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El polvorín

Vargas Llosa: “Embajador de reciclaje de la vetusta derecha política"

11 Octubre 2010 , Escrito por El polvorín Etiquetado en #Politica


http://3.bp.blogspot.com/_UeFOkIskH7Q/TIro_PNyacI/AAAAAAAABqw/F4Ny7_8mKqU/s1600/Mario+Vargas+llosa+mechain.jpgMario-Vargas-llosa-mechain.jpgPeriodista anticomunista que elogió el milagro económico de Pinochet, no escatimó reconocimientos a la dictadura de Videla en Argentina y se puso al servicio del segundo belaundismo en el Perú, presidiendo la Comisión Investigadora del caso Uchuraccay que absolvió de culpas a los militares que ordenaron la masacre de ocho periodistas en esa comunidad ayacuchana... argumentando que fueron victimados por los campesinosque confundieron sus cámaras fotográficas con armas de fuego. El estado israelí pagó las simpatías con el sionismo de Vargas Llosa otorgándole el Premio Jerusalén.
 
Regresó al Perú para capitanear la campaña derechista contra la estatización de la banca en 1988, la misma que fue antesala de su campaña electoral para la presidencia en 1990. El voto popular buscó un candidato alternativo y creyó encontrarlo en un ingeniero nisei, Alberto Fujimori, que prometía no aplicar el shock económico, al cual Vargas Llosa era adicto.
  
Por votar contra Vargas Llosa el pueblo peruano favoreció a Fujimori, fue un voto contra la plutocracia.
 
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Mario Vargas Llosa ha ganado el Premio Nóbel de Literatura después de postular a él por más de 30 años. Durante tres décadas los medios de la derecha llenaron cuartillas quejándose porque le denegaban este galardón por razones ideológicas. Hubo incluso quienes decían que la academia sueca sólo premiaba a los “escritores rojos”. Hoy la algarabía desatada por entusiastas ingenuos puedo interpretarla como un mecanismo de compensación en la conciencia colectiva de un país que no clasifica ni para el Mundial de fútbol y hasta le roban las elecciones. Una mayoría ciertamente desmemoriada y con ganas de celebrar algo, aunque sea irreflexivamente.
 
El Premio Nóbel no es solo un premio a las virtudes literarias. Se trata de premiar con él al escritor que ha contribuido mediante una obra monumental y de excelente calidad, al desarrollo de la conciencia humana. Está entonces de por medio no sólo la calidad literaria, sino también la significación de la obra. El qué se dice es más importante del cómo se dice. Por lo tanto, el Nóbel no es una glorificación del significante, sino del significado.
 
Considero que Vargas Llosa debió ganar el Nóbel en 1971. Había conseguido su máximo nivel de producción y contribuido a un cambio decisivo en la literatura latinoamericana. Era el escritor crítico del poder que además revolucionaba la estructura narrativa, llevando a sus máximos niveles la incorporación de técnicas literarias antes desconocidas en nuestra tradición novelística. Ésa fue su primera y brillante etapa.
 
Escribió el libro de cuentos “Los jefes” en 1959 ganando el Premio Leopoldo Alas y le permitió viajar a Europa por primera vez. Su novela “La ciudad y los perros” obtuvo el Premio Biblioteca Breve en 1962, el Premio Internacional de la Crítica en 1963 y fue traducida a más de veinte lenguas. En 1966 aparece su segunda novela “La casa verde” que obtuvo el Premio Nacional de la Crítica en 1966 y el Premio Rómulo Gallegos en 1967. Ese mismo año publica la noveleta “Los cachorros” y en 1969 aparece su novela de máximo rigor literario “Conversación en la catedral”. En 1971 publica un estudio sobre la obra de su colega y amigo de entonces “Gabriel García Márquez: historia de un deicidio”.
 
Desde 1967 sus relaciones con la revolución cubana entran en crisis y sus convicciones ideológicas, también. Ese mismo año, Aideé Santamaría, fundadora de Casa de las Américas, le solicitó a Vargas Llosa la donación del dinero del premio Rómulo Gallegos a la causa de Ernesto Che Guevara, quien ya estaba luchando en Bolivia. El hasta entonces camarada y hermano de la Cuba revolucionaria, se niega a hacerlo, a pesar de que Aideé le promete la devolución del importe con tal de que su gesto enaltezca la campaña guerrillera del Che. La ruptura entre el autor y Casa de las Américas completaría un extenso dossier de cartas y artículos que van señalando su personal y subjetivo proceso de renuncia al socialismo. Este proceso se da por etapas y culmina en 1971, cuando después de haber publicado el mejor análisis de la obra de García Márquez, termina liándose a golpes con el autor de “Cien años de soledad”. La sanción también fue subjetiva: Vargas Llosa le quitó a las editoriales el derecho de seguir publicando “Historia de un deicidio”, veto que él mismo ha levantado recientemente en el 2008.
 
