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El polvorín

URUGUAY - MUJICA: EL CULTO A LA INDOLENCIA

9 Enero 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

                                                                                     5 de enero de 2012



MENSAJE DE LA 36


mujica neptuno(1)

MUJICA: EL CULTO A LA INDOLENCIA


COMUNICACIÓN Y COMUNIDAD
“La pasividad no es otra cosa que la trascripción psicológica de la sumisión o de la dependencia económica o social”

En un trabajo presentado por la Doctora Maren Ulriksen, hace un tiempo para un Concurso para Directores de Escuelas Comunes de ANEP, CODICEN, se establece que: “los niños, según la visión de padres y maestros, en alto porcentaje no alcanzan un compromiso exitoso y placentero con la propuesta escolar. A pesar de impresionar como niños inteligentes y deseosos de concurrir a la Escuela, no aprenden, no respetan reglas, se pelean violentamente o permanecen aislados, retraídos”.
La Doctora realizó talleres en una Escuela del barrio Cerro, en Montevideo. Los resultados mostraron que un 40% de los alumnos estudiados presentan fallas importantes, y los rasgos más marcados son los siguientes:
Mayor carencia económica (habitación muy insuficiente, falta del confort básico, empleo inestable) y deficiencias culturales (falta de libros en el hogar, etc.).
Baja disponibilidad materna, no sólo debido a una demanda excesiva hacia la madre por la responsabilidad del cuidado de una familia numerosa, las tareas domesticas y el trabajo fuera del domicilio, sino también debido a consecuencias emocionales de estas situaciones, generadoras potenciales de depresión materna, alternando la relación con el niño esencial para su futura estructuración psicológica y afectiva.
Mayores dificultades en el nivel de maduración del lenguaje y de las habilidades psicomotoras de estos niños, así como en el manejo de la agresividad y la aceptación de los límites.
Mayor incidencia de hospitalizaciones tempranas que pueden ser evitadas si se ofreciera un tratamiento precoz, y más accidentes que sugieren deficiencias culturales y baja disponibilidad materna.
Podemos ver entonces, que un 40% de los chicos estudiados presenta dificultades substanciales, en los que los rasgos prevalentes establecen claros agentes de riesgo, coincidentes con otros estudios que se han hecho en Escuelas de áreas carenciadas. La mayoría de estos niños tienen una capacidad inteligente potencial estándar y los mayores conflictos se encuentran en la baja competencia lingüística, las alteraciones en la secuencialidad y la temporalidad; y lo más significativo que las dificultades de conducta y agresividad es el marcado retraimiento presente en este 40%.
Recordemos que el bajo aporte nutricional en las etapas de crecimiento en que se encuentran los niños en edad escolar, incide directamente en sus capacidades de aprendizaje.
En lugar de cumplir los designios del Banco Mundial, usted señor Presidente Mujica, debería preocuparse más por estas verdades que por sus falsedades.
Todo sucede como si la evolución de la información verbal a lo visual hubiese desarraigado la representación del mundo y la hubiese liberado por lo menos parcialmente, de los lazos que antaño la unían al medio natural y social.
Cohen Séat y Fougeyrollas

La civilización democrática se salvará únicamente si se hace del lenguaje de la imagen una provocación a la reflexión y no una invitación a la hipnosis.
Umberto Eco

Para valorar la importancia de la comunidad en el proceso educativo, Dewey dice que hay algo más que un vínculo verbal en las palabras: común, comunicación y comunidad. Por la comunicación los hombres llegan a poseer en común, aspiraciones, conocimientos y disposiciones emocionales que generan la comunidad.
Tal afirmación resulta inobjetable cuando la comunicación se realiza por fórmulas verbales, pero cabe preguntar si es aplicable a la comunicación que se realiza por las imágenes de las historietas, del cine, y de la televisión. Aun cuando el lenguaje subsiste en esta forma de comunicación, la información visual prevalece sobre la oral y aleja al hombre de la comunidad en que vive.

Aldous Huxley comparó al hombre con un anfibio, por el hecho de habitar medios diferentes, uno de los cuales es el de las palabras y observó que, por la palabra, que es siempre generalizadora, el hombre no percibe la singularidad de aquello que nomina. Cuando una realidad es rápidamente conceptualizada la persona se aleja de lo que la rodea y divorcia el conocimiento de su experiencia diaria. Contra este hecho psicológico reaccionó Comenio en su tiempo, reclamando que las palabras no se separan de las cosas “porque las cosas son substancias y las palabras accidentes; la cosa es el cuerpo, las palabras son el vestido, la cosa es la pulpa, las palabras son las vainas y las pieles”.

