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El polvorín

Uruguay: PLANTA REGASIFICADORA ¿OTRA VEZ UN “NEGOCIO DESASTROSO”? (I)

5 Julio 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

El gas natural vuelve a emerger como la gran solución a los problemas energéticos de nuestro país, ¿Será tan así? * Hagamos un poco de historia y analicemos el tema

El gas natural es una fuente de energía no renovable formada por una mezcla de gases ligeros que se encuentra frecuentemente en los yacimientos de petróleo, disuelto o asociado con él o en depósitos de carbón. Aunque su composición varía en función del yacimiento del que se saca, está compuesto principalmente por metano y en menor proporción por otros gases.
           
El GNL es el gas natural en estado líquido, para lo cual debe ser enfriado a una temperatura de aproximadamente -161ºC. En esta condición de temperatura, y a presión atmosférica, el gas natural sufre un cambio de estado de gas a líquido, reduciendo 600 veces su volumen. Esta operación requiere la instalación de plantas de licuefacción cercanas a los puertos de salida. Como el Gas Natural se consume en estado gaseoso, en el lugar de consumo deben instalarse plantas de regasificación que realizan el proceso inverso, de líquido a gas.

Luego de la última reunión del “Gabinete Productivo”, voceros del Gobierno anunciaron una gran inversión (5 mil millones de dólares) para “asegurar la energía del futuro”, destacándose la prevista para la concreción en nuestro país de una Planta Regasificadora, en conjunto con la República Argentina.

A esta altura parece oportuno “hacer un poco de historia”, historia bien reciente por cierto. Para ello basta remontarse a noviembre de 2002, cuando Jorge Batlle era Presidente y Pedro Bordaberry Ministro de Industria, Energía y Minería. La ocasión : inauguración del gasoducto que instalado por la empresa “Gasoducto Cruz del Sur” (propiedad de ANCAP en un 20 %, BG Group en un 40 %, Pan American Energy en un 30 % y Wintershall en un 10 %) a unos 3 metros por debajo del lecho del Río de la Plata, unía ambas orillas mediante un caño de 24 pulgadas.

El gasoducto en cuestión había representado una inversión de 180 millones de dólares y constaba de un tramo subfluvial de 50 kilómetros y otro terrestre de 145 km. Así es como, en un ambiente festivo, en aquella ocasión Bordaberry sostenía “la disponibilidad de este gas será una fuente indispensable para la generación de electricidad en el territorio nacional” o frases tan premonitorias como “se cumplen con este gasoducto varios objetivos : la diversificación de las fuentes de abastecimiento energético del país, minimizando los riesgos de aprovisionamiento; la reducción de los costos, tanto para la industria como para los usuarios menores; la mayor calidad de la fuente de energía con el beneficio ambiental que significa el gas natural”. Resultaba indisimulable la emoción de los dos mandatarios presentes, Jorge Batlle y Eduardo Duhalde, aunque en la inauguración de las obras, a principios del 2001, en lugar de Duhalde había asistido el recordado Fernando de la Rúa.

Esta historia sigue seis años después, cuando ANCAP llevaba invertidos unos 100 millones de dólares por un recurso escaso y, su por entonces Presidente, Ingeniero Daniel Martínez, sostenía que “hoy el negocio del gas natural es desastroso” o “como Presidente de ANCAP me duele firmar estos cheques”. Con esta expresión se refería a que con su firma autorizaba el pago de algo más de 3 millones y medio de dólares anuales, que el Ente debe pagarle a Gasoducto Cruz del Sur para cumplir con un “contrato firme”, esto es, un contrato por el cual reservó capacidad para transportar 1,5 millones de metros cúbicos de gas natural por día durante 15 años, cifra que debe abonar transporte o no ese volumen, que es lo que terminó ocurriendo (decía el Ing. Martínez en aquella ocasión, mediados de 2008, “en un buen día de invierno pasan apenas 100.000 metros cúbicos”).

Agregaba Daniel Martínez “fue una inversión con tasa de retorno inexistente y lo peor es que hubo industriales que hicieron importantes inversiones para pasarse a gas natural y la realidad es que casi no les llega” (cabe recordar que optaron por esta alternativa empresas como Metzen y Sena, Fanapel, Paycueros, Gerdau Laisa, Paylanas y otras firmas más pequeñas, que al carecer de gas volvieron a la leña o recurrieron al fuel oil o gas licuado de petróleo).

UTE, por su parte, firmó un contrato firme de reserva de 500.000 mil metros cúbicos diarios para abastecer una planta de generación eléctrica de ciclo combinado, que nunca se concretó. Este negocio le ha significado pérdidas de 1 millón de dólares anuales.

¿Qué sucedió? Argentina comenzó a atravesar su propia crisis energética y no pudo proporcionar el gas esperado, pasando de ser un exportador de gas natural a tener que importarlo desde Bolivia. A esto debe agregársele que, como consecuencia de las sucesivas crisis atravesadas por el país vecino, Argentina pesificó (y congeló) las tarifas en el mercado interno y dolarizó las ventas al exterior, afectando a nuestro país, al incrementar los precios de exportación que Uruguay había negociado en pesos argentinos.

Pese a estos antecedentes, relatados en forma muy sucinta, a través de la Planta Regasificadora el gas natural vuelve a emerger como la gran solución a los problemas energéticos de nuestro país, la piedra angular que posibilitará diversificar en un sentido positivo la matriz energética nacional y dar sustento al proceso de desarrollo.

¿Será tan así? En el próximo y (por ahora) último artículo de esta serie vinculada a los anuncios oficiales en materia de política energética, abordaremos este asunto, procurando “echar luz” sobre un tema muy importante pero, lamentablemente, no tan claro como se quiere hacer aparecer.

Tomado de Cx36 Centenario

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