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El polvorín

Uruguay: Los "mensajes de la 36" artiguistas.

20 Junio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

LA TRAICIÓN Y LOS TRAIDORES
El nacimiento del Protector de los Pueblos libres

  artigas.jpg

Esta semana estaremos recordando el natalicio del Prócer de la Patria José Artigas. Hace falta traer al héroe de Las Piedras relacionándolo al presente, en cuanto el proceso de la Banda Oriental es uno solo y hoy más que nunca durante el gobierno progresista de José Mujica, vuelven a adquirir forma aquellas mismas contradicciones entre el imperialismo, sus intereses económicos, el poder centralista de los puertos, y los intereses nacionales y regionales de las provincias del Río de la Plata. Nuevamente los pueblos por un lado y los malos europeos y peores americanos por otro.

Existe un trabajo fabuloso de un hombre grande llamado Bertolt Brecht que en su época luchó contra el fascismo.  En 1955 Brecht recibió el premio Stalin de la paz. Al año siguiente, el 14 de agosto, contrajo una inflamación del pulmón y murió de una trombosis coronaria en Berlín del este. Brecht siempre buscó con sus actuaciones concienciar al espectador y hacerlo pensar, procurando distanciarlo del elemento anecdótico; para ello se fijó en los incipientes medios de comunicación de masas que la recién nacida Sociología empezaba a utilizar con fines políticos: la radio, el teatro e incluso el cine, a través de los cuales podía llegar al público que pretendía educar. Su meta fue alcanzar un cambio social que lograse la liberación de los medios de producción. Ese propósito lo abordó tanto a través del ámbito intelectual como del estético. Hasta 1933, Brecht trabajó en Berlín como autor y director de teatro. Pero en aquel año, Hitler se hace con el poder. A comienzos de 1933 la representación de la obra La toma de medidas fue interrumpida por la policía y los organizadores fueron acusados de alta traición. El 28 de febrero, un día después del incendio del Reichstag, Brecht y Helene Weigel con su familia y amigos abandonan Berlín y huyen a través de Praga, Viena y Zúrich a Skovsbostrand, cerca de Svendborg, en Dinamarca, donde el autor pasó cinco años. En mayo de 1933 todos sus libros fueron quemados por los nacionalsocialistas.

Brecht escribió un trabajo llamado “Cinco dificultades para quien escribe la verdad”. Por su extensión lo iremos presentando cada día, ya que consideramos se trata de un buen manual para los intelectuales de nuestros días, se trate de analistas políticos, escritores, artistas o periodistas.

Dice Bertolt Brecht sobre la verdad lo siguiente:
“Quien hoy pretenda combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad. Debe superar, cuanto menos cinco dificultades. Debe tener el valor de escribir la verdad, aunque en todas las partes la sofoquen; la sagacidad de reconocerla, aunque en todas partes la desfiguren; el arte de hacerla manejable como arma; el juicio de escoger aquellos en cuyas manos resultará más eficaz; la maña de propagarla entre éstos. Tales dificultades son grandes para quienes escriben bajo el fascismo, pero existen también para los desterrados o prófugos y son validas hasta para los que escriben en los países de la democracia burguesa”.

El valor de escribir la verdad.

“Parece hecho obvio que quien escribe, escriba la verdad, es decir, que no la sofoque o calle, o no diga cosas falsas; que no se pliegue ante los poderosos ni engañe a los débiles. Cierto, es bastante difícil no plegarse ante los poderosos y bastante ventajoso engañar a los débiles. Desagradar a los poseedores, significa renunciar a la propiedad. Renunciar al pago por el trabajo hecho, puede querer decir renunciar al trabajo y rechazar la fama entre los potentados, significa a menudo rechazar toda la fama. Hacerlo requiere valor”.

“Los tiempos en que la opresión es grande son casi siempre tiempos en que se discurre mucho sobre cosas pequeñas y mezquinas, como la alimentación y la vivienda de los trabajadores, mientras alrededor se dice que sólo el espíritu de sacrificio cuenta. Cuando se ensalza continuamente a los campesinos, es valeroso hablar de máquinas y forrajes a buen precio, capaces de facilitar aquel trabajo tan elogiado. Cuando todos los altoparlantes vociferan que es mejor el hombre sin conocimientos ni instrucción, que el instruido, se necesita valor para preguntar: ¿mejor para quien? Cuando se habla de razas perfectas e imperfectas, es valeroso preguntarse si el hambre, la ignorancia y la y la guerra no producen cierta deformidad.
Asimismo se necesita valor para decir la verdad sobre si mismo, sobre nosotros mismos, los vencidos. Muchos que son perseguidos, pierden la facultad de reconocer los propios defectos. La persecución parece la más grave injusticia; los perseguidores, ya que persiguen, son los malvados; ellos, los perseguidos, son perseguidos por su bondad. Pero esta bondad fue golpeada, vencida, esposada; luego era bondad débil, defectuosa, insostenible, que no contaba, porque no es lícito admitir como propia de la bondad la debilidad, como se admite que la lluvia debe ser mojada. Decir que los buenos fueron vencidos, no por buenos, sino por débiles, requiere valor”.

“La verdad no puede escribirse sino en lucha contra la mentira ni puede expresarse de modo genérico, elevado, ambiguo. A tal especie, esto es, genérica, elevada, ambigua, pertenece exactamente a la mentira. Hablar de alguien que dijo la verdad, implica que antes algunos, muchos, o uno solo, dijeron algo distinto, una mentira o cuestiones genéricas; él en cambio dijo la verdad, esto es, algo práctico, concreto, irrefutable, precisamente lo que se necesitaba”.

“Poco valor se necesitaba en cambio para lamentarse, en general, de la maldad del mundo, del triunfo de la brutalidad y para sacudir la amenaza que flota sobre el espíritu, cuando se vive en una parte del mundo en que eso aún se permite. Muchos se comportan entonces como si estuvieran bajo el tiro de los cañones, cuando sólo están bajo el tiro de los binóculos. Van gritando sus vagas reivindicaciones en el mundo amigo de la gente inocua; demandan, genéricamente la libertad, la de obtener parte de aquel botín antes largamente repartido con ellos. Encuentran verdadero solo cuando les suena bien. Si la verdad tiene que ver con cifras, con hechos, si es cuestión árida, cuyo hallazgo exige pena y estudio, entonces no les corresponde, nada tiene que, los embriague. Sólo exteriormente se comportan como los que dicen la verdad. El mal que sufren es no saber la verdad.”

Recordar a Artigas en la fecha de su nacimiento, entraña para los orientales un enorme significado. Desde nuestra visión de izquierda nutrida en lo internacional con el marxismo leninismo, y en lo nacional con la doctrina artiguista, hemos considerado oportuno en esta ocasión vincular las vicisitudes de la revolución oriental con la que se podría llamar la segunda gran traición al proceso liberador durante el gobierno del Frente Amplio.
Esa es la búsqueda de nuestra verdad de hoy, a la que nos induce Bertot Brecht desde su conciencia comunista y el propio “Protector de los Pueblos libres” desde su ostracismo.
La verdad siempre ha de ser dura, difícilmente salvo que se le adorne demasiado sea del agrado de quienes la oyen por primera vez, pero como dice Fidel Castro, “Parece que el mundo se hundiera cuando una verdad se dice, como si no valiera la pena que el mundo se hundiera antes que vivir en la mentira”.