El movimiento de la Escuela Nueva agregó a estas ideas el reclamo de la acción sobre las cosas pertenecientes a la realidad circundante, porque la acción promueve el pensamiento ya que quien actúa, recuerda, analiza, compara y, finalmente, abstrae. De esta manera quien se educa llega a los conceptos por procesos propios en, lugar de aceptarlos en una transmisión por el lenguaje. No superada en la práctica la educación tradicional en lo que se refiere al predominio de la palabra, el hombre anfibio de Huxley se sumerge cada día con mayor frecuencia en el mundo de imágenes móviles que ofrecen el cine y la televisión.

La realidad que circunda al hombre y sobre la cual actúa, brinda material para su creación en lo intelectual o en lo artístico en una actividad psíquica en la cual se alternan procesos conscientes e inconscientes. Pero, cuando los estímulos exteriores provienen de imágenes múltiples y cambiantes, originan inercia del pensamiento, debilidad de concentración y pobreza imaginativa. La imagen móvil, nuevo medio en el cual flota el hombre de hoy desde su infancia, afecta en tal forma la formación de su personalidad que hay autores que no vacilan en hablar de una verdadera mutación en la naturaleza humana. “Los múltiples cambios ocurridos en los diversos niveles de la condición humana podrían acabar mañana por causar una variación radical y global de algún aspecto importante de esta condición y merecer el nombre de mutación en todo el sentido de la palabra”.

La imagen fílmica, perpetuamente recreada, se impone con tal fuerza evolutiva al espectador que lo sustrae de su mundo real, empobreciendo su vida intelectual y afectiva y originando inercia del pensamiento y fugacidad en los sentimientos.
La Antropología y la Sociología describen las características de la llamada sociedad de masas, cuya existencia ha sido favorecida por las nuevas técnicas de comunicación, y asombra que la Pedagogía se haya limitado a preconizar el uso de la radio y la TV., sin preocuparse por hacer del educando un espectador inteligente y crítico para defenderlo de las sugestiones que por esos medios recibe.

La televisión en colores y las trasmisiones vía satélite multiplicarán el poder de estas técnicas, poder que se acusa en grados distintos en función de numerosas y complejas variables intervinientes, entre las cuales destacamos: edad, sexo y formación intelectual y afectiva del espectador, tiempo en que recibe su influencia, situaciones en que vive, y valores de la producción que contempla. Para apreciar la influencia que las imágenes fílmicas del cine y la T.V. ejercen sobre el espectador sería necesario individualizar el balance de esas y otras variables, balance que, en algunos casos, acusaría la existencia de valores positivos para la estructuración de una personalidad dinámica. Nos proponemos demostrar que para que esos valores positivos se acusen, el espectador debe estar capacitado para el juicio crítico y para él goce estético que él mundo de las imágenes puede ofrecerle, capacidad sólo alcanzable por una educada que se inicie en la niñez.

Por el rápido desarrollo y alcance de esas técnicas de transmisión, hoy se enfrentan la generación que se formó sin la primacía de la imagen y la que, desde los primeros años de vida, recibe su influencia. Se puede observar que la mayoría de los jóvenes reaccionan de manera distinta de la forma en que lo hace el adulto culto ante el espectáculo fílmico, y esto conduce a meditar sobre el hecho de que las generaciones que constituirán el mañana de la sociedad crecen bajo la influencia mágica de imágenes proyectadas en la pantalla grande o chica, cuyo consumo se constituye en necesidad vital, mientras en las instituciones educativas a las cuales concurren dominan prácticas tradicionales.

Cuando el pensamiento pedagógico prescinde de la realidad sociocultural, mantiene in cambiados metas y métodos que tuvieron su razón de ser en el pasado. Si las instituciones docentes no responden a la transformación técnica conducen a una esclavitud cuyas proyecciones son difíciles de valorar. Salvo contadas excepciones, se advierte que los más fecundos pensamientos pedagógicos se encuentran en autores que no se han encasillado en el círculo estrechamente de la especialización pedagógica. Posteriormente a la iniciación de este ensayo cuya gestación data de muchos años atrás, hemos leído el libro de Cohen Séat y Fougeyrollas sobre la influencia del cine y de la televisión, y la extensión de la cita responde al deseo de dar validez a nuestra preocupación sobre el estancamiento de los sistemas educativos.
“Mediante la crítica de la sistemática pedagógica heredada del pasado, debe ser posible revelar, al menos en una parte, la problemática de la nueva realidad humana y contribuir a elaborar una nueva sistemática pedagógica para satisfacer las necesidades de hoy. Apenas será necesario hacer notar que todo nuestro sistema educativo actual considera el lenguaje verbal como instrumento privilegiado de la formación de la cultura. Intenta adaptar los individuos al mundo social mediante el aprendizaje de un saber haber verbal”.

