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El polvorín

URUGUAY - MUJICA Y FRENTE AMPLIO ACUERDAN CREAR UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA, MISERIA PROGRESIVA

4 Febrero 2012 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

2 de febrero de 201236

 

MENSAJE DE LA 36

 

 

“Este es el año de concretar, de evitar trancazos, porque hay cosas que si no se hacen este año, después será mucho más difícil concretar”, había dicho el presidente José Mujica al semanario Búsqueda el jueves pasado.
Y, tras avanzar con los líderes de la oposición en acordar el voto doble para el presidente del Codicen y para los directores generales de Primaria, Secundaria y UTU, el primer mandatario llegó a un acuerdo hoy con el Frente Amplio en lo que respecta a la enseñanza técnico-profesional.
Es que Mujica, el titular del Frente Amplio, Jorge Brovetto, y legisladores oficialistas se reunieron hoy en la residencia de Suárez y Reyes, donde se alcanzaron varios acuerdos en torno a la inquietud del primer mandatario de fortalecer la educación técnico, tecnológica.
Según el diputado socialista Roque Arregui, los acuerdos fueron alcanzados por unanimidad.
Entre los puntos acordados esta tarde en la residencia de Suárez y Reyes se destaca la creación de la universidad tecnológica en el interior del país, tomando como base el Instituto Técnico Superior.
Para ello, decidieron crear una comisión bicameral y un equipo de trabajo que agilicen “la implementación de contenidos tecnológicos”.
Por otra parte, también se definió otorgarle más recursos y la mayor autonomía posible a la UTU, además de garantizar los cupos para el inicio de clases a quienes se hayan inscripto este año.
En diálogo con el diario La República, el presidente había asegurado también el jueves pasado que otorgarle autonomía a la UTU es algo “irrenunciable”.
La propuesta de crear una universidad tecnológica en el interior del país, Mujica la había planteado hace semanas en su audición radial y ya había sido vista con buenos ojos desde la oposición.
Mujica y el Frente Amplio son mucho peor que cualquier gobierno de la burguesía. Jamás alguien pudo llegar a pensar que un jefe tupamaro y un gobierno del Frente Amplio, iban a aumentar el “ejército de reserva” de los trabajadores para llevar el salario a la baja, a los ex trabajadores jubilados y también a los menores de edad.  

En tiempos de izquierda sin marxismo y de comunismo sin leninismo, posiblemente para la inmensa gran mayoría progresista, hablar de los manuscritos de Carlos Marx parezca un tanto desubicado y fuera de contexto histórico. 
Sin embargo debemos decir que gracias a la generosidad de un amigo anónimo de la radio, han caído en nuestras manos estos manuscritos de Marx cuya redacción es de una época similar a la actual de una burguesía triunfante. Tras la instauración de Luís Felipe en el trono francés y la consolidación de la independencia belga, todo el Occidente europeo gozaba de los beneficios de la monarquía constitucional. La Corona proporcionaba la cobertura de legitimidad necesaria para defenderse con éxito frente a los nostálgicos, cada vez menos numerosos del anciano régimen y asegura el mantenimiento de la “soberanía de la razón” que las sacudidas intermitentes de quienes se obstinan en no enriquecerse apenas logran inquietar. La miseria obrera, que ya nadie puede ignorar y que la literatura de la época comienza insistentemente a describir, es atribuida lisa y llanamente a la carencia de virtudes de quienes, la padecen.

Cuanta similitud entonces con el momento actual. Consolidada nuevamente la democracia en nuestro país, la izquierda progresista proporciona idéntica cobertura y legitimidad necesaria para defenderse con éxito, ya sea ante los nostálgicos del pasado y también de otros nostálgicos actuales que tampoco quieren enriquecerse y tampoco alcanzar a inquietar la paz soñada de los poderosos.

El primer manuscrito consta de nueve folios 18 hojas, 36 páginas que fueron unidos por Marx formando un cuaderno. Las páginas fueron divididas, antes de escribir en ellas, en tres columnas, por medio de dos rayas verticales. Cada una de las columnas lleva, de izquierda a derecha, el siguiente título: Salario, Beneficio del Capital, Renta de la Tierra.

