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El polvorín

Uruguay: SOY UN MENTIROSO, PERO DE MENTIRAS LINDAS

7 Noviembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

“Me Vuela El Corazón”

 

sabalero.jpgHay que escucharlo cantar. Y, sobre todo, hay que escucharlo decir. La forma de decir de El Sabalero es inigualable. Nadie “dice” con tanta emoción, tanta profundidad, tanta ternura. Por eso, esto que sigue debe ser leído con la entonación y el modo de “decir” del Sabalero. Es una especie de biografía rejuntada de algunas entrevistas y de algunas canciones. Para recordar un poco más a este cantor al que “le volaba el corazón”
“Nací en diciembre del ’43 en Juan Lacaze, en el Departamento de Colonia, rodeado de agua. Cuando chico, en mi pueblo había dos fábricas. La textil con 1.800 laburantes y la papelera con unos 600 más o menos”.


Miren si será cerquita/ que allí lo que sobra es agua/ no sé si me habrá entendido/ yo le hablo de Villa Pancha/ con don Rosendo con doña Eustaquia/ tomando mate por la mañana/ bajando higos guasando choclos/ qué lindo con los vecinos/ con Alejandro con la Susana/ con la Pequeña paseando el perro/ pero qué lindo que está mi barrio/ los eucaliptos/ los arenales/ los candelares/ pero qué hermosa la Villa Pancha
(“La sencillita”)


“La textil condicionó o condiciona la vida de todos los que viven en Juan Lacaze. La casa nuestra era exactamente frente a la fábrica y mi viejo trabajaba allí. A su tiempo mis hermanos y yo hicimos lo mismo porque casi no había escapatoria. Podría decirte que durante años no hice otra cosa que escuchar el ruido de la fábrica. A pocos metros había una guardería y desde los cuarenta días de edad hasta que cumplí los seis, pasé allí buena parte del día”.
“Las chimeneas altísimas, humeantes, se levantaban por sobre las aguas marrones del Plata, por sobre las interminables dunas donde los pescadores tenían sus chozas, sus botes, sus perros y sus redes tendidas al sol a pocos metros de las gaviotas y los caraos. Y pasando los médanos, un poquitito más allá, en los barrios verdes de plátanos y paraísos, el viento secaba mamelucos y guardapolvos recién lavados”.


Los amigos/ el permanente asalto a la belleza/ a nosotros a ti los amigos/ mis compinches mi costado mi memoria mi cariño mi fuerza mi niño/ dónde se quedó/ dónde está la casa/ dónde está mi vieja regando las cretonas/ mi padre que esperaba los canarios con el último sol que conseguían porque siempre llegaban tarde/ mis hermanos las pedradas las peleas las bombas/ mi hermana la Muñeca/ dónde está mi viejo mi vieja el Pocho Ariel el Negro Ricardo Teresa José mi infancia/ dónde está la casa encantada
(Versión de “Los amigos” incluida en el disco “La casa encantada”)


