Overblog
Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
El polvorín

URUGUAY - MENSAJE DE LA 36

26 Abril 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

                                                                  MENSAJE DE LA 36

 

 CX36.jpg

PACTO ENTRE TUPAMAROS Y MILITARES  DE LA DICTADURA
“CON RAZÓN LLORABA EL NIÑO, SI EL CHUPETE TENÍA HORMIGAS”
Texto íntegro del documento
Las bases del pacto al que el MLN y militares habían llegado en 1998
“Los muertos buenos son los nuestros y mal muertos están; los de ellos son malos muertos y bien muertos están”
 “Una democracia sana no debe, ni puede, sostenerse tomando de rehenes a los desaparecidos, sino con la paz y el orden que sobrevienen a la verdad y a la justicia en que vive la comunidad”
“Nadie puede afirmar que hubiera habido un plan de exterminio o que los desaparecidos hayan sido asesinados con fría premeditación, sino que lo fueron en circunstancias muy diversas y no buscando intencionalmente su muerte”
“Se alega que algunos desaparecidos no eran combatientes porque no portaban armas y que eran simples militantes políticos, intelectuales o escritores, etc”
“Nosotros como combatientes comprometidos con el futuro de la Patria, estaremos vigilantes ante eventuales aviesas maniobras, destinadas a provocar enfrentamientos artificiales que generen desestabilización en la vida institucional, sea cual fuere él, o los partidos de gobierno”
“Por esto no aceptamos que ninguna caterva de mal intencionados e hipócritas se declaren inocentes de toda culpa y nos acusen de ser la fuente de todos los males”

 

Hoy 25 de abril de 2011 apareció publicado en el diario uruguayo El Observador el documento firmado entre militares y tupamaros. En este documento aparece claramente el espíritu verdadero, la auténtica concesión de los dirigentes del MLN Tupamaros, respecto a las violaciones a los derechos humanos, sobre los militares de la dictadura, encargados de llevar a cabo la represión, y sobre el conjunto de las fuerzas de izquierda y del pueblo uruguayo.
Dirigentes que mientras desde el año 1998 ya tenían un acuerdo con los militares fundamentado en una concesión ultranacionalista y facistoide, por otro lado en apariencia hacían otra cosa totalmente bien diferente, engañando a su propia militancia y con la gente, con un discurso que exigía verdad y justicia, les hacían recoger firmas, y los entretenían con plebiscitos que nunca se ganaban.     