 La segunda etapa de su involución.
Hay una merma en sus virtudes literarias que se nota en la producción de novelas carentes de significación. Los temas trascendentales cedieron el paso a la banalidad al mismo tiempo en que Vargas Llosa manifestaba su ajenidad con las reivindicaciones sociales de los olvidados y olvidaba su vocación crítica frente a los dueños del poder.
 
 
CUANDO LO BANAL SE CONVIERTE EN MERCANCÍA
El ciclo de la banalidad empieza con “Pantaleón y las visitadoras” (1973); “La tía Julia y el escribidor” (1977), las piezas teatrales “La señorita de Tacna” (1981) y “Kathie y el hipopótamo” (1983). “Pantaleón” es una novela intrascendente por su temática, hecha para el solaz de señoras de clase media alta que querían leer historias de putas. “La tía Julia” tiene méritos estructurales que son dignos de encomio, a no dudarlo, pero se empantana en la anécdota periodística vivencial y en el amor defraudado a su tía y ex esposa. Las dos obras teatrales nombradas, son brutales naufragios.
Continúa este ciclo con “La guerra del fin del mundo” (1981) echando mano inescrupulosamente a las obras de Joao Guimaraes Rosas y Euclides Da Cunha, razón por la cual no fue bien recibida por los brasileños. “Historia de Mayta” es una pésima novela donde busca retratar el fenómeno subversivo mediante una interpretación ajena a la realidad peruana. Se buscaba una gran novela sobre la subversión, muerto quien la prometía: Manuel Scorza (accidente aéreo de Barajas, 1983). Así lo dice Miguel Gutiérrez: “Historia de Mayta pudo ser esa novela si su autor hubiese podido dominar los demonios de rencor que lo impulsaron a escribirla”.
Luego prosigue con “El hablador” (1987), novela prometedora hasta que el lector se tropieza con la confesión vivencial extraliteraria de su autor. Y vendrá un fiasco brutal: “Elogio de la madrastra” (1988). “Lituma en los Andes” (1994) sólo es una descarga de sus demonios de rencor contra el pueblo peruano. Cuando escribe “La fiesta del chivo” (2000), novela antidictatorial sobre el periodo del dictador Trujillo, en República Dominicana, difícilmente era concebible en un país donde la novela sobre el trujillismo había sido el objeto literario de más de 30 autores. Acoto lo siguiente: jamás la hubiera hecho sobre Somoza en Nicaragua o sobre Pinochet en Chile.
 
EL NUEVO RAVINES Y SUS DEMONIOS DE RENCOR
Fue un periodista anticomunista mordaz e incisivo, superando con creces a Eudocio Ravines. Elogió el milagro económico de Pinochet, no escatimó reconocimientos a la dictadura de Videla en Argentina y se puso al servicio del segundo belaundismo en el Perú, presidiendo la Comisión Investigadora del caso Uchuraccay que absolvió de culpas a los militares que ordenaron la masacre de ocho periodistas en esa comunidad ayacuchana. El estado israelí pagó sus simpatías con el sionismo otorgándole el Premio Jerusalén.
 