Desde la escuela en adelante la imagen de Artigas en que se educa a los orientales, es aquella que surge desde quienes se encargaron de reivindicarlo y defenderlo de “la historia negra”, escrita por un hijo de esta tierra pago por el porteñismo para defenestrar al héroe.
Es impensable imaginar hoy día que alguien pudiera sostener una sola de las acusaciones de aquel libélo maldito, o siquiera dejar entrever la más mínima sospecha sobre la conducta del patriarca oriental.
Por tanto ya no es ningún mérito hoy día, alabar a Artigas desde su pensamiento, la batalla de Las Piedras, el sitio de Montevideo, el Éxodo o su natalicio.
Más valdría que analizáramos y nos preguntáramos profundamente ¿Por qué su derrota? ¿Por qué nunca más se habló de Artigas, hasta que nuevamente lo convocara el General Leandro Gómez durante las arengas y proclamas a sus soldados, durante el sitio de Paysandú?  

¿Pero entonces por que la derrota de Artigas?
¿Qué cosas han quedado de su epopeya?
¿Dónde han ido a parar sus ideales?
¿Quiénes y en que cosas lo traicionaron?
¿Quienes hasta continúan ignorándolo y silenciándolo por las mismas razones que aquellos traidores de su época?.

De la victoria de Guirapuitá a la derrota de Tacuarembó.
Artigas proyectó una gran contraofensiva para desalojar a los portugueses de la Banda Oriental, llevando el teatro de la guerra al territorio brasileño. La vanguardia de Artigas marchó hacia el Brasil comandada por Latorre. Los portugueses comandados por el coronel Abreu, los esperaban en Guirapuitá. El choque se produjo junto al Guirapuitá chico el 14 de diciembre de 1819 al medio día. Los portugueses se abrigaron en un cerro escabroso pero los artiguistas fueron a la carga y a las cuatro de la tarde la batalla había quedado decidida a favor de los patriotas quienes se quedaron con muchos armamentos y un cañón.

Después de ese triunfo, cuatrocientos patriotas avanzaron hasta el Paso de Rosario, del Río Santa María, adonde se habían dirigido las tropas dispersas de Abreu para unirse al ejército que comandaba el mariscal Cámara. Frente a la gran superioridad numérica de los portugueses ese batallón intrépido marchó hasta la Quebrada de Belarmino para incorporarse a las fuerzas de Artigas.

Mientras el Protector de los Pueblos Libres se hallaba en la costa del Río Santa María, no se olvidó de los grandes problemas de las provincias de su protectorado y, a fines de diciembre escribió a Aráos, Guemes Ramirez y San Martín. Su gran preocupación era el triunfo del sistema democrático sobre el centralismo oligárquico que imperaba desde Buenos Aires.

El plan de contrainvasión proyectado por Artigas incluía para su avance dentro de Brasil, la captura de caballadas. Pero los portugueses habían tomado todas las precauciones para retirarlas y como el triunfo de Guirapuitá se había debido mayormente a la caballería, creyó que era su deber el regresar inmediatamente a la costa del río Uruguay para obtener caballadas. Fue durante ese compás de espera cuando se produjo el desastre de Tacuarembó.

Sólo treinta y nueve días después de la victoria de los artiguistas en el Brasil, amaneció el día luctuoso de Tacuarembó. En efecto el 22 de enero de 1820, sería recordado por los orientales como un día de duelo. El caso fue que el Conde de Figueroa, Gobernador de Río Grande, quiso vengar la derrota de Guirapuitá, y con un ejército de tres mil veteranos bien pertrechados salió en busca de los orientales. Mientras esperaba las caballadas que Artigas había ido a buscar, el comandante Latorre, recién nombrado como jefe de operaciones, se había retirado a la punta del río Tacuarembó. Las lluvias impidieron que Sotelo, quien comandaba la división formada por patriotas de Misiones, pudiese  cruzar el río con la vanguardia. En tales circunstancias fueron sorprendidos por Figueiras en las primeras horas de la mañana, siendo acribillados.

En la matanza de Tacuarembó perecieron la mayor parte de los indios de Misiones de los cuales sólo algunos se salvaron a nado. Los portugueses se llevaron como prisioneros a Sotelo, gravemente herido. a Bulnes y Aguiar. Tres días después los sobrevivientes llegaban a Mataojo, comunicándole a Artigas el desastre sufrido por Latorre. Frente a ese contratiempo, Artigas tuvo que modificar de inmediato los planes a causa de la malograda contrainvasión.

El argentino Delio Panizza escribe un poema dedicado a Artigas y a la traición de Buenos Aires

“No perdamos la vista en el detalle,
Ahondemos el concepto y la mirada
Y veremos surgir de las tinieblas
La verdadera esencia de su drama.

Son muchos personajes
Moviéndose sobre las duras tablas;
Pero de todos ellos,
Barridos por el odio a la desgracia,
Quedan solo en escena,
Alentando con fuerza sobrehumana,
Dos hombres superiores;
Artigas en el llano
Y San Martín domando la montaña.

Sobre los dos ha de caer la noche,
La misma noche llena de nostalgias,
Negra noche de olvido
Ostracismo nublado de borrascas
Sólo alumbrado por un astro insomne
El recuerdo doliente de la patria…!

Cada día se ahonda aquel abismo,
Cada día es más hórrida la lucha,
El portugués se espesa,
Sus intrigas satánicas se aguzan
Y en trono al Protector tejen su trama
Por vil, cobarde; y por traidora sucia…

¡Traición! Sierpe de baba
Que los pobres espíritus emula,
La razón entorpece,
El corazón enluta,
Y cubre los caminos de los grandes
Con su niebla confusa…
A  veces fue tan sólo
Desesperanza, burla
Del valor acosado por la insidia
Del corazón vencido por la astucia,
De la razón que sin razones tuercen
En una brega que no acaba nunca…

Ahora las promesas se suceden
Y el interés secundan;
Pero, por sobre todas las miserias,
Hecho fuego que alumbra
Los caminos de America, se yergue
Una vez más Artigas, desenfunda
Su poderosa espada
Y va a ofrecer la última
Llamarada del genio;
Es la postrer batalla donde triunfan
Sus principios, su f, su democracia,
Su numen que se encumbra
En la victoria de Santa María
Como en una columna…

Y Buenos Aires sorda todavía
Ante el clarín que la victoria anuncia
Sigue soñando aún en la corona
Del Príncipe de Luca…

La batalla de Cepeda y el triunfo Federal en Buenos Aires.

Durante el año 1819 Artigas preparó dos grandes campañas; la contrainvasión que debía ir al Brasil y la revolución federal que debía derrocar al Directorio. Ambos proyectos requirieron una preparación cabal. La campaña contra los portugueses estaría a cargo de Artigas y Latorre, mientras que la campaña contra los ejércitos directoriales de Buenos Aires quedaría confiada a Francisco Ramírez, comandante de Arroyo de la China, y Estanislao López, gobernador de Santa Fe.

Después del triunfo de Guirapuitá, Artigas despachó desde el Brasil un mensaje para el Directorio Supremo, en el cual manifestaba que Ramírez apoyaría a los pueblos que “reclaman por su seguridad”. En otro mensaje escrito, también el 27 de diciembre de 1819, Artigas se dirigió al Congreso de Buenos Aires, en el cual expresaba:
“Merezca o no vuestra Soberanía la confianza de los pueblos que representa contra la pérfida coalición de la Corte del Brasil y la administración dictatorial. Los pueblos revestidos de dignidad están alarmados por la seguridad de sus intereses y los de América. Ustedes decidan con presteza. Yo, por mi parte, estoy resuelto a proteger la justicia de aquellos esfuerzos. La sangre americana en cuatro años ha corrido sin la menor consideración: la presente usted debe economizarla, sino quiere ser responsable de sus consecuencias ante la soberanía de los pueblos.”