Hay además otras responsabilidades muy importantes de parte de aquellos dirigentes quienes conociendo estos acuerdos y su contenido han permanecido callados o en todo caso insinuando vagamente de la existencia de “conversaciones” entre tupamaros y militares, sin llegar jamás al fondo del asunto.  
Comenzando por las propias reuniones las cuales se hicieron nada menos que en la chacra del hoy Presidente José Mujica. Ahora los militares se reservan los nombres de quienes participaron en estos acuerdos, pero así como dieron a conocer los documentos, posiblemente en caso de verse obligados, tampoco no dudarán en mencionar a los dirigentes tupamaros firmantes.
Según el diario El Observador, definiciones sobre la “guerra” que hubo en Uruguay en las décadas de 1960 y 1970, el reconocimiento formal de que los “desaparecidos” están muertos y las razones que llevaron a su desaparición, y las responsabilidades compartidas por la violencia que vivió el país en el pasado, son algunos de los conceptos que se manejan en un documento de cinco carillas que dirigentes tupamaros y militares integrantes de la logia Tenientes de Artigas redactaron en 1998, como forma de dejar atrás las heridas del pasado. El documento, que publica hoy El Observador, fue divulgado por militares que están molestos con la aprobación de la ley de Caducidad, decisión política del oficialismo que, sostienen estos oficiales, se da de bruces con el espíritu de aquel pacto que no llegó a cerrarse por una serie de circunstancias políticas del momento. A continuación de transcribe íntegro el texto de este documento que se mantuvo en reserva por más de una década:
“Los abajo firmantes queremos dar a conocimiento público lo siguiente:
Desde hace ya un tiempo hemos venido realizando contactos de carácter reservado con miembros de la FF.AA. en actividad y en retiro, a quienes conocimos en oportunidad de los enfrentamientos armados, con el propósito de conocer el destino de los Desaparecidos. En dicha misión han participado un importante número de personas pertenecientes a ambas partes y se ha procurado no hacer caudal partidista o personal del tratamiento de este delicadísimo tema.
Quienes suscribimos esta declaración estamos en condiciones de asegurar que oficiales de las tres fuerzas y de distintas jerarquías, a quienes conocemos desde hace muchos años y de quienes sabemos su condición de combatientes, nos aseguraron que los siguientes compañeros están muertos.
Luego de varias y muy duras discusiones, también hemos convenido dar a conocer algunos conceptos a los que hemos arribado de consuno, aunque guardando igualmente serias discrepancias en torno al análisis del pasado.
Lo hacemos con el anhelo de colaborar en la mejor comprensión de estas difíciles páginas de la historia de los orientales; con intención pacificadora y espíritu reconciliatorio.
Observamos que una gran mayoría de los actores políticos y sociales que se muestran interesados en resolver el hecho de los desaparecidos, parecen abroquelados en alguna de estas dos siguientes posiciones simplificadoras: unos en el maniqueísmo de que “los muertos buenos son los nuestros y mal muertos están; los de ellos son malos muertos y bien muertos están”, y otros por el contrario han impulsado, o se han sumado, a la llamada “doctrina de los dos demonios” y muy sueltos de cuerpo declaran: “esos muertos y no son nuestros, ni los unos ni los otros; de ustedes de ambos bandos son los muertos y ahora debéis expiar culpa los unos y los otros, hasta el fin de los tiempos, porque nosotros somos inocentes, nosotros no tenemos nada que ver y repudiamos lo que ustedes han hecho”.
No ponemos en duda de que en ambas posturas hay personas honestas, y es a ellas a quienes están preferentemente dirigidas estas líneas, pero lo que rechazamos y denunciamos es el deliberado uso político que se está haciendo de estas posiciones.
Los muertos, todos ellos, murieron por sus ideales, y tienen razón los familiares de los desaparecidos cuando dicen que no son sólo un asunto de ellos, sino de toda la comunidad.