Regresó al Perú para capitanear la campaña derechista contra la estatización de la banca en 1988, la misma que fue antesala de su campaña electoral para la presidencia en 1990. El voto popular buscó un candidato alternativo y creyó encontrarlo en un ingeniero nisei, Alberto Fujimori, que prometía no aplicar el shock económico, al cual Vargas Llosa era adicto. De modo que el voto por Fujimori no fue más que un voto contra la plutocracia, que al ganarle la plaza generó una reacción infantil en el perdedor: demolió su residencia de Barranco y optó por la ciudadanía española, diciendo que el error de nuestras naciones fue haberse independizado de España.
Aclaramos que la pataleta era sólo una simbólica ruptura: La nacionalidad española no es excluyente de la nacionalidad peruana. Se puede tener ambas. Pero en el contexto, tenía otro significado. Ése significado puede verse con mayor claridad en sus obras siguientes: “El pez en el agua” (1993) y “Lituma en los Andes” (1994). En la primera hace una descalificación del Perú a partir de su frustración electoral, empezando por un parricidio contra su padre biológico: “…la verdadera razón del fracaso matrimonial no fueron los celos ni el mal carácter de mi padre, sino la enfermedad nacional por antonomasia, aquella que infesta todos los estratos y familias del país y en todos deja un relente que envenena la vida de los peruanos: el resentimiento y los complejos sociales”. El problema racial en el Perú era la causa de su derrota electoral. Y ya lo venía anticipando en la primera página de su novela “El hablador” (1988): “Vine a Firenze para olvidarme por un tiempo del Perú y de los peruanos y he aquí que el malhadado país me salió al encuentro esta mañana de la manera más inesperada”.
Convertido en intelectual orgánico del neoliberalismo, seguía postulando al Nóbel, pero nunca antes estuvo tan lejos de ganarlo por las razones explicadas.
PARRICIDIO Y SEPULTURA INCONCLUSA DE LA NARRATIVA ANDINA
En Madrid, 2005, estalló una polémica entre escritores peruanos que prosiguió en los medios de prensa locales. Vargas Llosa inauguró el encuentro de escritores de Madrid celebrando que por fin la literatura peruana estaba libre de condicionamientos indigenistas, neoindigenistas y reivindicaciones sociales. No sabía que el 60% de escritores invitados eran andinos. Un optimista redactor de Caretas dijo: “antes los escritores eran hijos de José María Arguedas, pero ahora todos somos hijos de Vargas Llosa”. Por supuesto, le salimos al frente.
Vargas Llosa dice en “Historia de un deicidio” y lo reitera en “El pez en el agua”, que el joven escritor necesita surgir a través de un parricidio, del asesinato del padre literario de la generación anterior. Esta intención, que no es patrimonio de todos los escritores, se revela en su descalificación constante de la vida y obra de José María Arguedas.
 
El 24 de agosto de 1977 asume como miembro de la Academia Peruana de la Lengua y su discurso fue:“José María Arguedas, entre sapos y halcones”. Por más elogiosa que fuese la forma, el contenido apunta a un solo fin: Arguedas ficcionalizó una sierra que no existe. La mentira se convirtió en realidad gracias a la literatura. Esta descalificación coincide con el juicio que un grupo de intelectuales hizo a Arguedas en su último año de vida. El autor de “Todas las sangres” escribió dos documentos a favor de su verosimilitud: “¿He vivido en vano?” y “No soy un aculturado”.
 
 
Ya en “El pez en el agua”, p. 345, Vargas Llosa hace la descarga completa: “Desde entonces odio la palabra “telúrica”, blandida por muchos escritores y críticos de la época como máxima virtud literaria y obligación de todo escritor peruano. Ser telúrico quería decir escribir una literatura con raíces en la tierra, en el paisaje natural y costumbrista y preferentemente andino, y denunciar al gamonalismo y feudalismo de la sierra, la selva o la costa, con truculentas anécdotas de “mistis” (blancos) que estrupaban campesinas, autoridades borrachas que robaban y curas fanáticos que predicaban resignación a los indios.” (…) “La palabra telúrica llegó a ser para mí el emblema del provincialismo y el subdesarrollo en el campo de la literatura…” (…) “…ese desprecio folklórico por la forma…”.
 
 
En “La utopía arcaica, José María Arguedas y las ficciones del indigenismo” (1996), desde el rótulo manifiesta la intención del sepulturero que evidenció en su discurso de Madrid, 2005. El presente artículo no pretende un extenso análisis de dicha obra crítica. Sólo nos basta una cita: “Lo cual no significa que los escritores peruanos dejen de escribir sobre temas andinos o que desaparezcan los indios en la literatura peruana. (…) Las excepciones -las hay- son de escasa significación literaria y, hasta ahora al menos, están allí sólo para confirmar la regla”. (p.175)
En un contexto histórico de grandes enfrentamientos entre comunidades campesinas y empresas mineras, con el saldo mortal de Bagua, que incluye a las naciones amazónicas, sigue produciéndose aquella literatura que pretende sepultar Vargas Llosa. Y no es “de escasa significación literaria”. Para no enumerar una larga lista de escritores, que no son “excepciones”, reduzco el comentario a la exitosa carrera narrativa de Sócrates Zuzunaga Huaita, ayacuchano, quechua hablante, ganador del concurso COPE de novela y antes ganador del Premio de Novela Quechua, de la UNFV. Digo bien: entre otros…
 
