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El polvorín

Uruguay: Puerto de inocentes - La explotación sexual de niños y adolescentes en la ciudad de Nueva Palmira

24 Septiembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

Explotación sexual en Nueva Palmira

Puerto de inocentes

 

La explotación sexual de niños y adolescentes en la ciudad de Nueva Palmira es un hecho. Aparece como la otra cara de un modelo de desarrollo que excluye a gran parte de la población local y genera las condiciones propicias. Un estudio de percepción de actores locales corrobora la situación y su ocultamiento.

 

Rafael Rey

“Piensen en los niños y niñas que conocen. ¿Alguna vez les preguntaron qué querían ser cuando fueran grandes? Con seguridad ser víctimas de explotación sexual no está dentro del proyecto de lo deseado.” Con estas palabras, la socióloga y asistente social Cristina Prego* presentaba el pasado 2 de setiembre el libro Proyecto 34. La explotación sexual de niños, niñas y adolescentes en Nueva Palmira, en la percepción de los actores locales, realizado junto al también sociólogo Luis Purtscher.** “En esta situación no hay elección, hay condiciones que llevan a las familias a que esto ocurra, que tienen que ver con derechos vulnerados; valores que sostienen que esto pase”, agregó.

La “situación”, entienden los autores, tiene su génesis en el modelo de desarrollo actual de la ciudad de Nueva Palmira, cuyo punto neurálgico es el puerto: el principal del país en lo que a embarque de granos se refiere, y uno de los más importantes de toda la región.

El puerto de Nueva Palmira jugó un rol fundamental desde la fundación misma de la ciudad, en 1831. La llegada de la empresa Lestido y Compañía, y la instalación de una planta de armado de automóviles Volkswagen, a mediados de la década del 50 del siglo pasado, acercaron la bonanza económica de la que se vanagloriaba todo el país. El cierre de la fábrica, cuatro décadas después, y la crisis económica que la acompañó, “dejaron su impronta en la mentalidad de los actores sociales, y un discurso tradicional que podría calificarse de expresión de una ‘identidad nostálgica’, dicen los autores.

Pero desde hace algo más de una década un nuevo modelo de desarrollo ancló en la ciudad. El impacto fue brutal.

“Dotado de un sentido predominantemente utilitario del territorio, este modo de desarrollo coloca sus intereses primordiales en el espacio de lo global y no invierte o invierte una mínima porción del excedente en el espacio local”, lo que lo convierte en “desigual, desintegrado y desintegrador (…) que en los hechos genera exclusión”.

La explotación sexual de niños y adolescentes es uno de los más perturbadores rostros de ese modelo.

 

ACÁ ESO NO PASA. En diálogo con Brecha, los autores explicaron que la investigación surgió luego de que algunos medios de prensa locales identificaran situaciones de explotación sexual de niños y adolescentes, “básicamente vinculadas a la presencia de la operativa portuaria”. Así, entre noviembre de 2006 y febrero de 2007 se realizaron 27 entrevistas a personas vinculadas a la actividad institucional, a la sociedad civil organizada y a aquellas relacionadas con el movimiento económico y los servicios. Comenzó así un proyecto cuyos objetivos principales eran, en primer lugar, determinar cuál era el grado de percepción que los actores locales tenían de la existencia del fenómeno y, en segundo término, generar una instancia de capacitación para esos actores, de manera de que éstos contaran con herramientas para hacer frente al problema.

La intención “era generar una masa crítica favorable, un espacio de red, de poder pensar colectivamente el problema y crear estrategias para su superación”, señala Purtscher.

Pero ese espacio no se generó de inmediato. Como apunta Prego, la primera reacción “de la comunidad en general, operadores educativos, vecinos”, una vez que les fueron presentados los resultados, fue negar lo que mostraba la investigación. Para la socióloga, “enfrentarse a esa realidad implica enfrentarse a la realidad social de ese lugar, y que los adultos asuman, como tales, que están dejando desprotegidos a sus niños, niñas y adolescentes”.

Ante la pregunta de si el problema era percibido, aunque la mayoría de los entrevistados respondió de manera afirmativa y contundente que sabía que eso pasaba, los investigadores también recogieron testimonios que relativizaban, e incluso, en un caso, negaban la situación.

El OTRO. “Por un lado está el no asumir el problema como propio, que de alguna forma colabora con la estigmatización y con una nueva exclusión de quien está sufriendo el proceso de explotación. Por otro lado, sentir que es un problema de otro, inhibe de participar; en la medida que afecta a otro, yo no tengo por qué organizarme, no tengo por qué protegerme; ese discurso matriza la inacción, el quietismo; el no meterse, como mecanismo de ahuyentar el gran temor de que el problema algún día me afecte”, reflexiona Purtscher, respecto de aquellos entrevistados que relativizaron el asunto y lo asociaron a determinadas familias excluidas del mercado laboral, donde existe una reproducción de la pobreza económica y social, a las que se las vincula, además, con el consumo de drogas legales e ilegales.