Por esto queremos descubrir a las falsas izquierdas y falsas derechas que están buscando medrar con el encono eterno, y a los falsos intelectuales y falsos humanistas que haciéndole el juego al gran poder y a la élite política gobernante, asustan a la gente con los dos demonios. Vacíos y limpios de toda culpa, los zorros que gobiernan llaman al pueblo a mantener enhiesto un nuevo tótem – mito – símbolo, alrededor del cual reunir la nueva república: los Desaparecidos; trágico saldo de un enfrentamiento que hubo entre “tupas y milicos”, chivos expiatorios cuya sangre debe ofrendarse a los dioses de la democracia.
Una democracia sana no debe, ni puede, sostenerse tomando de rehenes a los desaparecidos, sino con la paz y el orden que sobrevienen a la verdad y a la justicia en que vive la comunidad.
Es en orden a buscar juntos esa verdad y esa justicia, que les pedimos a todos los orientales que nos escuchen en estas reflexiones.
Comencemos por preguntarnos por qué causa fundamental hubo desapariciones de personas. Hubo desapariciones porque aquí hubo una guerra.
Hubo una guerra que partió al mundo en dos y que se le llamó “guerra fría” a nivel planetario, aunque nunca fue declarada pero que aquí se llamó “Interna” y si se llegó a decretar y declarar formalmente. Y fue una guerra que abrió una grieta profundísima que atravesó la nación entera, a todas sus instituciones y su gente, y dejó a cada lado dos trincheras ideológicas, porque la ideología fue la causa eficiente de la guerra: básicamente un enfrentamiento entre el liberalismo y el marxismo, las dos ideologías “modernas” y predominantes en este siglo.
De cualquier manera no se trata aquí de abundar acerca de cuales otras concepciones del hombre y la sociedad se alinearon a cada lado, o cuales de los antagonistas podrían alegar con más razones. Causa Justa para combatir, porque lo que nos ocupa aquí, que es el hecho de las desapariciones, no ocurre, al menos en apariencia inicial por la “jus ad bellum”, sino por el grado de justicia que hubo en desarrollo de guerra misma; la “jus in bello”.
No obstante, es importante ir pensando desde ahora y no perderlo de vista, para analizar más adelante las responsabilidades, si alguien con interés, y con derecho legitimado en el conocimiento, a expresarse sobre los hechos de la guerra, pudo y puede sustraerse de tal manera a un enfrentamiento tan existencial y por ende tan abarcante que, o cayó dentro de la grieta abierta, o quedó entre dos fuegos y entonces sí puede manifestar con razón haber sido inocente y nunca haber siquiera consentido la defensa de ninguna parte. Es muy necesario para juzgar los hechos de una guerra, comprender cuál es su naturaleza.
Muchas veces oímos decir que uno u otro bando atentó contra los derechos humanos o cometió tales o cuales horrores, sin detenerse a considerar que es la guerra en sí misma el peor de los horrores y la violación de los derechos humanos por antonomasia, por eso es que se deban considerar todos los extremos de la Causa Justa para llevarla adelante: última razón, autoridad legítima, posibilidad de éxito.
En la guerra no participan monstruos u hombres desquiciados, sino hombres y mujeres normales, muchos en grado heroico, combatientes o de apoyo, de un lado y del otro, insertos todos en el ambiente propio de la guerra.
Según Clausewits, un pensador clásico y universalmente indiscutido acerca de la naturaleza de la guerra, esta siempre tiene un fin político y es llevada adelante por una decisión política como un instrumento más de su obrar, el cual debe ser el último, precisamente por la violencia que supone.
Es bien claro en nuestro caso la causa y el fin político de la guerra, en que el combate militar fue parte del combate político y en el que ambos bandos excluían la participación de la ideología antagónica en el proyecto propio del destino.
Aquí entre nosotros estuvo en juego la existencia del Ser nacional, entre dos cosmovisiones excluyentes, era una o la otra.
La existencia del Ser es la “legitimidad absoluta”, según Clausewitz, y por ende excluyente de la legitimidad del otro. Dice Smith, sosteniéndose en Heidegger, que al reducir la cuestión política a la categoría de lo existencial, ya no se trata de un enfrentamiento entre dos valores legítimos y en disputa, sino que lo absoluto de lo existencial lleva a que el enemigo sea considerado un “sin valor absoluto”.