UNA LÁPIDA ELEGANTE Y UNA ENORME FOSA COMÚN
“La utopía arcaica” es una lápida elegante para sepultar a José María Arguedas, reconociéndole méritos y elogiando virtudes, pero sentenciando su validez y verosimilitud como testimonio de las luchas de “los de abajo”. Los encomios sólo pueden sorprender a incautos, mas no a quienes leen este ensayo atendiendo a su verdadero objetivo.
La novela del desquite por el fracaso electoral de 1990, fue “Lituma en los Andes” (1994). Si de algo culpó Vargas a la literatura indigenista o telúrica, fue de haber impuesto una ficción que no se correspondía con la realidad. Pero él mismo lleva este defecto a sus máximos desvaríos en “Lituma”. El poblador andino es representado en una barbarie lombrosiana indemostrable por la más burda constatación. No ficcionaliza literariamente sobre el mundo de los pobres, sino que lo caricaturiza. Desconoce incluso detalles elementales de las manifestaciones culturales del mundo andino, pero le inventa horrores que no tiene. Esta novela, escrita con todos los demonios de rencor que señalaba Miguel Gutiérrez al valorar “Historia de Mayta” (1985), es una gigantesca fosa común en la cual pretende sepultar vivos a los “incivilizados” que no le otorgaron el voto en 1990.
 
Las reales fosas comunes donde fueron sepultados cientos de comuneros andinos durante la sangrienta campaña antisubversiva (1980-2000), no figuran en su narrativa. Como dijo el actual mandatario peruano, son ciudadanos de tercera categoría. Entendemos su preocupación por el Museo de la Memoria y su renuncia, para que luego caiga en manos de uno de sus más entusiastas seguidores, como un tributo a su tercera etapa: la del que quiere ganar el Premio Nóbel en el invierno de su existencia. En función de ese objetivo interpretamos su reformulación del problema palestino y sus tardías críticas al genocidio sionista.
 
Al Nóbel no podía llegar Vargas llosa sin enmendar ese curriculum que lo distanciaba de la defensa de los derechos humanos y lo aproximaba expresamente a las dictaduras de derecha y a las seudo democracias bajo las cuales se siguen perpetrando crímenes de lesa humanidad.
 
En ese sentido, ésta es una ópera bufa. Durante 30 años de postularse al Nobel y no conseguirlo, las instituciones conservadoras y la prensa de derecha intentaron compensarlo con premios y galardones para sostener en alto el prestigio de un vocero connotado del gran capital y las transnacionales. Ahora consigue el máximo galardón, justamente cuando no lo necesita. Así como Andrés Avelino Cáceres debió haber muerto en la Campaña de la Breña , para no ser recordado por el pésimo gobierno que hizo, Mario Vargas Llosa debió haber ganado el Nóbel en 1971, en el esplendor de su carrera literaria, no en su decadencia.
 
Dante Castro Arrasco
Escritor, periodista y docente
FUENTE: Blog "La fruta del cercado ajeno"
http://cercadoajeno.blogspot.com/
  

Vargas Llosa, premio Nobel y “Embajador de reciclaje”

7 October 2010  

Recientemente galardonado con el premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, ha demostrado a lo largo de su carrera su consecuencia en la defensa de la libertad y los derechos esenciales del individuo. En esta línea, el novelista también se ha participado en cruzadas ecologistas. De hecho, hace poco participó en la campaña ‘Recíclame, cumple tu papel’ que buscó canalizar esfuerzos a favor del medio ambiente.

Como parte de esta campaña, Vargas Llosa accedió a usar este traje de papel reciclado, diseñado por la peruana Lucía Cuba

 

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VER VIDEO Vargas Llosa, premio Nobel y “Embajador de reciclaje”.

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profesor bertoldino 10/13/2010 01:30















Mario Vargas Llosa *El Blog




 



































 






MVLL y Alan
García / El Amiste



sábado 2 de febrero de
2008AmigosCésar Hildebrandt




Mario Vargas Llosa y Alan García se han amistado.


Es un gesto de heroico civismo si se recuerda que Vargas Llosa ha llamado a Alan García mentiroso sin escrúpulos, fofo patético,
comandante de la corrupción y demagogo de jornada completa.