“Hice los 7 años de la primaria en la Escuela Industrial Don Bosco, un año en el liceo público y cumplí los 14. Abandoné el saloncito con 30 bancos, mapamundi, hombre anatómico y risas infantilotas... y me aturdí entre 400 telares, otros olores, otro lenguaje y otros. Otros, mitad maestros y mitad compañeros, que me enseñaron durante seis años la más difícil de las materias: la fraternidad. Mientras tanto, con cuatro amigos, una amiga y al apoyo de algunos profesores, fundamos el liceo nocturno libre, o sea que debíamos rendir exámenes totales para oficializar el pase al siguiente curso”.
“A los veinte años me rebelé y renuncié... Los hermanos varones que éramos cinco y todos trabajábamos en la fábrica, renunciamos en distintos momentos. Y salvo uno, que se suicidó a los veintitrés años, todos nos abrimos camino en otras profesiones”.
“Me largué con un hermano mayor a conquistar el mundo. Esto significaba salir por los pueblos y organizar pequeños espectáculos para ganarse la vida. Los ‘números’ eran así: primero yo, que tenía dieciséis años, tocaba la guitarra y cantaba y como parte final, hacíamos una impresionante escena de telepatía y clarividencia”.
“Mi hermano me enseñó mucho. Era siete años mayor que yo, y era cantor. Tirábamos la manga. Me venía a Montevideo y él vivía en unos piringundines del bajo. Con él empecé a cantar. Yo era muy tímido, no tenía voz, cantaba bien bajito, me daba vergüenza. Y empecé con él, y me largué a la calle con él. Y después íbamos a unos pueblos de afuera y hacíamos telepatía. Yo era el botija telépata, me vendaban los ojos y adivinaba las cosas. Era todo con claves… ¿Qué tengo en la mano? Una cédula. ¿Hombre o mujer? Y tá, lo sabía por las claves que él me iba tirando. Después pasábamos la gorra y así andábamos. Me enseñó muchas cosas. Me enseñó a buscarme la vida. Y eso me sirvió después para subir a los escenarios y perder el miedo. Para las canciones no me enseñó nada, porque él escribía bastante feo. Pero me enseñó mucho lo que era ser buscavidas. Lamentablemente se murió, en Estados Unidos, por Atlanta, medio solo”.


Cuando yo era chico Pedro se fue de casa/ cuánto lo extrañé/ y cuánto lo necesito ahora/ él fue el que me enseñó a caminar sacándome del gateo/ me hizo los primeros deberes/ me tensó los dedos sobre la honda/todo todo todo me lo enseñaba él/ ahora me siento tan solito/ en estas noches de fantasías/ abro la ventana/ al silencio blanco/ y veo el fantasma/ de zapatos chuecos/ con los pelos pincho/ de rodillas sucias/ con el brazo fuerte/ del hermano grande/ en las madrugadas/ siempre me despierto/ y hablo con la mancha/ de tu almohada sola/ de pronto hasta invento/ que estás escuchando/ y te cuento cosas/ que me duelen tanto/ si volvieras Pedro/ qué lindo sería/ porque ya soy hombre/ porque tengo novia/ porque a veces lloro pensando en la niña/ y en otras le canto como tú lo harías
(“No te vayas Pedro”)