Estudian a continuación tres funciones inherentes a la personalidad: funciones fundamentales, funciones de perfeccionamiento y funciones artificiales. Consideran funciones fundamentales las que logran el desarrollo del ser y que, en materia de educación, requieren la aplicación de las ideas preconizadas por Rousseau, Dewey y otros autores, en cuanto a eliminar los obstáculos que detengan o retarden el crecimiento. Las funciones de perfeccionamiento son las que suponen el acceso a la cultura y a la posesión de la realidad del ser social del hombre. Clasifican como funciones artificiales las creadas no por exigencias intrínsecamente humanas, sino por la desnaturalización o distorsión de las condiciones de vida a las que el hombre de hoy está sometido. Sobre estas últimas funciones consideran que la educación institucionalizada es notoriamente deficiente.

“Hasta la aparición de la información visual podía pasar por racional, equilibrado y eficaz este sistema pedagógico. Pero precisamente la intervención de los medios modernos de información tiende a modificar la jerarquía de las funciones que acabamos de describir. El poder de las imágenes visuales Introduce, sobre todo, un nuevo dinamismo de interacción entre funciones y necesidades artificiales que privilegia, de una manera quizá decisiva, el tercer nivel funcional en detrimento de los dos primeros. ¿De qué serviría haber logrado la maduración de las funciones fundamentales y suscitar el desarrollo de las funciones de perfeccionamiento si dificultades artificiales vinieran, con su caótico despliegue, a romper el equilibrio obtenido? Mientras los educadores actuales continúan, por ejemplo, buscando una adaptación de la juventud a la vida social, basándose en el sistema cultural de ayer, del que lo verbal es el modo de expresión privilegiado, la información visual tiende a actuar por completo aparte de ese sistema y provoca un desarrollo exuberante de nuevas necesidades más imperiosamente sentidas que las antiguas. Ninguna reforma clásica de la enseñanza, ninguna revisión burocrática de los programas, ningún arreglo de las formas de las estructuras escolares y universitarias permitirán rellenar el foso que se abre cada vez más profundo, entre la educación tradicional y el nuevo modo de presentación y existencia. Y claro está que no es la introducción, así sea considerable, de los que se han llamado medios audiovisuales de la enseñanza, por deseable que resulte, por otra parte, lo que bastaría para resolver el problema: todo lo contrario. No se trata de visualizar técnicamente la educación sino que la educación adapte al hombre a las manifestaciones de la esfera audiovisual en la cual ha entrado.” 

Suscribimos lo dicho por Cohén Seat y Fougeyrollas cuyas preocupaciones coinciden con las nuestras sobre el futuro para el cual estamos educando. Entendemos que cuando estos autores reconocen que hay que adaptar al hombre a la civilización de la imagen, no se refieren al logro de una acomodación pasiva, sino a la acción de salvarlo de influencias deformantes para que, ubicado en un aquí y en un ahora siempre cambiantes, sea capaz de autodeterminarse y de cooperar, superando las limitaciones de su yo para mejorar el mundo social en que vive.

PASIVIDAD VERSUS ACTIVIDAD.

¿No sabes querido, honesto lector que los hombres de nuestro país podrían saber todos leer y escribir y tener todos derecho al voto, y les seguirían faltando las cosas fundamentales?

Walt Whitman

Al educar al niño en la actividad del pensamiento debemos cuidamos, por sobre todas las cosas, de las que llamaré "ideas inertes", ideas que la mente se limita a recibir pero que no utiliza, verifica y transforma en nuevas combinaciones. El flujo de las imágenes sensoriales no pertenece a la esencia del pensamiento.

Whitehead

La existencia de actitudes que se acusan en cada persona no es discutida aun cuando se las defina de distinta manera y se les adjudique distintas características. Según Allport, actitud es “una condición mental y neural de disposición organizada a través de la experiencia, que ejerce una influencia directa o dinámica sobre la reacción de los individuos a todos los objetos y situaciones con los cuales se relaciona”.
La observación continuada de la conducta de una persona permite inferir la existencia de determinadas actitudes que, si en parte responden al temperamento, en muchos casos han sido estructuradas por una monótona repetición de estímulos qué no admitieron sino una única respuesta. La actitud es una modalidad personal de reacción en la que están integradas todas las funciones: percepción, emotividad, inteligencia. La variedad de actitudes dificulta cualquier clasificación de las mismas, pero, con referencia al tema que abordamos, podemos aceptar la clasificación propuesta por Dewey, quien diferencia la actitud de espectador de la actitud de participante. Aunque en cada una de ellas puedan existir grados o matices de la otra, en la primera domina la pasividad y en la segunda la actividad.

