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El polvorín

Uruguay: VIVIENDA: LA TRAMPA DEL GOBIERNO

29 Septiembre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica

¿MÁS DINERO? NO MUCHO MENOS

VIVIENDA: LA TRAMPA DEL GOBIERNO

*Un informe de Benjamín Nahoum, experto en el tema de vivienda, expresa su preocupación ante el presupuesto que el gobierno da para la vivienda
* “Si se tiene en cuenta que el costo de construcción aumentó más que el incremento de los fondos en pesos corrientes”, se concluye que “se puede construir menos, con los 900: U$S de 2010 (del gobierno actual) que con los 500: de U$S de 2005” (del gobierno Vázquez), afirma.
* “Más aún si se pasan los números a UR: los 12.750 millones de pesos de 2005, con la UR a 249,27, equivalen a 51,1 millones de UR, mientras que los 17.630 millones de pesos de 2010, con la UR a 434,65 equivalen a 40,6 millones de UR, una disminución del 20,5%.”, expresa el informe al cual tuvo acceso LA JUVENTUD y que transcribimos a continuación.
EL PRESUPUESTO 2011- 2015 PARA LA VIVIENDA
El sueño de la vivienda:
con este gobierno, mas que sueño, se hace humo
El pasado 13 de agosto se reunió el gabinete ministerial para definir los contenidos y prioridades del Presupuesto Quinquenal 2011- 2015. A la salida de la reunión, el Ministro de Trabajo y Seguridad Social, Eduardo Brenta, actuando como vocero de la misma, informó de los acuerdos a que se había arribado, entre los cuales se incluye aumentar la asignación para vivienda hasta la suma de 900 millones de dólares. El Ministro señaló que ello implicaba un incremento del orden del 75% respecto del presupuesto actualmente vigente, que informó asciende a 500 millones de dólares. Si se hace la comparación en dólares, en realidad el incremento sería del 80% y estaría muy cerca de lo que recomendó la Comisión Asesora de Vivienda de la DINAVI, que aconsejó duplicar el actual  presupuesto.
1. La primera observación a realizar es que los presupuestos no se hacen en dólares, sino en pesos, y que como la relación entre pesos y dólares varía con el tiempo, hacer comparaciones en dólares puede inducir a error, más aún teniendo en cuenta que lo que interesa realmente no es cuántos pesos o dólares se adjudican, sino qué se puede comprar con ellos, lo que hace intervenir otro factor, el más importante: la inflación. Por consiguiente, para poder calcular  correctamente cuál ha sido la variación del presupuesto asignado a la vivienda con el presupuesto vigente, según las cifras ahora conocidas, es necesario tomar en consideración estos parámetros. Como los presupuestos se realizan calculando los valores al 1 de enero del año en que se elabora y vota el mismo, los datos relevantes a estos efectos son los siguientes:

FECHA
U$S 1 (en $)
1 UR 249,27 (en $)
ICC
1 de enero 2005
25,50
249,27
164,33
1 de enero 2010
19,59
434,65
257,76
De las cifras anteriores surge que entre el 1 de enero de 2005 e igual fecha de 2010, el costo de construcción subió un 56,9%, la UR subió un 74,4% y el dólar bajó un 23,3%.

2. Pasando a pesos los 500: U$S que en números redondos asignaba el Presupuesto del período anterior a la vivienda, se llega a 12.750 milllones, mientras que los 900: U$S del nuevo  presupuesto implicarían 17.630 millones de pesos. El aumento en “pesos corrientes” (sin tener en cuenta la inflación), sería por lo tanto del 38,3%, la mitad que el aumento en dólares.
Se llega a un resultado parecido si se considera cuál es, en dólares de ahora, el presupuesto 2010 para vivienda, el cual según información proporcionada por el MVOTMA en la Comisión Asesora de DINAVI (COAVI) correspondería a 135: U$S. Los 900: U$S del nuevo período, suponiendo que se reparten uniformemente en el quinquenio, significarían por año 180: U$S, o sea un aumento del 33% respecto de los 135: U$S actuales. Es por esta razón que cuando la COAVI reclamaba aumentar el presupuesto, hablaba de U$S 270: por año, o sea U$S 1.350: U$S en el quinquenio. Pero este análisis se hace más preocupante si se tiene en cuenta que el costo  de construcción aumentó más que el incremento de los fondos en pesos corrientes, porque esto quiere decir que se puede construir menos, con los 900: U$S de 2010, que con los 500: de U$S de 2005. Esto se puede ver de otra manera, pasando los números a UR: los 12.750 millones de pesos de 2005, con la UR a 249,27, equivalen a 51,1 millones de UR, mientras que los 17.630 millones de pesos de 2010, con la UR a 434,65 equivalen a 40,6 millones de UR, una disminución del 20,5%. El resultado en UR es peor que si se toma la evolución del costo de construcción porque en el pasado quinquenio la UR aumentó más que dicho costo, como consecuencia del fuerte aumento del salario medio.