“Desde niño me apasionó la lectura... y las letras me fueron ganando. Comencé a escribir desde joven y con una guitarra que compartíamos entre muchos amigos y con el paso del tiempo, me fui volviendo medio cantor, medio compositor, medio poeta”.
“Me leo todo, todo, todo. Siempre fui de esos locos que leen en el baño y la madre los tiene que correr. No me quiero hacer el vivo... Faulkner me encanta. ‘El villorrio’ me parece una maravilla, me hace acordar a Juan Lacaze, cuenta lo mismo. Quiroga me parece una bestia, Jack London también. No sé, mi mujer es una investigadora, así que mi casa está llena de libros”.
“Cuando vine a Montevideo, veníamos con el Muerto Gutiérrez a comprar cosas a la calle Soriano. En eso vimos unos carteles del Teatro Odeón. Había un certamen, Conciertos Beat y de Protesta. Y ahí fuimos. El premio era una guitarra y se la llevó Dino. Frade era el que admitía. Me admitió, canté ‘Chamarrita de los pobres’ y quedé cantando ahí. Y Augusto Bonardo, que era uno de los jurados y muy buen tipo además, creó en Canal 4 un programa que se llamaba ‘Gente Joven’. Ahí empecé a tener un sueldo del canto y dejé de tirar la manga. Aquello era un entrevero de rockeros y canarios, pero fue mi debut. Después pasé a Canal 12, a ‘Discodromo Show’, con Rubén Castillo”.
“Hice un disco con cuatro canciones que pasó desapercibido, hasta que en 1969 grabé mi primer LP en el que sonaron ‘Pantalón cortito’, ‘La Villa Pancha’ y ‘sentados al cordón de la vereda’, a las que la gente había rebautizado. En realidad, se llaman ‘Chiquillada’, ‘La Sencillita’ y ‘A mi gente”.
“Pantalón cortito la escribí a los 19, en un ómnibus de Onda, yendo a Carmelo. Creo que tenía la intención de escribir un cuento. En realidad, siempre quise ser un escritor de cuentos. Leía mucho a Quiroga, a Felisberto y tantos otros. Recién fui consciente de su éxito en la gente pocos días después de que la grabé, cuando un viejo guitarrista de apellido Piñón le dijo a mi hermano: Venía por la calle y me crucé con unos cuantos que venían chiflando ‘Pantalón cortito’. Si la gente en la calle chifla una canción, la pegaste, hermano”.
“Es gracioso, porque cuando la hice, la gente pensaba que la había compuesto un veterano y yo tenía 22 años. Creo que era nostálgico desde chiquito. Nosotros escuchábamos las radionovelas y de ahí agarrás toda esa sensibilidad media retorcida de inventar situaciones que no existen. Soy un mentiroso, pero de mentiras lindas. Cuando les pones música, quedan fenomenales”.
“Pantalón cortito’ tuvo muchas versiones. Las más importantes fueron las de Leonardo Favio, del Topo Gigio y de Cafrune. Pero la hicieron pila de intérpretes: Los Quillahuasi, Chacho Santa Cruz. Y Soledad hizo ‘A mi gente’, y eso me vino fenómeno como recaudador. Te digo más, un rincón de la casa que tengo en Villa Argentina es gracias a Soledad”.
“Tomo invariablemente antes de subir al escenario y después que estoy arriba de él. Y lo hago de puro miedo. Tomo antes de actuar por necesidad, a causa de mi propia inseguridad. Media hora antes de empezar el recital tengo el convencimiento de que estoy afónico o que tal nota de tal canción no la puedo dar. Bueno, me tomo dos y se me van los problemas”.
No creo en los nacionalismos, me muero cuando escucho, por ejemplo, Dire Straits. No creo que haya que defender lo uruguayo; hay que defender lo bueno de todas partes, o más que defenderlo, escucharlo. Escucho lo que me gusta. No creo que haya que pasarlo en las radios porque sea uruguayo; hay que hacerlo si a la gente le gusta. Cuando huele mucho a nacionalismo la cosa me da desconfianza. No me gusta eso; ando en un mundo donde ahora los nacionalismos están exacerbados y me molesta bastante. Me da miedo. A partir de ahí han salido cosas que han jodido al mundo entero; además, soy de pelo negro y ando entre los rubios”.
“Fui a Buenos Aires y de allí a España, donde estuve un año y medio hasta que el franquismo me expulsó a Francia. Cinco años después, Holanda llenó todos mis rincones vacíos... y luego... sobrevolamos México hasta el 84. Volví o volvimos a Uruguay el 3 de noviembre de ese año y nos quedamos ocho más en Montevideo mientras nacían nuestros hijos Antolín y Catalina”.


Serían las seis si eran/ en aquel otoño de tardes empapadas/ sé que el plátano perdía sus marrones cuando cruzaste la calle quebrada de reflejos/ y tus pelos tirados a la cara y tus zapatos chuecos/ y tu adolescencia y la mía/ Y sentirnos inmensamente buenos sólo por hablar bien de gente buena/ y aquella guitarra llenando los silencios después de hacer el amor/ y aquel temor aquel temor de no servir para nada
(“No te vayas nunca compañera”)


“El ‘No te vayas nunca compañera’ fue dedicado a un metejón. Claro, con mi mujer actual también es un metejón, pero me ha durado mucho más y ojalá me durara hasta el día de mi muerte. A ella le compuse otra canción, ‘Johanna’, un día que nos peleamos. Pero lo más importante es que ella está incluida en ‘Los amigos’ y a mí antes jamás se me hubiera ocurrido incluir a mi mujer entre mis amigos. A veces me preguntan ‘¿pero cómo podés vivir con una gringa?’. Y bueno, porque es la mujer que yo quiero y porque para mí no es gringa, es mi mujer y cumple todas las funciones que yo necesito que cumpla alguien que vive conmigo, así como yo trato de cumplir con ella”.