El asunto es que esta conclusión tiene total ligazón con la lógica de la guerra y con los medios que en ella se empleen y de lo cual es evidente que no puede sustraerse la política, porque ella determina la sustancialidad de la misma.
La guerra en que está en juego el Ser es entonces un acto de fuerza política, que se retroalimenta con la acción recíproca de los contendientes, y que puede llevar al extremo de que no existan límites al empleo de la fuerza para asegurar la existencia del Ser. Dicho en otras palabras: lo que terminan ordenando los comandantes militares como necesario para vencer al enemigo y asegurar la victoria, no tiene una lógica propia, autónoma de la guerra como fenómeno aislado, sino que está íntimamente ligado a la causa y fin político que le dan, en este caso, legitimidad absoluta.
Con estas nociones que acabamos de exponer y teniéndolas in mente, podemos entrar a considerar ahora cuáles son los principales de la “jus in bello” (ética Tomista), que están en juego en el hecho de las desapariciones de personas.
Debería ser el principio de la proporcionalidad, el que en la toma de decisiones éticas en la guerra, resolviera la tensión existente entre la finalidad de la misma y los medios a emplear.
Sin dejar de considerar el “sin valor absoluto” del enemigo, ya expuesto, de cualquier manera parece evidente que en nuestra guerra el extremo que se debió considerar, es que los medios que llegaran a emplearse, no fueran a invalidar o destruir los valores que el propio fin de la guerra buscaba preservar para el Ser nacional y a la vez que pudiera alcanzarse una paz duradera. Muy difícil dilema, cuya correcta o incorrecta resolución por parte de los combatientes, pueden juzgar, con la sola condición de ser honestos, todos los orientales.
Lamentamos profundamente los muertos y los desaparecidos, los de ambos lados, todos cayeron defendiendo sus ideales, en el error o en el acierto, eso no importa ahora y mucho menos cuando ninguna parte puede alegar total certeza en sus verdades políticas.
Lo que más importa es que ahora ya todos sin distinción, integran con sus cuerpos ese humus espiritual de la tierra, el más fértil y que hace que un país se convierta en Patria para todos los orientales.
No obstante, sin perder de vista el carácter existencial de lo que estaba en juego, y si se compara esta última guerra, de hace ya 25 largos años, con las anteriores de nuestra propia historia, con las contemporáneas y de igual causa ocurridas en los demás países americanos, (algunas aún en curso!), y con todas las de la historia universal; y si también se considera que se llenó una cárcel que fue permanentemente visitada por comisiones internacionales de derechos humanos y que se respetó también la vida de los dirigentes, esta guerra no parece que debiera pasar a la historia como drásticamente cruel.
Nadie puede afirmar que hubiera habido un plan de exterminio o que los desaparecidos hayan sido asesinados con fría premeditación, sino que lo fueron en circunstancias muy diversas y no buscando intencionalmente su muerte.
Respecto al destino de sus restos mortales, estará en el fuero personal de quienes en el futuro aprecien que el tema se haya despolitizado y evalúen posible acercarse a algún familiar que ofrezca garantías de no manipularlo como bandera política, dar alguna respuesta si estuviera en sus posibilidades, este por lo menos es el deseo de quienes participamos de este escrito.
Otro principio de la debida justicia en la guerra que a veces se invoca, es el que en la teoría se denomina “discriminación” y pide que se extremen las medidas para diferenciar entre las personas involucradas en la guerra y las no involucradas. Se alega que algunos desaparecidos no eran combatientes porque no portaban armas y que eran simples militantes políticos, intelectuales o escritores, etc.
Se preguntan los moralistas si un niño que lleva munición al frente debe ser considerado un combatiente. Sin duda lo es y debe a su vez ponderarse la extrema necesidad para atacarlo y con que medios, y aún así el dilema ético es difícil de resolver.