Desde muy temprana edad los impulsos originan comportamientos que se modifican por la acción del medio social que los estimula o los inhibe, originando actitudes que, aunque son susceptibles de cambio por nuevas experiencias, cuando se estructuran en la infancia son extremadamente resistentes, hecho que conduce a reconocer la importancia de las vivencias del niño en la formación de su personalidad. En los primeros años de vida la actividad física del niño no responde a intereses cognoscitivos sino al placer de do-minar funciones que se crean mediante el ejercicio. La relación integral del niño con lo real, sin contralor de la conciencia, le permite probar sus fuerzas, y en su experiencia un poco ciega pero tanteante de la vida, elabora las primeras nociones que, carentes de objetividad, le harán posible, cuando su maduración se lo permita y exista mayor y controlada actividad para satisfacer deseos e intereses, el posterior descubrimiento de relaciones causales objetivas. Para que un niño ensaye la inhibición de un acto es preferible que primero tenga la capacidad volitiva del acto y vaya sabiendo, aun con experiencia inconsciente, la respuesta que la realidad le dará, porque de esta manera creará el hábito y la voluntad de tenerla.

Piaget estudia la evolución del niño como una búsqueda progresiva de equilibrio en la construcción continua de sus estructuras mentales, lo que implica un concepto dinámico de esas estructuras. Observa que las epistemologías no genéticas concibieron al conocimiento como anterior a la acción, en tanto que la epistemología genética comprueba que la acción precede el conocimiento y que éste consiste en una composición cada vez más rica y coherente que prolonga las acciones interiorizándolas. Una necesidad desencadena la acción en busca del equilibrio que se ha perdido por causas externas o internas; la acción parte de una estructura mental y conduce a otra. “Conocer un objeto es actuar sobre él y transformarlo para captar los mecanismos de esa transformación en vinculación con las acciones transformadoras mismas.”

En la concepción tradicional se consideraba a la mente como receptáculo que recibía estructuras ya hechas y trasmitidas por el lenguaje, en tanto que hoy la psicología genética sostiene que el individuo participa activamente en la construcción de sus estructuras mentales y que el lenguaje constituye un factor formador porque se emplea en el intercambio de lo elaborado personalmente en relación dialéctica entre pensamiento y palabra. El carácter dinámico e inacabado de las estructuras mentales es descrito por Piaget en estos términos: “Las funciones superiores de la inteligencia y la afectividad tienden hacia un equilibrio móvil y más estable cuanto más móvil es, de forma que, para las almas sanas, el final del crecimiento no marca de modo alguno la decadencia, sino que autoriza un progreso espiritual que no contradice en nada el equilibrio interior”.

De esta concepción epistemológica se deduce que cuan el adulto limita la actividad del niño sin que lo justifique el preservarlo de seguros peligros, no sólo está limitando la formación integral de su personalidad sino que, al impedir  la coordinación de funciones sensoriales, intelectuales y afectivas, cultiva en él una actitud pasiva en desmedro del carácter dinámico de su estructura mental. Si las condiciones personales innatas se favorecen por situaciones cambiantes que exigen la creación de nuevas conductas para satisfacer necesidades y deseos, la estructura mental del niño no sólo es más rica y compleja sino también de mayores posibilidades futuras. Éste es el fundamento de la llamada escuela nueva o progresiva, opuesta al carácter receptivo de enseñanza de la escuela tradicional, cuya doctrina respondía a la creencia de que la verdad era dada por revelación  o respondía a una intuición directa que reproducía la realidad.

Esta forma de educación concordaba con un concepto estático de la sociedad, en la cual, categorías, clase; castas se consideraban inmutables. “El didactismo minucioso sobre el cual se apoyaba (la pedagogía) a través los siglos se inscribía muy naturalmente en los imperativos limitados de un mundo estático en el cual cada uno ocupaba el lugar que le estaba reservado, donde el individuo se definía por lo que era y por su función en un complejo inmutable, y no por la riqueza de su personalidad o por las posibilidades de promoción y de expansión que encerraba. El hombre valía en la medida en que estaba adaptado a una tarea perfectamente definida, la función que reservaba el medio económico social, institucional e ideológico.”

En una realidad social presa de un frenesí de transformación, tal pedagogía no es adecuada y, como lo lamenta  Arnold Clausse, junto a las nuevas concepciones subsisten las prácticas educativas tradicionales, lo que no ocurre en otras formas de actividad humana donde, por ejemplo, el automóvil reemplaza al caballo y el buldózer al músculo. En  pedagogía la aplicación de los nuevos conocimientos psicológicos está muy lejos de ser satisfactoria y en la enseñanza primaria, donde la acción es insustituible para la formación intelectual del educando, sigue teniendo primacía la  palabra. Es grave, gravísimo que esto ocurra cuando un número cada día mayor de niños está bajo la influencia de un vértigo de imágenes proyectadas en las pantallas cine y de la televisión que lo hacen espectador pasivo.