El mensaje de Artigas al Congreso de Buenos Aires no llegó a su destino hasta el 29 de enero de 1820. Tres días después se producía el choque entre el ejército directorial y el de los federales. Rondeau había acampado con 1300 solados cerca de la cañada de Cepeda cuando fue atacado por 800 soldados federales. En un oficio escrito por Ramírez después de ese brevísimo combate, decía “en 8 minutos desaparecieron hasta las esperanzas de los tiranos…Son infructuosos todos los esfuerzos que haga la Administración de Buenos Aires para que la revolución refluya a favor de los enemigos de la libertad de los Pueblos”.

A la noche del día siguiente a la victoria federal de Cepeda la noticia llegó a Buenos Aires, y los federales se lanzaron a las calles para celebrar jubilosamente ese triunfo, mientras los elementos adictos a la oligarquía se dispusieron a salir de la ciudad. El Congreso se declaró en receso, expresando el deseo de “sellar la unión de los pueblos con quienes desgraciadamente estamos en guerra, sobre la base de eterna justicia e interés reciproco”.

Con fecha del 3 de febrero de 1820, el Cabildo de Buenos Aires, contestó los oficios de Artigas manifestando que, “un nuevo orden de cosas ha sucedido”, después de haber juzgado al Directorio en estos términos; “Este pueblo ha sido la primera víctima que ha sacrificado en el altar de la ambición y de la arbitrariedad”.
El mensaje del Cabildo de Buenos Aires fue dado a conocer mediante la “Gaceta”  del día 9, por medio de la cual el público se enteró oficialmente de la propuesta de paz que se le hacía a Artigas como Protector de los Pueblos Libres.

La victoria de Cepeda también sería recordada por otro argentino de nombre Guillermo Saraví, quien le dedicara un poema llamo “Marcha de las Montoneras”.

Camino de Buenos Aires
Con sus tropas veterana,
Pancho Ramírez y López
Por la llanura avanzan…

Entre el nubarrón de polvo
Que finge en la lontananza
La humareda de un incendio
Que los campos abrasara,
Y a la luz de un sol naciente
Que colora las estampas,
Van los dragones de López
Custodiando con sus lanzas
La bandera biceleste
De diagonal colorada.

Los Húsares de la Muerte
Que son la escolta bizarra
Y el crédito de Ramírez
Encabezan la vanguardia
Bravía y arrolladora
De la legión entrerriana.

Requintan en los morriones
la hermosa divisa bárbara
de ese “Mueran los tiranos”
con que a los siglos les habla
la reciedumbre nativa
de libertad y de patria. 

El caudillo de Entre Ríos
Al frente rige la marcha
En la brisa mañanera
Lleva flotando la capa
Como un lábaro de guerra
O como el mito de un ala
Cuya dimensión sugiere
La envergadura del águila.  

En el ástil contraída
Su mano es como una garra:
Garra por que tiene un poco
Del jaguar de sus marañas
Y como una fiera en celo
Sobre la historia se lanza
Para escribirla a su gusto
O ensangrentarle las páginas.

Fija sobre el horizonte
Los rayos de su mirada,
Y en un  momento se duda
Contemplando su arrogancia
Si alumbra el alba sus ojos
O si sus ojos al alba.

Al cartel de desafío
qué  el Directorio levanta,
le responde con el trueno
de sus potros de batalla
y el clarín de los degüellos
y el vendaval de sus lanzas.

Le va a arrancar el secreto
De su transacción monárquica
Y le impondrá los dictados
De la fe republicana
Que en las hordas federales
Y en las montoneras ásperas
En un instinto de vida
Que esta reclamando revancha!

No es reyerta disolvente
La que a la lucha lo arrastra
Ni es de menguado designio
Ni la traición a la patria…
Soldado del predio indio,
De mayo sirvió a la causa,
Y el verbo de independencia
Que conjugó frente a España,
No es divisa de odio estéril
Ni rebeldía que infama,
Sino un sueño de justicia
Que le hace empuñar la espada
Contra toda dictadura,
Sea propia o sea extraña.

Rondeau, su propio enemigo
Con quien va a entrar en batalla
Libró los chasques patriotas
O su valor y confianza…
Rondeau lo puso en contacto
Con la selva milenaria
Que cumpliendo su promesa
Detrás de él se ha puesto en marcha.

Rondeau que es el Directorio 
Conduce su fuerza armada:
Dragones santafecinos
Y falanges entrerrianas
Le vana a dar en Cepeda
La más heroica enseñanza!

Resuena el trote violento
Por la extensión azorada.
Sucias banderolas flotan
Sujetas a las moharras.
Conservan olor a monte
Las trenzas y las tacuaras
Hay retumbos de cascos
En la amplitud de las pampas,
Y entre el crujir de los cueros
Y el vibrar de las rodajas
Y el isócrono escarceo
De los caballos en marcha,
Se escuchan de tarde en tarde
Las voces de un a guitarra…
Novia del clarín que quiso
Llevar para la jornada,
Cinta roja en el pescuezo
Y voz matrera  en la caja.

Por un momento se muda
De traje la Historia Patria:
Se ajusta bota de potro
Y enorme llorona gaucha.

Entre una nube de polvo
Que van dejando a la espalda,
Los escuadrones siniestros
Por las llanuras avanzan…

El triunfo logrado por los federales en Cepeda, el 1 de febrero de 1820 debía repercutir, obviamente, en un acrecentamiento de la influencia de Artigas, quien había trazado los planes de esa exitosa campaña.
Las instrucciones dadas por Artigas a Ramírez Comandante General y jefe del ejército federal establecían como condición especial, que para cualquier arreglo que se suscribiera con Buenos Aires debía requerirse el inmediato desalojo de los portugueses que habían ocupado la Banda Oriental. Pero en el Tratado de doce artículos, firmado en El Pilar el 23 de febrero de 1820 no se incluyó ese requisito fundamental.

Artigas se opuso al Tratado del Pilar, como lo expresó  en sus oficios a Ramírez, por que no se encaraba el problema de la invasión portuguesa se omitía la participación en la discusión y firma del mismo a tres provincias, Banda Oriental, Corrientes, y Misiones. Eran estos los primeros indicios de la insubordinación de Ramírez frente a Artigas. Debilitado por el golpe asestado por los portugueses a sus tropas en Tacuarembó.

Según el “Pacto secreto del Pilar”, Ramírez debía recibir armamentos de Sarratea, gobernador de Buenos Aires, proverbial adversario de Artigas. El armamento entregado lejos de ser utilizado para expulsar a los invasores portugueses, fue empleado en contra de Artigas.  El historiador Hernán Gómez entiende que en el Tratado del Pilar no se fijó la situación de Corrientes y de Misiones porque debía existir un acuerdo secreto entre Sarratea y Ramírez para que esas provincias fuesen ligadas a su república Entrerriana, al precio de derrocarlo al Protector de los Pueblos Libres.

Durante el mes de julio, antes que Artigas pudiese reorganizar las fuerzas dispersas o recibir el apoyo de nuevos contingentes. Ramírez salió en persecución de los artiguistas, librando combates en las costas del Gualeguay, en las puntas de Yuquerí, en Mandosiví, en las Tunas y en Abalos.
La lucha prosiguió en la provincia de Corrientes, donde fueron apresados los barcos artiguistas al mando de Campbell. De ese modo se debilitó la posición de Artigas quien sufrió un nuevo contraste en Asunción del Cambay.

El antagonismo entre el ideario de Artigas, y el de Ramírez era evidente. Artigas abogaba por la organización de una gran república formada por la confederación de todas las provincias del Plata, el otro libró una lucha que pareció inexplicable hasta que se creó la República de Entrerríos, después que el Protector de los Pueblos Libres entró en el Paraguay donde las circunstancias adversas y la traición de tantos frustraron sus proyectos.