Una de las personas entrevistadas para el trabajo entiende que “es un problema que no tiene solución, ¿cómo prevenirlo? Acá no hay formación de la familia; hay falta de cultura, la gente no tiene formación, no tiene formación religiosa, los padres son alcohólicos, vos te ponés a analizar y está todo mal”.

Para otra persona, el problema responde a que “generalmente la madre tapa, la madre por lo general es encubridora de la hija en todos los factores, y generalmente en este factor de la prostitución ya te digo, son gente de muy bajos recursos, que tienen asumida la pobreza de una manera... que lo ven como una fuente..., como una inversión, la hija es una inversión”.

Prego, por su parte, señala que por lo general la “situación de explotación sexual de niños, niñas y adolescentes es una estrategia de supervivencia”. La investigadora agrega que el hecho de que las madres manden a sus hijas a prostituirse “tiene que ver con una condición social de la familia, que por ese mismo modelo de desarrollo no encuentra los caminos para sustentarse”.

De hecho, según Purtscher, el principal obstáculo para la solución de este problema es el modelo económico que se está llevando adelante en Nueva Palmira. “Dada esta forma de desarrollo, ¿es posible generar en Nueva Palmira un modelo integrador, que no deje estos espacios de población que quedan excluidos del acceso a los bienes, los derechos, los servicios? La respuesta es no”, asegura el investigador.

Prego advierte que centrar el problema en el “otro”, en un solo grupo, el de las víctimas, lleva a que los clientes pasen desapercibidos como parte del problema.

Sobre este punto, los testimonios identifican como clientes principalmente a camioneros y tripulantes de los barcos, en general extranjeros; pero también, aunque en menor medida, los entrevistados hablan de “jubilados el día del cobro, veteranos o viejos con plata”. En otras palabras, se constata la existencia de una demanda local.

Para Purtscher, “en la medida en que la comunidad se coloca en la posición de que es un problema de otro, también se coloca en la posición de espectador, definido como aquel que pudiendo ayudar no lo hace. Por lo tanto es cómplice de la situación, es parte de la situación; su silencio, su inacción, su prescindencia en acciones que ataquen el fenómeno son formas de participar del fenómeno. Se asocian para violar el derecho de los gurises, tanto el explotador como el cliente son delincuentes; si la comunidad lo está viendo y no lo está atacando, y no lo está denunciando, y no se está organizando para proteger a los gurises, son cómplices de esa situación delictiva”.

 

AYUDA. El investigador aclara que “los palmirenses protestan mucho, reclaman mucho”, pero que no han sabido organizarse para cambiar en algo la situación. “Sus reclamos tienen que ver con su modo nostálgico de ver la realidad, que no les permite generar decisiones desde el territorio, que permitan, al menos, contrarrestar las expresiones más negativas de este modelo de desarrollo”, agrega.

Su colega, en tanto, considera que la situación de Nueva Palmira es una muestra de lo que pasa en otros puntos del país, y que la sensación que le produjo la investigación es de que “es muy difícil abordar este problema, que se produce globalmente, y para el que hay que plantear las respuestas y las salidas a nivel local”. Para ello, entiende, es fundamental el compromiso del Estado. “En un momento de discusión presupuestal, es importante la asignación de recursos específicos para este tema.”

“Nueva Palmira necesita ayuda, porque sola no puede”, asegura Purtscher. 

 

* Cristina Prego es también coordinadora del programa El Faro, del Foro Juvenil, que atiende a niños, niñas y adolescentes, y a sus familias, en situaciones de violencia doméstica y sexual.

** Luis Purtscher es director departamental del inau en Colonia. Preside el Comité Nacional para la Erradicación de la Explotación Sexual Comercial y no Comercial de Niños, Niñas y Adolescentes.

 

 

Todo el peso de la ley

La explotación sexual comercial es una forma de violencia sexual caracterizada por su aspecto económico y comercial, mediante la cual se somete a niños y adolescentes a ser parte del comercio y la industria del sexo.

La ley 17.815, de setiembre de 2004, tipifica los delitos de explotación sexual comercial de niños y adolescentes en sus diversas formas y facetas, incluyendo la sanción penal al consumidor o cliente de este comercio sexual. Destierra, en todas las figuras, la posibilidad de legitimar o justificar estas conductas por un supuesto o eventual “consentimiento” de la víctima.

 

Fuente: BRECHA

Tomado de Semanario Alternativas

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