Johanna el amor no se muere/ se acurruca en la ausencia/ y se pone a soñar/ Johanna no serás un recuerdo/ llegarás a mi nube/ cuando puedas volar
(“Johanna”)


“Nos casamos en broma en la noche del 31 de diciembre de 1999 a las 12 de la noche. Nos casó una jueza de Juan Lacaze. Y los chiquilines nuestros eran los que nos acompañaban. Fue una ceremonia para terminar el siglo. Lo hicimos un poco en joda. Pero se desbordó. Empezó a caer gente de todos lados, se montó un escenario, tocaron grupos. Duró hasta las diez de la mañana. Una borrachera inolvidable”.
“Soy normalito, no me rompe la vida esto del canto y la música. Yo no me junto con mis amigos a hablar de armonía. Me ne fregan esas cosas, me aburro. No toco nunca la guitarra. Me siento más cómodo escribiendo cuentos que canciones. También me gusta el armado de espectáculos, la parte técnica”.
“La flota’ la hice en Holanda. Con mi mujer hacía años que veníamos hablando de volver. Desde que nos fuimos, todo el mundo vivía con la valija pronta. ‘Borracho pero con flores’ también la hice afuera. No era una canción-canción: era para cantar con los muchachos en el fogón después de jugar al fútbol, cuando nos juntábamos argentinos y uruguayos. Cantábamos, hacíamos asados. Una vez por mes, unos curas nos prestaban la cancha allá por la abadía de París y no teníamos canciones para cantar. Entonces hice esa canción. Era eso: ‘qué será Montevideo’. Después, en México, me faltaba un tema para terminar un disco y Pepe Guerra me dijo: ‘¿Por qué no ponés aquella cosa que hiciste, aquella de los borrachos?’. ‘¿Te parece?’ ‘Sí, dale para adelante’. Y lo hicimos. Y cuando vine acá andaba fenómeno. Hay muchas cosas que te sorprenden”.
“Cuando volví no quise caravana. Me daba vergüenza todo eso. Si yo hice una chamarrita y dos o tres candombes, ¿para qué me iban a hacer caravana?  Entré por Colonia. Fui a Buenos Aires. Allá tocamos en Obras con Jaime, Magnone, Cheché, el Boca y Bernardo Aguerre. Jaime ensayó acá con el grupo y después me sumé yo con los tambores”. 
“Volvimos porque mi mujer tenía buen trabajo allá. Ella es profesora en comunicaciones y en cine. Es holandesa. Y yo tenía la certeza de que si me quedaba acá me iba a empachar un poco. Había que moverse. Y seguir y seguir y seguir cantando las mismas canciones, por más que la gente te quiera, la iba a terminar cansando. Pensé que era sano irse. Y además había muchos uruguayos afuera y empecé a trabajar en otros lados: España, Australia, Holanda. Me sentí muy cómodo en esa situación, porque cantaba para el Uruguay de afuera y para el de adentro”. 
“Lo cómodo que tiene vivir en Holanda es que soy un ser anónimo. Puedo andar descalzo con los chiquilines jugando al fútbol y nadie se fija. Para los botijas del barrio soy el padre de Antolín y Catalina, ‘ese que no habla’, porque la verdad es que aprendí muy poco el idioma. Logré un equilibrio, sobre todo emocional, viviendo lejos. Me da la posibilidad de ser como cualquiera, y cuando vengo también me gusta el mimo, que me aplaudan y todo eso. La debilidad del éxito y el aplauso. He logrado para mis hijos ser más el papá que el cantor y acá era muy difícil lograrlo. Si vos tenés un papá famoso es tu papá-famoso. Ahora estuvimos en un festival en Varsovia y hacía años que no me veían cantar. Fue un desafío para mí, pero fue muy lindo; me miraban sentaditos en primera fila. Para ellos soy el papá que además... medio que no trabaja. Mi mujer se queja que no limpio muy bien”.
No voy a componer más. La edad de la espontaneidad es cuando sos joven. De joven, así como te agarrás metejones con una mina, también te agarrás metejones con las canciones. Te sale fresco. Y cuando te vas poniendo veterano lo que hacés es corregir las canciones. Las minas no se pueden corregir, pero las canciones sí… Además, ¿cómo hacés para hacer una canción que sea tan querida por la gente como ‘Chiquillada’? ¿O ‘A mi gente’, cantando ‘sentados al cordón de la vereda’? Eso ya está escrito, no podés hacer lo mismo. Tenés que tocar otra punta, otra cosa. ‘Los panaderos’ es una cosa incitante, pero no es tan popular. La gente la escucha y se pone… uhhh… bueno… nostálgica… No sé, tampoco me voy a poner a buscar temas… antes no los buscaba… el otro día escuché en una película una cosa bárbara… decía ‘los diamantes no se buscan, se encuentran’. Y las canciones son las que salen… No voy a hacer canciones de amor… Eso ya fue… hace 35 años las hice, si las hago ahora quedo como un viejo pajero”.
“Lo que me ha salido mejor fueron las canciones del barrio, la familia, la cosa mínima, el pueblito, la costumbre. Y he hecho tantas con ese tema que ahora no me voy a poner a buscar… tendría que revisar caracol por caracol, apereá por apereá… Después de haber compuesto ‘Villa Pancha’ está bravo hacerle una canción a un barrio”. 


