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El polvorín

Uruguay: “Los intereses de las multinacionales no son los intereses de los pueblos”

18 Marzo 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Tres militantes ambientales de Uruguay analizan el modelo pastero que avanza en el vecino país. Desde Arroyo Verde, en Gualeguaychú, dialogaron con Medio Contaminados. 

José Fazzini, Roberto Figueroa y Carlos Barros Pons forman parte de la Asamblea del Callejón. Desde la década del 80 estudian y denuncian el avance del monocultivo del eucalipto, materia prima esencial para la llegada de grandes empresas pasteras al Uruguay, como parte de un proyecto que en la práctica cuenta con el aval de los principales partidos políticos.  

-¿Cómo se acercan a la lucha del pueblo de Gualeguaychú?
José Fazzini: La lucha de Gualeguaychú es posterior a lo que nosotros venimos peleando en Uruguay. Arrancamos hace muchos años con la ley forestal, en el 85. Empezamos a dudar y a pensar que esto no venía bien. En ese momento se hablaba de ocho posibles plantas de celulosa.
Era desconocido el emprendimiento tan grande que había en ese momento. Una sola fábrica comprendía todas las fábricas que había en la Argentina. Se iban a precisar 5 millones de hectáreas para cubrir la producción, y Uruguay es muy chiquito.
Para sembrar 10 hectáreas de eucaliptos, se afectan 17, porque siete son de áreas perimetrales y caminos cortafuegos. Entonces ya no hablamos de 5 millones de hectáreas, sino de 11. Aparejado a eso, todos los contaminantes que se utilizan. Un agregado más es la soja. De 12.000 hectáreas que teníamos en el 2005, pasamos a 800.000 hectáreas en el 2010.

-¿Qué provoca la plantación masiva de eucaliptos?
J.F.: Provoca desecación y desertificación porque erosiona el suelo. La producción que se está haciendo es muy dinámica, porque a los seis años se corta, la cepa no se reproduce, sino que se la mata con glifosato para que no vuelva. Después se siembra entremedio. Esto quiero decir que se produce un doble daño: a la tierra y al agua. Por un lado hay una cuestión propia y natural del árbol, y otra de los químicos. El glifosato se usa mucho en Uruguay, es un surfactante que queda en el suelo y contamina muchísimo, por algo no tenemos arroyos con peces, tampoco aves.
Otro de los problemas es que se adquieren grandes extensiones de campo, por ejemplo 100.000 hectáreas, que incluyen bosques nativos que están exonerados de impuestos, según una ley uruguaya que los protege. Las empresas multinacionales se abusan, los explotan y siembran árboles. Esto da una gran ganancia, con beneficios que no se le da a ninguna empresa nacional. Las promesas de ocupar mano de obra no la cumplieron porque hoy todo es mecanizado. Si uno va a los montes, hay máquinas trabajando, no hay otra cosa, no encontrás personas. Si dan trabajo es muy mal pago.

-¿Cómo ven el futuro si se mantiene este modelo económico?
J.F.: Lo vemos feo porque tenemos en puerta otra pastera en Conchillas. Hoy se utilizan las mejores tierras del país para esto.

-¿Cómo analizan el papel del gobierno uruguayo con respecto al proyecto forestal-pastero que tiene en Gualeguaychú un caso testigo?
Roberto Figueroa:
Ha quedado claro que en Uruguay se quiere llegar a tener un único partido político. Es el mismo perro con diferente collar. La prueba de esto es que a La Corte de La Haya se invitaron a todos los partidos que tienen participación parlamentaria. La oposición en Uruguay no existe.

En la década del 80 se modifica la Constitución Nacional. Antes de esa reforma, la tierra era un bien jurídico de personas, pero se transformó en un bien jurídico de sociedades anónimas. Esto abrió la puerta a las multinacionales. En ese momento nos empezó a llamar la atención a nosotros. ¿Por qué tanto interés en esa  modificación? En Uruguay eso significó acrecentar el poder de la riqueza en pocas manos. Era el proceso inverso a la reforma agraria. Ahí empezamos a tomar conciencia, y el tiempo nos fue dando la razón sobre nuestras sospechas de que estábamos caminando una ruta equivocada, lejos de un sentimiento solidario y humanista.

-¿Qué dice la opinión pública uruguaya sobre el conflicto en Gualeguaychú?
R.F.:
Los medios de información, lamentablemente, muchas veces son medios de deformación. Muchos periodistas fueron invitados a Finlandia por Botnia con todos los gastos pagos, mostrándoles un paraíso que no era. Fue una forma subliminal de corromper la información.

Nuestra opinión como ambientalistas y defensores de la tierra se retacea y ningunea. No tenemos acceso a los medios masivos, nos hemos limitado en el mismo funcionamiento por no tener capital. Los medios no son democráticos, sino que cumplen con ciertos intereses, con sus clientes. Su principal cliente es el Estado, que les da su propaganda de lo que está haciendo. Es decir, los medios contra eso no se tiran. Esa es una realidad que cualquier persona la puede ver y analizar.
Hay muchos uruguayos que pensamos totalmente diferente, no por una cuestión de ventajas personales, sino apuntando a algo más colectivo que creo que es la manera de evaluar las cosas.

-¿Qué análisis hacen del fallo de La Haya?
Carlos Barros Pons:
Uruguay le había dado la palabra a Argentina de que la CARU (Comisión Administradora del Río Uruguay) iba a ser avisada en el caso de alguna instalación, pero luego decidió no avisar, estimando que su propio mecanismo a través del Ministerio de Exámenes Ambientales podía ser suficiente. En realidad, lo dijo personalmente el ex presidente Jorge Batlle Ibáñez: ‘si le pedíamos permiso a la CARU, nunca se iba a poder poner allí esa planta’.

Detrás de esto hay un falso festejo en el Uruguay. Dicen que no salimos tan mal de La Haya porque no nos pusieron una multa. Pero esto no es así, Uruguay faltó a la palabra empeñada.
En realidad, los intereses de las multinacionales no son los intereses de los pueblos. A mí no me preocupa tanto el gobernante de turno, sino los pueblos que son siempre los que resultan con el lomo lastimado, diezmado. Son carne de cañón.
Como uruguayos nos avergüenza que nos hayan dejado tan mal. El fallo, aunque no haya impuesto una condena de pagar el costo del juicio a una u otra parte, dice claramente que Uruguay no respetó el tratado. Lo curioso es que los jueces dijeron que si bien no se cumplieron algunas formalidades, se cumplió con el fondo del tratado. Pero un tratado es una formalidad, como una compra-venta, como un matrimonio.
A la administración de Jorge Batlle Ibáñez sobrevino la de presuntas izquierdas, la de Tabaré Ramón Vázquez Rosas, quien dijo que el proyecto pastero era una herencia maldita, pero acrecentó la forestación y acrecentó el llamado a otras multinacionales para que vengan a instalarse. En Uruguay dicen que salimos empatados. En realidad, moralmente salimos destruidos. Nadie va a creer más en nuestra palabra.

 


Fuente: http://sobek.servidoraweb.net/~horacio/?p=141#more-141.

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