“La imagen, el filme y los procedimientos audiovisuales con que hoy por hoy nos calienta las orejas cuanta pedagogía quiere darse la ilusión de moderna, son preciosos auxiliares a  título de ayudantes o muletillas espirituales aunque se hallan en franco progreso en relación con una enseñanza puramente verbal. Pero existe un verbalismo de la imagen y, confrontados con los métodos activos, los métodos intuitivos no hacen otra cosa que sustituir —cuando olvidan el irreductible primado de la actividad espontánea y de la investigación personal y autónoma de lo verdadero— el verbalismo tradicional por este otro verbalismo más elegante y refinado.” 

El juicio de Piaget señala los riesgos de la utilización de los medios audiovisuales como panacea de educación, riesgos acrecentados si el niño y el joven pasan largas horas frente al televisor, horas en las cuales el magnetismo de la imagen anula sus posibilidades de actuar y de pensar   y hasta de divertirse con recursos interiores propios. La quietud física reiteradamente impuesta por la pantalla, favorece una actitud mental pasiva que impone silencio. En la audición radial y, más aún, frente a la pantalla grande o chica, no existe el diálogo y no puede negarse que el diálogo ha sido y será siempre gestor de formación individual y de progreso social.

La verdad está nutrida por el diálogo; el monólogo o pseudo diálogo no fecundan razón y acentúan el egocentrismo que se opone a una correcta socialización. En el diálogo hay descentración del yo para conocer pensamientos y sentimientos de otros, capaces de provocar pensamientos y sentimientos propios. En el diálogo cada frase responde a motivos cambiantes; se afirma, se pregunta, se rebaten respuestas, en situaciones compartidas y de auténtico interés, y, en un proceso dialéctico complejo, se genera un continuo ir y venir del pensamiento a la palabra. En cambio la recepción pasiva no nutre al espíritu y en la sala de cine o en el círculo familiar que, como se ha dicho, se ha transformado en semicírculo, no existe diálogo. Se dirá que lo que se ve o se oye provoca diálogo posterior pero, como veremos más adelante, se limita a comentarios en los que predominan reacciones afectivas.  En cambio, la lectura provoca el diálogo ya que el lector educado lee dialogando con el autor; cuando no capta una idea retrocede en la lectura, la acepta o la rechaza o, por lo menos, duda.

No ocurre esto en quien sintoniza un mensaje radial, ni en el espectador de cine o de T.V., y lo más grave es que si los hábitos que genera la pantalla grande o chica o el receptor radial no están suficientemente compensados por situaciones vitales que exijan actividad espontánea, la actitud pasiva de espectador se prolonga más allá del momento en que la persona ha dejado de serlo. Aun si lo posee, el espectador renuncia a su juicio crítico por predominio de determinantes afectivos. La actitud de espectador tiene características semejantes a las que Freud describe como rasgos del carácter oral. Se espera ser alimentado con palabras e imágenes que proporcionan placer con el menor esfuerzo y esta necesidad se convierte en exigencia que esclaviza.

Puede diagnosticarse la propagación de esta actitud por la creciente difusión de una literal gráfica en forma de viñetas, en las cuales los textos orales están reducidos al máximo y encerrados en unas nubecitas que salen de la boca de los personajes dibujados en ellas. 

Denominadas "bandes dessinées" en Francia, "fumetti" Italia, "comics trips" en Estados Unidos, "tebeo" en España,  "tiras cómicas" y "fotonovelas" en América Latina, la literatura dibujada ocupa cada día más espacio en diario; semanarios y constituye el contenido de muchas revista de libros. Esta forma de expresión gana cada día más adeptos, reduciendo el esfuerzo del lector que se nutre de imágenes quietas en reemplazo de las imágenes móviles del cine y la T.V. ¿Para qué leer e imaginar situaciones, si la imaginación y la habilidad del dibujante sólo exigen una percepción visual? En este nuevo lenguaje abreviado abundan los signos convencionales y curiosas onomatopeyas, que alimentan la mente del niño y del adulto describiendo, a su manera, estados de ánimo de los personajes.

No puede extrañar que México sea el mayor proveedor de América Latina de esa literatura dibujada, por su vecindad con Norte América, cuna de la misma, inventada a fines del siglo pasado. Le siguen Chile y también España que con su potencia editorial sirve a ese género de publicaciones. Según cifras suministradas por la Unesco en 1968, Corín Tellado ocupa el segundo lugar mundial en libros vendidos. El imperio financiero de esta "industria cultural" encuentra enormes ganancias en el mercado latinoamericano en el que se acrecienta día a día el número de consumidores. Personajes ajenos al mundo que circunda al lector, dibujados en viñetas carentes de valor estético y en situaciones inverosímiles, con relatos que continúan a lo largo de semanas y aún de meses antes de llegar al desenlace, para el cual se ha creado un clima dramático, hacen árida toda otra lectura a la que se debe recurrir en el estudio, porque éste exige esfuerzo intelectual a una mente cada vez más perezosa.