Este punto nos lleva nuevamente a considerar la naturaleza ideológica de la guerra y qué criterio utilizar para diferenciar quiénes están involucrados y quiénes no.
Hay situaciones que parecen claras en este caso, como que se puede hacer más daño al enemigo con una pluma que con un arma, o que quien oculta información acerca de quienes van a usar un arma contra los propios está tan involucrado como estos.
Pero esta línea de razonamiento nos vuelve a nuestras reflexiones iniciales; ¿quiénes pueden haberse sustraído de tal manera de no estar posicionado en alguna de las dos facciones?
Este es el punto que entendemos por crucial para poder dar vuelta definitivamente la página como Nación, sin medias verdades, sin mitos y sin chivos expiatorios.
Quienes estas líneas suscriben, combatientes en el frente de un lado y del otro, hemos sufrido en carne propia la crueldad de la guerra más que todos (la violencia en el cuerpo del enemigo lacera también el alma del buen soldado) y algunos la han sufrido más que ninguno, sin que por ello se reclame condición de víctimas inocentes, sólo reivindicamos se nos reconozca recta intención; buena fe en el fin perseguido, nada más, pero nada menos.
Por esto no aceptamos que ninguna caterva de mal intencionados e hipócritas se declaren inocentes de toda culpa y nos acusen de ser la fuente de todos los males.
Freud pensaba, en sus disquisiciones sobre la guerra, que ella es una acto cultural que pone la agresión humana al servicio de esa cultura, canalizándola hacia lo permitido.
De ahí deduce que la guerra es siempre destructiva porque excluye la inhibición cultural de matar, exime al combatiente de reprimir su pulsión de agresión, es más, las convenciones le reconocen al soldado el derecho de matar.
Pero como acto cultural, la participación no se limita al soldado, sino que recorre una amplia gama que puede ir desde una grave perversión hasta el simple consentimiento “esa forma atenuada de inhumanidad que se caracteriza en parte por un deseo egoísta y pusilánime de autoconservación…”. Es la pretendida manifestación de ser “ajeno a la cultura” de la guerra; sin considerar que incluso las formas inofensivas del consentimiento (como no discutir y seguir la corriente) son afirmaciones del sistema de injusticia. Para sobreponerse a la cultura y comprender los hechos, para que nada semejante vuelva a ocurrir jamás, hay que desenmascarar estas formas “inofensivas” de participación: “sobreponerse a la culpa no puede significar sino mirar de frente la verdad; admitir los hechos sin desestimarlos; reconocer la participación, aunque no hubiese consistido sino en la forma más inofensiva”.
Esta y no la del avestruz parece ser la actitud correcta para escribir y sobre todo superar la página cultural de la guerra entre orientales, si el deseo es la paz duradera y el crecimiento espiritual de la comunidad.
Reflexionemos también acerca de la participación de los otros países de un lado y del otro, con honestidad y rechacemos su manipulación, a la vez que unámonos para denunciarlos como los más grandes violadores de los derechos humanos en este siglo.
Revisemos también con mucho detenimiento y profundidad cuánta es la verdad que dicen las ideologías respecto del hombre y su naturaleza social y política, y cuál es el real alcance de sus aportes en orden a satisfacer sus esperanzas.
Ahora es el tiempo nuevo de retomar con sabiduría, prudencia y sobre todo sin demagogia, la crítica del liberalismo, buscando discernir qué podemos esperar de él y cuál es el mejor camino posible que conduce al destino de los orientales.
Nosotros como combatientes comprometidos con el futuro de la Patria, estaremos vigilantes ante eventuales aviesas maniobras, destinadas a provocar enfrentamientos artificiales que generen desestabilización en la vida institucional, sea cual fuere él, o los partidos de gobierno.
Hermanados en el verdadero Proyecto Artiguista, anhelamos de todo corazón el mejor de los futuros posibles sobre esta bendita tierra para todos los orientales. Los militares, por no poder signar, facultan a los abajo firmantes a hacerlo también en su nombre”.