3. Sin embargo, en este cálculo hay un error de partida, que consiste en suponer que los 500 millones de dólares asignados al presupuesto de la vivienda en 2005 estaban todos disponibles. En realidad esa cantidad, equivalente a poco más de 12.000 millones de pesos, incluía 7.000 millones de pesos que tenían un destino explícito en el Plan para la construcción y mejoramiento de viviendas, regularización de asentamientos y subsidios, y una partida de 5.000 millones, que por la Carta de Intención firmada con el Fondo Monetario en 2005 no podían ejecutarse como gasto, según lo que explicó en la Comisión Asesora de DINAVI la delegada del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). En esa partida de 5.000 millones de pesos estaban incluidas la deuda del MEF con el MVOTMA por aportes no vertidos del Impuesto a los Sueldos en el período 2000-2004, recursos del Fondo de Pasivos que se habían colocado en ese período en letras de Tesorería y los saldos de recaudación del Impuesto en 2006-2010 no utilizables por los topes de ejecución impuestos.
Esos 5.000 millones de  pesos en el Plan aparecen destinados a la creación de un sistema de garantías de créditos para estimular la inversión privada, que técnicamente no es considerado gasto y por consiguiente no incumplía el acuerdo con el FMI. Estos recursos en definitiva no fueron usados (salvo parte de la deuda del MEF que se retornó en vigésimos anuales y fue utilizada para subsidios) y debería formar parte de los actuales 900 millones (debe señalarse que al haberse cancelado la deuda con el FMI, ya no es imperativo cumplir con la Carta de Intención firmada).

4. El dato que más interesa, en realidad, es cuántas viviendas se puede construir  con el dinero disponible y qué relación tiene ese número con el de las viviendas que se necesitan. Para definir lo primero hay que saber qué parte del total se va a destinar a construcción de vivienda nueva y cuál es el costo unitario de ésta. Si tomamos como referencia la inversión que hace el Ministerio para financiar una vivienda cooperativa, considerando el promedio de 2-3 dormitorios, eso nos da a los valores actuales muy poco más de 2.000 UR. Esto significa el 85% del costo total, ya que el 15% restante se aporta con ayuda mutua o ahorro previo.
Los costos de las empresas son bastante mayores, pero una de las premisas del nuevo Plan debería ser que para participar en él las empresas debieran por lo menos igualar estos valores, lo que no debería ser difícil teniendo en cuenta que poseen mayor tecnología, equipamiento y know-how. Entonces, si suponemos que todo el dinero disponible  se invierte en la producción de vivienda nueva (lo que no puede ni debe hacerse, porque además hay que cubrir otras necesidades habitacionales fundamentales, como las acciones sobre el estoc y los subsidios, pero en todo caso marca un límite superior) los 40 millones de UR disponibles permitirían construir unas 20.000 viviendas.
En cuanto a las necesidades, no existen nuevos datos luego del Censo Fase I 2004 que permitan ajustar las estimaciones hechas en ocasión del anterior Plan Quinquenal, por lo que debemos seguir considerando que la demanda primaria (viviendas necesarias para reposición de las obsoletas y crecimiento de la población, o sea para no aumentar el déficit) es del orden de las 14.000 unidades anuales, tal como calculó la COSOCO y asumió también el MOVTMA en 2005. La comparación de esta cifra con la anterior (que además resulta de la hipótesis de aplicar todos los recursos a producir vivienda nueva, lo que como ya se dijo no es posible) muestra que seguimos lejos de las necesidades.

5. Con los 7.000 millones de pesos disponibles de 2005 se podían construir unas 14.000 viviendas (en los hechos se construyeron unas 8.000 y el resto, puesto que el nivel de ejecución fue alto, se dedicó a financiar otro tipo de soluciones habitacionales). Con el dinero disponible en el nuevo Presupuesto y Plan Quinquenal, suponiendo que se destine para ello un porcentaje razonable del total, del orden del 60-70%, podrán construirse doce a quince mil viviendas, siempre muy lejos de lo que hace falta. La clave del asunto es que, tal como señala el Programa de Gobierno del FA, los recursos para la vivienda no pueden salir solamente del presupuesto, sino que éste debe destinarse a subsidio y el crédito debe otorgarse a partir de la captación de ahorro público y privado. No el de hipotéticos inversores, que nunca han aparecido para la vivienda de interés social –ni aquí ni en ninguna parte, como lo prueba la experiencia chilena, catalogada de modélica- sino de la captación por el propio Estado, como lo hizo en la época de los títulos hipotecarios y, a partir de la Ley de Vivienda, con las obligaciones en unidades reajustables.
Solamente con captar el 15% de los fondos previsionales (lo que se ha propuesto muchísimas veces: por las organizaciones sociales, por la Universidad, por el propio Frente Amplio) se tendrían otros 900 millones de dólares o más, que permitirían duplicar las cifras de inversión, crear miles de empleos y, ahora sí, empezar a atacar el déficit. Hace unos meses el Poder Ejecutivo envió al Parlamento un proyecto de ley que permitía diversificar las colocaciones de las AFAP para posibilitar la inversión en infraestructura. El proyecto fue aprobado hace un mes, y lamentablemente no se le hizo un lugar específico a la vivienda. De todos  modos la normativa es suficientemente amplia para admitir ese espacio. Se trata de usarlo, emitiendo valores, con respaldo hipotecario y del Estado, para que sean captados: por las AFAP, por otros inversores institucionales y por el público, particularmente los pequeños ahorristas.
Benjamín Nahoum
18.8.10

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