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El polvorín

URUGUAY - NADIE ES "UN NEGRO"

8 Febrero 2013 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

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"¿Hasta cuando voy a ser negro?"…. es la respuesta que se suele oír de parte de alguien que se queja de algún abuso y reacciona tratando de ponerle coto a la situación. Es evidente que esta frase alude a una lamentable realidad, ya que los negros han sido símbolo y sinónimo de maltrato desde que los imperios los redujeron a mano de obra esclava. Por eso, ésta es una de las tantas expresiones populares que se procura erradicar en el marco de la campaña para desarraigar el racismo de nuestra habla cotidiana.

En ese marco he leído varias cosas últimamente. Una de las que más me sorprendió fue la carta firmada por "El negro Miguel" y que anda circulando en internet. El autor de esa nota reclama seguir siendo "el negro", ya que así se reconoce a sí mismo. Le gusta ser "un negro divino" para su mujer, "un negro macanudo" para sus amigos y acepta ser "un negro de mierda" para otros, pero siempre "un negro". Llega al extremo de afirmar que si no le dicen "negro", siente que le quitan identidad. Opina por tanto, que la campaña contra el racismo en el lenguaje, es una pérdida de tiempo. Remata sus argumentos con una frase muy interesante. Dice: "llamémosle al pan, pan, al vino, vino y al negro, negro."

Esa frase es muy elocuente. Muestra dolorosamente que el racismo está tan internalizado en la mente de Miguel, que él se considera un negro, como si ese vocablo fuera un sustantivo como lo son "pan" y "vino". Ni siquiera se da cuenta que "negro" es un adjetivo para distinguir a un sujeto perteneciente a una especie cuyo sustantivo es "hombre". Así como hay pan francés, marsellés y catalán, hay hombres llamados negros, blancos, amarillos y hasta rojos. Así como hay vino tinto, clarete y moscatel, hay hombres que se diferencian por las características de su aspecto físico, entre ellas, el color de su piel. Si bien se puede simplificar diciendo "un francés", "un marsellés", "un tinto" o "un clarete", lo correcto, como lo asevera el propio Miguel, es llamar al pan "pan" y al vino "vino", más allá de la variedad de la que se trate.

Esa confusión entre sustantivo y adjetivo, da cuenta de la gravedad del problema. Lo serio del asunto queda expuesto al comprobar que muchos le festejan a Miguel su carta y le dan la razón, lo que significa que están tan confundidos como él. Porque una cosa es sentir orgullo por la etnia a la que se pertenece y otra muy distinta es que la sociedad lo convenza a uno de que es un negro. Miguel no es un negro, el color de su piel es apenas uno de los rasgos de su aspecto físico. Tal vez también pueda decirse de él que es alto, flaco, bajo o gordo (no lo conozco, no sé cómo es su apariencia). En todo caso, cualquiera de esos detalles de su figura, son menores, absolutamente secundarios. Él no es un negro, es un hombre, el pigmento de su epidermis no debería adquirir más importancia que su altura o su peso corporal. Además de hombre, hay otras cosas que él también es: marido, padre, ciudadano, vecino, etc. Sin embargo la sociedad racista en que vivimos, lo convenció de que su color es su identidad, cuando en realidad su individualidad se define por los roles que personifica.

¡Si habrá que trabajar para desarraigar tan profundos prejuicios! ¡Si habrá que insistir para eliminar el racismo de nuestro lenguaje y de nuestra cultura, en la que hasta los propios discriminados ni siquiera se dan cuenta de la discriminación que sufren!

Aníbal Terán Castromán

 

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