 

 

 

15 de junio de 2010

 

MENSAJE DE LA 36

ARTIGAS
LOS TRAIDORES DE ESTA BANDA

  artigas.jpg

Bertolt Brech hace referencia ha cinco dificultades para quien escribe la verdad. Sobre la primera hablamos ayer, hoy mencionaremos la segunda.

La sagacidad de reconocer la verdad
Ya que es difícil reconocer la verdad, que por doquier sofocan, muchos creen que escribirla o no escribirla es problema de carácter; creen que hasta el valor; y olvidan la segunda dificultad encontrar la verdad. En ningún caso se podrá decir que encontrarla sea fácil.
En primer lugar, no es fácil darse cuenta de cual verdad vale la pena decir. Hoy, por ejemplo, ante los ojos del mundo entero, los Estados de gran civilización se sumergen, uno tras otro, en la extrema barbarie y además todos saben que la guerra interna, conducida con los medios más despiadados, puede , de un día a otro, transformarse en otra exterior, reduciendo quizá nuestro Continente a un montón de escombros. Esta es sin duda, es una verdad; pero, naturalmente, existen además otras verdades. También es cierto que las sillas sirven para sentarse, y que la lluvia cae de arriba para abajo. Muchos poetas escriben verdades de esta especie, similares a pintores que cubrieran con naturalezas muertas las paredes de un barco que se hunde. Nuestra primera dificultad, para ellos no existe, a pesar de temer la conciencia en su sitio. Sin dejarse turbar por los potentados, pero no menos imperturbables para oír los gritos de quienes sufren la violencia, avanzan vendiendo sus imágenes. La absurdidad de su comportamiento les provoca “profundo” pesimismo que venden caro y resultaría más justificado en los otros, frente a tales maestros y tales ventas. Y, es necesario decirlo, no es tan fácil reconocer que las suyas son verdades del género de aquellas sobre las sillas y la lluvia; ya que, por lo general, suenan bien distinto, como si fuesen verdades que se refieran a las cosas importantes; y la creación artística consiste, precisamente en conferir importancia a una cosa.

Sólo mediante cuidadosa observación se puede reconocer que no dicen sino que la silla es silla y que nadie puede hacer nada si la lluvia cae de arriba para abajo.

Esta gente no sabe encontrar la verdad que vale la pena escribir. Otros, al contrario, se ocupan realmente de las tareas más urgentes, no temen a los potentados ni a la pobreza y no obstante todo, no encuentran la verdad. Les faltan las nociones más necesarias. Están llenos de viejas supersticiones, de prejuicios famosos, cuya feliz formulación se remonta a las más lejanas edades. Para ellos el mundo es demasiado complicado: no conocen los hechos ni ven las relaciones.

Además de la intención se requieren nociones accesibles y métodos que se pueden aprender. Aquellos que en nuestra época escriben informes complicados sobre grandes cambios, deben conocer el materialismo dialéctico, la economía y la historia. Son nociones adquiribles en los libros, mediante enseñanza práctica, aun cuando no sea inmediata la aplicación necesaria. Muchas verdades, partes de verdades o situaciones de hecho que llevan a encontrar la verdad, se pueden descubrir con más facilidad. Cuando se busca, es bueno tener método, pero se puede encontrar aún sin método y hasta sin buscar. En esta forma casual quedará, sin embargo, casi excluida la posibilidad de representar la verdad, de tal manera que los hombres, gracias a tal representación, sepan como deben obrar.

La persona que anota sólo pequeños hechos, no tiene capacidad de hacer manejables los problemas de este mundo. Pero la verdad tiene este fin y ningún otro. Aquella persona no está a la altura de escribir la verdad.

Cuando uno está listo para escribir la verdad y es capaz de reconocerla, quedan aún tres dificultades por superar.
Mañana hablaremos de la tercera dificultad, “El arte de hacer la verdad manejable como arma”.

La traición al Protector de los Pueblos Libres no solo fue del lado de los jefes entrerrianos y correntinos, también del lado oriental no faltaron los conspiradores y los traidores al Jefe de los orientales. El historiador Alfonzo Fernández Cabrelli documenta que ya en diciembre de 1819 el artiguismo, enfrentado a aquella reactivada y ampliada confabulación de intereses, temores y de nuevos y viejos apetitos estaba al borde de su desesperación como fuerza política de todo el ámbito en el que había sido por tan cortos pero intensos años verdadera vanguardia directora de la lucha de los pueblos interiores contra el centralismo porteño; fuerza removedora de conciencias y propugnadora de un proyecto verdaderamente original, nacional americanista, que Artigas llamaba “el gran sistema americano”.

Es preciso reiterar aquí que desde que se conocieron las primeras derrotas del artiguismo en la Banda Oriental se evidenció en la conducta de los caudillos de Santa Fe y de Entre Ríos, provincias de retaguardia en la lucha contra los lusitanos, que soportaban las presiones militar y propagandística que ejercía el directorio Logista porteño, un creciente deterioro de su respeto por las indicaciones del Protector, como director de la guerra. El primer indicio de ese cambio lo encontramos en un oficio que Artigas dirige el 7 de mayo de 1818 al Cabildo de Maldonado, en el que dice: “Con esta fecha escribo agriamente a Ramírez sobre su comportamiento”. Al año siguiente algo más grave ocurre en Santa Fe; allí el caudillo López contrariando expresas indicaciones del Protector, celebra un armisticio con Belgrano. El 7 de mayo de 1819, Artigas reprocha a su coaligado: “el armisticio celebrado con el General Belgrano, reclamó todo mi cuidado. Menos doloroso me hubiera sido un contraste en la guerra”.

En agosto del mismo año, ya lo vimos Ramírez es quien se desentiende de sus advertencias aliándose estrechamente a Carrera. Después sucedió los que veíamos ayer, victoria de las tropas federadas en Cepeda. Tratado del Pilar y definitiva defección del caudillo entrerriano.
Como vemos se trata de un clarísimo proceso de descaecimiento de la autoridad del jefe. Algo parecido está ocurriendo en la propia Banda Oriental y ya no con relación a los militares pertenecientes al sector “patricio” de Montevideo, a los que vimos desertar en 1817; ahora son los paisanos los que decaen en su fervor. Al año siguiente, en el citado oficio al Cabildo de Maldonado debe reconocer: “Algo hemos sufrido por la omisión y descuido de los paisanos”.

En 1819 Llupes a cuyo cargo estaban las tropas patriotas que sitiaban Montevideo debe ser removido por graves actos de desobediencia, Tomás García de Zúñiga abandona la lucha y las cosas llegan a tales extremos que obligan a Artigas, irritado a escribir, una y otra vez a Felipe Duarte, nuevo jefe sitiador, lamentándose de la “apatía de los paisanos”. A tal punto había llegado esa desmoralización que el 22 de marzo de 1819, luego de la defección de don Tomás Duarte debe escuchar el trueno del Patriarca: “Usted me relata el suceso de García. Nada adelantamos con lamentar males de que no hay remedio, Usted cuélgueme un par de los primeros que agarre y entonces quedaré satisfecho…Ya no es posible guardar consideración con la indolencia de los paisano. Si no adelanta el empeño me veré precisado a abandonarlo y todo por hacer un castigo ejemplar. Ya me tienen muy irritado los paisanos y si firmo la resolución ella será pronta y fielmente ejecutada”.