Salario       

El salario está determinado por la lucha abierta entre capitalista y obrero. Necesariamente triunfa el capitalista. El capitalista puede vivir más tiempo sin el obrero que este sin el capitalista. La unión entre los capitalistas es habitual y eficaz; la de los obreros está prohibida y tiene funestas consecuencias para ellos. Además el terrateniente capitalista y el capitalista pueden agregar a sus rentas beneficios industriales, el obrero no puede agregar a su ingreso industrial ni rentas de la tierra ni intereses de capital. Por eso es tan grande la competencia entre los obreros. Luego sólo para el obrero es la separación entre capital, tierra y trabajo una separación necesaria y nociva. El capital y la tierra no necesitan permanecer en esa abstracción, pero si el trabajo del obrero.
Para el obrero es, pues, mortal la separación de capital, renta de la tierra y trabajo.

El nivel mínimo del salario, y el único necesario, es lo requerido para mantener al obrero durante el trabajo y para que el pueda alimentar una familia y no se extinga la raza de los obreros. El salario habitual es, según Smith, el mínimo compatible con la “simple humanité” es decir, con una existencia animal.

La demanda de hombres regula necesariamente la producción de hombre, como ocurre con cualquier otra mercancía. Si la oferta es mucho mayor que la demanda un aparte de los obreros se hunde en la mendicidad o muere por inanición. La existencia del obrero está reducida, pues, a la condición de existencia de cualquier otra mercancía. El obrero se ha convertido en una mercancía y para él es una suerte poder llegar hasta el comprador. La demanda de la que depende la vida del obrero, depende a su vez del humor de los ricos y capitalistas. Si la oferta supera a la demanda , entonces una de las partes constitutivas del precio, beneficio renta de la tierra o salario, es pagada por debajo del precio; una parte de esas prestaciones se sustrae, pues, a este empleo y el precio del mercadogravita hacia el precio natural como su centro.

Pero, 1) cuando existe una gran división del trabajo le es sumamente difícil al obrero dar al suyo otra dirección;
2) el perjuicio le afecta a él en primer lugar a causa de su relación de subordinación respecto del capitalista. 
Con la gravitación del precio de mercado hacia el precio natural es así el obrero el que más pierde y el que necesariamente pierde. Y justamente la capacidad del capitalista para dar a su capital otra dirección es la que, o priva del pan al obrero, limitado a una rama determinada de trabajo, o la obliga a someterse a tosas las exigencias de ese capitalista.

La ocasionales y súbitas fluctuaciones del precio de mercado Afectan menos a la renta de la tierra que a aquellas partes del precio que se resuelven en beneficios y salarios, pero afectan también menos al beneficio que al salario. Por cada salario que sube hay, por lo general, uno que se mantiene estacionario y uno que baja.
El obrero no tiene necesariamente que ganar con la ganancia del capitalismo, pero necesariamente pierde con él. Así el obrero no gana cuando el capitalista mantiene el precio del mercado por encima del natural por obra de secretos industriales o comerciales, del monopolio o del favorable emplazamiento de su terreno.
Además; los precios del trabajo son mucho más constantes que los precios de los víveres. Frecuentemente se encuentran en proporción inversa. En un año de carestía el salario disminuye a causa de la disminución de la demanda y se eleva a causa de la disminución de la demanda y se eleva a causa del alza de los víveres. Queda, pues, equilibrado. En todo caso, una parte de de los obreros queda sin pan. En años de abundancia, el salario se eleva a merced al aumento de la demanda, disminuye merced a los precios de los víveres. Queda, pues, equilibrado.

Otra desventaja del obrero;
Los precios del trabajo de los distintos tipos de obreros difieren mucho más que las ganancias en las distintas ramas en las que el capital se coloca.
En el trabajo toda la diversidad natural, espiritual y social de la actividad individual se manifiesta y es inversamente retribuida, en tanto que el capital muerto va siempre al mismo paso y es indiferente a la real actividad individual. En general hay que observar que allí en donde tanto el obrero como el capitalista sufren, el obrero sufre en su existencia y el capitalismo en la ganancia de su inerte Mammón.

El obrero ha de luchar no sólo por su subsistencia física, sino también por lograr trabajo, es decir, por la posibilidad, por los medios, de poder realizar su actividad.
Tomemos tres situaciones básicas en que puede encontrarse la sociedad y observemos la situación del obrero en ellas. 