Razón tenía Huizinga al alarmarse ante la especial habilidad de niños y jóvenes para interpretar imágenes visuales, habilidad que él no poseía y que consideraba negativa para la capacidad de concentración y para un pensamiento auténtico.
La nubecilla o globo que sale de la boca de los personajes puede considerarse como "espectro más o menos descifrable del hombre exterior, social, artificial, víctima del cliché o sorprendido en su afasia, aunque sea en medio de sus más secretos pensamientos".  Como corolario de este modo de difusión de cultura, en revistas mexicanas se ofrece al niño para triunfar en sus estudios, la "Enciclopedia de oro" síntesis del conocimiento universal totalmente ilustrado, en seis tomos. La literatura ilustrada instituye una nueva mitología en torno a imágenes que se imponen desde lo alto, algunas de las cuales alcanzan universalidad. La explotación comercial que utiliza las características de sus personajes en el mundo de los juguetes o de las modas lo comprueba.

En algunas historietas ilustradas el personaje conduce al adulto a la edad de la infancia, de una infancia aparentemente ingenua pero picaresca como en el caso de Mafalda. En otras historietas se satisfacen aspiraciones colectivas manteniendo la estructura iterativa tan deseada por los niños.

Umberto Eco hace un detallado estudio de Superman, mito que, aunque fungible, tiene características semejantes a, otros personajes creados por esta literatura y descubre que sus aventuras no ofrecen una diversión inocua. "El análisis de las estructuras temporales en el caso de Superman nos ha ofrecido la imagen de un modo de narrar que parece estar fundamentalmente ligado a principios pedagógicos que gobiernan a una sociedad de tal índole sociedad de hombres hetero-dirigidos. ¿Es posible establecer conexiones entre ambos fenómenos, afirmando que Superman, pese a ser sólo uno de los instrumentos pedagógicos de esta sociedad, y la destrucción del tiempo que persigue forma parte de un proyecto de deshabituación de la idea de autorresponsabilidad? Actualmente nosotros vemos en su gesto la manifestación de un modelo de cultura unitario, capaz de reiterarse en cada aspecto. Deteniéndonos en este conocimiento de la moderna historiografía, podemos pues establecer una hipótesis de antropología cultural que nos permite leer los "comics" de Superman como reflejo de una situación social, ratificación periférica de un modelo general".

En Superman se aprecia la unificación de un mensaje educativo ambiguo. El personaje tiene poderes para derrocar a la autoridad, para destruir un ejército o alterar el equilibrio planetario, al mismo tiempo es bueno, defiende lo legítimo pero dentro de valores ya establecidos. “Si el mal asume el único aspecto de atentado a la propiedad privada, el bien se configura únicamente como caridad.”
El hombre alimentado con imágenes piensa con ideas y formas hechas y concibe la felicidad en términos de quietud, no de una quietud física que suponga intensa y continuada actividad interior, sino de una quietud librada a todo lo emocional pasajero que deja escaso saldo favorable para la creación. “El hombre está habitado por imágenes que no ha extraído de sí, por expresiones exteriores de las que no es dueño... Y el mismo fenómeno se reproduce por millones de ejemplares. Esta sustitución obra de la misma manera en el espacio y en el tiempo.”

Cada espectador está bajo la influencia de continuadas sugestiones que impiden su reflexión y su juicio crítico, especialmente en la propaganda comercial o política. La sugestión, encubra o no los móviles que la inspiran, es una hábil presentación de estímulos para lograr en otros determinadas ideas o determinadas conductas. La imagen constituye el medio más poderoso de sugestión colectiva y el lenguaje que fue instrumento de sugestión, se refuerza en nuestros días por medio de percepciones visuales, mediante técnicas basadas en conocimientos psicológicos. Imágenes agradables que responden a deseos conscientes o inconscientes se asocian a valores comerciales o políticos para favorecer a quienes están interesados en vender productos o candidatos... La persuasión dejó de ser intuitiva para hacerse científica y no puede extrañar que en una cultura, en la que existen represiones sexuales, sean frecuentes las imágenes referidas directa o indirectamente al placer sexual.