La muerte no tiene manos/ la vida se las quitó/ pero le dejó la boca/ y le dice ven mi amor/ muerte que anda en mi amargura/ como si se lo pidiera/ déjeme un ratito solo/ pa arreglarme con mis penas/ le juro que si se ensaña muerte/ con mi corazón/ el día que me caliente/ entro a perseguirla yo/ con quién se moja la muerte/ que nunca chupa conmigo/ de amigos de buena vida/ no le importan un comino/ a dónde se irá la muerte/ que pasó en puntas de pie/ no me interesa compadre/ ya lo sabremos después/ la muerte andaba rondando/ quién sabe dónde andará/ no te vayas alegría/ no me dejes vida mía/ que esta puta vieja y fría/ nos tumba sin avisar
(“La muerte”)


“Fue la última canción que compuse. No hice ninguna otra. Además, con ‘La muerte’ volví a Uruguay, cerré el exilio, fue circular. En esa época se había muerto mi hija chiquita, y fue para ella que compuse ‘La muerte’. Se llamaba Emiliana, y la tuvimos con Ángeles, mi mujer. Los dos estábamos en el exilio, éramos extranjeros. Éramos los dos solos, estábamos ahí, y me salió esa canción. Y a partir de ahí no escribí nunca más una canción”. 
“Me gusta envejecer con mi familia. Yo siempre que intenté una familia por un motivo u otro se me fue a la mierda. Valoro lo que tengo ahora. Cuando mi señora se retire de la universidad nos vendríamos a vivir acá, a la casita de Villa Argentina que para nosotros dos es genial”. 


“Yo fui feliz, de alguna manera. En cada lugar donde viví traté de ser feliz”.


Fuentes:
Búsqueda”, 20 de agosto de 1987.
Búsqueda”, 4 de diciembre de 1997
Búsqueda”, 21 de diciembre del 2000
Búsqueda”, 15 de mayo del 2003
“Clarín”, 15 de febrero del 2004
“El Observador”, 31 de octubre del 2006
“Revista Cancionero”, 7 de diciembre del 2006
“Galería”, 19 de marzo del 2009
“Galería”, 14 de octubre del 2010
Entrevista de Ana Cacopardo. Canal Encuentro

Publicado en Búsqueda de 28/10/10

   Tomado de Semanario Alternativas

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