  • Si la riqueza de la sociedad está en descenso, el obrero sufre más que nadie, pues aunque la clase obrera no puede ganar tanto como la de los propietarios en una situación social próspera ninguna sufre tanto con su decadencia como la clase obrera.
  • Tomemos ahora una sociedad en la que la riqueza aumenta. Esta situación es la única propicia para el obrero. Aquí aparece la competencia entre capitalistas. La demanda de obreros excede a la oferta, pero:

En primer lugar, el alza de los salarios conduce a un exceso de trabajo de los obreros. Cuanto más quieren ganar, tanto más de su tiempo deben sacrificar y, enajenándose de toda libertad, han de realizar, en aras de la codicia, un trabajo de esclavos. Con ello acortan su vida. Este acortamiento en la duración de su vida es una circunstancia favorable para la clase obrera en su conjunto, porque con él se hace necesaria una nueva oferta. Esta clase ha de sacrificar continuamente a una parte de si misma para no perecer por completo.

Además, ¿cuándo se encuentra una sociedad en vías de enriquecimiento progresivo? Con el aumento de los capitales y las rentas de un país. Esto, sin embargo, solo es posible: a) porque se ha acumulado mucho trabajo, pues el trabajo es capital acumulado; es decir porque se ha ido arrebatando al obrero una cantidad creciente de su producto, porque su propio trabajo se le enfrenta en medida creciente como propiedad ajena, y los medios de su existencia y de su actividad se concentran cada vez más en mano del capitalista; b) la acumulación del capital aumenta la división del trabajo y la división del trabajo el número de obreros; y viceversa, el número de obreros aumenta la división del trabajo, así como la división del trabajo aumenta la acumulación de capitales. Con esta división del trabajo, de una parte, y con la acumulación de capitales, de la otra, el obrero se hace cada vez más dependiente exclusivamente del trabajo y de un trabajo muy determinado, unilateral y maquinal. Y así, del mismo modo que se ve rebajado en lo espiritual y en lo corporal a la condición de la máquina, y de hombre queda reducido a una actividad abstracta y un vientre. Se va haciendo cada vez más dependiente de todas las fluctuaciones del precio del mercado, del empelo de los capitales y del humor de los ricos. Igualmente, el crecimiento de la clase de hombres que no tienen más que su trabajo agudiza la competencia entre los obreros, por tanto, rebaja su precio. En el sistema fabril esta situación de los obreros alcanza su punto culminante.

En una sociedad cuya prosperidad crece, sólo los más ricos pueden aún vivir del interés del dinero. Todos los demás están obligados, o bien a emprender un negocio con su capital, o bien a lanzarlo al comercio. Con esto se hace también mayor la competencia entre los capitales. La concentración de capitales se hace mayor, los capitalistas grandes arruinan a los pequeños y una fracción de los antiguos capitalistas se hunde en la clase de los obreros, que por obra de esta aportación padece de nuevo la depresión del salario y cae en una dependencia aún mayor de los pocos grandes capitalistas; al disminuir el número de capitalistas, desaparece casi sin competencia respecto a los obreros , y como el número de éstos se ha multiplicado, la competencia entre ellos se hace tanto mayor, más antinatural y más violenta. Una parte de la clase obrera cae con ello en la mendicidad o la inanición tan necesariamente como una parte de los capitalistas medios cae en la clase obrera.

Así pues, incluso en la situación social más favorable para el obrero, la consecuencia necesaria para éste es exceso de trabajo y muerte prematura, degradación a la condición de máquina, de esclavo del capital que se acumula peligrosamente frente a {el, renovada competencia, muerte por inanición o mendicidad de una parte de los obreros.