Con numerosos ejemplos Packard ha revelado formas ocultas de la propaganda utilizadas en la sociedad de consumo y resulta imposible estimar la amplitud de su influencia en la conducta individual, porque el grado de sugestibilidad personal depende de múltiples variables internas y externas. Entre las primeras, son poderosas el ritmo, la monotonía, el volumen y la repetición de los estímulos, así como el número de personas que están colectivamente bajo la influencia sugestionadora.

En cuanto a los factores internos entre ellos se ubican la inmadurez de quien es sugestionado, su falta de experiencia, su desconocimiento en el tema en el cual se ejerce la sugestión, la falta de objetividad y de sentido crítico y, por lo mismo, un alto índice de credulidad ante lo que se ve o se oye, y el prestigio de quien sugestiona. La distinta intensidad de estas y otras variables, así como la diversidad de sus combinaciones hacen imposible generalizar los efectos sugestionadores de la propaganda, pero permiten reconocer que sólo por una adecuada educación puede acorazarse al hombre para resistirla. El capitalismo crea la sociedad adquisitiva y en ella las cosas están por encima del hombre, quien se convierte en medio para el logro de los intereses económicos del productor. La propaganda recurre a motivaciones inconscientes para cultivar el deseo de adquirir al margen de toda consideración racional.

“Todo el mundo es incitado a comprar todo lo que puede antes de haber ahorrado lo suficiente para pagar sus compras. La publicidad y los demás medios de presión psicológica estimulan poderosamente la necesidad de un consumo mayor.” El adquirir, que aparentemente constituye una actividad, esconde la pasividad de quien lo realiza, porque las preferencias y las necesidades son hábilmente provocadas, y el gusto por la posesión se transforma en actitud que hace homogéneos a los hombres. El tener reemplaza al ser. Como lo observa Fromm el acto de comprar y consumir se convierte en finalidad compulsiva, irracional, con escasa relación con el uso o el placer de las cosas compradas o consumidas.

Un extraño acondicionamiento maneja al hombre explotando su deseo de poseer, previamente cultivado. El hombre no vive para sí, sino para quien lo domina: el capital en sus múltiples formas de producción; y en los países colonizados ese capital no beneficia en forma alguna los servicios de la comunidad, al contrario le resta posibilidad de mejoramiento. Tal lo que ocurre en América Latina, la gran consumidora en beneficio del país más poderosamente industrializado. A su servicio la imagen o el sonido actúan como motor dedicado a la fabricación de deseos.

La propaganda en materia de mercancías afecta los intereses individuales o familiares, en tanto que la propaganda política, por lo mediato de sus efectos, tiene consecuencias que alcanzan a toda la comunidad. Los candidatos se “vedetizan” para conseguir votos, y el hombre, incapaz de comprender la compleja red de circunstancias que lo circundan, es seducido por palabras e imágenes que escapan a su sentido crítico. Con una fe sencilla cree en las promesas que se le hacen y sigue creyendo aunque sea engañado porque racionaliza las causas del fracaso del partido o del candidato a quien votó. La aparente participación activa de, todos los ciudadanos hoy constituye un mito, la demagogia publicitaria de los políticos no supone mayor participación del pueblo pues no hay diálogo entre el candidato y el público que lo ve y escucha, y porque se manipula la opinión a gran escala.

¿Podrá considerarse activo a todo ciudadano que vota? También el hipnotizado puede parecer activo aunque su actitud sea pasiva ante los mandatos que recibe. Si admitimos que la auténtica libertad supone capacidad de elección en cada circunstancia concreta, previo conocimiento de la realidad, libertad y actividad se identifican, y ambas pueden y deben ser cultivadas por la educación. De no modificarse las formas educativas actualmente en uso, sólo una minoría estará en condiciones de oponerse a las técnicas de persuasión dirigidas por móviles económicos o políticos.

La influencia de los medios masivos de comunicación se aprecia en los “loisirs” término francés utilizado no para designar el tiempo libre sino, según la definición de Joffre Dumazedier, el “conjunto de ocupaciones a las cuales el individuo puede entregarse sea para descansar, para divertirse, para desarrollar su información o su formación desinteresada, su participación social voluntaria o su libre capacidad creadora, después de haberse liberado de sus obligaciones profesionales, familiares y sociales”.

Diarios .revistas, cine, radio y televisión han modificado los “loisirs” tradicionales y cabe preguntar si esos medios fomentan o no la actividad del individuo. En el criterio de Alain Touraine, es riesgoso tratar el tema aislando el enfoque psicológico del sociológico, porque la situación socio-cultural de quien recibe la influencia de las técnicas de comunicación define el grado de actividad o pasividad de los nuevos “loisirs”.

