Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
El polvorín

Uruguay - Punta del Este.

29 Diciembre 2009 Etiquetado en #Politica

 
Punta_del_Este.jpg 

PUNTA DEL ESTE


Llegó el verano y con él ese despliegue ostentoso que caracteriza la temporada de un balneario cada vez más excluyente y selectivo. “Glamour” y “farándula”, fiestas suntuosas, lujo, derroche, chimentos y frivolidad. Shows estelares, conciertos, desfiles de moda, escandaletes mediáticos, precios prohibitivos para la mayoría de los uruguayos, que nos sentimos como extraños entre tantos argentinos, brasileños, europeos, norteamericanos, asiáticos y demás pudientes que recalan en nuestras costas. La gran prensa saca cuentas de los millones de dólares que mueve el turismo, cientos de compatriotas se desplazan para hacer la suya cuidando coches, cortando césped, vigilando propiedades, sirviendo mesas, atendiendo hoteles, rebuscándose con buenas propinas, asistiendo como testigos y a la vez protagonistas directos del despilfarro que es este jolgorio estival. “Excelente temporada”, “Expectativas superadas”, “Formidable movida turística” son algunas de las frases que suelen usar los periodistas que cubren la información que allí se genera.

Sin embargo, en medio de los buenos augurios circulantes por éstos días respecto al número y el poder adquisitivo de los visitantes que van llegando, a mi me deja pensando profundamente la medida anunciada por autoridades judiciales y policiales de la que se hace eco la prensa nacional. Básicamente se trata de despachar de la zona turística a personas sospechosas de haber llegado con la intención de cometer delitos. “La policía fernandina ha detenido a personas que fingen no tener documentos personales dado su comprometida situación y para que se dificulte su identificación o, aún, a otras que han sido excarceladas provisionalmente o procesadas sin prisión y violan la caución juratoria no informando al juez sobre el cambio de su lugar de residencia” dice, por ejemplo,  el diario El País, agregando: “La Jueza Adriana Graziuso confió que gracias a estos mecanismos legales se ha podido reprimir hurtos, rapiñas y venta de estupefacientes en las zonas balnearias del departamento”. En el mismo artículo aparece nuestro coterráneo Martínez Machado, hablando como Jefe Departamental de Policía, diciendo que a Maldonado  "viene mucha gente en procura de oportunidades, pero también vienen oportunistas". También confirmó la realización de "un control muy férreo, referente a quienes anden deambulando, sin hábitos de trabajo, para evitar que se cometan delitos". En referencia a las herramientas legales para llevar a cabo esta normativa, Martínez explicó que "hay leyes muy viejas, pero que tienen total vigencia como la de mendicidad abusiva".     La ley, que data del año 1941, establece la internación de vagos, delincuentes y proxenetas en establecimientos de régimen de trabajo obligatorio. Sin embargo, Martínez dijo que ante quienes están en situación de "vagancia", y que no justifiquen su actividad, ni paradero, se "hace el contacto con las empresas de ómnibus y se les da la oportunidad de salir del departamento".

¿No suena eso a procedimiento discriminatorio? ¿No nos lleva esta mentalidad a los límites difusos donde lindan la prevención de delito con el abuso del poder? Yo siento que sí, que estas medidas, seguramente muy bien inspiradas en la sana intención de brindar seguridad a nuestros huéspedes puntaesteños, se aproximan demasiado a la exclusión social y al condicionamiento en función del status. Cuidado con eso. De aplicar esta estrategia de prevención a cometer la injusticia de prejuzgar a la gente por su apariencia, hay apenas un paso, y es tentador darlo. El ser humano tiende a confiar demasiado en su criterio personal, y es natural que así sea, todos nos manejamos así en nuestra vida diaria. Pero eso, puede llevar al gendarme o al magistrado a imponer su esquema conceptual en base a conjeturas y esto es especialmente grave si condena a la gente por su pasado. Nuestras leyes felizmente impiden condenar dos veces a un malhechor por el mismo delito, sin embargo si para entrar en Punta del Este le miran los antecedentes a una persona, estamos a punto de condenarla de nuevo por un hecho que ya fue juzgado. Es peligroso.

Por otra parte es injusto mirar con tanta minuciosidad a presuntos sospechosos de venir a robar o alterar la paz del balneario, y ser tan desprevenidos y condescendientes con la clientela puntaesteña, que seguramente incluye estafadores, explotadores, falsificadores y así por el estilo, a quienes solo miramos el dinero que traen para gastar y les tratamos como respetables ciudadanos, sin indagar en como hicieron para poseer la opulencia que ostentan. ¿Debemos velar por el placer y la tranquilidad de traficantes, defraudadores, “oportunistas” -como dice Martínez- que se hicieron ricos mediante tramoyas y desfalcos, alejando de sus lugares de veraneo a todos los sospechosos que pudieran perturbarlos? ¿Son menos delincuentes los unos que los otros? ¿Ser rico o famoso da fueros de inmunidad?

Me consta que es un tema polémico. No afirmo que todos los ricos son delincuentes ni digo que todos los pobres son honestos No dudo de las buenas intenciones de la Justicia y de la Policía. Solo digo que me rechina esa miraba persecutoria que vincula la pobreza con el delito, cosa totalmente injusta, ya que la riqueza está muchas veces muy emparentada con la falta de honradez y suele ser resultado de conductas que socialmente se absuelven, porque el dinero pone permisivos a los mismos que se apresuran a condenar enérgicamente a los pobres. Es eso, nada más.                                                                                               

Aníbal Terán Castromán
       

 

Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post