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El polvorín

Uruguay: MUJICA, LOS ESCÉPTICOS Y EL ESCEPTICISMO.

16 Octubre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

Por Héctor Marabotto.

El término escepticismo, como se sabe, viene del griego, “skeptomai”: se duda. Es una filosofía que se basa en la duda sobre la posibilidad de conocer la realidad. Esta concepción esta vinculada al agnosticismo, a la imposibilidad de conocer las cosas y el mundo y en última instancia de cambiarlo. Detrás del escepticismo está la ignorancia y florece sobre todo cuando los valores de la vieja sociedad se derrumban y los nuevos valores todavía no han alcanzado a consolidarse. Tal era el caso, por ejemplo, en la Grecia antigua donde en el siglo IV antes de nuestra era surgieron quienes negaron los razonamientos especulativos que los grandes filósofos habían adquirido, muchos de los cuales dos mil quinientos años después se pudieron confirmar.
 
Al no estar desarrolladas las ciencias y no poderse comprobar aquellos conocimientos y principios, nació y creció el escepticismo, concepción en cuya base reina el idealismo. Pero no el idealismo positivo de aquél que trabaja decentemente o lucha por un ideal, sino el idealismo que ya nace muerto de creer que todo es obra de dios o de fuerzas extrañas en cuya contra nada ni nadie puede luchar. Los escépticos antiguos consideraban que el conocimiento humano era relativo, que era indemostrable, que los órganos de los sentidos no eran fiables, etc. Según ellos, el hombre debía abstenerse de hacer ningún juicio. Así, según ellos, se salvaba inmutable el alma y la felicidad, fin absoluto de la filosofía antigua. Pero ellos mismos no se abstenían de enjuiciar y criticaban en sus escritos los dogmas filosóficos enarbolando el escepticismo.
 
Por eso, lo peor del escepticismo no es su apariencia casi ingenua, sus gritos superficiales contra el conocimiento científico, sino el espíritu de derrota que deja entre la gente, entre los trabajadores y el pueblo. Ese sabor amargo de vivir una vida sin sentido, sin objetivos ni futuro. Así son por desgracia muchos escépticos que abundan en nuestro medio, que nacen justamente como hongos al hundirse una sociedad corrupta pero donde aún los nuevos valores no sólo no logran afirmarse, sino que se ven pisoteados por quienes en otros tiempos los levantaron.
 
Mujica, por ejemplo, no es que niegue el conocimiento, todo lo contrario. Pero el conocimiento que Mujica apoya es el que le sirve a las clases dominantes, al capitalismo, es el que prepara a nuestros jóvenes para seguir siendo usados como creadores de riquezas para los inversores y empresarios, para quienes detentan el poder, explotados por las multinacionales, por las naciones que más recursos poseen.
 
En realidad, lo que Mujica niega es que pueda existir el conocimiento revolucionario. Niega que el pueblo uruguayo, a través de otras formas de relaciones humanas pueda acceder a otro tipo de conocimiento, al conocimiento liberador, libre de amarras y de injerencia de la ideología burguesa, único conocimiento que emancipa al trabajo del capital. Mujica dice apoyar el conocimiento; pero en los hechos lo niega al alejar al pueblo de la posibilidad de luchar por su liberación.
 
En cierta etapa del proceso de desarrollo de las contradicciones de clase, cuando las fuerzas productivas han alcanzado un nivel elevado en su desarrollo, como es en el caso actual en nuestras sociedades; el avance real, objetivo, del conocimiento humano debe pasar, necesariamente, por el cambio de las relaciones sociales de producción, por el cambio revolucionario de toda la sociedad, por socializar la cultura en su totalidad y sobre todo, por restarle firmeza y capacidad de reproducirse a las leyes que hacen posible el capitalismo, sociedad de explotación de unos hombres por otros. No hay forma de que la humanidad pueda seguir desarrollándose en un rumbo sano más que impulsando cambios en una única dirección, sobre todo hacia aquella que apunta hacia los conocimientos revolucionarios que propician los cambios sociales.
 
Por eso, en la base de lo que Mujica hace y representa, en su forma de ser, de relacionarse, de hablar, está la mentira, el engaño, el menosprecio a los más infelices. Cuando Mujica le dice al pueblo “como te digo una cosa te digo la otra”, es la forma más vulgar y rastrera de negar que el pueblo pueda pensar, de tratarnos a los uruguayos como si fuéramos haraganes, tarados e ignorantes. En su forma de ser se ve claro que Mujica desprecia a los trabajadores y al pueblo. Mujica no cree en la posibilidad del progreso popular, salvo el venderse a los poderosos e imperialistas.
 