Tal era la situación del artiguismo cuando a fines de 1819 la causa de la patria sufre un rudo golpe; el 19 de diciembre los jefes y milicias de Canelones deciden ofrecer su rendición al Barón de la Laguna. Golpe militar porque liquida la posibilidad de mantener eficazmente el sitio de la plaza; golpe moral de inmediatas consecuencias.
Recibida la propuesta Lecor recurrió a los orientales “ilustrados” para dar otro paso hacia la consumación del “plan maestro” elaborado por los logistas. El Cabildo de Montevideo, por medio de una Comisión nombrada al efecto e integrada por Juan José Durán, Alcalde de Primer voto, futuro intendente de la Cisplatina, Lorenzo Justiniano Pérez y Francisco Joaquín Muñoz,  se hizo cargo de los trámites de la “pacificación” que así se denominó la etapa que habría de terminar con la resistencia organizada del artiguismo. Después de entenderse con la gente “canaria” siguieron los “pacificadores” reduciendo, por el convencimiento, los restantes grupos que aún resistían luego del desastre de Latorre en Tacuarembó.

Manuel Durán, el leal capitán josefino, quien en carta a Rivera condenara acerbamente la rendición de los patriotas de Canelones le recomendó más tarde: “no seguir derramando sangre americana” y “esperar el momento oportuno”.
Para terminar de convencer a Rivera llegaron a su campamento su amigo Julián de Gregorio Espinosa y el notorio Lucas José Obes.
La actuación de la logia “Los Caballeros Orientales” en estas tareas de pacificación y los fines que con ellas se perseguían son explicados así por Lorenzo Justiniano Pérez en su Resumen Histórico:
“En cada capital de departamento convocaba la Comisión al vecindario a un Cabildo abierto, y se les decía que los portugueses no venían a dominar al país, sino a restablecer el orden y que se retirarían luego que este estuviese restablecido; que los departamentos estarían guardados por los mismos vecinos, para lo que se les darían armas y que obedeciesen solo al Cabildo de Montevideo; las actas se extendían en estos términos y se pasaban a firmar al general Lecor; el objeto de los patriotas era armar el país para en oportunidad sublevarlo y expulsar a los portugueses”.

Más adelante quien sería una de las víctimas de tanta ingenuidad reconoce: “el general portugués no cumplió lo pactado por medio del Cabildo con los Pueblos, pues no dio armas al vecindario, y mandó tropas a todos los departamentos. El Cabildo le exigió con energía el cumplimiento de lo pactado, y el general Lecor después de entretener y demorar la contestación, usó la violencia de expulsar a los cabildantes dejando sólo a don Juan José Durán y al portugués Correa, diciendo en su nota que no había ningún tratado sino la fuerza que había conquistado el país, y que en consideración a sus familias no tomaba otras medidas con los señores del Cabildo. Los cabildantes expulsos fueron don  Juan Francisco Giró, don Francisco Joaquín Muñoz, don Lorenzo Justiniano Pérez y don Juan benito Blanco”.
Una etapa había terminado para el pueblo oriental; otra comenzaba.

A fines del año 1918, Tomás García de Zúñiga había engrosado las filas de los desertores. La correspondencia que José Artigas mantuvo desde ese año con Felipe Duarte a cuyo cargo quedará a inicios de 1819 la escasa tropa que trataba de impedir la entrada a la Plaza de los bastimentos para atender las necesidades de sus habitantes y de las tropas portuguesas brasileras que la guarnecían, bien puede representar una síntesis de lo que estaba ocurriendo en el campo artiguista, tanto en el terreno militar como en lo anímico de la gente, en los días finales de la residencia y resistencia de Artigas en territorio patrio y por tanto en los últimos días de su Provincia Oriental.

El 11 de marzo de 1818 menudeaban las deserciones en campo patriota; Duarte había remitido al cuartel general tres desertores y junto con ellos, a la persona Pintos en cuya casa habían recibido refugio. El Protector le escribe: “Los tres desertores eran blandengues, no se como Pintos los haya tenido abrigados. El tal… tiene cometidos tantos excesos que ni con la vida lo pagaba. Se le conmutó a una paliza de la que marchó al hospital…Salud y Libertad”

Es ene enero del año siguiente cuando Duarte se hace cargo del comando de las fuerzas que sitiaban la Plaza, el Jefe de los Orientales le escribe: “Allí según tengo entendido no falta energía a los paisanos, lo que falta es carácter a los jefes…Los hombres se han envilecido prostituyendo los intereses del país…Si se tolera el tráfico de la plaza …los que ven y observan esto qué han de hacer: imitarlos. El punto que debía haberse sostenido con más empeño ha sido el más débil y el que había de prometernos más esperanza contra los portugueses ha sido el más empeñado en sostenerlos. El misterio no lo entiendo…Mis paisanos siempre han sido dignos y no se ahora por que han rebajado su carácter”.

En este caso, cuando señala la infidelidad de los oficiales se esta refiriendo a la actuación de Yupes y sus segundones que estando a cargo del puesto que ahora ocupaba Duarte habían permitido el ingreso de abastecimientos a Montevideo, y en ese tráfico habían participado también los míseros gauchos y paisanos de la zona que no tenían por entonces más recursos que esas especies de “ilícito comercio”.
El 24 de febrero José Artigas entera a Duarte de que en Entrerríos los paisanos se están rebelando contra la conducción artiguista: “Remitido a Usted el número de presos que expresa la relación adjunta. Todos los que marchan son útiles para soldados. El caso es alejarlos de Entrerríos… Allí sólo sirven para incomodarnos… Todo es gente que ha agarrado Aguiar. Han sido buenos para hacernos la guerra y deben ser mejores para pelear con los portugueses”.

Duarte ha escrito a José Artigas refiriéndose a la deserción de García de Zúñiga; el Caudillo le responde el 22 de marzo “Usted me relata el suceso de don Tomas, Nada adelantamos con lamentar males de que no hay remedio. Usted cuélgueme un par de idos primeros que agarre y entonces quedaré satisfecho…Ya no es posible guardar consideración con la indolencia de los paisanos. Si no adelantan en el empeño yo me veré precisado a abandonarlo todo por hacer un castigo ejemplar. Ya me tienen muy irritado los paisanos y si firmo la resolución ella será pronto y fielmente ejecutada. Usted vaya estrechando el sitio con partidas aunque sea de soldados ya que no hay oficiales”.

Otras cartas de este mismo tono siguió escribiendo José Artigas en esos meses; comprobamos como sus reacciones se van haciendo más ácidas, más duras, enfrentando como está al cúmulo de los fracasos militares propios y de sus capitanes, al abandono que de sus filas hacen, más abundantes cada día, oficiales y soldados y a la indiferencia e incluso resistencia de los requeridos para enrolarse en el ejército de la patria.  

José Artigas estaba quedando sólo, apenas unos muy pocos capitanes leales lo seguían en su continuo desplazarse, huyendo y Monterroso cuyos discursos ya no traducían al lenguaje jacobino la ideas dictadas por el Caudillo. El derrumbe de la resistencia oriental estaba decretado.
Unos párrafos extractados de la memoria póstuma de Ramón Erasmo Càceres nos ofrecen una pintura, cuadro patético, de lo que ocurría en esos días finales de la patria artiguista en el inestable campamento del Protector, del estado de ánimo de uno de sus últimos compañeros.