El alza de los salarios despierta en el obrero el ansia de enriquecimiento propia del capitalista que él, sin embargo, sólo mediante el sacrificio de su cuerpo y de su espíritu puede saciar. EL alza de salarios presupone la acumulación de capital y la acarrea; enfrenta, pues el producto del trabajo y el obrero, haciéndole cada vez más extraños el uno del otro. Del mismo modo, la división del trabajo hace al obrero cada vez más unilateral y más dependiente, pues acarrea consigo la competencia no sólo de los hombres, sino también de las máquinas. Como el obrero ha sido degradado a la condición de máquina, la máquina puede oponérsele cómo competidor.
Finalmente, como la acumulación de capitales aumenta la cantidad de industria, es decir, de obreros, mediante esta acumulación la misma cantidad de industria trae consigo una mayor cantidad de obra hecha que se convierte en superproducción y termina, o bien por dejar sin trabajo a una gran parte de los trabajadores, o bien por reducir su salario al más lamentable mínimo. Estas son las consecuencias de una situación social que es la más favorable para el obrero, la de la riqueza creciente y progresiva.
Por último, sin embargo, esta situación ascendente ha de alcanzar alguna vez su punto culminante. ¿Cuál es entonces la situación del obrero?

  • “Los salarios y los beneficios del capital serán probablemente muy bajos en un país que haya alcanzado el último grado posible de su riqueza. La competencia entre los obreros para conseguir ocupación sería tan grande que los salarios quedarían reducidos a lo necesario para el mantenimiento del mismo número de obreros y si el país estuviese ya suficientemente poblado este número no podría aumentarse”.

El exceso debería morir.
Luego, en una situación declinante de la sociedad, miseria progresiva; en una situación declinante de la sociedad, miseria progresiva; es una situación floreciente, miseria complicada, y en una situación en plenitud, miseria estacionaria.

Y como quiera que, según Smith, no es feliz una sociedad en donde la mayoría sufre, que el más prospero estado de la sociedad conduce a este sufrimiento de la mayoría, y como la Economía Política en general la sociedad del interés privado conduce a este estado de suma prosperidad, la finalidad de la Economía Política es, evidentemente, la infelicidad de la sociedad.  

En lo que respecta a la relación entre obreros y capitalistas, hay que observar todavía que al alza de los salarios está más que compensada para el capitalista por la disminución en la cantidad del tiempo de trabajo, y que el alza de salarios y el alza en el interés del capital obran sobre el precio de la mercancía como el interés simple y el interés compuesto respectivamente.

Coloquémonos ahora totalmente en el punto de vista del economista, y comparemos, de acuerdo con él, las pretensiones teóricas y prácticas de los obreros.
Nos dice que, originariamente y de acuerdo con su concepto mismo, todo el producto del trabajo pertenece al obrero. Pero al mismo tiempo nos dice que en realidad revierte al obrero la parte más pequeña e imprescindible del producto; sólo aquella que es necesaria para que él exista no como hombre, sino como obrero, para que perpetué no la humanidad, sino la clase esclava de los obreros.

El economista no dice que todo se compra con trabajo y que el capital no es otra cosa que trabajo acumulado, pero al mismo tiempo nos dice que el obrero, muy lejos de poder comprarlo todo, tiene que venderse a sí mismo y a su humanidad.
En tanto que las rentas del perezoso terrateniente ascienden por lo general a la tercera parte del producto de la tierra y el beneficio del atareado capitalista llega incluso al doble del interés del dinero, lo que el obrero gana es, en el mejor de los casos, lo necesario para que de cuatro hijos, dos se le mueran de desnutrición.

En tanto que, según el economista, el trabajo es lo único con lo que el hombre aumenta el valor de los productos naturales, su propiedad activa, según la misma Economía Política el terrateniente y el capitalista , que como terrateniente y capitalista son simplemente dioses privilegiados y ociosos, están en todas partes por encima del obrero y le dictan las leyes.

En tanto que, según el economista, el trabajo es el único precio invariable de las cosas, no hay nada más azaroso que el precio del trabajo, nada está sometido a mayores fluctuaciones
En tanto que la división del trabajo eleva la fuerza productiva del trabajo, la riqueza y el refinamiento de la sociedad empobrece al obrero hasta reducirlo a máquina. En tanto que el trabajo suscita la acumulación de capitales y con ello el creciente bienestar de la sociedad, hace al obrero cada vez más dependiente del capitalista, le lleva a una mayor competencia, lo empuja al ritmo desenfrenado de la superproducción, a la que sigue un marasmo igualmente profundo.