La pretendida filosofía de Mujica, que todavía enceguece a muchos, genera en sus interlocutores, sin que éstos aún se den cuenta, una mezcla de vacío, duda e ignorancia creciente. Mujica, que aprovecha para la oligarquía su momentáneo liderazgo sobre la gente, debilita la avidez por comprender la verdad que existe entre el pueblo explotado. Genera un estado de dependencia en la conciencia de los trabajadores hacia el agnosticismo, hacia la imposibilidad de conocer los hechos. Induce al pobre y al trabajador a no confiar en sus fuerzas internas como para dominar la realidad y alguna vez dirigir su propio Estado socialista.
 
Mujica enseña al trabajador a entregarse, arrodillarse y humillarse ante sus superiores, que por lo general son quienes lo explotan y quienes más conocimientos poseen en la sociedad, es decir, la burguesía, la tecnocracia, los capitalistas, en vez de ser él quien los llama a luchar por la libertad. Mujica posee más que elementos como para saber que este mundo se derrumba y que los pueblos tienen que ser quienes lo dirijan a fin de salvarlo.
 
Por eso Mujica y el MLN. de hoy son quizás quienes más mal le hayan hecho al pueblo uruguayo durante estos últimos 25 años. Porque con su actitud de arrepentidos le han permitido a las demás fuerzas de la izquierda, que ya cortejaban con el oportunismo, sin lucha, terminaran vendiéndose al imperialismo. Han hecho todo a contramano de lo que nos mostró la verdadera historia de lucha del MLN.(T) en la época que era revolucionario.
 
Mujica hoy hace crecer el aspecto más negativo que existe dentro del escepticismo: la duda del conocimiento como un todo. Ni tan siquiera enseña Mujica, que conjuntamente con ese aspecto negativo del escepticismo, coexiste otro aspecto, éste sí positivo, que nos enseña a dudar hasta comprobar a través de la práctica que los hechos de la realidad existen, son concretos, reales, podemos medirlos, palparlos, sentirlos. Sería distinto el espiritu que dejaría en nuestro pueblo si entre los líderes políticos, alguien, aunque fuese uno sólo, irradiara ésta última forma de ver la realidad. Seguramente nuestro pueblo sería distinto, no existiría tanta ingenuidad ni lo arrearían tan fácilmente como lo hacen hoy.
 
Por eso el escepticismo a veces es peor que una enfermedad para el pueblo. Hoy el “progresismo” gobierna apoyado por la derecha. ¿Qué filosofía pueden recibir del presidente Mujica los trabajadores? ¿Qué principios pueden defender los explotados cuando sus guías se arrodillan ante el capital? ¿Qué ciencia trasmite al pueblo un presidente ex guerrillero que dice que hay que pasar raya y olvidar los muertos, desaparecidos, secuestrados, torturados y que hay que olvidar todo aquello por lo que el pueblo luchó y hacer como si todos fuéramos iguales y reinara la justicia?
 
¿Qué pasará cuando nada de esto se demuestre que es verdad, cuando la miseria se nos venga encima como ya muchos lo empiezan a ver? Entonces el escepticismo y los escépticos habrán alcanzado su punto más alto y comenzarán a retroceder. De nuevo la esperanza del pueblo comenzará a crecer y a luchar por los cambios y la justicia, de nuevo comenzará a confiar y a desear información valedera, conocimientos y experiencias que le muestren una vida colectiva, una salida propia de explotados construyendo su propio Estado sin opresores ni renegados.
Héctor Marabotto.

 

Tomado de Cx 36 Centenario

 

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Yoni "Chúcaro" Romero 10/17/2010 03:58



Podría decir que estoy en casi un todo de acuerdo con Marabotto, en el año 1996, mientras Mujica era diputado. habiendo sido un socio preelectoral de ese período, le escribí una carta a Mujica de
varias páginas, con una crítica constructiva, por su pensamiento, evidentemente reaccionario y pragmático, en el que calificaba a los trabajadores uruguayos como "haraganes". Por supuesto que
nunca recibí respuesta. Pero en épocas de desmovilización, intencionales, es muy difícil combatir los líderes carismáticos y terminan por desvirtuar todos los programas, posturas idológicas,
pensamientos de distintas organizaciones y termina por primar el criterio de personas, personajes no importando para la masa los intereses que defienden, ese tipo de personajes. Por eso en
esencia en un todo de acuerdo con este artículo y espero que aparezcan muchos más con esos contenidos. Pero tendría un reparo, sin duda menor que no le quita esencia ni profundidad al tema
planteado, que es el examen del escepticismo que creo medio confuso; al menos en lo que tiene que ver con el principio de la duda que está en la base misma del conocimiento.