El relato de Cáceres es posterior a un encuentro más con los portugueses y una derrota más de las fuerzas artiguistas en esa ocasión al mando de Sotelo donde este halló la muerte; en la huída el memorialista perdió sus botas. “Yo escapé a pie, y descalzo dice don Ramón, porque las botas se me quedaron entre el barro, caminé con cinco solados, tres días sin comer, hasta que llegamos al Mataojo en donde encontré a Artigas que tenía como 200 hombres de Entrerríos a las órdenes del Comandante Azevedo y se ocupaba de reunir, en auxiliar y en proteger a los dispersos. Yo fui el primer oficial que hablé con el después de la derrota se refiere a la de Tacuarembó perdida por Latorre el 22 de enero de 1820 y quien le dio una noticia circunstanciada de todo, pues Latorre Tejera y otros que se habían salvado a caballo se habían dirigido al paso de Mangrullo y en donde creyeron encontrar a Artigas. Este me regaló un par de botas de su uso, que tenían campanas blancas de charol y a los tres o cuatro días me hizo seguir con ciento y tantos dispersos que se habían reunido en el Paso mangrullo dándome una partida de ocho o diez hombres de su escolta para que nos carneasen algunas reses en el camino.

Al otro día de mi salida llega el Comandante Gregorio Aguiar de Maldonado, en donde había estado empleado después que escapó de los Portugueses y trajo la noticia de que don Frutos Rivera cediendo a la influencia de personas muy notables en el país, estaba unido o al menos en relación con los Portugueses. Este suceso labró mucho en el ánimo de Artigas y desde entonces trató de abandonar la cuestión y pasar al Entrerrios. No tardó Artigas en venir al Mangrullo en el acto nos reunimos todos los oficiales para cumplir ir a cumplimentarle y entonces nos ordenó que formásemos la tropa que no alcanzaba a 400 hombres de distintos cuerpos y le dijésemos en su nombre que cada cual podía irse donde se le antojase por que no pensaba continuar la guerra con los Portugueses. Efectivamente nosotros cumplimos esta orden que la tropa escuchó silenciosa y abatida, más nadie se movía. Entonces se me ocurrió a mi la idea de pedir licencia para ir a Mandosiví, en donde estaba un comerciante amigo mío llamado Don Juan Antonio Plaza para que me diese aunque fuese una bayeta, pues no tenía con que taparme y me proveyese de alguna montura, por que nadaba en pelo. Consulté esta determinación con Don Andrés Latorre y con el Padre Monterroso Secretario de Artigas y uno y otro se encogieron de hombros, diciéndome que hiciera lo que me pareciese. Me fui a hablar con el general Artigas, lo hice presente mi deseo y le pedí un pasaporte, me dijo que no lo necesitaba y que no quería poner su firma en nada por que no trataba de tomar la menor parte a la cabeza de los negocios y que su firma ya nadie la respetaría tampoco”. Y agrego con tono irónico, trate Usted de asegurarse que yo tomaré de hacer lo mismo.
Salí como a las 4 de la tarde del Mangrullo con aquella gente en formación y al día siguiente pase al Uruguay a la cola de mi caballo, enfrente de Mandosiví.  

Poco faltaba para que José Artigas pasara el 14 de febrero de 1820 a la banda occidental del Uruguay con lo que quedaba decretado el fin de la Provincia Oriental Artiguista.

¿POR QUÉ DESDE NIÑOS SE NOS ENSEÑÓ QUE NUNCA SE SUPO LA RAZÓN  POR LAS CUALES EL PROTECTOR DE LOS PUEBLOS LIBRES Y HÉROE DE LA BANDA ORIENTAL, NUNCA QUIZO REGRESAR A ESTA BANDA?

¿NO ES ACASO UNA RAZÓN DE HONOR Y PODEROSA LA TRAICIÓN DE SUS OFICIALES, DE SUS PAISANOS, DE LOS BLANDENGUES, DE LOS PATRIARCAS, DE LAS LOGIAS, DE LOS CAUDILLOS ENTRERRIANOS Y CORRENTINOS?

¡HAY QUE CONOCER LA VERDAD Y NUNCA ES TARDE PARA ELLO!

HACE MENOS TIEMPO TAMBIÉN HUBIERON PACTOS COMO EL DEL PILAR.
PACTOS DE PACIFICACIÓN.
PACTOS DE LOGIAS.
SON TESTIGOS DE ELLOS EL BATALLÓN FLORIDA Y EL CLUB NAVAL.

HABRÁN DE PASAR DOSCIENTOS AÑOS ANTES QUE SE CONOZCAN.

 

 

 

ARTIGAS DERROTADO
“El fin de la Patria Grande”

 

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Bertolt Brecht se refiere a cinco dificultades para quien escribe la verdad. Escribir la verdad es combatir la mentira y la ignorancia y para ello se deberán superar al menos cinco dificultades aunque en todas partes la sofoquen.
Hoy después de haber señalado en los días anteriores dos de ellas, dejaremos planteada la tercera.
“El arte de hacer la verdad manejable como arma”.
La verdad debe ser dicha para sacar de ella determinadas conclusiones sobre el propio comportamiento. Como ejemplo de verdad que no permite sacar conclusiones, o sólo conclusiones equivocadas, sirve la opinión, largamente difundida, según la cual las condiciones deplorables que reinan en ciertos países provienen de la barbarie. Tales opiniones miran el fascismo como ola de barbarie, que sumerge ciertos países, como catástrofe natural.

Según esta opinión el fascismo es la nueva tercera fuerza, al lado del capitalismo y del socialismo, y por encima de ellos; por tanto, so sólo el movimiento socialista, sino también el capitalismo, continuaran existiendo sin el fascismo. El fascismo es una fase histórica, en la cual entró el capitalismo y, por lo mismo, es algo viejo y nuevo a la vez. En los países fascistas el capitalismo no existe sino como fascismo y el fascismo no puede ser combatido sino como capitalismo, como la forma más escueta, más descarada, más opresiva y engañosa del capitalismo. 

¿Cómo alguien que quisiera combatir el fascismo, podría decir la verdad sobre él, si no quiere decir nada contra el capitalismo que lo engendra? ¿Cómo convertir en practicable esta verdad?

Aquellos que están contra el fascismo, sin estar contra el capitalismo, que se lamentan de la barbarie que origina la barbarie, se parecen a los que quieren comer su tajada de ternera, pero no quieren que se mate la ternera. Quieren comerse la ternera, pero no quieren ver sangre. Basta que el carnicero se lave las manos antes de llevar la carne. No están contra las relaciones de propiedad que causan la barbarie, sino sólo contra la barbarie. Protestan contra la barbarie, en países donde existen, precisamente, las mismas relaciones de propiedad, pero donde los carniceros se lavan aún las manos antes de servir la carne.

Las acusaciones explícitas contra ciertas medidas bárbaras pueden ser eficaces durante cierto tiempo, mientras aquellos que las oyen estén seguros de que medidas similares no serán nunca aplicadas en sus países. Algunos países están en capacidad de mantener sus relaciones de propiedad con medios menos brutales que otros. La democracia presta tales servicios, para los cuales otros necesitan usar la violencia; garantiza la propiedad de los medios de producción. El monopolio de las fábricas, las minas, la tierra, crea en todas partes condiciones bárbaras; sólo que allí son menos visibles. La barbarie se hace evidente tan pronto se precisa la violencia abierta para proteger el monopolio.

Algunos países que no se han visto aún obligados, para salvaguardar estos monopolios, a renunciar también a las garantías formales del Estado constitucional y a cosas agradables como el arte, la filosofía y la literatura, escuchan con particular complacencia a los huéspedes que acusan a su propia patria de haber renunciado a tales comodidades, ya que esto puede ser útil en la guerra que prevén. ¿Reconocen la verdad los que, por ejemplo, exigen en voz alta la lucha despiadada contra Alemania: “porque es la verdadera patria del mal en nuestra época, la sucursal del infierno, la morada del anticristo”? Cabe decir que se trata de gente estulta, importante y nociva. La conclusión de tales vaniloquios sería, en realidad, querer exterminar a Alemania: todo el país, con todos sus hombres, ya que el gas, cuando mata, no escoge culpables.