Fecha: 25/04/2011 | 06:48 | Montevideo, Uruguay
El senador renunciante del Frente Amplio y ex tupamaro, Eleuterio Fernández Huidobro, dijo no conocer “el documento que salió publicado” en El Observador de este lunes sobre un pacto trunco entre militares y tupamaros que lo involucra a él y al presidente de la República, José Mujica.
“Yo no conozco ese documento que salió publicado (…) Nosotros hemos hablado mucho con los militares; Mujica, yo y muchos más… siempre”, dijo Fernández Huidobro en el programa Hola Vecinos de Canal 10.
Agregó que el documento es “muy extravagante, raro,” y que “lo acercó algún milico que dice ser de la logia Tenientes de Artigas”.
“Eso parece ser la obra, ni siquiera de los Tenientes de Artigas, sino de alguien que hizo un mamotretito que dice además que data de 12 años atrás y que, además, no se votó, no se acordó. Es una operación inteligente de inteligencia para conseguir salir gratis en un diario y meter la discusión del tema del proyecto de ley interpretativa (de la Ley de Caducidad) que está en el Parlamento”, dijo Fernández Huidobro.
Insistió en que “basta con ver ese documento (para darse cuenta que) es infirmable” y que es “un mamarracho, peor que le ley interpretativa” de la Ley de Caducidad.
Fiel a su característica, Fernández Huidobro ironizó diciendo: “si me hubieran publicado un documento lindo capaz que se lo firmo ahora (…) debió estar medio en pedo el que lo hizo”.
En 1998 tupamaros y militares se abocaron a la tarea de establecer las bases de un acuerdo que permitiera intentar cerrar las heridas generadas por las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la dictadura (1973-1985), informó este lunes El Observador.
Fecha: 25/04/2011 | 10:42 | Montevideo, Uruguay
El vocero de la logia Tenientes de Artigas, coronel retirado Carlos Silva, dijo que reconoce parte del documento publicado este lunes por el diario El Observador, en el que se revela un intento de acuerdo entre los militares y el Movimiento de Liberación Nacional (MLN) para cerrar las heridas generadas por las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la dictadura (1973-1985).
El matutino informó que fuentes militares dieron a conocer un texto que fue redactado en 1998 entre dirigentes tupamaros e integrantes de los Tenientes de Artigas en procura de sellar el tema de los derechos humanos.
Silva dijo a Canal 12 que la agrupación que él integra no la dio a conocer y recordó que “hay libros escritos sobre este documento”, pero que reconoce solo parte de lo publicado este lunes. “Hay partes del documento que reconozco y partes que no las reconozco”. Agregó que lo han consultado en varias oportunidades y que le “extraña que salga ahora” a la luz.
Si bien aseguró que desconoce quién pueda tener interés en utilizar hoy este documento, dijo que entiende “que debe haber algún tipo de interés político en momentos en que se está tratando el tema (de la ley interpretativa de la Ley de Caducidad) en el Parlamento”.
Debe ser “alguien, por interés que no sé cuál será, si para perjudicar al presidente (José Mujica) o para perjudicarnos a nosotros o al Partido Comunista, no sé a quién, que tuvo intención de utilizar esta información”, recalcó.
En cuanto a la intención de las reuniones que en ese momento mantenían militares y tupamaros, reconocidas por ambas partes, Silva dijo a Canal 4: “Todos habíamos formado parte de lo que era la guerra fría en aquel momento. Entonces dijimos que íbamos a mirar para adelante, a dejarnos de jorobar y a trabajar en bien de la patria para empezar de nuevo”. “Cero a cero y empezamos de nuevo el partido”, agregó.
Fecha: 25/04/2011 | 14:09 | Montevideo, Uruguay.
Otro Militar retirado reconoció la existencia de un pacto.
Días atrás el vocero del foro Libertad y Concordia dijo que existía un documento pero no dio detalles del contenido del mismo. Los puntos del documento fueron publicados este lunes por El Observador.
El coronel retirado y vocero del foro militar Libertad y Concordia, José Carlos Araújo, reconoció el pasado 12 de abril la existencia de un pacto entre militares y tupamaros. En declaraciones vertidas al diario El País sostuvo que desde ambas partes se había acordado que “los desaparecidos habían caído en combate y que el tema se terminaba ahí”. Las palabras del militar coinciden con el documento publicado este lunes por El Observador, que data de 1998 y que revela un pacto inconcluso entre los militares y el Movimiento de Liberación Nacional (MLN).

