras y el cartel con la frase prendido con un alfiler.
Hay dos enfermeros por turno y uno en las noches. Atienden unas 100 consultas diarias en cinco box de examinación y dos camillas. Los funcionarios afirman que las condiciones de trabajo no son las óptimas, lo cual se refleja en la atención.
Dicen que en materiales de trabajo “están bien” pero se quejan por ejemplo por la seguridad. “Hay hasta las 17 horas y en el portón de entrada porque en el ingreso a la emergencia lo que hay es que gente de una ONG que hace tareas de conserjería”, aseguró un trabajador.
El calor se hace insoportable en la puerta de emergencia del Maciel.
Es miércoles de tarde. Afuera, contra la ventana que da a la sala de espera, un hombre de mediana edad se tira agua con una botella y aúlla como un lobo. Está vestido con un buzo de lana y bermudas que dejan ver unas curaciones recientes en sus piernas. Su aspecto es el de un paciente psiquiátrico.
Las 21 personas que están en la sala, esperando atenderse, casi que ignoran el espectáculo y los gritos que vienen de afuera. Sentados en una banquetas esperan con caras largas el momento de ver a un médico.
Algunos están ahí desde hace tres horas. Una paciente saca un tupper y se pone a comer ahí mismo. Otros se acuestan sobre la banqueta e intentan dormir para matar la espera. Todos están en silencio. Hasta que el hombre que se mojaba afuera decide entrar y romper con la calma del lugar. Empieza a recorrer la sala a los gritos, se sienta, se para. Empieza a incomodar al resto que cruza miradas tensas. Minutos después aparece un guardia de seguridad privada y lo echa.
Entre los tantos carteles que advierten sobre lo irregular de las condiciones en la emergencia, casualmente hay uno que dice: “Prohibido circular o permanecer a individuos que ejerzan cualquier tipo de violencia que ponga en riesgo físico o psíquico al personal que aquí desempeña sus tareas”.
Uno de los funcionarios comentaría luego que ese episodio es moneda corriente. “Asistimos distintos usuarios críticos, psiquiátricas, drogadictos, alcoholizados, reclusos de alta peligrosidad, todo sin custodia adecuada”.
Dos días más tarde, el viernes, la emergencia del Maciel es un caos. En la sala de espera hay pacientes que llevaban cinco horas para ser atendidos y acompañantes que iban más de seis sin saber cómo estaban sus familiares. Esperaban aguantando el calor y el olor nauseabundo que salía de los baños.
Cada vez que se abre la puerta que separa la sala de espera con la emergencia aparece una “lluvia” de preguntas y reclamos. “Quiero saber cómo está mi marido porque lo entraron hace tres horas y no sé nada”. “No puedo esperar que pasen 20 personas porque me siento mal, estoy mareada, me pueden tomar la presión acá parada aunque sea”. “Mi madre no puede venir porque se tomó unas pastillas y mi tía no me dio bola ¿me pueden trasladar sola al Pereira Rossell?”
El enojo e indignación generalizada se distrae cuando de una camioneta blanca bajan a seis efectivos de la Guardia Republicana fuertemente armados. Se repartieron en el predio. Minutos después salió de la emergencia en una camilla uno de los presos que intentó fugarse el miércoles del Comcar.
“Qué color que le dan, mirá si necesita tanto teatro si está esposado y todo lastimado”, comentó la mujer que pedía a gritos que le tomen la presión. “Hace cinco años acá y en un operativo similar mataron a un compañero, no es tan sencillo como parece”, respondió un enfermero.
La situación de caos era similar puertas adentro. Trabajaban con el 50% del personal; deberían ser diez personas y eran cuatro: tres auxiliares y un licenciado. Las ocho camas disponibles, son 12 en total, pero cuatro fueron retiradas por los funcionarios como forma de reclamo, estaban ocupadas al igual que los sillones.
Entre los pacientes había tres reclusos: dos hombres y una mujer, acompañados por sus respectivas guardias. Los reclusos tienen prioridad, según explicó un funcionario, porque llegan con la asistencia ya coordinada.
Lo mismo ocurre con los pacientes que llegan en ambulancia, aunque también deben esperar a menos que la vida esté en riesgo.
Los funcionarios del área de emergencias de la Policlínica de Jardines han sido de los más activos al momento de denunciar sus condiciones de trabajo. De hecho, mañana lunes pedirán al Ministerio de Salud Pública (MSP) que envíe una inspección para determinar si el servicio está en condiciones de seguir abierto o no. Si bien en marzo de este año se construyó un nuevo lugar físico para la emergencia, el servicio aún sigue funcionando en lo que los trabajadores definen como un “garaje”.
Los trabajadores dijeron que la emergencia nueva aún no se ha podido ocupar, tanto por falta de personal, administrativos y enfermeros, como de insumos médicos básicos. “El lugar en el que estamos ahora no es acorde, estamos en un garaje. Tenemos cortinas hechas por nosotros con sábanas descartables, y así se atienden a los pacientes. No hay un área apartada entre adultos y pediatría. Estamos con los galones de oxígeno al lado de los pacientes. Hemos pasado fines de semana enteros sin un monitor”, relató un funcionario que prefirió el anonimato. Ahora esperan por las novedades que arroje la inspección.
4 Eran las horas de espera, promedio, que tenían los pacientes el viernes en el Maciel.
24 Son los funcionarios de emergencias que fueron sancionados por “indisciplina”.
Los enfermeros y nurses de los servicios de emergencia no están solos en sus reclamos. Si bien ellos han sido hasta el momento la cara más visible del problema, protagonizando conflictos y denunciando la situación en los medios, tantos los usuarios como los médicos entienden que la reivindicación es justa y fundamentada.
Los médicos del servicio de Cirugías del Hospital Maciel, por ejemplo, emitieron hace unas semanas una carta al directorio de ASSE donde advierten una “alarmante” falta de recursos humanos de enfermería “en todas las áreas del hospital”. Y hablan de un “exceso de trabajo” de los enfermeros que repercute en la atención.
Los trabajadores están reclamando la renuncia de Beatriz Fagian de la Federación de Funcionarios de Salud Pública (FFSP), y Alfredo Silva de la Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE).
Los trabajadores de la salud pública tienen razón, y esta vez están acertando correctamente en el punto, hay que saber que piensan y como actúan estos dirigentes de la salud y con cuanta impunidad y maldad utilizan en contra de sus propios hermanos.
No se trata únicamente de conocer aquellas declaraciones que realizan ante los medios de prensa sino y fundamentalmente cuando hablan en confianza con sus patrones, cuando traman la traición contra sus propios hermanos de clase, cuando se sienten a sus anchas y se expresan sin necesidad de cuidarse.

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