Las personas que no conocen la verdad se expresan en forma genérica, elevada e imprecisa. Estúpidamente acusan a “los alemanes, se lamentan del mal y, en el mejor de los casos, el que los escucha no sabe que hacer ¿Decir, quizá, no ser alemán?. ¿El infierno desaparecería si fuese bueno? También los discursos sobre la barbarie, son de la misma especie. Al oírlos, la barbarie viene de la barbarie, y desaparece con la civilización, que viene de la instrucción. Todo esto se expresa en forma bastante genérica, no en vista de conclusiones sacadas de la acción y en el fondo no se dirige a nadie.

Semejante modo de representar las cosas muestra pocos eslabones de la concatenación causal y presenta ciertas fuerzas motrices como incontrolables. Tal método de representar las cosas contiene mucha oscuridad, detrás de la cual se encuentran las fuerzas que generan la catástrofe. ¡Un poco de luz y aparecerán hombres en la base de la catástrofe! ¡Un poco de luz, y aparecerán hombres en la base de la catástrofe! Ya que vivimos en una época en que el destino del hombre es el hombre.

El fascismo no es catástrofe natural, cuya clave se puede hallar simplemente en la “naturaleza” del hombre. Pero hasta de las catástrofes naturales se puede hablar en forma digna del hombre, en forma de hacer un llamado a su energía combativa.

Después del gran terremoto que destruyó a Yokohama, en muchas revistas norteamericanas se veía la extensión de ruinas. Debajo decía: “steel stood”, el acero quedó y, en realidad, quien veía sólo las ruinas en la primera ojeada, por estar más atento a la lectura del texto, notaba algunos edificios muy altos que quedaron de pie. Entre todas las posibles maneras de hablar de un terremoto, sin comparación, la más importante es la de los ingenieros, que calculando los desplazamientos del terreno, la violencia de las sacudidas, el calor desarrollado, etc, llegan a nuevas construcciones antisísmicas.

Quien quiera describir el fascismo y la guerra, las grandes catástrofes que no son catástrofes naturales, debe alcanzar una verdad susceptible de traducirse en la práctica. Debe demostrar que se trata de catástrofes en contra de la enorme masa de los que trabajan sin medios propios de producción, provocadas por los poseedores de tales medios de producción.

Cuando se quiere escribir con eficacia la verdad sobre ciertas condiciones deplorables, se requiere escribirla de tal manera que se puedan reconocer las causas evitables. Cuando las causas evitables se reconocen, las condiciones deplorables pueden combatirse.

La verdad hemos de encontrarla también nosotros los orientales, en tiempos donde un pícaro ha de engañar probablemente a los hermanos entrerrianos con pactos que pronto se han de olvidar.
Verdad que hemos de buscar en lo más profundo de nuestra propia historia como pueblo oriental, en el pensamiento, la obra y sobre todo en la traición a Artigas y sus ideas de Patria Grande.

En abril de 1820 Artigas tiene plena conciencia de la gravedad de su situación militar y política, es así que traslada su cuartel general de Mandosiví a Abalos y desde allí y para ese sitio, invita a Corrientes y Misiones para la celebración de un Congreso. Parecía utópico pretender, dado el dramático cambio producido en la situación de todo el área de su pasada influencia, a partir de sus derrotas en la Banda Oriental y de las que venía soportando en el propio Entrerríos a manos de su antiguo teniente Ramírez, casi sin ejército para continuar la lucha, que José Artigas pensara que de tal reunión pudiera derivarse algún cambio en su desesperada situación; sin embargo el caudillo confiaba. El Congreso se realizó en el segundo decenio de abril y a el asistieron, además del invitante, Juan Bautista Méndez, y Diego Rodríguez Méndez por Corrientes, Miguel Javier Arigú y Francisco Javier Sití por Misiones y Gregorio Aguiar. El 24 de abril de 1820 se firmó el siguiente acuerdo:
“Acta celebrada entre los jefes militares y representantes políticos de las tres Provincias Banda Oriental, Corrientes y Misiones reunidas en Congreso para resolver lo mas conveniente para sostener la libertad e independencia de estas Provincias contra los enemigos exteriores; en orden a los intereses de la federación y de común acuerdo resolvieron lo siguiente:

Art. 1 Los Jefes y Representantes de las tres Provincias se comprometen con todos los esfuerzos y recursos de sus provincias a sostener una guerra ofensiva y defensiva por la Libertad y la Independencia de estas provincias.

Art. 2 El Jefe de los Orientales ciudadano José Artigas será reconocido por los jefes y autoridades de las Provincias de la Liga por el Protector de su Libertad y queda autorizado para decidir de la guerra y de la paz contra los enemigos exteriores e interiores.

Art.3 Las tres Provincias de la Liga se comprometen al cumplimiento de las providencias del Excelentísimo Señor General como Directorio de la Guerra y la Paz.

Art.4 El excelentísimo Señor Protector y Director de los Pueblos se compromete por su parte a no celebrar convenio ni tratado alguno con los enemigos exteriores o interiores sino aquel que se asegure y deje a salvo la Libertad e Independencia de estas provincias.

Art.5 Las Provincias de la Liga no pueden ser perjudicadas ni en la libre elección de sus gobiernos, ni en su administración económica según  los principios de la federación.

Art.6 Las tres Provincias admiten bajo estos principios a otra cualquiera que entre por los intereses de una liga ofensiva y defensiva hasta la resolución en un Congreso general de las Provincias.
Cuyos artículos firmados y ratificados, Ante mi, por los jefes y representantes de las tres Provincias, se mandan publicar y archivar en cada una de ellas por los Jefes y Autoridades de cada respectiva Provincia como un constante documento de la expresión de su voluntad.
Para ello se firman tres de un tenor de la presenta acta celebrada en la Costa de Avalos, a 24 de abril de 1820, José Artigas, Juan Bautista Méndez, Diego Rodríguez Méndez, Representante Miguel Javier Arigú, Representante Gregorio Aguiar, Francisco Javier Siti.

Expresa el historiador Alfonso Rodríguez Cabrelli que del irrealismo  de aquella reunión y de este compromiso dan cuenta las que pueden haber sido las dos últimas, grandes y dramáticas decepciones recibidas por José Artigas antes de su obligado exilio Paraguayo; efectivamente, a poco más de una semana de rubricado el pacto de Abalos los gobernantes correntinos, Cabildo y jefes Militares, deciden apartarse y enfrentar con las armas a las fuerzas artiguistas y en julio otro de los firmantes, el comandante guaraní Francisco Xaver Sití celebraba alianza con su tocayo Pancho Ramírez a quien acompañó en la postrera persecución que debió soportar el Caudillo Oriental antes de cruzar el Paraná con los pocos leales que lo acompañaron en la última pacífica y tristísima marcha de vencidos, ya en territorio paraguayo.
Artigas, batido por los luso brasileños en la batalla de Tacuarembó, se replegó hacia Entre Ríos. Interpretándolo como un intento de imponerse sobre él, Ramírez tomó las armas contra su otrora jefe y lo enfrentó en una rápida sucesión de batallas.
Ramírez fue derrotado en Las Guachas, pero el 24 de junio lo derrotó en una maniobra en la batalla de Las Tunas, en que hizo un inteligente uso de la artillería, al mando del comandante Lucio Norberto Mansilla, enviado en su ayuda desde Buenos Aires.
Tras una victoria menor cerca de Sauce de Luna y otra cerca de Goya sobre Pedro Campbell, atacó el propio campamento de Artigas en Ábalos, cerca de Curuzú Cuatiá, ya en la provincia de Corrientes, y lo derrotó completamente el 24 de julio. Éste sería el fin de la etapa del liderazgo ejercido por Artigas en el litoral.
Mientras sus segundos perseguían a Artigas por todo el territorio correntino, Ramírez ocupó la ciudad de Corrientes, hizo arrestar a Campbell y a Mariano Vera y se hizo nombrar gobernador. Poco después, tras intentar resistir en Misiones, Artigas debió refugiarse en el Paraguay de Francia hasta su muerte, más de veinte años después.
El 5 de setiembre de 1820, a los 56 años con la misma dignidad con que había luchado diez años por la “pública felicidad” el Protector se internó en el Paraguay.
Ya no habría Patria Grande.