El Observador informa que los militares dieron a conocer un pacto entre dirigentes tupamaros e integrantes de la logia Tenientes de Artigas, que tenía el objetivo de sellar los asuntos de los derechos humanos.
El Observador se comunicó con Araújo, pero éste declinó hacer declaraciones. Días atrás, el diario El País publicó que el militar retirado “reveló (la existencia de) algunas reuniones reservadas” y dijo que “en el momento en que se alcanzaron esos compromisos se confeccionó un documento”. Araújo tampoco quiso revelar el contenido de ese documento que ahora tomó estado público.
El documento salió a luz luego de que varios oficiales retirados resolvieran darlo a conocer después de que el oficialismo decidiera anular la ley de Caducidad. En el texto, sus autores no procuran desentenderse de la responsabilidad que les cabe por los hechos del pasado, pero sostienen que no fueron los únicos protagonistas de aquellos episodios violentos.
El asunto se instaló este martes, un día antes de efectuarse la interpelación en el Senado a los ministros de Defensa e Interior, Luis Rosadilla y Eduardo Bonomi, respectivamente, debido al supuesto video realizado por presuntos militares que amenazaban a la Justicia con acciones para liberar a “sus” presos políticos, encarcelados por la violación a los Derechos Humanos durante la dictadura.
Fecha: 25/04/2011 | 12:20 | Montevideo, Uruguay
El ministro de Defensa Luis Rosadilla dijo que “no tenía conocimiento” del texto de un pacto inconcluso redactado entre militares e integrantes del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaro (MLN-T) redactado en 1998.
Sin embargo, el secretario de Estado dijo en declaraciones al programa Primera Voz (1410 AM Libre) que su sector mantuvo contacto con las Fuerzas Armadas luego del retorno a la democracia y eso “no debe parecer nada extraño”.
“Tuvimos conversaciones y relación con las Fuerzas Armadas y las tenemos”, dijo. Sin embargo, el secretario de Estado explicó que en la fecha en que se redactó el documento él no formaba parte de la dirección del MLN-T por lo que no tomó contacto con ese documento.
“No puedo ni confirmar ni desmentir la existencia de ese supuesto pacto porque desde 1991 hasta 1999 realicé sólo actividades de base por lo que no tenía responsabilidad de dirección”, dijo.
Rosadilla destacó que ese pacto “sucedió hace 13 años en una situación muy diferente a la actual” y por lo tanto no se deben hacer paralelismos con la actual relación que existe entre el gobierno y las Fuerzas Armadas.
“Hay que separar hechos de opiniones. La nota habla de un pacto que no se concluyó y que fue entre personas y no de responsables del gobierno”, dijo.
El 7 de setiembre de 2010 el Presidente uruguayo José Mujica recibía en su despacho a una delegación de la “gusanera cubana” las llamadas “damas de blanco”.
El 15 de abril de 2011. El escritor peruano y Premio Novel de Literatura Mario Vargas Llosa fue declarado viernes Visitante Ilustre de Montevideo, la segunda distinción recibida en este país en mérito a su obra literaria y su último galardón de Premio Nobel de Literatura. En un acto en la Intendencia Municipal, Vargas Llosa recibió la medalla de manos de la intendenta Ana Olivera, miembro del partido Comunista, en un acto donde hubo discursos con sesgos políticos pero que se desarrolló sin inconveniente.
El miércoles 13 de abril de 2011, el Ministro de Trabajo y Seguridad Social, Eduardo Brenta recibe en su despacho del MTSS al Secretario General de la Confederación Sindical de Trabajadores de las Américas, Víctor Báez Mosqueira. A las 16 horas realizaba conjuntamente una conferencia de prensa en la que se anunció el respaldo de la confederación al modelo de relaciones laborales desarrollado en Uruguay.
Posteriormente este otro ilustre representante de 56 millones de afiliados en el continente, se conoció que se trataba de un siniestro personaje paraguayo, colaborador de la policía se Stroessner y la Embajada de los Estados Unidos.
Los días corren rápido en estos tiempos, y así como muchas cosas muy bien ocultas van tomando conocimiento público, hace falta también que las cabecitas nuestras se actualicen con la velocidad del rayo. Cuando una verdad se conoce, sobre todo si esta va en contra de nuestros sentimientos, de nuestras convicciones, en aquello que hemos defendido y sobre lo que hemos creído ciegamente durante tanto tiempo, hace falta abrir la cabeza a la razón y abandonar todo tipo de sectarismo y dogmatismo.
Sin duda no por ello se nos estará dando la razón a nosotros, el aceptar los errores y los horrores de aquellos a quienes nos hemos enfrentado y con quienes hemos sostenido durante tanto tiempo una verdadera confrontación político ideológica, no se transforma de ninguna manera en aceptarnos a nosotros. Seguiremos siendo de por vida unos desalmados y reverendos hijos de su madre.
Pero ya nadie más de quienes nos han atacado y denotado durante décadas, podrá defender a estos dirigentes, que a veces aceptan, en otras  niegan, se contradicen, y cada vez queda más claro que han mantenido acuerdos, transas, conversaciones, y sobre todo los ha unido un mismo sentimiento nacionalista, anticomunista, y fascistoide. Sentimiento antimarxista, ahora anticubano, muy peligroso y aventurero.
No puede sorprender a nadie a costa de que se sea demasiado ingenuo, característica que no suele ser propia de los uruguayos, de que no ha habido conversaciones entre los dirigentes Tupamaros y los militares. Tan poco se debería sorprender alguien de su existencia, si se partiera del principio de que estos dirigentes negociaron desde los primeros días del año 1972, en plena guerra. Y agregamos que no se trató de una sola instancia, por lo menos hubieron dos oportunidades a destacar, en una con los altos mandos en relación a una “tregua”  y en otra oportunidad en cuanto a los ilícitos económicos por los cuales se señaló a comerciantes que evadían impuestos, etc.
De la misma manera existe un pacto secreto entre los militares para no confesar nada de lo que sucedió en relación a la violación de los derechos humanos, también lo hay entre estos dirigentes del MLN que mantuvieron conversaciones secretas con los militares, durante 1972, para no develar que fue lo que se conversó durante esas instancias.
¿POR QUÉ?
¿Y SI NO FUE HUIDOBRO EL QUE ESCRIBIÓ EL DOCUMENTO?
¿QUIEN FUE?
        

Compartir este post

Comentar este post