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El polvorín

URUGUAY - VIOLENCIA ES MENTIR

28 Abril 2011 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

VIOLENCIA ES MENTIR

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Hay síntomas graves 
pero la TV los fragmenta para  que no podamos sacar conclusiones.

Cada vez más gente duerme en la calle. El hacinamiento de las cárceles es una pesadilla. Hay pisos del Clínicas donde el olor es insoportable. El INAU fracasa con los menores infractores. La inseguridad golpea los hogares urbanos y los pequeños comercios mientras en el campo el abigeato hace imposible la vida de los productores pequeños.

La violencia familiar no cesa y la pasta base la agrava.

El fracaso escolar es inocultable. Algo está enfermo entre nosotros.La violencia social se vuelve tema político.

El Gobierno aumenta los calabozos y hace "mega operativos" represivos mientras una parte de la oposición junta firmas para bajar la edad de imputabilidad y otros preparan interpelaciones.

TODOS saben que las soluciones no van por ahí.

En primer lugar, la violencia viene de arriba.

La legalidad es una burla.

Se mantiene la impunidad ante delitos de lesa humanidad y aumenta la corrupción gubernamental.

 

La violencia parte del saqueo trasnacional, de la impunidad, de la represión, del agravio a un pueblo que ve el lujo insultante de una minoría mientras el desempleo real duplica las cifras oficiales. Los que acceden a un empleo sin padrinos muchas veces reciben salarios miserables, diez veces menores que el aumento que se votan los que gobiernan.

 

Todas las ciudades con bolsones de pobreza sufren la violencia social.

Cuando una persona pobre cree posible el ascenso social de sus hijos, hace inmensos sacrificios. En cambio, cuando una persona integra una dinastía de perdedores y excluidos, cuando descubre que sus hijos están condenados a vivir en su misma miseria, baja los brazos. No tiene fuerza para preguntarse si ese hijo comete un delito o consume.

No hay socorro estatal, no hay plan de emergencia que mitigue la desesperanza que se vuelve indiferencia.

En síntesis: cuando un pueblo tiene un proyecto común, aflora lo mejor de cada uno.

Esta película ya la vimos en otras ciudades del continente.

¿Cómo sigue?

Generalmente lo que sigue demuestra que las medidas represivas sirven para fichar gente porque si los excluidos aumentan, siempre hay un sector de entre ellos que se vuelve una inagotable cantera para el delito.

El paso siguiente a las razzias es sacar por la fuerza a los pobres y a los indocumentados de los barrios burgueses, como ya se hace en Punta del Este.

Al reprimirse al mismo tiempo el mercado informal, al expulsar a los artesanos de plazas y calles comerciales, aumenta la desesperación y la bronca.

Cuando se empieza a dificultar también la venta ambulante en el transporte público se da otro golpe a las estrategias de supervivencia vinculadas al mercado informal.

Y en nuestro caso, la escalada tiene sus propias características: ya la Intendencia departamental empieza a mirar con malos ojos a los carritos de clasificadores.

Por más operativos de saturación que se intenten, la gente más pobre, la que sólo tiene para perder sus cadenas, vuelve a organizarse.

Si hay un proyecto común, los excluidos se organizan para la lucha social; en cambio, si no les queda otro camino, se organizan para el delito.

Comúnmente la respuesta del Estado es el gatillo fácil, muchas veces aplaudido por el miedo de los sectores de la población que aún tienen trabajo estable.

Violentamente reprimidos, abusados indiscriminadamente en sus familias y en su entorno, los infractores sociales modernizan su armamento. Cuando carecen de un proyecto social, el narcotráfico es su generoso financiador.

Cuando tienen un proyecto social el narcotráfico se suma a la represión contra ellos, pero cuando no es así los apoyan. Entonces la escalada de violencia crece por ambos lados.

Finalmente entra en juego el Ejército y muchos aplauden. En aras de la seguridad, se controlan reuniones y locales, se establece el toque de queda. Se reprime de paso (¿de paso?) a los luchadores sociales, pero mucha gente  prefiere eso antes que la inseguridad de la que le hablaban los noticieros de TV.

Al narcotráfico no le sirve que un barrio tenga trabajo, porque entonces la gente madruga, todo cobra otra dinámica, y los traficantes nocturnos quedan aislados y evidenciados.

En cambio en un barrio deprimido todos miran TV hasta tarde, arden los fogones esquineros hasta el amanecer, y después del mediodía los muchachos salen a rondar y a requechar; siempre hay algunos que aceptan gustosos colaborar con el tráfico para obtener dinero para comer. O para la dosis.   

Los gobiernos entreguistas crean puestos fuentes de trabajo por el corto período en que las trasnacionales arman sus infraestructuras saqueadoras.

Después queda la secuela de nuevos asentamientos con más gente frustrada y el círculo de los potenciales delincuentes se repite y amplía.

El servilismo periodístico procura que lo olvidemos y entonces el miedo inducido apoya la represión.

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