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El polvorín

Uruguay: Un país serio lleno de vivos

12 Marzo 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

La nota es de Abril del 2010.. pero vale la pena.

 

 

Joel Rosenberg

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El 12 de setiembre de 2005, en la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara de Senadores se reconoció que Uruguay tuvo una “picardía” al no informar a Argentina sobre la autorización para la instalación de dos plantas de celulosa.

Publicado el: 25 de abril de 2010

Por: Joel Rosenberg

Allí se dio el siguiente diálogo entre el nacionalista Carlos Moreira y Marta Petrocelli, la uruguaya que presidía la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU).

Petrocelli: con respecto al famoso artículo 7, no puedo decir otra cosa que la denuncia se hizo extemporáneamente; no se hizo exactamente en plazo (...) jurídicamente se pueden buscar mil vueltas (...) el tema es que Uruguay fue extemporáneo para tratar ese asunto. Esa es la verdad.

Moreira: Uno de los argumentos que se daba es que si se hubiera consultado le hubieran dicho que no. Es una picardía. ¿qué pasaba si hubieran dicho que no?

Petrocelli: no se hacía la obra. Teníamos que ir ante un tribunal internacional para ver qué perjuicio causaba una negativa arbitraria.

 

Una picardía. Eso fue lo que hizo Uruguay y está registrado en un documento público del Parlamento. Cinco años después el Tribunal Internacional de la Haya sostuvo que Uruguay no comunicó a la CARU como estaba obligado por el Tratado del Río Uruguay.

“Uruguay al no informar a la CARU de las obras previstas antes de las autorizaciones ambientales iniciales para cada una de las plantas y de la terminal portuaria de Botnia no ha cumplido con la obligación que le impone el artículo 7 del estatuto de 1975”, señaló el tribunal el 20 de abril. Uruguay omitió el tratado en reiteración real: en la autorización ambiental a ENCE, el 9 de octubre de 2003, en la autorización ambiental a la planta de Botnia, el 14 de febrero de 2005, y en el permiso de una terminal portuaria adyacente a Botnia, el 5 de julio de 2005.

Tres veces, con dos gobiernos. Fue una estrategia que empleó el ex presidente Jorge Batlle y que continuó, con idéntico proceder, el ex presidente Tabaré Vázquez. No fue una picardía ocasional, fue una viveza criolla, una actitud clara y concreta que es difícil relacionar con la seriedad.

Es cierto que, según el Tribunal de la Haya, Uruguay sí respetó el espíritu y el fondo del Tratado al desplegar los controles y el cuidado para que la planta no contamine. Pero ese respeto a lo sustancial es lo lógico, porque el gobierno uruguayo está obligado por ley a cuidar el medio ambiente. Pero lo que debería interesarnos es qué hizo mal Uruguay. Ese punto parece ignorado, o tapado por el fervor patriota.

Ahora, las autoridades que decidieron burlar la ley nos explican que era necesario porque Argentina iba a trancar en la CARU la inversión y los finlandeses se iban a ir a otro país.

“Si la consulta debiera hacerse siempre, entonces los que nunca cumplieron con el Tratado han sido los argentinos. Nosotros nunca protestamos por esa constante inconsulta.”, señaló Batlle a La República el 21 de abril. Vázquez le dijo algo similar al diario El País: “Argentina instaló una cantidad de industrias sobre el otro lado del Río Uruguay y no nos consultó, como está establecido en el Tratado”.

Conclusión básica: los gobiernos uruguayos son omisos en un tema fundamental para el medio ambiente, dejan instalar cualquier empresa sobre el Río Uruguay y, además, responden con la misma moneda, la ilegalidad.

Pero, además, quienes tomaron decisiones, lejos de la mínima autocrítica, discuten el fallo de La Haya. Didier Opertti, canciller en el gobierno de Jorge Batlle, dijo en No Toquen Nada (Océano FM) que él fue quien tomó la decisión de no consultar a la CARU porque entendió que no era necesario. El Tribunal de La Haya, la ex presidenta de la CARU, el gobierno argentino y el actual canciller uruguayo Luis Almagro opinan diferente a Opertti. Incluso Almagro dijo al semanario Brecha que el fallo deja muchas enseñanzas y que los uruguayos tenemos que tener “los acuerdos y estatutos siempre muy presentes”.

Opertti actuó como le pareció, pero dejó al país mal parado.

Batlle, Vázquez y todos los gobernantes y políticos repitieron a coro, durante todo el conflicto, que “Uruguay es un país serio”.

Pero resulta que la historia no era como la contaron, que tenía otro guión.

En la nueva versión Uruguay, el país serio, decide saltear la ley para asegurar una inversión. Esa ilegalidad es aplaudida por la mayoría de la sociedad civil que no se preocupa por lo que hacen sus gobernantes y para informar sobre esa realidad el periodismo usa un chauvinismo rampante y alejado del mínimo rigor.

Quizá nos debemos un sinceramiento. Al final no somos tan serios.

O somos un país serio pero lleno de vivos. Un país que se vende como “Uruguay natural” y viola leyes para tener más plantas de celulosa.

http://www.180.com.uy

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