En tanto que, según los economistas, el interés del obrero no se opone nunca al interés de la sociedad, el interés de la sociedad está siempre y necesariamente en oposición al interés del obrero.
Según los economistas, el interés del obrero no está nunca en oposición al de la sociedad, 1) porque el alza del salario está más que compensada por la disminución en la cantidad de tiempo de trabajo, además de las restantes consecuencias antes desarrolladas y 2) porque, en relación con la sociedad, el producto bruto total es producto neto y sólo en relación particular tiene el neto significado.

Pero que el trabajo mismo no sólo en las condiciones actuales, sino en general, en cuanto a su finalidad, es simplemente el incremento de la riqueza; que el trabajo mismo, digo, es nocivo y funesto, es cosa que se deduce, sin que el economista lo sepa, de sus propias exposiciones.

De acuerdo con su concepto, la renta de la tierra y el beneficio del capital son deducciones que el salario padece. En realidad sin embargo, el salario es una deducción que el capital y la tierra dejan llegar al obrero, una concesión del producto del trabajo de los trabajadores al trabajo.
El obrero sufre más que nunca en su estado de declinación social. Tiene que agradecer la dureza específica de su opresión a su situación de obrero, pero la opresión en general a la situación de la sociedad.
Pero el estado ascendente de la sociedad, la decadencia y el empobrecimiento del obrero son producto de su trabajo y de la riqueza por él producida.   
La miseria brota, pues, de la esencia del trabajo actual.
El estado de máxima prosperidad social, un ideal, pero que puede ser alcanzado aproximadamente y que, en todo caso, constituye la finalidad, tanto de la Economía Política, como de la sociedad civil, es, para el obrero miseria estacionaria.  

Se comprende fácilmente que en la Economía Política el proletario, es decir, aquel que, desprovisto de capital y de rentas de la tierra, vive sólo de su trabajo, de un trabajo. Por eso puede unilateral y abstracto, es considerado únicamente como obrero. Por esto puede la Economía asentar la tesis de que aquél, como un caballo cualquiera, debe ganar lo suficiente para poder trabajar. No lo considera en sus momentos de descanso como hombre, sino que deja este cuidado a la justicia, a los médicos, a la religión, a los cuadros estadísticos, a la policía y al alguacil de pobres. 

Elevémonos ahora sobre el nivel de la Economía Política y, a partir de la exposición hasta ahora hecha, casi con las mismas palabras de la Economía Política, tratemos de responder a dos cuestiones.

  • ¿Qué sentido tiene, en el desarrollo de la humanidad, esta reducción de la mayor parte de la humanidad al trabajo abstracto?
  • ¿Qué falta cometen los reformadores en detalle que, o bien pretenden elevar los salarios y mejorar con ello la situación de la clase obrera, o bien como Proudhon consideran la igualdad de salarios como finalidad de la revolución social?

El trabajo se presenta en la Economía Política únicamente bajo el aspecto de actividad lucrativa.   

Puede afirmarse que aquellas ocupaciones que requieren dotes específicas o una mayor preparación se han hecho, en conjunto, más lucrativas; en tanto que el salario medio para la actividad mecánica uniforme, en la que cualquiera puede ser fácil y rápidamente instruido, a causa de la creciente competencia ha descendido y tenía que descender, y precisamente este tipo de trabajo es, en el actual estado de organización de este, el más abundante con mucha diferencia., Por tanto, si un obrero de primera categoría gana actualmente siete veces más que hace cincuenta años y otro de la segunda lo mismo, los dos ganan, ciertamente, por termino medio, cuatro veces más que antes. Sólo que si en un país la primera categoría de trabajo ocupa únicamente 1.000 hombres y la segunda a un millón, 999.000 no están mejor que hace cincuenta años y están peor si, al misma tiempo, han subido de precios de los artículos de primera necesidad. Y con estos superficiales cálculos de término medio se pretende engañar sobre la clase más numerosa de la población. Además, la cuantía del salario es sólo un factor en la apreciación del ingreso del obrero, pues para mesurar este último es también esencial tomar en consideración la duración asegurada del trabajo del trabajo, de la que no puede hablarse en la anarquía de la llamada libre competencia con sus siempre repetidas fluctuaciones e interrupciones. Por último, hay que tomar en cuenta la jornada de trabajo habitual antes y ahora. Esta ha sido elevada para los obreros ingleses en la manufactura algodonera, desde hace veinticinco años, esto es, exactamente desde el momento en que se introdujeron las máquinas para ahorrar trabajo, a doce o dieciséis horas diarias por obra de la codicia empresarial y la elevación en un país y en una rama de la industria tuvo que extenderse más o menos a otras partes, dado el derecho, aún generalmente reconocido, a una explotación incondicionada de los pobres por los ricos.