Pero el perdón es, precisamente, una variante del olvido. Y el olvido, como debemos recordar, no siempre es una gracia. Era, por
ejemplo, lo primero que bebían las sombras de los muertos al llegar al Leteo, el río del Infierno, la fuente de todos los olvidos.

Ahora bien, si Vargas Llosa ha olvidado todo lo que ha escrito y dicho sobre Alan García, ¿puede haber sucedido lo mismo con Alan
García?

Nos parece muy difícil. García es un hombre que guarda el recuerdo de quién lo miró mal en el Eguren (el colegio estatal donde
hablaba hasta por los codos), de qué mujer le dijo que no en la Católica (fue más de una) y, por supuesto, de qué periodista puso al descubierto la existencia
de su primoroso último hijo (o sea, modestamente, este escribidor). Para esta materia no hay nada mejor que una vieja frase anónima española: “Hay alguien que
no olvida: el olvidado”.

Así que recordándolo todo, García se toma la foto con Vargas Llosa, hace que Vargas Llosa hable muy bien de su gobierno y obliga
a los lectores de “El pez en el agua”, la autobiografía precoz de Vargas Llosa, a tirar a la basura la mitad de sus páginas.

Y como pregunta un perdedor casi crónico del cruel mundo en que vivimos: ¿Quién gana, quién pierde?

Gana García, claro, y por goleada. Y pierde Vargas Llosa, que demuestra que puede escribir cosas terribles y atrabiliarias de las
que se arrepentirá palaciegamente y que va a saludar en son de compañero a un presidente que llegó al poder, por segunda vez, haciendo clamorosamente lo que
Vargas Llosa siempre ha denunciado como el peor defecto del liderazgo tercermundista: mintiendo.

Con lo que el afamado escritor también demuestra que para él mentir sí vale la pena si lo que está en juego es el reinado del
billetón, la dictadura de “Eshia”, el califato de Credicorp y la inviolabilidad tributaria que Fujimori (un ciudadano japonés) otorgó a ciertas enormes
empresas.
Vargas Llosa, entonces, sí está dispuesto a avalar, con su presencia más que cordial, la impostura de quien prometió cambiar
algunas cosas de las tantas que impuso el fujimorismo.


Lo que parece ignorar el célebre novelista es que con su visita a García y su rendición política ante el hombre que hasta hace
año y medio despreciaba, lo que está haciendo, en realidad, es avalar al hombre que más odia (quizás también provisionalmente) en este mundo: Alberto
Fujimori.

Fujimori llegó al poder con el mismo estilo que García usó en el 2006: prometiendo lo que traicionaría, jurando que iba a hacer
lo que tendría que olvidar. Fujimori tiene cadáveres en el closet. Pero García también –¿o es que Vargas Llosa los ha olvidado?–. Fujimori impuso el modelo
económico y social que, con algunos arreglos cosméticos, sigue plenamente vigente.


¿Por qué no pensar, entonces, en el futurible abrazo histórico entre Vargas Llosa y Fujimori? ¿Se tomarían un
champancito?

Difícil saberlo. Lo que está claro es que el espaldarazo de Mario Vargas Llosa al gobierno de Alan García es uno de los mayores
logros simbólicos del gobierno aprista y ­una confirmación de que la biografía intelectual del escritor está hecha como los niños arman los legos: comunista de
muchacho para contrariar al padre, fidelista en los 60 por generosidad y romanticismo, velasquista comprensivo a comienzos de los 70 (allí están sus
declaraciones impresas), ex velasquista a rabiar a raíz de la expropiación de la gran prensa, belaundista en los 80, liberal urbi et orbi en los 90, ultra
liberal a fines del milenio, conservador español, en los últimos años, y defensor postrero de la guerra en Irak, en los últimos meses. Una vida
fascinante.
Un aterrizaje perfecto.


Antecedentes:


Alan promovió guerra sucia contra MVLL en 1990


20 Años después
- Mirko Lauer





















Leda Méndez 10/11/2010 19:28



Esto no es sino una prueba mas de que la derecha neoliberal occidental la está pasando muy muy mal y desea fortalecerse dando estos premios a gente como Obama y Vargas Llosa. Nada de que
sorprenderse, cuando todo se viene abajo, la corrupción anda suelta y sin control.  Pobres,  a lo que han llegado!