Sostiene este sociólogo que la manipulación que por medio de ellos se ejerce, depende de la formación cultural de la persona que está bajo su influencia, y que esta formación establece barreras más difíciles de abatir que las barreras económicas. “La participación activa en grupos primarios, amigos, vecinos, familiares, es una compensación a una débil actividad social y cultural. La exposición a los “loisirs” de masas es también expresión de esta débil participación y del deseo de una mayor participación en contacto con situaciones que rompan el mundo cerrado de grupos y de familias”.

La comprobación de este hecho induciría a admitir que quienes carecen de valores socioculturales serían los lectores de tiras cómicas o de fotonovelas, los oyentes de radio y los espectadores de cualquier programa de cine o de T.V., con actitud pasiva.
Los “loisirs” activos, creadores, en cambio, serían practicados por quienes, por su cultura, tienen un alto grado de participación social.
“La pasividad no es otra cosa que la trascripción psicológica de la sumisión o de la dependencia económica o social”.
Observa Touraine que si bien la difusión de la cultura es masiva, sus participantes integran una masa abstracta, la de los espectadores de cine o de televisión, aislados los unos de los otros por la oscuridad de las salas o por las paredes de su casa.

La oposición que hemos denunciado entre la pasividad y la actividad creadora del hombre es, en gran parte, consecuencia de una oposición entre formas educativas que favorecen el sometimiento al monopolio psicológico de las técnicas de comunicación, del que sólo se salvan los mejor dotados intelectualmente, y las formas educativas que propician desde la niñez la actividad integral y una integración social por experiencias vividas en grupos cada vez más amplios.

La alfabetización universal y la obligatoriedad de la enseñanza primaria no constituyen por sí medios adecuados para impedir la “difusión narcotizante” del vértigo de imágenes y sonidos que mantienen social y políticamente apáticos o inertes a grandes sectores de la población latinoamericana. En un alto porcentaje, la actual enseñanza que brindan las instituciones de nivel primario y secundario favorece el consumo de los productos de la industria cultural. H. G. Wells denunció que en Inglaterra veinte años después de implantarse la instrucción obligatoria, los hermanos Harmswort se dieron a imprimir millares de hojas “con cualquier clase de basuras que pudieran venderse para el espíritu de las masas que despertaban”.

Esto hace decir a Toynbee que “en cuanto se arroja a las aguas de la vida social el pan de la educación universal, un cardume de tiburones brota de las profundidades y devora ese pan de los niños”.  Lo confirma James Bryce: “Es evidente que la educación de las masas es, a pesar de todo, una educación superficial. Es suficiente con que se les dé la posibilidad de pensar que saben algo sobre los grandes problemas de la política; es insuficiente demostrarles qué poco saben. La escuela elemental pública da a cada uno las llaves del saber, familiarizándolo con la lectura, pero no tiene tiempo para enseñar el empleo de las llaves, cuyo uso, dado la carga del trabajo cotidiano, se limita casi exclusivamente a las revistas y a los diarios”. 

Acotamos que el hecho es mucho más grave con el advenimiento masivo de la recepción radial y de la televisión. “El filme, superando en gran medida al teatro ilusionista, no deja a la fantasía ni al pensar de los espectadores dimensión alguna en la que puedan moverse por su propia cuenta, con lo que adiestra a sus propias víctimas para identificarlo inmediatamente con la realidad.”

Las técnicas de la comunicación de masas acentúan el abismo que siempre existió entre el número de personas capaces de actividad creadora y el número de aquellas cuya posible capacidad ha sido amulada o por lo menos no favorecida por la educación institucional que recibieron. Grave que esto ocurra en países subdesarrollados urgidos por el cambio de sus estructuras y, más grave para los países hispanoamericanos porque los medios de difusión, manipulados por intereses ajenos a su desarrollo, cultivan, junto a la pasividad, el conformismo de las masas y su consecuente enajenación.

Si no se favorece por la educación la creatividad y la integración social y con ello el deseo de cambio, se fomenta lo que Reisman denominó el culto de la indolencia.

Hasta aquí una síntesis del libro de la educadora uruguaya Reina Reyes, “Para que Futuro Educamos”, un libro que llegó a nuestra manos gracias a las donaciones que el público hace al “Correo Viejo”.
Nuestra consigna principal de la radio es: “una historia sin final; dando ánimo siempre”. Y dice Jorge Luís Borges en cuentos, 1986 “El Libro de la arena”, lo siguiente:
Siempre en voz baja el vendedor de biblias me dijo: -No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera, ninguna, la última. No sé por que están numeradas de ese modo arbitrario. Acaso para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten cualquier número.
Tal vez nos sirva para comprender el número infinito de estas páginas, en que nos apoyamos cada día  y que por sabias también admiten cualquier número, donde tal vez ninguna sea la primera y ninguna la última, numeradas de manera arbitraria y donde probablemente hasta se salteen en tropel las unas a las otras.   

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