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El polvorín

Uruguay: ¿Socialismo con vocación libertaria? o ¿simple hipocresía de renegados?

30 Diciembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

 

Ya sobre el fin de año y en vísperas del que se viene, la cabeza y el corazón de todo el mundo -como ocurre sin cesar cada doce meses- vuelven a quedar atrapados por los destellos dorados del chirimbolaje de cotillón, los estruendos multicolores de la pólvora fiestera y las placenteras y peligrosas licencias gastronómicas del paladar, por más que la hipertensión y la diabetes aconsejen mantener distancia y frenar las fatales ansiedades de la gula reprimida durante los once meses previos.

Vuelven los recurrentes empujes de ilusiones aún no del todo perdidas. Las penurias de la sobrevivencia cotidiana se toman un respirito optimista y reina de nuevo el furtivo estado anímico propicio a la renovación de las esperanzas de una súbita y bendita vida mejor, a pesar de todo, y sin que debamos pelearla demasiado.

Casi como una necesidad biológica del espíritu cansado y cansado de sufrir y de guerrear, se renueva la magia efímera del milagro esperado, que llegará no como milagro, algún día, no como fruto del deseo y sí de la necesidad y la certeza que parecen rendirse cada fin de año ante fuerzas que en realidad sólo existen en la mera esperanza y la ilusión, precisamente.

Tan encantados quedamos, que casi nadie repara, siquiera, en –por ejemplo- los sistemáticos y sugestivos mega incendios ocurridos tras las súper ventas navideñas, generalmente en empresas que dejan el tendal de nuevos desocupados sin cobrar despidos y más endeudamiento incobrable con un Estado que volverá a pasarnos la cuenta a nosotros con algún nuevo invento tributario o cosa parecida, apenas pasen la magia fiestera y las ensoñaciones del mero deseo, o aprovechándose de ellas.

Tan pero tan encandilados quedamos, que poca gente, muy poca, logra entrever que en realidad la lucha de clases no ha cerrado los ojos a pesar de los fuegos artificiales y de que pocos prestarán atención a las imbecilidades demagógicas dichas por algunos primeros protagonistas que siguen avivando el fuego a pesar de la tregua no pactada que parece imponerse en estos mercantiles días de “paz y amor”, en el abrumador panorama de conflictividad sindical-patronal atribuido a la autoría intelectual de la “ultraizquierda” ignorante e “infantil”.

Si no, veamos este fragmento de reciente entrevista “plural” a propósito de las larvas del mosquito del dengue halladas en algunos hogares montevideanos:

“El jerarca destacó asimismo que el conflicto de Adeom, que tuvo a la ciudad sin servicio de recolección de residuos, fue un factor de riesgo que incidió en el estado sanitario de la ciudad ya que "la acumulación de basura es terreno propicio para que el Aedes aegypti se reproduzca".

http://www.pvp.org.uy/wp-content/uploads/2009/08/pablo-anzalone.jpgEl “jerarca” mentado por el inefable “La República” hace unas horas, en plena jornada navideña, no es otro que Pablo Anzalone (director de la División Salud de la comuna capitalina, secretario general del “Partido por la Victoria del Pueblo”, en sustitución del fallecido Compañero Hugo Cores, hace 3 años),“cuadro” político, militar y de servicios  de la “izquierda tradicional”, de esos con perdida aureola de gran defensor de los Derechos Humanos y adalid de la causa obrera, que hizo gárgaras, tiempo ha, con la “síntesis” del anarquismo y el marxismo-leninismo… y ahora, muy suelto de cuerpo, nos habla de "socialismo con vocación libertaria", mientras el muy querido Gerardo Gatti –y muy probablemente el mismo Cores-con toda seguridad se revuelca en su tumba –si es que la tuvo- ante tanto hedor renegado proveniente de uno de aquellos con los que tentó suerte –aún en plena dictadura- en la revolución social y de los esquemas, por la que lo daría todo sin perder jamás la honra de ser obrero y revolucionario en todas las circunstancias de su vida y por encima de intereses o necias ambiciones personales.

Anzalone –y seguramente algunos más de su cofradía “tradicional”- no está satisfecho con el decreto de esencialidad, con los botones fungiendo de rompehuelgas, con las sanciones a los trabajadores por ejercer el derecho de huelga, con las amenazas de más y más antisindicalismo. No lo detienen ni las luces de bengala ni el “espíritu navideño” pequeñoburgués decadente (como corresponde a un cuadro que también la posó de “ultra”, cuando era chiquito, claro); clama por más autoritarismo barato, por más represión patronal, por más diatribas al pedo contra el que vive de su trabajo y no del pago de los minutos gastados en declaraciones de prensa.