Cuando la antorcha artiguista se apagó el botánico Agustín Francois César Prouvensal, más conocido como Auguste de Saint Hilaire, iniciaba su recorrido por el territorio de la Provincia Oriental. Desde 1816 había permanecido en Brasil viajando por las regiones de Río de Janeiro, Espíritu Santo, Minas Gerais, Goías, San Pablo, Paraná, Santa Catalina y Río Grande del Sur, en la infatigable tarea de recolectar materiales zoológicos y botánicos, de los cuales 7.608 fueron destinados al Museo de Historia Natural de París.
Saint Hilaire, vio a los prisioneros tomados en Tacuarembó, primero en Torres, donde estaba levantando un fuerte, y luego en Porto Alegre. Había entre ellos una docena de españoles residentes en Montevideo y algunos negros que habían huido de estancias de la capitanía de Río Grande. Todos los demás eran guaraníes. Algunos de ellos llevaban los restos de sus antiguos uniformes artiguistas.

El escritor y poeta uruguayo Juan Zorrilla de San Martín en su “Epopeya Artiguista” expresa así el relato “Vencimiento de Artigas”:

“Este vencimiento…del andante Artigas es un suceso que deja en el espíritu, si miráis en ello, la sensación de sorpresa y melancolía de los desenlaces inesperados. ¿Pero han vencido ya, realmente, definitivamente, a Artigas? Os sentís inclinados a preguntar…

“Si…está vencido como debía serlo, definitivamente derrotado; se acabó la historia de su vida pública. Y yo os digo que sí ese desenlace no fuera real, como lo es, el poeta épico lo hubiera inventado para ese humano drama; se lo hubiera impuesto la inspiración, mejor dicho, pues los verdaderos poetas no inventan nada propiamente, no conducen a sus héroes, sino que son conducidos por ellos. Yo mismo llego a creer, os lo aseguro, que estoy construyendo algo fingido, o repitiendo un cuento que me contaron, cuando os refiero esta peregrina historia. Esos tales caballeros deben ser vencidos, lo han sido siempre; lo fueron desde Sansón el cabelludo, que acabó tirando de la noria como si fuera un mulo, hasta Héctor el troyano, domador de caballos, arrastrado por el carro de Aquiles y hasta Don Quijote domador de endriagos malignos y el más amable de todos los nobles caballeros que en el mundo han sido”.
……………………………………………………………………………………
“Imaginad, pues…, la figura estética de ese hombre Artigas vencido. Está sentado, allá en el Norte de Corrientes, a orillas del río Paraná, linde meridional del Paraguay. En el Paraguay está el otro hombre, don Gaspar Rodríguez de Francia; allí no hay anarquía ni guerra, hay paz. Artigas tiene su caballo de la rienda, está envuelto en su poncho y con la pesada cabeza entre las manos. Sus últimos fieles la miran en silencio.
……………………………………………………………………………………
“Lo que pasa en este hombre,…y lo que seguirá pasando en el es un misterio; tiene el silencio de los lagos de montaña, inmóviles y profundísimos en sus nieblas. No en vano los comentarios son aquí contradictorios”.

…”En una noche estrellada, reunió a sus últimos compañeros, y a la luz del fogón, que humeaba en el desierto, mientras la Cruz del Sur, constelación augural, brillaba en el cielo, les hizo saber su resolución, se ausentaba del mundo para siempre, se iba a la sepultura, al Paraguay de Rodríguez de Francia. Todos quedaban en libertad de ir donde sus destinos los llevaran”.

“Algunos se fueron, otros quedaron a su lado. Ansina su negro asistente, le dijo: “Mi general yo lo seguiré aunque sea al fin del mundo”. Ansina envejeció con Artigas. El negro Joaquín Martínez no dijo nada; pero también siguió a su capitán, fue la sombra buena del héroe, vivió la vida de este, y murió su muerte”.

“Artigas puso su caballo al paso, y se dirigió a la frontera del Paraguay”.

…”Y allá va, rodeado de su última guardia, 200 lanceros, acompañado de su pobre negro Joaquín Martínez, de su negro asistente Ansina”.

…”El grupo derrotado cruza las soledades, de ellos salen, como fantasmas simbólicos, los indios que las recorren, se atraviesan al paso del héroe, y con el fervor del hombre primitivo que ve dioses en todas las cosas grandes, le besan la mano y le piden la bendición, y siguen tras de él con sus familias. ¡Los indios!
¡El último homenaje!
¡Oh el misterio de la raza muerta!

Bertolt Brech un alemán comunista auténtico que combatió al fascismo, nos ayuda a encontrar la verdad y hemos de transcribir en el día de mañana la cuarta dificultad que se debe vencer para conocer la verdad.
“El juicio de escoger a las personas en cuyas manos la verdad se hace efectiva”.

 Escribía entonces Joaquín Lenzina, Ansina un poema recordando aquella derrota, “El lamento de los libres”.

Permitidme que entone un lamento
Que cante y llore episodios:
Las tragedias de los momentos…
¡Cuan cerca esta el amor del odio!

De la gran victoria de Las Piedras
Los caprichos de un gobierno loco
Nos derrotaron con sus palabras…
¡Cuan cerca está lo mucho de lo poco!

Marchemos todos al exilio
Pero anhelando, sin embargo,
El regreso sin pedir auxilio…
¡Cuan cerca está lo dulce de lo amargo!

Montevideo fue sitiado
En nombre de la humanidad,
Pero Artigas fue traicionado…
¡Cuan cerca está la fortaleza de la debilidad! 

Después de la victoria de Guayabos,
Librada con  patriótico fervor,
Los porteños enviaron soldados y cabos…
¡Cuan cerca está la amistad del rencor!

A los portugueses resistimos
Haciendo frente a la gran invasión,
Pero en varias batallas perdimos…
¡Cuan cerca está la esperanza de la desesperación!

El valiente ejército patriota
En Carumbé buscó la suerte
Luchando como espartanos e ilotas…
¡Cuan cerca está la vida de la muerte!

Artigas dirigió la contra invasión,
Ganando la batalla de Guirapitá,
Tacuarembó fue una contradicción…
¡Cuan cerca está la victoria de la derrota!

La gran Cruzada Federal
A Cepeda llegó con honor
Aunque en el Pilar encontró su mal…
¡Cuan cerca está el gozo del dolor!

Ramírez invicto en Buenos Aires
Cedió a la porteña seducción,
Rompiendo los ideales Federales…
¡Cuan cerca está la lealtad de la traición! 

CUANTA VIGENCIA CONSERVAN ESTOS DIAS LAS PALABRAS DE ANSINA.

¡CUAN CERCA ESTÁ LA LEALTAD DE LA TRAICIÓN! 

 

 

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Tomado de CX 36 Centenario

 

 

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