Pero incluso si fuera tan cierto, como realmente es falso, que se hubiese incrementado el ingreso medio de todas las clases de la sociedad, podrían haberse hechos mayores las diferencias y los intervalos relativos entre los ingresos, y aparecer así más  total crece agudamente los contrastes de riqueza y pobreza. Pues justamente porque la producción total crece, y en la misma medida en que esto sucede, se aumentan también las necesidades, deseos y pretensiones y la pobreza relativa puede crecer en tanto que se aminora la absoluta. El samoyedo, reducido a su aceite de pescado y a sus pescados rancios, no es pobre porque en su cerrada sociedad todos tienen las mismas necesidades. Pero en un estado que va hacia delante que, por ejemplo, en un decenio ha aumentado su producción total en relación a la sociedad en un tercio, el obrero que gana ahora lo mismo que hace diez años no está ni siquiera tan acomodado como antes, sino que se ha empobrecido en una tercera parte.

Pero la Economía Política sólo conoce al obrero en cuanto animal de trabajo, como una bestia reducida a las más estrictas necesidades vitales.
Para cultivarse espiritualmente con mayor libertad, un pueblo necesita estar exento de la esclavitud de sus propias necesidades corporales, no ser ya siervo del cuerpo. Se necesita, pues, que ante todo lo quede tiempo para poder crear gozar espiritualmente . Los progresos en el organismo del trabajo ganan ese tiempo. ¿No ejecuta frecuentemente, en la actualidad, un solo obrero en las fábricas algodoneras , gracias a nuevas fuerzas motrices y a máquinas perfeccionadas, el trabajo de 250 a 350 de los antiguos obreros?. Consecuencias semejantes en todas las ramas de la producción, pues energías naturales exteriores son obligadas, cada vez en mayor medida, a participar en el trabajo humano. Si antes para cubrir una determinada cantidad de necesidades materiales se requería un gasto de tiempo y de energía humana que más tarde se ha reducido a la mitad, se ha ampliado en esta misma medida el ámbito para la creación y el goce espiritual sin ningún atentado contra el bienestar material. Pero incluso sobre el reparto del botín que ganamos al viejo Cronos en su propio terreno decide aún el juego de dados del azar ciego e injusto. Se ha calculado en Francia que, dado el actual nivel de producción, una jornada media de trabajo de cinco horas para todos los capaces de trabajar bastaría a la satisfacción de todos los intereses materiales de la sociedad. Sin tomar en cuenta los ahorros gracias a la perfección de la maquinaria, la duración del trabajo esclavo en las fábricas no ha hecho sino aumentar para una numerosa población.

El transito del trabajo manual complejo al sistema fabril presupone una descomposición del mismo en operaciones simples. Pero por ahora solo una parte de las operaciones uniformemente repetidas le corresponde de momento a las máquinas, otra parte le corresponde a los hombres. De acuerdo con la naturaleza de las cosas, y de acuerdo con experiencias concordantes, una tal actividad continuamente uniforme es tan  perjudicial para el espíritu como para el cuerpo ; y así, pues, en esta unión del maquinismo con la simple división del trabajo entre más numerosas manos humanas tenían también que hacerse patentes todos los inconvenientes de esta última.
Estos inconvenientes se muestran, entre otras cosas, en la mayor mortalidad de los obreros fabriles. Esta gran diferencia de que los hombres trabajen mediante máquinas o como máquinas no ha sido observada.