Y lo hace queriendo, insistentemente, tapar el sol, la luna y las estrellas, con el dedo soberbio y estúpido del triunfalismo de campito. Lo hace queriendo endilgar al que vive de su trabajo, la responsabilidad de los que viven del trabajo de otros y no son capaces de cumplir ni mínimamente con las responsabilidades asumidas frente a una ciudadanía capitalina a la que puede agarrarse distraída hasta el Día de Reyes, en el que seguirá habiendo eternos basurales, contenedores que fueron terrible curro para algunos y que no sirven para un carajo, y mosquitos, muchos mosquitos tamaño baño, muchos gusanos y mucha roña, de la que no se puede seguir culpando a los municipales ni tampoco a los peones tercerizados que juntan mugre como si viviésemos en el paleolítico.

El Día de Reyes, sin embargo, no es todos los días, y no alcanzará ni toda la taquería del Uruguay para recolectar la basura acumulada por años y años de gestión comunal para nada ingenua en cuanto a los móviles últimos de su total ineficiencia. Los basurales seguirán lo más campantes, porque seguirán lo más campantes todos los Anzalone y sus adulones, mientras las multinacionales hacen cola a la espera del gran colapso progre.

No hay ningún misterio atrás de este burdo dedo queriendo tapar puerilmente los astros del cielo. Salta ya a la vista, como la mugre ciudadana, sin que pueda metérselo debajo de la alfombra, el muy evidente y persistente objetivo de crear condiciones subjetivas –no para el proceso revolucionario, se entiende- que “justifiquen” más tercerización, más privatización, y, obviamente, más mugre todavía (más basura y más residuos ideológicos de lo que en algunos sujetos terminó siendo la antítesis, no la síntesis, de corrientes de pensamiento revolucionario que para sintetizarse, requieren de revolucionarios y no de farsantes intelectualmente emputecidos, dicho esto sin ninguna otra fobia que la que producen la hipocresía y la cobardía moral, que sin duda contaminan e infeccionan más que el mosquito del dengue).

Algún día los economistas tal vez logren cuantificar la basura que ha correspondido a esta etapa de la cacareada “reforma del Estado”, madre de todas las reformas, como ha dicho sinceramente el presidente de hablar campechano que, a pesar de su “criollismo”, terminará sus días como el Lucifer exhibicionista del cuento “Rodríguez”, a las puteadas limpias contra el mundo, este mundo cada día más invadido por “ultras” inconformistas a los que no les cabe nada.

“(…) El anarquismo nació de la rebelión moral contra las injusticias sociales. A partir del momento en que aquellos hombres que se sintieron como sofocados por el ambiente social en que estaban obligados a vivir y cuya sensibilidad quedó herida ante el dolor ajeno, y ante el suyo propio, y en que estos hombres se convencieron de que gran parte del dolor humano no se debe fatalmente a inexorables leyes naturales o sobrenaturales, sino que proviene de hechos sociales que dependen de la voluntad humana -entonces se abrió el camino que debía llevar al anarquismo. Había que buscar las causas específicas de males sociales y los medios capaces de destruirlas. (…) Y, cuando algunos creyeron que la causa fundamental del mal era la lucha entre los hombres con el consiguiente dominio de los vencedores y la represión y explotación de los vencidos, cuando vieron que este dominio de unos frente a la sumisión de otros, a través de la historia, había provocado la propiedad capitalista y el Estado- entonces nació el anarquismo (…)”.

Malatesta sigue crucificando con sus palabras, todavía, a los renegados “militantes” de ayer y a los de hoy también, demostrándonos que no son basura nostalgiosa los ideales revolucionarios ni tampoco idealismo inútil, la voluntad revolucionaria de sintetizar los grandes rasgos comunes del pensamiento revolucionario, siempre y cuando prevalezca la premisa histórica de que el deber de todo revolucionario es hacer la revolución y no la contrarrevolución, obviamente, y de que debemos denunciar sin miramientos a los que nos hablen en vano de “socialismo con vocación libertaria” o cosa que se le parezca.

Gabriel Carbajales, Montevideo, 27 de diciembre de 2010

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