Por el futuro de la vida de los pueblos, las fuerzas naturales brutas que obran en las máquinas serán, sin embargo nuestros siervos y esclavos.
En las hilaturas inglesas están actualmente ocupados sólo 158.818 hombres y 196.818 mujeres. Por cada 100 obreros hay 103 obreras en las fábricas de algodón del condado de Lancaster y hasta 209 en escocia. En las fábricas inglesas de lino, en Leeds se contaban 147 obreras por cada cien obreros. En Druden y en la costa oriental de Escocia, hasta 280. En las fábricas inglesas de seda muchas obreras, en las fábricas de lana, que exigen mayor fuerza de trabajo, mas hombres.
También las fábricas de algodón norteamericanas ocupaban en 1833 junto a 18593 hombres, no menos de 38.927 mujeres. Mediante las transformaciones en el organismo del trabajo le ha correspondido pues, al sexo femenino, un círculo más amplio de actividades lucrativas, las mujeres una posición económica más independiente, los dos sexos más aproximados en sus relaciones sociales.

En las hilaturas inglesas movidas por vapor y agua trabajan en el año 1835, 20.558 niños entre ocho y doce años, 35.867 entre doce y trece años y, por último, 108.208 entre trece y dieciocho años. Ciertamente que los ulteriores progresos de la mecánica, al arrancar de manos de los hombres, cada vez en mayor medida, todas las ocupaciones uniformes, actúan en el sentido en la infancia, para usar y abusar de ellas en lugar de una paulatina eliminación de la anomalía. Sólo que en el camino de este mismo rápido progreso está precisamente el detalle de que los capitalistas pueden apropiarse, del modo más simple y barato, de las fuerzas de las clases inferiores, hasta en la infancia, para usar y abusar de ellas en lugar de los medios auxiliares de la mecánica.

“Llamamiento de Lord Broughan a los obreros ¡Haceos capitalistas! Esto lo malo es que millones sólo logran ganar su modesto vivir gracias a un fatigoso trabajo que los arruina corporalmente y los deforma mental y moralmente; que incluso tienen que considerar como una suerte de desgracia de haber encontrado tal trabajo”.

La Economía Política considera el trabajo abstractamente, como una cosa; “le travail est une Marchandise” si el precio es alto, es que la mercancía es muy demandada, si es bajo, es que es muy ofrecida.

Para ser conducida con éxito, la guerra industrial exige ejércitos numerosos que pueda acumular en un mismo punto y diezmar generosamente.  Y ni por devoción ni por obligación soportan los soldados de este ejército las fatigas que se les impone; sólo por escapar a la dura necesidad del hambre. No tienen no fidelidad ni gratitud para con sus jefes; éstos no están unidos con sus subordinados por ningún sentimiento de benevolencia; no los conocen como hombres, sino como instrumentos de la producción que deben aportar lo más posible y costar lo menos posible. Estas masas de obreros, cada vez más apremiadas, ni siquiera tienen la tranquilidad de estar siempre empleadas; la industria que las ha convocado sólo las hace vivir cuando las necesita, y tan pronto como puede pasarse sin ellas las abandona sin el menor remordimiento, y los trabajadores están obligados a ofrecer su persona y su fuerza por el precio que quiera concedérseles. Cuanto más largo, penoso y desagradable sea el trabajo que se les asigna, tanto menos se les paga; se ven algunos con un trabajo de dieciséis horas diarias de continua fatiga apenas pueden comprar el derecho de no morir.

Frente a quien lo emplea, el trabajador no está en posición de un libre vendedor, el capitalista es siempre libre de comprar el trabajo y el trabajador está siempre obligado a venderlo. El valor del trabajo queda totalmente destruido si no se lo vende continuamente. A diferencia de las verdaderas mercancías, el trabajo no es susceptible de acumulación y no siquiera de ahorro. El trabajo es vida y si la vida no se entrega cada día a cambio de alimentos, sufre y no tarda en perecer. Para que la vida del hombre sea una mercancía hay que admitir, pues la esclavitud.     

“Ha prodigado la vida de los hombres que constituían su ejército con tantas indiferencias como los grandes conquistadores. Su finalidad era la posesión de riquezas y no la felicidad de los hombres”
“Entregados a sí mismos, estos intereses es decir los económicos, han de entrar necesariamente en conflicto; no tienen más árbitro que la guerra y las decisiones de la guerra dan a unos derrota y muerte para dar a otros la victoria…la ciencia busca el orden y el equilibrio en el conflicto de las fuerzas opuestas: la guerra perpetua es, según ella, el único medio de obtener la paz; esta guerra se llama la competencia”.    

 



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